Ciudad Patrimonial accesible para todos

Ciudad Patrimonial accesible para todos

Ciudad Patrimonial accesible para todos

Diciembre 3, 2021

 

Con el objetivo de compartir e intercambiar sobre buenas prácticas nacionales e internacionales en materia de accesibilidad en entornos patrimoniales, se desarrolla desde el 2 y hasta el 3 de diciembre el evento internacional Ciudad Patrimonial accesible para todos, organizado por la Oficina del Historiador de la ciudad de la Habana (OHCH) con el apoyo de los proyectos Habana-Extremadura: Hacia un modelos de la Ciudad patrimonial accesible para todos, financiado por la Agencia Extremeña de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AEXCID), y el proyecto Habana inclusiva, financiado con fondos de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

El evento se desarrolla en nuestro centro y contó con las palabras inaugurales del señor José Manuel Mariscal, coordinador general de la AECID, quien afirmó que actualmente son las ciudades las que acogen una mayor cantidad de población y por eso uno de sus grandes retos es su sostenibilidad. Para eso trabajan diversas instituciones y la OHCH ha tenido un papel pionero, apuntó, a la vez que recordó el papel decisivo que tuvo en esto Eusebio Leal Spengler, que no consideraba que La Habana Vieja fuese solo el recuerdo de lo que fue, sino que tenía que vivir del presente y con la proyección hacia el futuro; un lugar donde la gente habitara con sus escuelas, sus espacios culturales y donde confluyeran todas las generaciones.

Otras ciudades [afirmó el señor José Manuel Mariscal] perdieron ese componente social. La OHCH siempre apoyó la idea de hacer inclusive y accesible la parte más antigua de la capital cubana a todas las personas. Ese plan de accesibilidad comprende retos, y en eso se trabaja apoyados por otras instituciones como la Agencia Extremeña de Cooperación.

Por la OHCH dio la bienvenida a los participantes Patricia Alomá, directora del Plan Maestro, aseverando que siempre se trabaja en La Habana Vieja por buscar el desarrollo integral de la zona, donde la ciudadanía es protagonista:

Debemos trabajar la accesibilidad desde el punto de vista físico-espacial con la eliminación de barreras arquitectónicas, pero también debemos ver cómo dialoga ese edificio patrimonial, por ejemplo, con esas barreras, por lo que la accesibilidad debe resolverse en los ámbitos patrimoniales. Y esta experiencia que hemos aplicado aquí debe trasladarse a otras ciudades patrimoniales no solo de la Isla sino del mundo.

El primer panel de la cita fue dedicado al patrimonio y el turismo accesible, el cual fue moderado por Orlando Ramos Blanco, director de la Agencia de Viajes San Cristóbal de la OHCH. En un primer momento, Diego González Velasco, presidente de la Red Iberoamericana de Turismo Accesible, expuso sus ideas y experiencias sobre la Accesibilidad al Patrimonio Cultural. Por su parte, Ramos explicó sobre la gestión turística inclusiva, un agente a favor de la accesibilidad en el Centro Histórico de La Habana.

La Inserción laboral, oportunidad para la integración social, fue tratada también en esta mañana con ponencias como Accesibilidad al empleo de la persona ciega y con baja visión y Compartiendo caminos: Experiencias de inserción laboral para jóvenes con discapacidad intelectual.

El tema de la accesibilidad en La Habana Vieja también fue expuesto durante la jornada. De esta forma, diversos especialistas del Plan Maestro de la OHCH, de la Empresa Restaura y de otras entidades de la Oficina tocaron puntos álgidos sobre el Plan de Accesibilidad en el sistema de plazas y ejes conectores en el Centro Histórico de La Habana, la Planificación del futuro: las maravillas de una ciudad para todos y De lo real y virtual: Accesibilidad en el Palacio de los Capitanes Generales.

Para el viernes 3 de diciembre se abordarán temas como la Accesibilidad en Ciudades Patrimoniales de Cuba, la Inclusión para todos -donde se abordarán proyectos de la OHCH como Cultura entre las manos, la Lectura fácil para la accesibilidad a la información y la cultura- y otros asuntos como el empleo de la tecnología en la accesibilidad para la persona sorda, la inclusión y equidad: un reto del presente y el futuro, y la Plaza de Armas, una ruta repensada para todos.

 

[Tomado de Habana Radio]

semana italiana

Especialistas cubanos destacan obra de Dante Alighieri

semana italiana

Teresa de Jesús Torres Espinosa

Noviembre 22, 2021

 

El embajador de Italia en Cuba, Excmo. Sr. Roberto Vellano, evocó la figura del eterno Historiador de La Habana, Dr. Eusebio Leal Sperngler, su especial relación con el país europeo y su pasión y sensibilidad, en la apertura de una Mesa redonda dedicada a los 700 años del deceso de Dante Alighieri, efectuada en nuestro Centro.

Señaló que “no se trata solo de conocer la importancia de la obra de Dante dentro de la literatura universal, sino también su figura para la identidad de Italia”. Él, dijo, es identificado como el padre de la lengua y de la Patria. Su obra constituye un referente fundamental para el proceso de reconstrucción nacional, como país independiente y soberano.

Destacó el orgullo de reanudar las acciones culturales, de manera presencial, con motivo de la Sermana de la Cultura Italiana en La Habana, tras un largo periodo de pandemia, en momentos en que Cuba está de regreso a la normalidad.

