Coloquio científico “Punta del Este, centenario de un singular hallazgo”

Coloquio científico “Punta del Este, centenario de un singular hallazgo”

Coloquio científico “Punta del Este, centenario de un singular hallazgo”

Francisco Delgado

Mayo 11, 2022

 

En la sala polivalente en la Sala Polivalente de nuestro Centro sesionó en la mañana de este miércoles el Coloquio Científico Punta del Este, centenario de un singular hallazgo. Participaron investigadores y especialistas de la Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana y otras instituciones que dan cuenta de la autenticidad y valor patrimonial de este hallazgo arqueológico, que hasta la actualidad continúa revelando la significación de su existencia en los hitos de la memoria histórica.

Los trabajos expuestos presentan las notables evidencias arqueológicas de las pictografías aborígenes, restos de materiales y de fauna hallados en las cuevas 1, 2 y 3 de este espacio de la geografía nacional en Punta del Este, que fuese dado a conocer por Fernando Ortiz a la Academia de Historia, y en el cual el Dr. Antonio Núñez Jiménez se encargara de velar por las acciones de protección y estudio de este observatorio nacional de la arqueología.

Asimismo, se mostraron imágenes por primera vez como pruebas documentales de la importancia de este sitio de Punta del Este que forman parte de los documentos archivados en el Gabinete de Arqueología. Se comentó también sobre varios reportes periodísticos de Orfilio Peláez, quien se encargó de referenciar las alertas del peligro en el que se encontraba este lugar de la Isla de la Juventud, cuando se exponía a la visita de las personas, muchas de ellas, sin el juicio consciente del valor patrimonial que representa esta área para el país y las Antillas.

El propio antropólogo cubano Fernando Ortiz refería que este sitio venía a ser como la “Capilla Sixtina en el Caribe y las Antillas de la Pictografia”.

Este evento teórico forma parte de la Jornada Conmemorativa Nacional del Centenario del singular hallazgo de Punta del Este en la Isla de la Juventud, dedicada en esta ocasión al Centenario del natalicio del Dr. Antonio Núñez Jiménez y el aniversario 80 del natalicio del Dr. Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad de La Habana.

Por otra parte, se exponen las acciones propuestas por el Instituto Cubano de la Antropología, para salvaguardar este sitio Patrimonio Nacional que describe en su interior una parte consustancial de la narratología de las cuevas, flora, fauna y pictografía, así como el análisis del coeficiente de personas reales que pueden visitar este lugar, para que el patrimonio continúe existiendo y conservándose en la huella del recorrido de nuestra historiografía nacional.

 

[Tomado de Habana Radio: http://www.habanaradio.cu/culturales/coloquio-cientifico-punta-del-este-centenario-de-un-singular-hallazgo/]

Fornet-FIL-2022-1

Homenaje a Ambrosio Fornet en Feria del Libro: Magisterio y huella profunda en la cultura cubana

Fornet-FIL-2022-1

Dinella García Acosta y Darío A. Extremera Peregrín

Abril 29, 2022

 

La narradora, ensayista, guionista de cine y crítica Aida Bahr calificó a Ambrosio Fornet, Premio Nacional de Literatura y de Edición, como “un hombre excepcional” durante un conversatorio celebrado este lunes 25 de abril en nuestro Centro para homenajear al destacado intelectual y escritor que falleció el pasado 5 de abril. El panel -compuesto por Norberto Codina, Arturo Arango, Manuel Pérez Paredes, Aida Bahr y Mercy Ruiz, y moderado por Cira Romero- evocó en anécdotas personales y valoraciones distintas facetas de la vida del autor de El libro en Cuba y Memorias recobradas.

Codina, poeta, editor, director de La Gaceta de Cuba durante más de 30 años y Premio Nacional de Edición 2021, recordó el vínculo de Fornet con la revista y la importancia de sus contribuciones, que empezaron con el cuento Yo no vi ná, publicado en 1962.

El magisterio de Ambrosio Fornet y las lecciones que dejó fueron el tema de las palabras de Arturo Arango, ensayista y guionista de cine. Siendo estudiante universitario, Arango conoció a Fornet y advirtió la humildad y el respeto con que trataba a los colaboradores de la revista Universidad de La Habana, de la que fue jefe de redacción:

El respeto también se expresaba en su manera de opinar sobre los textos, y luego comprendí que así era cómo Pocho se relacionaba con las personas. Ante él, ante su sabiduría, jamás me sentí disminuido o aplastado. Nunca lo vi encima del púlpito magisterial, porque esencialmente dialogaba, lo cual no excluía de sus criterios el comentario mordaz, punzante, irónico. Le bastaba con ser convincente, y por eso también fue respetado.

En otro momento de su intervención, Arango recordó sus experiencias en el taller de guiones cinematográficos que convocó e impartió Fornet en el Icaic a finales de los ochenta.

Sobre la inquietud de sus alumnos sobre qué podían escribir o no, cuáles eran los límites que debían enfrentar, Fornet les aconsejó: “Hagan la mejor obra posible, mientras más profunda y compleja es la obra, más difícil es ejercer sobre ella la censura”.

Ante un auditorio repleto de editores, escritores y familiares y amigos de Fornet, Manuel Pérez Paredes, director de El hombre de Maisinicú y Premio Nacional de Cine, comentó que Pocho también dejó su huella en la cinematografía nacional.

Ambrosio Fornet llegó al Icaic a finales de los setenta y escribió guiones de películas como Retrato de Teresa (en coautoría con Pastor Vega). Pero su mayor relevancia en el cine cubano la alcanzó por sus aportes como asesor dramatúrgico y organizador y profesor de talleres de guion, explicó Pérez Paredes.

En 1991, se planteó la posibilidad de disolver el Icaic y fusionarlo con el ICRT y con los estudios de cine de las FAR para crear una sola entidad cinematográfica. El Premio Nacional de Cine explica que fue un año complicado para Cuba y el mundo, y que coincidió con la proyección de Alicia en el Pueblo de Maravillas y las críticas posteriores a la película y al Icaic. Fornet formó parte de un grupo que representó a los cineastas y trabajadores de ese organismo que no estaba de acuerdo con la decisión –relató Manuel Pérez Paredes–, y tuvo un rol destacado en los debates con la comisión gubernamental designada para escuchar y analizar esas inquietudes. “Pocho fue muy hábil, inteligente, muy cuidadoso y muy firme en sus convicciones”, aseguró.

Una gran amistad unió a Aida Bahr y Ambrosio Fornet. La guionista aceveró que se quedó deslumbrada por la agudeza, el nivel de claridad con que explicaba y la comunicación que lograba establecer Fornet con las personas cuando lo conoció en un taller literario a principios de los ochenta.

Para la coautora del guion de En el aire, Pocho era capaz de enfocarse en lo particular, pero sin dejar de relacionar el contexto, algo de lo que pocas personas son capaces. Bahr aseguró que “eso le permitió ser, para mí, dentro de la narrativa, el crítico más grande de Cuba en el siglo XX”. También afirmó:

El libro en Cuba me enseñó que yo no sabía nada de la historia de Cuba. ¿Tú quieres conocer la historia de Cuba? Lee El libro en Cuba. Porque desgraciadamente padecemos mucho de convertir la historia cubana en la historia de los hechos bélicos, de la independencia, del movimiento social, y se nos olvida que la cultura forma a esta nación. Y El libro en Cuba es para mí uno de los textos más reveladores sobre la forja de la nación cubana. Es un gran regalo que nos hizo Ambrosio.

Bahr añadió que “hay personas que son muy inteligentes, hay personas que son muy cultas, hay quienes son muy buenos comunicadores. Yo diría que Pocho tenía todo eso, pero, además, era sabio”.

“Era un hombre excepcional, y lo extrañaremos”, concluyó.

 

[Tomado de Habana Radio: http://www.habanaradio.cu/culturales/homenaje-a-ambrosio-fornet-en-feria-del-libro-magisterio-y-huella-profunda-en-la-cultura-cubana/]

qué sentido tiene la bandera...

¿Qué sentido tiene la bandera de una nación?

qué sentido tiene la bandera...

Eusebio Leal Spengler

Abril 29, 2022

Artículo publicado en el periódico Granma, el 8 de septiembre de 2016.

 

Con profunda pena hemos venido observando que la enseña nacional, la gloriosa bandera de la estrella solitaria que no ha sido jamás mercenaria, está a la venta entre otros productos de la artesanía como si se tratara de una de ellas o de un objeto común.

Ante esto debemos meditar: ¿Qué sentido tiene la bandera de una nación? Asociada al Himno, a los actos cívicos, a la representación de todo un pueblo en conmemoraciones, festividades patrias o a media asta en ceremonias de duelo; protagonista cuando nuestros deportistas alcanzan la gloria olímpica y observan en silencio como asciende a lo alto del mástil; cuando se encuentran los jefes de estado o cuando ondea simbolizando a la patria al lado de otros pabellones. ¡Cuánta sangre y sacrificios, cuántos murieron abrasados a ella, cuántos la soñaron en tierra extraña!

Fue creada en los Estados Unidos por el ex general al servicio de España Narciso López, nacido en Venezuela, cuya carrera política no puede opacar el mérito de haberla imaginado en compañía de Miguel Teurbe Tolón y de su esposa y prima hermana Emilia, quien fue la primera en bordarla, y de su secretario, el novelista cubano Cirilo Villaverde, autor de Cecilia Valdés y testigo presencial de los hechos.

Se dice que en 1849 –año previo a la confección de la bandera-, en un día estival, en el cielo de un estandarte de Nueva York, López vio los colores de la enseña nacional, así como aquel triángulo equilátero, símbolo de la fraternidad masónica. Esos elementos encarnaban los pensamientos más puros de la revolución que recorría el mundo: libertad, igualdad y fraternidad; cinco franjas, y en el centro del triángulo, como un rayo de luz en el cielo que se abría, la estrella marcaba el porvenir de Cuba. Triángulo que debía ser rojo y no azul, aunque desafiara las leyes de la heráldica.

Ostentaba los colores republicanos de Norteamérica inspirados en los de la Revolución Francesa de 1789; colores que hoy son también los de otras naciones del mundo. Al unísono, con la enseña de los cubanos surgiría la de Puerto Rico, cuyas aspiraciones independentistas quedaron frustradas hasta hoy.

Enarbolada en años difíciles, cuando aún las supremas aspiraciones de las vanguardias políticas del pueblo cubano no habían alcanzado su plenitud y no pocos se inclinaban porque la estrella solitaria fuese una más en la constelación americana, resultaría necesario recorrer un árido sendero y derramar la sangre de los precursores que se apresuraron al acto magnífico del 10 de octubre de 1868 en Demajagua o la solemne celebración de la Asamblea de Constituyente de Guáimaro en abril de 1869.

También surgió de esos anhelos libertarios el escudo sostenido en la unión de bastos donde reposa el gorro frigio con idéntica estrella solitaria. No era otro que el tocado que llevaban los cargadores en los barrios periféricos de París y Marsella; la palma real y la isla de Cuba representada entre los peñones de Cabo de San Antonio y la península de Yucatán, y la llave como símbolo de la libertad prometida, y tras ella el sol naciente.

A su alrededor hijas de Laurel y acanto en ramas símbolos de la gloria combativa y del mérito alcanzado en el campo de batalla.

¡Cuántos cadalsos, cuántas lágrimas, cuántos exilios, cuánta tristeza! para que ahora la estampen en un delantal para la cocina, en una ridícula camiseta y en otras incalificables y vulgares formas.

En nombre de todo ello hago un patriótico y ardoroso llamamiento a nuestros conciudadanos para que al menos aquí en el Centro Histórico de La Habana, Patrimonio Mundial, se apeguen a las costumbres públicas a las leyes vigentes y no se pisotee ni se ponga precio.

Recordad las emotivas palabras del insigne poeta que al regresar a la patria evoca el valor de la bandera cuando aún podían verse a la entrada del puerto de las canteras y la vieja cárcel y el pedazo de pared donde fueron ejecutados los estudiantes de 1871:

 

Si desecha en menudos pedazos

Llega a ser mi bandera algún día…

¡nuestros muertos alzando los brazos

la sabrán defender todavía!

 

[Leal Spengler, E. (1995): “¿Qué sentido tiene la bandera de una nación?”, en Cuba, prendida del alma. Ediciones Boloña, La Habana, pp. 156-158]      

Para hacer realidad los sueños

Para hacer realidad los sueños

Para hacer realidad los sueños

Eusebio Leal Spengler

Abril 15, 2022

Artículo publicado en Revolución y Cultura, La Habana, No. 107, 1981

 

La salvación de La Habana monumental atrae de manera creciente el interés de nuestro pueblo. Las informaciones periódicas en torno al tema, a través de los órganos de difusión masiva, se hacen más frecuentes.

Los museos y exposiciones en el área intramural comienzan a ser virtualmente invadidos no solo los fines de cada semana, sino todos los días. Tal circunstancia es más alentadora en la medida en que valoramos que el núcleo fundamental está integrado en su mayoría por jóvenes, para quienes las obras admirables de la arquitectura y el revivir los acontecimientos de nuestra historia suponen un nuevo y tentador descubrimiento. ¿Qué debemos hacer? A nuestro juicio, las condiciones se han tornado propicias para estructurar una activa participación de las masas, no solo como espectadores de una u otra actividad recreativa, sino como fuerza actuante y decisiva en lo que ha de acontecer de ahora en adelante.