Comentó, asimismo, que las jornadas se extenderán a otros encuentros, como la Bienal de La Habana y la cita con la Gastronomía de su país. Finalmente, agradeció a todas las instituciones de las dos naciones que hicieron posible la materialización de esta fiesta de Italia en la isla caribeña.

En la Mesa redonda consagrada a Dante Alighieri, intervinieron los especialistas Luisa Campuzano, directora del Programa de estudios sobre la mujer de Casa de las Américas; Mayelín Bello, profesora de la Universidad de La Habana, y David Leyva, investigador del Centro de Estudios Martianos.

Mientras, Campuzano presentó el dossier de la revista Revolución y Cultura, núm. 11, 2021, dedicada a Dante y su Divina Comedia, Bello se refirió a los estudios, ensayos y reflexiones de autores cubanos sobre Dante y su obra, publicados a partir de los años 30 del siglo XIX hasta 1959, y Leyva sostuvo que Dante Alighieri y José Martí son creadores de futuro. Florencia fue para Dante su ciudad creativa por excelencia, en tanto el Héroe Nacional de Cuba tuvo a New York. También subrayó que “si algo une estrechamente a estos hombres es el espacio del destierro político”.

Como cierre, se dieron a conocer los 10 finalistas y el ganador del Concurso de diseño de carteles dedicado a Dante, cuyas obras podrán apreciarse en nuestra propia institución. El propio embajador, Excmo. Sr. Vellano, develó la obra premiada, de Vladimir Pérez.

También los participantes disfrutaron del concierto Giardino d’amore, arias y madrigales de la Italia del siglo XVII, interpretado por el Conjunto de Música Antigua Ars Longa.

 

[Tomado de Habana Radio]

Desde el lunes, XVI Semana Belga en La Habana

Desde el lunes, XVI Semana Belga en La Habana

Desde el lunes, XVI Semana Belga en La Habana

Teresa de Jesús Torres Espinosa

Fotos: Néstor Martí

Noviembre 8, 2021

 

El embajador del Reino de Bélgica en Cuba, Excmo. Sr. Jean-Jacques Bastien, señaló este viernes en conferencia de prensa, que la XVI Semana Belga en La Habana se reactivará de nuevo, entre el 8 y el 15 de noviembre, luego de un tiempo prolongado a causa de la pandemia de la Covid-19.

En el Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales Cuba-Europa: Palacio del Segundo Cabo, el diplomático anunció la llegada a Cuba del Ministro-Presidente del Gobierno de la región de Bruselas capital, Sr. Rudi Vervoort, quien, invitado por el ministro de cultura, Alpidio Alonso Grau, estará acompañado por una amplia delegación, que integrarán artistas y profesionales del sector académico de esa ciudad.

Una amplia jornada de acciones se desarrollará en el Centro Histórico. Así, el lunes se inaugurará en las verjas el Castillo de la Real Fuerza la muestra fotográfica de la ONG Créahm, con un recorrido por el universo creativo Créahm-Bruselas, desde donde se ofrecen talleres de artes visuales, música, danza, teatro y circo para personas con discapacidad.

Para el martes 9 de noviembre, a las 3:00 p.m., está previsto el Coloquio Patrimonio, historieta y ficción, en el centro cultural Vitrina de Valonia, situada en la Plaza Vieja, con el propósito de reflexionar en torno a las conexiones entre la visión de los expertos y el proceso creativo de la historieta. Dedicado al Historiador de la ciudad, Dr. Eusebio Leal Spengler, desaparecido físicamente el 31 de julio de 2020, en el encuentro estarán como panelistas Etienne Schréder, Argel Calcines, Orlando Inclán, Mercedes Herrera y Alexander Izquierdo; así como Lysbeth Daumont, como moderadora.

También esa tarde, en la galería de la Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena abrirá al público la exposición Krónikas – El Inventario imaginario Vol. 5, y en la Plaza de Armas se realizará una donación a la Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana de imágenes de la muestra Hombres, obras y máquinas, de la asociación belga Meta-Morphosis, en recordación del Dr. Leal. Además, en esa jornada, a las 5:00 p.m., en Vitrina de Valonia será exhibida Art & Marges, con curaduría de Tatiana Veress, la cual reúne una selección de obras de 20 artistas emblemáticos de las colecciones del Museo Art & Marges.

Por su parte, el Museo del Ferrocarril de Cuba, en la antigua Estación Cristina, acogerá la exposición Tains/Trenes, con originales de la historieta Solo los muertos descienden en Coronado, historieta creada por siete autores cubanos: Alexander Izquierdo, Raúl Piad, Lysbeth Daumont, Reynier Bermúdez, Pedro Luis Pomares, Adrián del Pino y David Velázquez.

El Museo del Chocolate, Vitrina de Valonia y la Embajada de Bélgica se unirán para la premiación del concurso de historietas El chocolate, una historia para saborear, convocado para niños y adolescentes, el viernes 12 de noviembre.

Del 11 al 13 de noviembre se desarrollarán los ya habituales encuentros profesionales del historietista belga Etienne Schréder, con los autores de la revista Kronikas-El inventario imaginario, para trabajar juntos en su próxima entrega.