Toda esta experiencia acumulada, los estudios realizados, el proyecto global para la restauración del Centro Histórico, resultarían una empresa costosísima, inalcanzable en su total magnitud, si no logramos que los jóvenes participen en esta batalla, si no conseguimos que surja en las fábricas y talleres todo un fuerte movimiento y que cualitativamente arquitectos, ingenieros, herreros, fundidores, estudiantes de arte y de historia, círculos de estudios, impidan con su acción decidida, generosa, entusiasta y culta, que las aguas de los veranos venideros no cobren con el desplome de muchas casas y antiguos palacios el precio perder con ellas el retrato material de nuestra identidad ciudadana.

La reanimación cultural desempeñará un papel decisivo; la prueba irrebatible está dada por la felicitación de miles y miles de personas en la celebración restituida de la fiesta de La Habana junto a la ceiba de El Templete, cada 15 de noviembre; en los sábados de la Plaza de la Catedral, que reúnen cada semana, en el regazo acogedor de aquel sitio, no solo a quienes desean comprar un regalo original, sino a los amigos que se encuentran o a los que quieren presenciar la tirada de un grabado en el Taller de Gráfica, un fragmento de una obra de teatro cubano, o ver de cerca el rostro de un artista popular, o escuchar el impresionante tañer de la gran campana de la iglesia.

Y el sábado se ha extendido a la Plaza de Armas y cuando cae la tarde sobre la Calle de Madera hay mercado de flores, y un domingo de cada mes de pajaritos, y lo habrá de papalotes y cometas para conmemorar los vientos de abril que hinchaban las velas de las flotas, y hay como una fiebre en quienes observan al renacer de las casas de la calle Obispo entre Mercaderes y Oficios.

Debemos hacer más, no podemos ni debemos esperar. Esta ciudad se salvará si nosotros somos capaces de hacerlo. Esta es nuestra tarea, la tarea de todos, la parte que nos corresponde en el sostenimiento victorioso de la Patria. Que cada día nos encuentre más esperanzados, más batalladores, más dispuestos a hacer realidad los sueños. Ahora, es lícito discrepar con el clásico, pues estos sueños serán algo más que sueños: serán nuestra realidad.

 

[Leal Spengler, E. (1995): “Para hacer realidad los sueños”, en Regresar en el tiempo. Publicaciones IMAGO, La Habana, pp. 29-31]

La atracción de una ciudad...

Presentado libro “La atracción de una ciudad cosmopolita”

La atracción de una ciudad...

Daniel Benítez Pérez

Abril 7, 2022

 

Como toda promesa que se cumple tras sortear numerosas dificultades, la presentación del libro La atracción de una ciudad cosmopolita. Castellanos y Leoneses en La Habana, de Juan Andrés Blanco Rodríguez, fue a la vez un triunfo de los presentes y un homenaje a los que ya no se encontraban para celebrarlo.

La cita se dio a la víspera del mediodía en el Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales Cuba-Europa: Palacio del Segundo Cabo. Onedys Calvo Noya, directora del Centro, dijo que la existencia de su institución siempre había sido un sueño de Eusebio Leal y de muchos amigos en Europa.

El antiguo Palacio del Segundo Cabo, que antes fuera el espacio desde donde se enviaba y recibía la controversia que viajaba de Cuba a España y de la península a la isla, ahora conserva la misión de mantener los vínculos de más de cinco siglos entre ambas naciones. “Este centro ha sido con esa voluntad. Que siempre desde la contemporaneidad seamos el puente de ida y vuelta”, afirmó Onedys, y aseguró que estos vínculos se mantienen vigentes.

Dentro de las personalidades a las que saludó en su intervención la directora Onedys Calvo, se encontraban el Excelentísimo Señor Francisco Requejo, presidente de la Diputación Provincial de Zamora, ubicada en Castilla-León, España, quien dirigió unas palabras de agradecimiento a la Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana y al pueblo cubano. También fueron saludados en su intervención, María Antonia Rabanillo, presidenta de la Colonia Zamorana en Cuba, y el Excelentísimo Señor, Dr. Marco Antonio Peñín Toledano, cónsul de la Embajada de España en La Habana.

La presentación estuvo dedicada a la memoria de Eusebio Leal, del que se reprodujo una breve entrevista. “Somos una parte de la España americana porque, entre otras cosas nos une el idioma, que es la patria común de todos nosotros”.

El autor de La atracción de una ciudad cosmopolita, Juan Andrés Blanco Rodríguez, es catedrático de la Universidad de Salamanca y fungió como director de la Universidad Nacional de la Educación a Distancia (UNED) de Zamora. El estudioso, quien es reconocido por los zamoranos como el Maestro de la Emigración, habló de cómo la simple sensación de hojear el libro de firmas de la Colonia Zamorana en Cuba lo transportaba a un lugar que, sin ser España, se sentía como transportado su hogar. También comentó sobre cómo el flujo de castellanos y leoneses a Cuba fue decisivo en los primeros años de la colonización y cómo se mantuvo con cantidades importantes, aún después de las Guerras Independentistas hasta bien entrado el siglo XX.

Su propia historia familiar, reconoció el catedrático Andrés Blanco, tiene un vínculo fuerte con nuestro país y así lo refleja su libro con la historia de uno de sus tíos abuelos que murió en combate, sirviendo como soldado de las fuerzas expedicionarias españolas durante las Guerras Independentistas cubanas. Su padre, rememoró, realizó negocios en Cuba, y una de sus tías en Cuba, pagó para que estudiara en España a través de una de las organizaciones cubano-españolas que continúan hasta hoy.

La constancia de las relaciones entre los migrantes y sus descendientes en Cuba con España es un fenómeno hermoso al que su libro está dedicado. Su constancia a lo largo de los años, sin importar las dificultades económicas o la inestabilidad de las relaciones políticas, son una prueba de la fortaleza y la transcendencia de estos vínculos, de la misma manera que la obra del profesor Juan Andrés Blanco Rodríguez es un fiel testimonio de este medio milenio de conmovedoras y extraordinarias relaciones humanas.

 

 [Tomado de Habana Radio]

Emilia Teurbe Tolón

A Emilia Teurbe Tolón

Emilia Teurbe Tolón

Eusebio Leal Spengler

Abril 1, 2022

Discurso pronunciado durante el acto de inhumación de los restos de Emilia Teurbe Tolón en la Necrópolis de Colón, el 23 de agosto de 2010.

 

Traer sus restos ha sido un empeño por largo tiempo acariciado. Desde su sepulcro en este jardín surgirá, quizás, un ramo de rosas con los tres colores: rojo, azul y blanco, con los cuales bordó la primera bandera de Cuba, en 1850.

 

Con estos honores -reservados a los que son más útiles, a los que han ofrendado los mayores sacrificios, a quienes han dejado una huella indeleble en la historia de nuestra patria- depositamos hoy los restos de Emilia Teurbe Tolón, aquella muchacha que, nacida en 1828, expiró en Madrid, España, un día como hoy, 23 de agosto, hace 108 años, lejos de su tierra amada, Cuba.

Traer los restos de Emilia ha sido un empeño por largo tiempo acariciado. Debemos agradecer a su biógrafa Clara Enma Chávez y, muy especialmente, a su entrañable admirador Ernesto Martínez por haber buscado incansablemente en los archivos de las diversas necrópolis de la capital española el sepulcro ya olvidado de Emilia.

Agradecemos profundamente a la embajada de Cuba y a los funcionarios de la sección consular quienes, un día invernal, acompañaron a Ernesto al acto de la exhumación; también a la Compañía Cubana de Aviación, que trasladó a la patria no solamente los restos de Emilia, sino también el panteón que en su día le ofreció la Sociedad Económica de Amigos del País, como su benefactora.

¿Quién fue Emilia? Cuando depositamos hoy esta semilla, el día en que celebramos el 50 aniversario de la Federación de Mujeres Cubanas, nos parece escuchar todavía la voz de su fundadora, Vilma Espín de Castro; ella reclamaba siempre, con intensidad y con firmeza, que se rindiese culto y se abriese un espacio en nuestra memoria y vida cotidiana a las grandes mujeres, a aquellas que habían marcado no solamente un camino para todo pueblo en lucha, sino también para las grandes vindicadoras de las batallas de género. Emilia fue lo uno y lo otro. Por eso, desde su sepulcro en este jardín surgirá, quizás, un ramo de rosas con los tres colores: rojo, azul y blanco, con los cuajes bordó la primera bandera de Cuba, en 1850.

Recuerdo con emoción los versos de Carilda [Oliver Labra] cuando se refiere a Emilia y evoca con qué puntadas de amor bordó aquel lienzo, aquellas sedas preciosas que aún se conservan. Pienso en los años difíciles que le tocó vivir a esa cubanita casada a los 16 años con su primo hermano, el insigne poeta matancero Miguel Teurbe Tolón: orador, escritor, dibujante… pero sobre todo poeta. Poeta integrante, junto a los también matanceros José Jacinto Milanés y Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido), de una pléyade que vinculó indisolublemente la poesía con la historia de nuestra patria. Como también lo hizo José María Heredia, quien sembró el culto a la estrella solitaria, a la bandera cubana, tal como lo recuerda José Martí, nuestro Apóstol.

La figura de Emilia hace que evoquemos a todos ellos, así como a la eximia poeta Gertrudis Gómez de Avellaneda, quien, al despedirse de Cuba con dolor profundo, canta a la tierra que la vio nacer, a su natal Camagüey, que también es la cuna de Ana Betancourt y Ana de Quesada. Emilia fue la primera mujer cubana deportada por insurgencia política. Durante un proceso abierto por la comisión ejecutiva y permanente, es expulsada de Cuba en 1850, cuando tiene solamente 22 años. Es precisamente durante los primeros meses de ese año que madura una idea llegada a Cuba -como dice Martí- de dos fuentes: una ingenua, que aspiraba a una patria que no se podría sacudir del yugo opresor sin el concurso del vecino poderoso; y una segunda, peligrosa y temible, cuya aspiración era la anexión descarnada.

Se dice que en 1849 -el año previo a la confección de la bandera-, en un día estival, en el cielo de un atardecer de Nueva York, el ex general Narciso López vio los colores de la enseña nacional, así como aquel triángulo equilátero, símbolo de fraternidad masónica. Esos elementos encarnaban los pensamientos más puros de la revolución que recorría el mundo: libertad, igualdad y fraternidad; cinco franjas en el centro del triángulo, como un rayo de luz en el cielo que se abría, la estrella marcando el porvenir de Cuba. Triángulo que debía ser rojo y no azul, aunque desafiara las leyes de la heráldica.

Al subir al cadalso, el primero de septiembre de 1851, y pronunciar las que muchos creen fueron sus últimas palabras: «Mi muerte no cambiará los destinos de Cuba», el general Narciso López auguraba el porvenir. ¿Cómo interpretarían ese destino muchos de quienes lo siguieron en la lucha? Esa frase podría significar la independencia o la anexión. La verdad la hallaríamos en nuestra propia historia: la independencia y la plena soberanía popular como único destino.

En 1868 Emilia está ya lejos de esa batalla política que hizo nacer, quizás en un espacio algo extraviado, lo que luego la solemne Asamblea de Guáimaro, iniciada el 10 de abril de 1869, reconocería como la bandera de Cuba, sin agravio de la insignia presentada por Carlos Manuel de Céspedes, la cual sería colocada en la sala donde quiera que los diputados estuviesen reunidos, hecho que sería consagrado años después al constituirse la Asamblea Nacional del Poder Popular. Fue así como el nombre de Emilia, aunque asumido en la penumbra por explicables razones familiares y personales, quedó unido para siempre a nuestra historia patria, sin que nunca dejase de palpitar en su corazón el secreto intenso, ardiente… de su amor por Cuba.

Cuando el General Presidente Raúl Castro Ruz escogió el 23 de agosto para realizar esta inhumación en suelo de Cuba, por lo que esta jornada significa para la mujer cubana, no sabía -pues yo no se lo dije- que sobre la tapa del panteón que cubría en Madrid los restos de Emilia también estaba escrita esa misma fecha, día en que murió la patriota en la capital de España. Ahora, 108 años después, aquella bandera bordada por Emilia -cuyo original felizmente se conserva- y que, multiplicada, ondeara por vez primera vez en Cárdenas en 1850, es el más hermoso homenaje para flotar sobre su tumba, redimida ya de todo compromiso que no fuera luchar por la libertad absoluta en el combate, bandera que guio y guía al pueblo en sus conquistas.

Descanse en paz en suelo cubano, heroína, mujer altiva, mujer hermosa de alma y de espíritu, mujer que -cuando ya su vida concluía- supo dedicar sus bienes a Cuba. Entregó el dinero que tenía a las escuelas que estaban al cuidado de la Sociedad Económica de Amigos del País, una de las instituciones más progresistas de la época y que, junto al seminario de San Carlos y San Ambrosio y la Universidad de La Habana, fue uno de los tres pilares en la forja de la intelectualidad, del pensamiento y de la rebeldía cubanos.

Que este día, cuando el cielo se cubre suavemente de gris para amparar el acto que celebramos a primera hora de la mañana, estos honores militares, estas flores y estas ofrendas lleguen hasta Emilia en cualquier lugar del éter, en cualquier espacio del universo donde se escuche su voz y su nombre para siempre.

 

[Leal Spengler, E. (2017): “A Emilia Teurbe Tolón”, en Hijo de mi tiempo. Ediciones Boloña, La Habana, pp. 64-67.]

Mercurio. Lonja del Comercio

Cuba y Grecia

Mercurio. Lonja del Comercio

Eusebio Leal Spengler

Marzo 18, 2022

Conferencia pronunciada el 10 de noviembre de 2003 en la Universidad Nacional Capodistria de Atenas, en vísperas de la consagración de la Catedral Ortodoxa de San Nicolás de Mira, en La Habana Vieja.