Durante todo el mes, la página oficial de Facebook de Vitrina de Valonia (@vitrinadevaloniahabana) compartirá memorias, con motivo de los 15 años de la institución, inaugurada en el 2006 con el objetivo de promover las relaciones culturales entre Bélgica y Cuba. Asimismo, la biblioteca especializada en historietas compartirá en redes las habituales secciones “Para Curiosos”, “Consejos de Historietistas” e “Historieta a la Carta”, esta vez estarán dedicadas a la historieta belga.

El programa de radio Arte 9 (@Arte9Habana), que sale al aire los domingos a las 2:30 p.m., por las frecuencias de Habana Radio (106.9 de FM/ online www.habanaradio.cu, se consagrará a la historieta belga de todos los tiempos.

A finales de noviembre, un colectivo de artistas belgas propondrá un espectáculo de música y danza en el Museo Nacional de Bellas Artes, como parte de la 14 Bienal de La Habana. Se trata del proyecto Stretch-Timemonochromes, donde la coreógrafa Isabella Soupart y el pianista Guy Vandromme trabajarán con estudiantes cubanos de música y danza de la Universidad de las Artes (ISA), para generar un espectáculo único.

La Semana Belga es organizada cada año en colaboración con el Ministerio de Cultura de Cuba y la Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana. Por la parte belga, cuenta con las contribuciones de la Región de Bruselas-Capital (RBC) y la Federación Valonia-Bruselas Internacional (WBI).

 

[Noticia tomada de Habana Radio]

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Desafíos y oportunidades del trabajo cultural virtual con personas adultas mayores frente a la pandemia Covid-19. La experiencia del Programa Social de Atención a las Personas Adultas Mayores

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Jezabell Domínguez Pérez, Claudia Álvarez Delgado y Dariadna Barrios Tabares

Junio 17, 2021

 

La pandemia de la Covid-19 impactó las prácticas comunicativas cotidianas de los seres humanos. La emergencia sanitaria condujo, con premura, a la búsqueda de otros canales de comunicación que permitieran mantenernos informados, estudiando, trabajando, intercambiando afecto con familiares y amigos, acceder a bienes y servicios y, al mismo tiempo, ayudarnos, distendernos, seguir aprendiendo y creando. En este contexto, las nuevas tecnologías de la informática y las comunicaciones (TICs) han demostrado su efectividad en distintos ámbitos, sobre todo cuando se emplean de manera consciente y adecuada.

Si bien el uso de las TICs en Cuba ha incrementado notablemente en los últimos años, el acceso a las mismas sigue siendo limitado, cuestión que afecta en mayor medida a grupos con menos recursos como es el caso de las personas adultas mayores. En una era donde el desarrollo tecnológico avanza con gran celeridad y de manera particular en esta etapa de pandemia en la que la comunicación se ha tornado digital, estas personas presentan aún grandes limitaciones para el acceso y uso de equipos de cómputo, nuevas técnicas de telefonía, la conectividad a internet y la interacción en plataformas digitales.

Ante esta realidad cabría cuestionarse la efectivad de estos canales en el trabajo sociocultural con personas mayores. ¿Podrían los espacios virtuales ser efectivos para mantener el diálogo cultural con este grupo etario? ¿Qué características adopta la participación en dichos espacios? ¿Cuáles serían sus posibilidades y desafíos?

Tras el cierre temporal, los museos y centros culturales del Centro Histórico de La Habana acudieron a las TICs para continuar difundiendo el patrimonio e interactuando con los públicos. En primera instancia este no se visualizó como un espacio potencial para el intercambio con el público adulto mayor. Sin embargo, la manera espontánea en que se fueron involucrando en las diversas iniciativas virtuales, condujo a indagar en las posibilidades de acceso a estas tecnologías y en los conocimientos que poseían para su uso.

Los resultados de una encuesta realizada el pasado año a 97 personas mayores que participan de manera habitual en las acciones presenciales del Programa Social de Atención a las Personas Adultas Mayores de la Dirección de Patrimonio Cultural arrojó resultados que reafirman la diversidad de situaciones que vivencia la población adulta mayor en el país, este caso particular en la capital. El 68% de las personas encuestadas alegó tener posesión de teléfonos móviles; apenas un 39,2% cuenta con acceso a internet. El 38.1% evaluó tener un conocimiento medio del funcionamiento de esta red y el 8.2% consideró que eran avanzado. El 39,2 % posee correo electrónico y el 38,1% tiene perfiles en redes sociales, fundamentalmente WhatsApp y Facebook. Además, se indagó en las necesidades e intereses y, en base a estas, se conformó un programa de actividades virtuales para celebrar el 1ro de octubre Día Internacional de las Personas Adultas Mayores.

La experiencia hizo evidente los beneficios de las redes sociales para las personas mayores. De acuerdo a los criterios de quienes participaron en estas acciones, las plataformas digitales les permitieron aliviar malestares emocionales asociados al aislamiento. Fueron un alimento a su espiritualidad, continuaron aprendiendo, desarrollando habilidades, socializando y ampliando su red de amistades.

Sin embargo, la participación en estas acciones refleja diferentes prácticas de consumo entre hombres y mujeres. Según sexo, existió una mayor representación de mujeres en este tipo de propuestas culturales. De acuerdo al Informe de Igualdad de Género: Patrimonio y Creatividad en 2015, este es un fenómeno que se repite a escala mundial, y las ideas para lograr involucrar a los hombres se hace cada vez más inminente. No se pueden perder de vista los estereotipos de género que, en la adultez mayor, sitúan a hombres y mujeres ante riesgos particulares. 

Esto conduce a la necesidad de facilitar, de distintas maneras, el acceso de este grupo de edad a las TICs. Crear espacios para la alfabetización y el empoderamiento digital en estas edades. Las instituciones culturales pueden tener un rol más activo en este sentido y trabajar en función de prevenir otras vulnerabilidades derivadas del uso de la red. Además, deben repensarse los contenidos de las propuestas culturales para lograr una participación más equilibrada y equitativa. Incorporar la perspectiva de género es un punto de partida necesario.

Es preciso analizar las prácticas comunicativas y la medida en que las mismas están contribuyendo, directa o indirectamente, a reproducir mitos y estereotipos generacionales, de género, etcétera. La discriminación por edad se ha convertido en una de las tres grandes formas de discriminación, luego del racismo y el sexismo. Comúnmente, se usa la edad para categorizar y repetir estereotipos, casi siempre negativos y humillantes, sobre todo de la población adulta mayor. El edadismo se oculta bajo una aparente amabilidad, tendiendo a ubicar a las personas adultas mayores en una misma categoría: jubilados, abuelos, simplificando la profunda y plural realidad de estas personas [1]. De esta manera, es pertinente eliminar cualquier vestigio de lenguaje edadista en el trabajo social con este público. A su vez, debe tenerse en cuenta el tratamiento que muchas veces se da desde la visualidad y los recursos gráficos que se emplean en el diseño de convocatorias, evitando igualmente que estos reproduzcan dichos estereotipos.

Sin dudas la pandemia ha impuesto diversos retos a las personas adultas mayores. Las limitaciones que poseen en el acceso a las TICs los han situado como grupo vulnerable en esta etapa en la que las tecnologías desempeñan un papel fundamental en la socialización y la comunicación. Ante este contexto, las instituciones culturales tienen el desafío de diseñar propuestas que respondan a los intereses y necesidades de este grupo, atendiendo a las limitaciones que poseen en este sentido. Desde la virtualidad, las experiencias desplegadas con este público pueden catalogarse como un gran acierto. El agradecimiento de quienes las disfrutaron y las demandas de continuar recibiendo conocimientos a través de estas vías reafirman la idea de que las personas adultas mayores están cada vez más ávidas de aprender, demostrando que la edad no es impedimento para ser activas, creativas y valiosas.

 

Notas

[1] Dirección General de Personas Mayores y Servicios Sociales. (2019). Atención y trato adecuado a las personas mayores. Guía para profesionales en la práctica diaria. Disponible en: https://www.madrid.es.

Lic. Jezabell Domínguez Pérez, Lic. Claudia Álvarez Delgado, Msc. Dariadna Barrios Tabares: Especialistas del Departamento de Investigaciones Socioculturales y Programas Educativos. Centro de Gestión Cultural de la Dirección de Patrimonio Cultural de la Oficina del Historiador de la ciudad de la Habana.

La mujer bajo el prisma de Martí

Con el alma encendida: la mujer bajo el prisma de José Martí

La mujer bajo el prisma de Martí

“¿Por qué una flor nace en un vaso de Sevres, se le ha de privar del aire y de la luz? ¿Por qué la mujer […] se le ha de oprimir el pensamiento, y so pretexto de un recato gazmoño, obligarla a que viva escondiendo sus impresiones, como un ladrón esconde su tesoro en una cueva?”  

José Martí

 

MSc. Dúnyer Pérez Roque

Mayo 20, 2021

 

En medio de una época plagada de prejuicios y de desigualdades de género y de oportunidades hacia la mujer, José Martí resaltó sus innegables méritos. Las construcciones sociales creadas sobre la mujer hicieron que se tuviera un criterio preconcebido sobre su rol social, político, familiar y económico, lo que denunció cuando expresó: “[…] No hay regalo mayor para los ojos de los hombres que una cabeza femenina sin más adorno que su propio pelo” [1]. Él, como cualquier otro hijo de su tiempo, tenía una definición establecida sobre cómo debían ser: “La mujer bella y sana, aunque decir sana es decir bella, no anda con menjurjes y retoques: la frente, lisa. La boca, sin colorete. La oreja, sin aretes [2]. Para el Apóstol de la independencia cubana, “no es que falte a la mujer capacidad alguna de las que posee el hombre, sino que su naturaleza fina y sensible le señala quehaceres más difíciles y superiores” [3]. No obstante, a estas concepciones, vio en ellas cualidades innatas que la colocaban en una posición ética y moral superior a los hombres.

Todavía en el siglo XIX la mujer no había logrado obtener elementales derechos cívicos, como el sufragio universal, el derecho de reunión, libertad de expresión, o a decidir abiertamente con quien casarse. Era vista como el resumen de las virtudes del hogar, la madre de los futuros hijos, o el trofeo de caza que servía para ser exhibido, y poco más. Sufría de abusos físicos, psicológicos, familiares, sociales y económicos de parte de una sociedad patriarcal que limitaba su rol y frenaba su emancipación.