 

Hace exactamente 91 años que un ilustre profesor de la Universidad de La Habana tuvo la honrosa oportunidad de exponer aquí, en la Universidad Nacional Capodistria de Atenas, las dificultades que había en Cuba para los estudios del idioma griego. Se trataba del doctor Juan Miguel Dihigo y Mestre, catedrático de Lingüística y Filología, quien había sido invitado al septuagésimo quinto aniversario de esta casa de altos estudios. Dihigo y Mestre fue el redactor de un libro para la enseñanza de esa lengua, el primero que habría de publicarse en nuestra isla usando los tipos propios del alfabeto griego. Salvando las distancias del tiempo y de su infinito talento, sería ese sabio cubano mi precedente más honroso al evocar el culto que sentimos los cubanos hacia las letras de Grecia, hacia su civilización y el inmenso legado que este país ha dejado a la Humanidad.

Y es que la piedra filosofal del ser occidental se formó en ese glorioso período en que las artes y las ciencias griegas se abrazaron, creando símbolos y fijando hitos que buscaban plasmar la esencia e intemporalidad de las cosas por encima de lo superficial y transitorio.

Para el helenismo, el centro de preocupación fue el hombre y su ubicación en la vida y el Universo. Desde los orígenes del pensamiento griego, filósofos como Anaximandro, Anaxímenes, Heráclito de Éfeso, Tales de Mileto (…) intentaron buscar una explicación al surgimiento del cosmos y de la existencia humana, basándose en las combinaciones casuales de las cuatro sustancias primarias: fuego, aire, tierra y agua.

Esta pasión cognitiva alcanzaría su máxima expresión en el pensamiento de Sócrates, Platón y Aristóteles, quienes incitaban con sus ideas a la búsqueda de la perfección. 

Ese ideal se alcanzaría en el dominio del Arte, en las esculturas -por ejemplo- de Prexíteles y Fidias, cuyo sentido de la belleza otorga un valor al cuerpo humano que va más allá del carácter efímero de la vida terrena. Sus obras imprimieron un sello de dignidad al hombre, elevándolo en el infinito hasta entablar un diálogo con los dioses del Olimpo, en los que vieron un espejo de la tragedia humana.

Bajo el gobierno de Pericles, en Atenas se gestó la más intensa utopía nunca imaginada, proyecto de un orden, de un experimento de gobernabilidad que cobró vida para ya nunca apagarse, como la mítica llama del Olimpo. Es cierto que, en esa utopía, unos hombres estaban sometidos a otros en irredimible condena.

Desde entonces, el ansia de justicia que inspiró al lúcido estadista ha tenido que esperar en las tinieblas de los tiempos en un proceso todavía inacabado. Así, cual Diógenes caminando por Atenas con una lámpara encendida en busca de un «hombre honesto» a la luz del día, anda hoy la Humanidad en pos de la verdad, portando su lámpara desnuda en la noche oscura.

Del cansado andar del griego Eneas y su unión con Lavinia, hija de Latino, nacería Roma, y de este modo el acervo helenístico estaría en la savia misma de la futura latinidad, entendida esta como categoría en el plano estético, humanista y literario. Pero sería con la expansión hacia el sur de Italia, que los romanos harían suya la cultura griega, «cautivados por aquellos que habían conquistado», al decir del poeta Horacio.

Prendida la latinidad por el helenismo, aquella se inclinó reverente ante las ciudades de la Magna Grecia: en las rosadas piedras de Paestum, en los templos de Agrigento (…). Coleccionar obras de arte griegas o imitarlas fue un delirio compartido por los romanos, y prueba de ello son las maravillosas esculturas que adornaron el teatro de Pompeya para más tarde ser colocadas en la suntuosa escalinata que conduce a la plaza del Campidogli.

Nueva vida cobraron los caballos de la cuadra de la Catedral de San Marcos, al recuperar su verdadera identidad, luego de revelarse el secreto de su origen. Y aún guardo en lo más íntimo de mi espíritu el brillo conservado en los ojos vidriados de los bronces de Riace, el regalo más espléndido que nos ha entregado el dios Poseidón desde las profundidades del mar.

Los cubanos debemos a don Joaquín Gumá Herrera, conde de Lagunillas, la impresionante muestra de arte griego que se atesora en la sala universal del renovado Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana.

Teniendo en el centro la formidable y perfecta Ánfora Panatenaica de los hoplitodromos, su colección de 142 vasos fue considerada en 1956 «la mayor al sur del Trópico de Cáncer y una de las más ricas del Hemisferio Occidental».

Además de esa cerámica, se muestra un repertorio de obras griegas de pequeño, mediano y gran formato, entre ellas una formidable Cabeza de Alejandro Magno, copia romana del original helenístico y que debió pertenecer a una escultura de gran talla.

Es La Habana, exteriormente, una ciudad colmada de alusiones a la arquitectura grecolatina; de ahí que el gran escritor Alejo Carpentier la definiera en su magistral ensayo como «la ciudad de las columnas», pues ellas se repiten tanto y de manera tan diversa, reinterpretando con ingenuidad tropical los órdenes griegos dórico, jónico y corintio.

Muchos edificios habaneros tienen cariátides en su fachada; un Mercurio corona la Lonja del Comercio; una estatua de Neptuno escolta el Malecón, y en el pórtico de la Universidad de La Habana en el centro del frontispicio, resplandece la cabeza coronada de Palas Atenea con el búho encima, ave que -como la diosa- posee grandes ojos siempre abiertos y que representa a la sabiduría.

En el Teatro Universitario se representaron las obras que inspiraron mi adolescencia y primera juventud: el drama de Electra, los desvaríos del joven Orestes, la tragedia de Edipo (…).

Ese recinto recibió su acta de nacimiento en 1941 con la puesta de la Antígona de Sófocles, que fuera traducida al español por el nunca olvidado Dihigo y Mestre, quien -además de catedrático eminente- realizó una notable labor de difusión cultural. No en balde hoy la Facultad de Artes y Letras lleva su nombre, en tanto su magisterio fue continuado por Juan Francisco Albear, Juan José Maza y Artola, Manuel Bisbé Albertini, Elena Calduch, Elina Miranda Cancela y María Castro Miranda (…) sin olvidar tampoco a esa gran latinista que fue Vicentina Antuña.

A propósito, el propio Carpentier hace referencia a ese escenario en su novela La consagración de la primavera, cuando narra cómo en los edificios y columnatas de porte neoclásico -que ya desde la década del 20 servían de aulas universitarias- resonaban los versos de las tragedias griegas presentadas por el Teatro Universitario en alarde de voluntad y vocación, dadas las precarias condiciones de ensayo y estreno.

Años después, cerca de Nápoles, quise visitar el antro de las sibilas, en Cumas, luego de haber viajado a Delfos para sentir la íntima vibración en las gradas del teatro de Epidauro. En la madurez de mi propia vida, ansié volver a iluminar mi alma con la visión de la Acrópolis, justo ahora que se aproxima el año en que nuestro más caro deseo es que la Olimpiada devuelva la paz entre los pueblos y las naciones del planeta.

Isla mágica, isla misteriosa es la nuestra, donde pueden hallarse ciudades como Matanzas, reconocida como la Atenas de Cuba por el mérito singular de sus poetas. Nuestro territorio está regado a lo largo y ancho por pueblos con nombres tales como Rodas, Palmira, Artemisa (…) y hasta un perdido batey de un pueblo azucarero, en la zona Oriental, lleva el nombre de Troya.

Y es que, cuando la isla todavía estaba bajo el dominio español, la cultura grecolatina tuvo un especial significado en la literatura cubana del siglo XIX al ser evocada en citas y referencias que identificaban nuestros ideales y aspiraciones independentistas con aquella fuente de belleza, armonía y justeza.

En los liceos de La Habana se estudiaba a Anacreonte y Hornero, de ahí posiblemente el auge que tuvieron las anacreónticas durante todo el siglo XIX entre los escritores de Cuba: desde Manuel de Zequeira, iniciador de la lírica a principios de aquella centuria, pasando por Manuel Justo de Rubalcaba, José María Heredia, Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido) (…) hasta Joaquín Lorenzo Luaces.

Tampoco escaparon del embrujo el reconocido pensador y maestro Enrique José Varona y hasta nuestro Apóstol José Martí. Todos, de una manera u otra, en mayor o menor cuantía, tradujeron o se apropiaron del tipo de poema que diera la fama al nombre de Anacreonte y rindieron culto a Homero, Píndaro (…) y al destino de Safo que, como una estrella luminosa, cruzó sobre ese exótico parnaso.

Esa fascinación por la literatura grecolatina se mantendría en posteriores generaciones de escritores cubanos: el ya mencionado Carpentier, que en su novela Los pasos perdidos hace un contrapunteo con la Odisea, sin olvidar las alusiones a Sísifo y Prometeo, y el gran poeta José Lezama Lima, cuyo primer libro tituló Muerte de Narciso (…), por sólo citar dos ejemplos.

Por mi parte, al dedicarme a las humanidades y -en especial- a la restauración de mi ciudad natal, he tenido como uno de los principales referentes a El Templete: ese modelo virtual de una nueva e intensa corriente neoclásica que, inaugurado en 1828 por el obispo Espada para rendir culto eterno a los orígenes de la villa de San Cristóbal de La Habana, adoptó precisamente la forma de un pequeño templo votivo griego.

Quiso el destino que, evocando en la distancia a aquel y otros fundadores, me tocase a mí el privilegio de colocar hace apenas dos años la primera piedra -como fundamento- de la pequeña catedral que, en honor a san Nicolás de Mira, se erige actualmente en el Centro Histórico. Para consagrarla vendrá a La Habana su Toda Santidad, Bartolomeo I, Patriarca Ecuménico de Constantinopla y Nueva Roma.

Será un homenaje a la cristiandad griega, cuya fe se remonta a los primeros años de la iglesia primitiva, como demuestran los Hechos de los Apóstoles y las Cartas de San Pablo. Incluidas en el Nuevo Testamento, que fuera redactado completamente en griego, esas narraciones hacen alusión a las primeras congregaciones y al famoso discurso del apóstol Pablo en el Areópago de Atenas, considerado uno de los más elocuentes en la historia de la oratoria.

Quizás con el mismo poder de convencimiento, al recordar al poeta José María Heredia en el discurso pronunciado el 30 de noviembre de 1889 en el Hardman Hall, en Nueva York, José Martí preguntó enfáticamente: «¿Y la América libre y toda Europa coronándose de libertad, y Grecia como resucitando, y Cuba, tan bella como Grecia, tendida así entre hierros, mancha del mundo, presidio rodeado de agua, rémora de América?»

Más de medio siglo antes, en su poema «A la resurrección de Grecia en 1820», Heredia había tomado como pretexto la insurrección griega contra los otomanos para hacer alusión directa al problema de la independencia de Cuba del colonialismo español, con estas estrofas:

Por la alma libertad miro a mi patria,

A la risueña Cuba, que la frente

Eleva al mar de palmas coronada,

Por los mares de la América tendiendo

Su gloria y su poder: miro a la Grecia

Lanzar a sus tiranos indignada.

Y a la alma Libertad servir de templo,

Y al Orbe escucho que gozoso aplaude

Victoria tal y tan glorioso ejemplo.

Al comparar en su arenga libertaria a Cuba con Grecia, tanto Heredia como Martí nos legaban un símil de amor filio entre dos naciones lejanas que, unidas en su vocación redentora, se cobijarán pronto bajo el techo del primer templo ortodoxo en tierra cubana como expresión más alta de un sentimiento ecuménico.

 

[Leal Spengler, E. (2018): “Cuba y Grecia”, en Patria Amada. Ediciones Boloña, La Habana, pp. 69-75]

Convocatoria V Coloquio

Convocatoria al V Coloquio Presencias europeas en Cuba

Convocatoria V Coloquio

Tema: Las mujeres en la historia compartida entre Cuba y Europa

Del 26 al 28 de octubre de 2022

Cierre de la convocatoria: 5 de septiembre de 2022

 

El Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales Cuba-Europa: Palacio del Segundo Cabo, institución adscrita a la Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana, convoca al V Coloquio Presencias europeas en Cuba, con el tema Las mujeres en la historia compartida entre Cuba y Europa, a realizarse entre el 26 al 28 de octubre de 2022.

La historia, escrita mayoritariamente por hombres en medio de sociedades patriarcales y heteronormativas, ha obviado y/o invisibilizado la participación de las mujeres dentro del complejo entramado de acontecimientos que marcan su devenir. En nuestro país, no exento de estos acontecimientos, se evidencia la urgencia de incrementar las políticas de equidad y de promover espacios de reflexión que contribuyan a visibilizar el papel de las mujeres en la construcción de la identidad de nuestra nación y al cambio de los imaginarios sociales en pos de la igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres.

En su quinta edición el Coloquio impulsará el estudio de la historia de mujeres reconociendo sus experiencias y su protagonismo dentro de la historia. Parafraseando a los historiadores Georges Duby y Michelle Perrot, lo que se desea es valorar el lugar de las mujeres en la sociedad, su condición, sus papeles y su poder, sus silencios y su palabra.

Animamos a las investigadoras e investigadores cubanos y extranjeros a presentar propuestas que giren en torno a los siguientes ejes temáticos, teniendo en cuenta los vínculos entre Cuba y el viejo continente.  

–       Las mujeres en la sociedad colonial

–       Migraciones, familia e identidad

–       Mujeres creadoras, intelectuales, científicas y profesionales.

–       Participación de las mujeres en la gesta de independencia cubana

–       Violencia política contra la mujer

–       Participación de la mujer en la construcción de la Nación y la ciudadanía. 

–       Derechos de las mujeres. Activismo político.