Martí, en cambio, cuestionó las construcciones en torno a aquellas adjetivadas como viles y despreciables. Apreciaba en ellas los mejores atributos de los seres humanos: “Es una mano de mujer, vara de mago, que espanta búhos y sierpes, y ojos de Midas, que trueca todo en oro” [4]. Consideraba que estas tenían el derecho de rebelarse cuando eran pisoteadas y maltratadas y apoyaba esta facultad cuando sucedía –de enorme mérito dado que no era frecuente este tipo de pensamiento en esos tiempos–. Para el Maestro, la mujer era más que un objeto sexual y las alertó al respecto:

Rebeláos, oh mujeres, contra esas seducciones vergonzosas; ved antes de daros, si se os quiere, como se adquiere una naranja, para chuparla, y arrojarla, o si se os ama dulce, penetrante, espiritual y tiernamente, sin sacudida, sin predominio, ni obsesiones de deseo: si se busca, la primera bestia nueva os vence. Rebeláos, contra esa brutal y repugnante persecución de los sentidos: dejad de ser carne que morder y gozo que beber: resistíos, y no os quejéis de ser infortunadas mientras no sepáis ser fuertes. Pues que lo sabéis, estad al aviso: se os busca casi siempre para el gozo. ¿No os levanta e irrita esta brutalidad? ¿No tenéis la cabeza bastante fuerte para resistir estas embriageces de la carne? [5].

Martí conoció a muchas mujeres excepcionales a las cual tuvo en alta estima. Entre ellas, por ejemplo, se encuentran Mariana Grajales y Sarah Bernhardt. Sobre la cubana dijo: “De negro va siempre vestida, pero es como si la bandera la vistiese. […] Y es música la sangre cuando cuenta ella del ejército todo que se juntó por el Camagüey para caer sobre las Villas […] ¡Fáciles son los héroes, con tales mujeres!” [6]. A Sarah la conoció brevemente en París, pero le impresionó su arte y sus maneras de mujer emancipada: “[…] Ella hará lo que desea: tiene algo del primer Buonaparte; ella finge el desdén, aunque su alma está llena de amistad y franqueza porque lo cree necesario para ser respetada. ¿De dónde viene? ¡De la pobreza! ¿Adónde va? ¡A la gloria!” [7].  También expresó que “[…] ella sabe amar sin duda pero no se ocupa de esos asuntos demasiados femeninos; es esa alma soberbia, soñadora de todas las alturas, alma de águila superioridad irresistible la que nos hace bajar la cabeza” [8].

Estas escasas líneas no alcanzan para ilustrar en su totalidad el pensamiento martiano sobre la mujer. Empero, este embozo arroja un haz de luz sobre esta temática compleja, diversa y llena de contrastes; quedará para empresas futuras profundizar en ella. Una certeza meridiana  encontraba en ellas, pues “[…] cuando la mujer  […] unge la obra con la miel de su cariño, la obra es invencible”.

 

Notas

[1] “Recuerdos”, OC 13: 407.

[2] “Prosa de próceres”, OC 15: 183.

[3] “Sobre los Estados Unidos”, La Nación, Buenos Aires, 10 de agosto de 1887, OC 11: 215.

[4] “Carta de Nueva York”, La Opinión Nacional, Caracas, 11 de abril de 1882, OC 9: 288.

[5] Fragmentos, OC 22: 211.

[6] “Antonio Maceo”, Patria, Nueva York, 6 de octubre de 1893, OC 4: 453.

[7] “Sarah Bernhardt”, OC 15: 246.

[8] Ibídem, p. 247.

[9] “De las damas cubanas”, Patria, Nueva York, 7 de mayo de 1892, OC 5: 16-17.

Dúnyer J. Pérez Roque: Licenciado en Historia por la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana en 2012. Culminó su Maestría en Estudios sobre América Latina, el Caribe y Cuba en 2017. Ha sido ponente en eventos científicos nacionales e internacionales, y ha publicado artículos en revistas culturales. Es Miembro de la Asociación Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC), de la Sección Cuba de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA), y colaborador de la Society for Irish Latin American Studies (SILAS).

Candelaria Acosta Fontaigne, Cambula

Las mujeres en la gesta de independencia cubana

Candelaria Acosta Fontaigne, Cambula

Álvaro Verde Tribons

Abril 15, 2021

 

Las experiencias bélicas, con su inhumano espiral de violencia y simultánea desestabilización económica, producen una profunda crisis en la sociedad pero también generan nuevos procesos sociales y políticos, inéditas emergencias de comportamientos en actores hasta el momento invisibles como pueden ser las mujeres. Aunque indudablemente el límite de las consecuencias se vio velado por la pertenencia a la estructura clasista-estamental de la Cuba colonial, las guerras independentistas de la segunda mitad del siglo XIX, de manera general, abrieron ventanas que permitieron la oxigenación ideológica y ciertas libertades para los sectores femeninos implicados en el fragor de la causa redentora. La partida de los hombres al campo de batalla dejó a esposas, madres e hijas en estado de desamparo y de menor control patriarcal, obligándolas a quebrar los roles tradicionales de “pasividad” y dependencia para gestionar, prácticamente por sí mismas, el mandato primero en medio de un contexto de desolación y muerte: sobrevivir.

Los anales de las gloriosas gestas cubanas no son exiguos en registrar el papel de las patriotas en los diversos escenarios de lucha. La libertad como meta convocó a muchas a seguir el sueño nacional. Otras, desprovistas de seguridad, continuaron el camino del estandarte tricolor por los vínculos familiares y evadiendo las típicas prácticas represivas de la soldadesca colonialista (maltrato, violación, cárcel, fusilamiento).