–       Asociaciones de mujeres

–       Las mujeres en la historia económica

–       Simbología, imaginario y representación de las mujeres

–       Historias de mujeres

 

El V Coloquio Presencias europeas en Cuba se realiza en el marco del proyecto de cooperación internacional Promoviendo la inclusión sociocultural de las mujeres en el Centro Histórico de La Habana Vieja, a través de la gestión del patrimonio cultural y la atención psicosocial con perspectiva de género, auspiciado por KCD ONGD y la Agencia Vasca de Cooperación para el Desarrollo (AVCD).

 

Bases

–       Podrán participar todas las personas interesadas en dar a conocer su trabajo o investigación en cualquiera de las siguientes áreas: Historia, Historia del Arte, Filología, Antropología cultural, Sociología, Ciencias políticas, Economía, Comunicación, Patrimonio material e inmaterial, Museología, Archivística, entre otras disciplinas afines.

–       Las presentaciones pueden ser individuales o grupales, con tres participantes como máximo. El comité organizador se reservará el derecho de proponer los temas de cada mesa de acuerdo con las propuestas recibidas.

–       Los resúmenes de las ponencias se presentarán en Arial 12, a espacio y medio, con un contenido de trescientas palabras, acompañadas de una síntesis curricular y los datos personales de contacto. Solo se considerará válida la aplicación si el comité organizador recibe los documentos requeridos en el tiempo establecido por la convocatoria.

–       La fecha límite para enviar las propuestas será el lunes, 5 de septiembre de 2022, 5:00 pm. Cualquiera propuesta recibida luego de esta fecha no será considerada por el comité organizador.

–       El comité organizador publicará la decisión de aceptación en la página web del centro (http://segundocabo.ohc.cu) y mediante correo electrónico el lunes, 19 de septiembre de 2022.  

–       La investigación se deberá entregar en digital en no menos de 5 cuartillas y un máximo de 7 en Arial 12, a espacio y medio, acompañadas con un máximo de 5 imágenes que ilustren el tema abordado.

–       El Palacio del Segundo Cabo se reserva el derecho de publicar los trabajos aceptados en las memorias del evento u otros proyectos editoriales, así como en su sitio web. Además, el centro los empleará en acciones museográficas, previa aprobación por escrito de los autores.

–       La participación en el certamen implica la aceptación total de sus bases.

 

Para obtener información adicional, puede contactar a:

Yainet Rodríguez Rodríguez

Coordinadora general

Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales Cuba-Europa:

Palacio del Segundo Cabo

O’Reilly No. 4 esquina a Tacón, Plaza de Armas, Habana Vieja, La Habana, Cuba

(+53) 7 801 7176 / yainet@patrimonio.ohc.cu

IV Coloquio 2022

Se despide el IV Coloquio Presencias Europeas en Cuba

IV Coloquio 2022

Marzo 5, 2022

 

Ha concluido el IV Coloquio Presencias Europeas en Cuba, un encuentro para intercambiar saberes y reunir estudiosos de diferentes ámbitos. En cada cita, los participantes expusieron con minuciosidad sus conocimientos e investigaciones sobre la repercusión de los conflictos bélicos en Cuba durante la primera mitad del siglo XX. En el día de ayer transcurrió la última jornada de esta cita científica, que contó con tres paneles, uno dedicado a los ecos de la Segunda Guerra Mundial en Cuba; otro a las historias entretejidas entre Cataluña y Cuba; por último, se abordó el tránsito de personas e ideas entre Italia y Cuba a consecuencia de los conflictos bélicos.

El numeroso grupo de ponentes que integraba el primer grupo comentó sobre aquellas particularidades internas que evidenciaron los impactos de la Segunda Guerra Mundial en la nación. El enfoque de género y el papel de la mujer cubana en este ámbito beligerante se convirtió en uno de los principales discursos de la jornada. La MSc. Kenia Herrera Izquierdoy el Lic. Luis Boffill del Pino, autores del tema mencionado, abordaron figuras muy interesantes, como Rosa Pastora Leclere, primera maestra internacionalista que parte hacia España a prestar ayuda. En este país dirige la casa-escuela para aquellos infantes huérfanos o extraviados que fueron víctimas de la Guerra Civil.

Por otra parte, la MSc. Adriana Hernández Gómez de Molina, con su ponencia Huellas olvidadas de los refugiados hebreos en Cuba…, realizó un desglose de los judíos que se asentaron en territorio cubano e iniciaron una nueva vida. Los hábitos, las nuevas costumbres adquiridas y los negocios, por solo mencionar algunos de los parámetros expuestos, establecieron puntos claves de dicha investigación. Un aspecto llamativo lo fue el impulso de la industria del diamante en la isla con mano de obra hebrea, convirtiéndose en un hecho desconocido por muchos estudiosos.

Los históricos lazos de hermandad entre los pueblos de Cataluña y Cuba quedaron reflejados en las ponencias de la Dra.C. Verónica Elvira Fernández y la Lic. Bárbara Beatriz Laffita Menocal, moderadas estas por el MSc. Dúnyer Pérez. Se intercambió sobre la talentosa impronta del músico Félix Rafols en el territorio camagüeyano, que dejó un legado cultural de incalculable valía, además de la vital importancia de establecer lecturas cruzadas de los contextos a ambos lados del Atlántico fue menester en estas ponencias. La exhaustiva revisión de las publicaciones de la época posibilitó ahondar en estos sucesos poco estudiados. Asimismo, la periodización realizada por la Lic. Laffita de aquellos catalanes exiliados en el archipiélago reflejó la profunda huella de estos en la identidad nacional.

El último panel del Coloquio abordó el tránsito de personas e ideas entre Italia y Cuba a consecuencia de los conflictos bélicos. La presencia del Excmo. Sr. Roberto Vellano, embajador de Italia en Cuba, acreditó aún más este segmento expositivo, el cual contó con los investigadores Pablo Pitaluga Pitaluga y Nicomedes Mario Rizzo Martínez. La guerra ítalo-etíope y la inmigración italiana profascista en la isla fue la intervención del primero; la profundidad con la que este estudioso indagó en publicaciones de la época exaltó la labor de la prensa como fiel documentalista de períodos históricos. La llegada de cientos de italianos asentados en América compuso un proceso de aclimatación, teniendo en cuenta que sus modos de vida distaban de la realidad cubana.

En las palabras de conclusión del IV Coloquio, la directora del Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales Cuba-Europa: Palacio del Segundo Cabo, Onedys Calvo Noya, y la especialista principal, Yainet Rodríguez Rodríguez, expresaron las gratas experiencias durante estos tres instructivos días. Ambas hicieron énfasis en la importancia de investigar para mantener actualizadas todas las plataformas de conocimiento, así como el constante estudio de aquellos sucesos relevantes que unen la historia de nuestra nación con la del Viejo Continente.

Pablo de la Torriente Brau feb 4, 2022

Pablo en el recuerdo

Pablo de la Torriente Brau feb 4, 2022

Eusebio Leal Spengler

Marzo 4, 2022

 

Con admirable devoción, Víctor Casaus ha abierto un espacio en la cultura cubana, dejando los merecidos lauros que tanto tiempo acumuló en su obra personal como intelectual y poniéndolos al servicio de una memoria, con la cual se ha identificado tanto, que si hoy podemos decir que Pablo de la Torriente Brau continúa presente en el pensamiento cubano, lo debemos -esencialmente- a dos cubanos: a Raúl Roa, que cultivó a lo largo de los años la inconsolable tristeza por la temprana partida de su amigo , y que lo honró en sus escritos, en la amistad y en la vida diaria; y a Víctor, que desde ese centro ha logrado convocarnos a todos para que esa llama de amor no se extinga.

A la luz de ella, arribamos en 2001 al centenario de Pablo, con la presencia y la tutela de Ruth, que, a lo largo de toda la vida, junto a su hermana -a quien recuerdo perfectamente en tantísimas oportunidades-, ha sido la fiel custodia de una memoria familiar que trasciende a Cuba, tejiendo un lazo fiel con Puerto Rico, y que nos acerca por la sangre derramada a la España irredenta de 1936.

La Guerra Civil era como el prólogo, el primer acto de un debate mayor que arrastró hacia los campos de batalla a un grupo numerosísimo de jóvenes que demostraron en aquellas viriles acciones que la gran España, la España de los pensadores y de los atrevidos luchadores por la libertad, había hallado eco en sus corazones.

No habían decursado cuatro décadas de la Guerra de Independencia de Cuba contra España cuando, por encima de la aparente paradoja, ese contingente fue a luchar en el suelo español por una causa española, pues era también una causa de humanidad. Hay esta tarde en la sala, en el patio gentil de esta casa, mujeres y hombres que participaron en la Guerra Civil Española. Cubanos, norteamericanos, españoles (…) que se han reunido para celebrar el primer centenario de Pablo.

Y ha comenzado este acto con esa maravillosa canción trovadoresca de Silvio Rodríguez que da cuerpo sonoro a los inmortales versos que están en la esencia de la despedida del duelo de Pablo, pronunciada por Miguel Hernández, el pastorcito de Orihuela; los versos apasionados que retratan el dolor de los compañeros que ve derrumbarse al primero de aquellos grandes soldados de la libertad que integraron el contingente de Cuba.

Un contingente que se unió a gente de otras naciones hispanoamericanas, a norteamericanos, a italianos, a húngaros (…) que se abrazaron en el sueño español por la República y por la libertad.

Las estrofas de Miguel Hernández son el más hermoso homenaje al que dejó sus huesos en Majadahonda, pero cuyo espíritu -como el del gran Capitán- saltó por encima de su tumba, proclamando que en la tierra de España quedaban sus restos, pero su gloria no.

De regreso, su gloria atravesaría, una vez más el océano para volver a este que fuera su mundo, su ámbito, el teatro de sus primeros y más grandes sueños. Era el sol de Cuba el que calentaba sus huesos, independientemente de que, en la hora postrera, fuese el de España el que iluminase sus ojos.

A Pablo debemos no solo ese ejemplo, sino su extraordinaria originalidad. Tan grande como su figura, que Raúl Roa describió en tantas ocasiones; aquella figura que sorprendió a los compañeros del presidio, en la cárcel terrible de la Isla de la Juventud -Isla de Pinos, entonces-, con sus ocurrencias, palabrotas, chistes (…), con sus retratos hablados de los compañeros y con aquellas cartas  que leí en mi primera juventud en el archivo de Emilio Roig -también amigo suyo-, a quien, a dos tenores como Juan Marinello y con el propio Raúl, escribió esas maravillosas cartas que han llegado hasta hoy.

El centro Pablo ha promovido esas conmemoraciones ardorosamente. Víctor las ha propiciado anticipadamente, utilizando para ello, como ha dicho, todos los medios a su alcance.

(…)

Tenemos la suerte de hoy tener entre nosotros aquí a uno de los símbolos vivientes de la amistad del pueblo norteamericano con la España republicana y con Cuba.

A uno de aquellos hombres que lucharon en el contingente Abraham Lincoln y que hasta hoy defienden las causas más justas y más nobles, entre ellas la causa de pueblo cubano.

Al comenzar esta jornada por Pablo, considero indispensable decir esto, porque sin ello sería imposible explicar por qué se fue a derramar tan tempranamente aquella sangre en tierra española cuando todavía vivían los que habían sido en Cuba  cautivos de las cárceles, cuando aún vivían los que volvieron del exilio en Chafarinas y en Fernando Poo, cuando aún vivía una buena parte de los que habían combatido en suelo cubano por la libertad.

Y es que en esa batalla se unieron cubanos y españoles, renunciando a todas las confrontaciones, abrazados por amor aunque alguna vez se hubiese servido a España por deber.

Para todos aquellos amigos de Pablo caídos en España junto a él, para los que lloraron su muerte en Majadahonda, para los que le acompañaron a la tumba secreta donde permanecen ocultos sus restos, nuestro pensamiento y nuestra gratitud. Y que aquellas lágrimas y aquellos cantos luctuosos entonados sobre su tumba, nos permitan hoy el sentimiento profundo de gratitud por todos los que de una parte u otra de la tierra han servido y amado a la causa de nuestro pueblo.

Y a Pablo, puertorriqueño, que soñaba continuamente en que Puerto Rico fuese también, como lo soñó Martí, una parte de la América Libre, nuestra memoria  y nuestro tributo. A un Pablo que no ha muerto y no se ha ido, sino que vive entre nosotros.

Consideramos y creemos que esa trascendencia es cierta. No es solamente un ardid literario ni una ficción de la palabra, sino una gran verdad.

Cuando se deja en la obra una parte de la vida, cuando se deja en actos o en poesía un sueño, se vive más allá de la muerte, y esa es, como dijo Martí, un carro de gloria, un carro de hojas verdes, en que a morir nos han de llevar.

Para Pablo, nuestro recuerdo emocionado; para Pablo, nuestras flores; para Pablo, nuestros cantos; para Pablo, nuestros poemas y, desde luego, esta reunión de amigos que es, en realidad una multitud.

Porque a nuestra convocatoria, a estas cabezas canas y a estas otras cabezas jóvenes, se unen la de una miríada de compañeros que acuden hoy colmando el patio y colmado La Habana Vieja.

Por estos caminos que recorrió Pablo muchas veces para ir al despacho de don Fernando Ortiz, de la mano de Rubén Martínez Villena, de la mano de Raúl Roa, de la mano de los compañeros que formaron el primor de su generación (…).

Para Pablo, nuestros cantos y nuestra inacabable gratitud.

 

[Leal Spengler, E. (2005): “Pablo en el recuerdo”, en Patria Amada. Ediciones Boloña, La Habana, pp. 103-106]