En la manigua, en el exilio, en poblados y en ciudades, previo a los gritos de independencia y durante las contiendas, figuraron mujeres tanto de la élite insular como del pueblo llano, blancas y negras, libres y esclavas. Se les vio de enfermeras, conspiradoras, recaudadoras de fondos, fundadoras de clubes, costureras, mensajeras, benefactoras profusas y soldados del Ejército Libertador.  

Muy tempranamente, en los predios de la Guerra del 95, José Martí exaltaba los sentimientos nacionales evocando en sus loas a las veteranas de la Guerra Grande: Mariana Grajales, María Cabrales y Bernarda del Toro. Resultan familiares a las generaciones contemporáneas los nombres de Ana Betancourt, la mujer de Guáimaro; Candelaria Figueredo, la Abanderada de Bayamo; Isabel Rubio, capitana de Sanidad; Rosa Castellanos, la Bayamesa, antigua esclava, capitana y enfermera insigne en las dos guerras; Mercedes Sirvén, única mujer que llegó al grado de Comandante del Ejército Libertador; y Emilia Casanova, esposa de Cirilo Villaverde, en cuya mansión de Filadelfia se aunaban recursos y municiones para la guerra de Cuba.   

La posterior reconstrucción del pasado libertario por más de un siglo ha proyectado al presente nombres olvidados de heroínas de cuyos quehaceres tendió también la Independencia. El acervo de Candelaria Acosta Fontaigne, Cambula (1851-1935), con apenas 17 años, quedó contenido en la confección de la bandera enarbolada en Yara por Carlos Manuel de Céspedes en 1868 y que hoy se puede apreciar en el Museo de la Ciudad de La Habana.

La Sierra Maestra fue el refugio donde las manzanilleras hermanas Cancino establecieron una escuela para ofrecer instrucción a los niños de la zona, una vez que su padre y hermano mayor cayeran peleando en la Guerra del 68. De las tres, Manuela, la más reconocida por sus dotes de poetisa, cumplió años de prisión durante la última contienda por conspirar contra España y, en 1900, moriría en absoluta pobreza.

En el Combate de Jicarita de 1896, llanuras de Matanzas, María Hidalgo (m. 1956) al ver abatido al portaestandarte, tomó la enseña cubana y no dejó caerla a pesar de estar herida de gravedad, acto de heroísmo que le valió el título de Abanderada de Jicarita.

Al cerrar el ciclo independentista, el costo había sido alto y la República no compensó. La sustitución del viejo orden por otro nuevo, dejó mucho que desear en términos de participación y democracia. Infelizmente, se trató de hacer entrar en cintura a quienes habían roto los límites establecidos. Las mujeres fueron de las primeras en retronar a sus espacios tradicionales mediante nuevos sistemas de adoctrinamiento. Las utopías pendientes volverían a reclamar su denuedo en los escenarios por venir.

 

Notas

Álvaro Verde Tribons: Licenciado en Historia por la Universidad de La Habana. Director de la Casa Museo Simón Bolívar, de la Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana.

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Diáspora irlandesa en Cuba: presencia de la mujer en el desarrollo económico y social

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Rafael Fernández Moya

Marzo 18, 2021

 

Desde el siglo XVII llegaron a Cuba individuos naturales de Irlanda y sus descendientes procedentes de Europa, América del Norte y otras regiones. Aunque la presencia irlandesa no fue numerosa, tuvo un impacto en el proceso de desarrollo y reafirmación de la identidad nacional cubana (Brehony, 2012a). Los forjadores del discurso identitario de Cuba se hicieron eco de la lucha anticolonialista y el espíritu de rebeldía de los irlandeses. La conexión de Cuba con Irlanda en el proceso de formación de la identidad nacional fue particularmente relevante durante el siglo XIX. Esta relación puede ser estudiada a través de la obra de algunos de los principales pensadores independentistas cubanos. El padre Félix Varela (La Habana, 1788 – Florida, 1853), abolicionista liberal y educador actualmente reconocido como figura fundadora del derecho constitucional en Cuba y uno de los primeros pensadores independentistas, estuvo en contacto directo y constante con la diáspora irlandesa en Nueva York a través de su trabajo pastoral (Estévez, 1989). El pedagogo, teólogo y poeta José de la Luz y Caballero (La Habana, 1800-1862), quien contribuyó a la creación del primer corpus teórico para la educación en Cuba, simpatizó abiertamente con la causa independentista irlandesa (Caballero, 2010). El historiador, sociólogo, periodista y activo abolicionista José Antonio Saco (Bayamo, 1797 – Barcelona, 1879) incluyó análisis críticos de la situación colonial de Irlanda en sus estudios y explicó analogías con el caso de Cuba (Saco, 1830). La primera mitad del siglo XX estuvo caracterizada por la influencia en el pensamiento revolucionario cubano de figuras como Julio Antonio Mella McPartland (La Habana, 1903- México, 1929), confundador del Partido Comunista de Cuba y de la Federación Estudiantil Universitaria, y Antonio Guiteras Holmes (Filadelfia, 1906 – Matanzas, 1935). De madre irlandesa el primero y madre de ascendencia irlandesa el segundo, ambos fueron figuras claves en los procesos revolucionarios de los años 30’.

Las mujeres irlandesas contribuyeron significativamente a los procesos de formación de la sociedad cubana de diversas maneras a través de su favorable y dinámica participación en la misma. Su condición de extranjeras europeas les facilitó su inserción en el mercado laboral. Como se verá con ejemplos concretos en este trabajo, las irlandesas desempeñaron una miríada de roles en la isla caribeña que las acogió. Muchos de estos fueron directamente en contra de las jerarquías de una sociedad conservadora y patriarcal. Fue así que llenaron los roles de piratas, dentistas, colonos, religiosas, profesoras, prostitutas, vendedoras, servidoras sociales, propietarias de inmuebles e ingenios azucareros o haciendas cafetaleras, trabajadoras domésticas, sirvientas de familias acaudaladas, empleadas de hoteles, niñeras y enfermeras. El trabajo de las mujeres irlandesas como amas de casa y cuidadoras dentro de los modelos de familia predominantes durante los siglos XIX y XX también debe ser reconocido, esta vez a través de los líderes políticos e intelectuales cubanos que fueron educados en el seno de una madre irlandesa. También es objetivo de este ensayo revelar los nombres, roles y contribuciones de estas mujeres, muchas de ellas olvidadas o invisibilizadas por la historia.

Fervor revolucionario: papel de la mujer irlandesa

La familia formada por María O’Sullivan, natural de Nueva York, y su esposo, el hacendado habanero Cristóbal F. Madan, cuyos ancestros eran originarios de Waterford, Irlanda, propiciaron el que probablemente sea el primero y más sólido contacto del joven José Martí con miembros de la diáspora irlandesa en los Estados Unidos, quienes le brindaron apoyo y hospitalidad en el exilio. José Julián Martí Pérez (La Habana, 1853 – Dos Ríos, 1895) es el Héroe Nacional de la República de Cuba. El Apóstol, como se le ha llamado, fue un precoz activista político en Cuba, organizó la Guerra de Independencia de 1895 desde el exilio en los Estados Unidos y murió en combate en la isla. Precursor del modernismo literario, Martí continúa siendo uno de los más influyentes ensayistas y poetas de las Américas. El hijo de la pareja de marras, Julián Madan y O’Sullivan, fue condiscípulo de Martí en el colegio San Pablo, propiedad del poeta Rafael María de Mendive (La Habana, 1821-1886). El profesor Mendive tradujo o versionó las Melodías irlandesas, obras musicalizadas del poeta irlandés Thomas Moore. La lectura de estos poemas en las tertulias que Mendive celebraba en su casa llevó a que se le conociera como el Moore cubano (Calcagno, 1878: 414). Mendive fue un gran amigo de Madan y redactor junto a él del periódico La Patria Libre, publicado en 1869 bajo la dirección de Martí (Valdés Domínguez, 1972: 13). Ese mismo año, tras la detención y posterior deportación de Mendive a España, bajo acusación e infidencia, su alumno predilecto, Martí, no quedó desamparado pues fue empleado en la oficina de Madan, donde permaneció varios meses hasta que fue arrestado, encarcelado y finalmente desterrado a España. José Martí también simpatizó con la obra del poeta Thomas Moore y con la del líder parlamentario Charles Stewart Parnell, ambos intelectuales al servicio de Irlanda. En sus crónicas escritas desde Nueva York pueden encontrarse referencias y elogios a la cultura irlandesa y en particular a estas dos figuras.

Por otro lado, existen referencias sobre el rol de mujeres de origen irlandés en la transmisión oral a sus descendientes del sentimiento patriótico y de la historia de la lucha del pueblo irlandés por su independencia nacional, el reconocimiento de su identidad cultural y la defensa de la religión católica. Por ejemplo, en su poema titulado Autobiografía, el poeta Julián del Casal, nieto por línea materna de Elena Owens Quinn, declara su fidelidad a sus mayores que “subieron a la pira del martirio, con su firmeza heroica de cristianos” (Casal, 1890: 89-90). Margaret Walsh O’Boyle, abuela de Antonio Guiteras Holmes, se vio obligada a emigrar a Filadelfia para escapar de la tenaz persecución del ocupante inglés en Irlanda. Por su participación en el movimiento independentista, arrullaba a sus nietos cantándoles canciones revolucionarias de la verde Erin. A Antonio, cuando tenía siete y ocho años de edad lo deslumbraba contándole las proezas del tío abuelo John Walsh, destacado por sus actividades clandestinas en Dublín contra los ocupantes ingleses y su fuga de la cárcel (Tabares del Real, 1973: 63). En su libro autobiográfico la actriz Maureen O’Hara relata que durante la filmación de Nuestro hombre en La Habana, en 1959 (O’Hara, 2005: 254), conversó con el comandante Ernesto Che Guevara, quien la sorprendió por el gran conocimiento que tenía sobre la historia y las luchas del pueblo irlandés. Y que, a la pregunta de cómo sabía tanto sobre los irlandeses, Ernesto Guevara respondió que el apellido de su abuela era Lynch y en su regazo aprendió todo lo que sabía sobre Irlanda. Sorprendente es también conocer que Ernesto Guevara, nacido en 1928 en Rosario, Argentina, desde los 14 a los 23 años de edad jugó rugby, que había sido importado por los británicos a finales del siglo XIX.

Las mujeres irlandesas como colonos

Los ejemplos presentados en este epígrafe deben ser entendidos en el contexto colonial que benefició a una influyente élite irlandesa en Cuba desde el comienzo de su llegada en 1763. Margaret Brehony ha estudiado los procesos que permitieron que ricos mercaderes y oficiales del ejército de la corona española de origen irlandés se convirtieran en una de las más poderosas élites en Cuba (Brehony, 2012: 299). Su rol como beneficiarios de la esclavitud y del sistema de plantación los mantuvo del lado del poder colonial hasta que, durante las primeras décadas del siglo XIX, sus descendientes, miembros de una élite criolla que perdía privilegios, comenzaron a apoyar formas de resistencia política contra España. El lugar de la isla que parece haber acogido el primer asentamiento de irlandeses fue la ciudad de Santiago de Cuba. Hay evidencia de presencia irlandesa en esta región desde 1665. En un informe sobre la región oriental de Jiguaní consta que para 1785 entre sus habitantes había naturales de Inglaterra, Irlanda, Guinea y México (Pichardo Viñals, 206: 25).

El sistema de colonización blanca, respaldado por la Ley de Inmigración de 1817 y motivado por el racismo de las autoridades y el miedo a sublevaciones de esclavos tras la Revolución Haitiana (1791-1804), incluyó la llegada de un creciente número de europeos blancos a Cuba, entre ellos irlandeses (Naranjo Orovio, 1996). La nueva Ley de Inmigración permitió una apertura que se hizo evidente a partir de 1818, cuando los puertos de la isla comenzaron a practicar el comercio libre. En este marco de proyectos de colonización blanca, los irlandeses e irlandesas continuaron llegando a Cuba como colonos. Fundaron comunidades en Cienfuegos, Jiguaní, Moa y Nuevitas y el Valle de Cubitas en Camagüey.

Por ejemplo, en el censo de Jiguaní de 1861 aparecen registrados individuos de ambos sexos y edades diversas con apellidos irlandeses como O’Connor y Beaton [1]. Muchos de los colonos hombres que llegaron entre 1818 y 1820 procedentes de los Estados Unidos fueron redistribuidos en fincas de norteamericanos como el mercante de esclavos y político James D’Wolf o DeWolf. Los nuevos colonos venían acompañados de sus familias, compuestas por esposas e hijos de ambos sexos.

En 1819 mujeres irlandesas estuvieron entre los fundadores de la villa a orillas del río Jagua, en la costa sur de la región central de la isla, que posteriormente recibió el nombre de Cienfuegos. El 30 de diciembre del mimo año, llegaron 99 individuos procedentes de Filadelfia (Rovira González, 1979: 52-53). El 21 de octubre de 1826 entró en el puerto de Baracoa, en el extremo oriental de la isla, la goleta Reveneu con 40 personas a bordo. Estas venían con el propósito de establecerse en el lugar llamado Punta Gorda, a la orilla del río Moa [2].

En 1841, John R. Everton formó en San Agustín de la Florida una asociación para emigrar a Cuba. En enero del año siguiente se formalizó la petición al Gobierno de la isla. Entre los firmantes se encontraban también D. W. Whitehurst, Joseph Hernández, John C. Cleland, G. F. Jones, James Keogh, J. Weldow y David R. DUnham, en representación de más de 100 ciudadanos. Inicialmente se decidió que el asentamiento de esos colonos fuera en Nuevitas, región de la costa norte de la actual provincia de Camagüey. Sin embargo, el 19 de mayo de 1843, el Capitán General de la Isla remitió la decisión de la Junta de Fomento resolviendo que los floridanos demoraran su llegada hasta que se tuviera la certeza del número de caballerías de tierra que se les ofrecía en dicha región [3].

Nuevitas también recibió el 4 de enero de 1900 a la primera expedición de un movimiento colonizador organizado por la empresa norteamericana Cuban Land and Steamship Company. A bordo del Yarmouth se encontraban muchas familias estadounidenses, algunas de origen irlandés. Estas familias de migrantes fueron engañosamente estimuladas a formar parte de una aventura cuyos resultados eran inciertos. En la zona norte de Camagüey, en el Valle de Cubitas, el ingeniero de origen irlandés J. C. Kelly junto a un equipo de ingenieros y agrimensores bajo su dirección construyeron los caminos y parcelaron los terrenos. En esta área se fundaron las comunidades de La Gloria City, Boston, Garden City, City of Piloto, City of Columbia, Palm City, Port Viaro, Riverside, etc. (Adams, 1901).

Entre los que desde 1900 fundaron y desarrollaron las colonias americanas en la cosa norte de Camagüey hubo numerosas mujeres. Entre ellas sobresalió Molly Jumper, ejecutante del banyo y violín. Jumper llegó a ser la directora de la orquesta compuesta por siete hombres y cinco mujeres. El principal rol social de esta agrupación fue el de animar con su música las fiestas de la comunidad plurinacional de la villa (Cirules, 1988: 76).

A principios de 1903 había 37 colonias agrícolas norteamericanas en el país. Diez de ellas estaban en la provincia La Habana, la que incluía a la Isla de Pinos. Otras seis estuvieron en Matanzas, cuatro en Santa Clara, ocho en Camagüey y nueve en Oriente. Uno de los asentamientos en la antigua Isla de Pinos fue llamado McKinley.

Mujeres irlandesas: propiedad y vida pública

Aunque a principios del siglo XVIII fue notable la presencia de la pirata irlandesa Ann Bonny junto a su amante el pirata John Rachman (alias Calicot Jack) en la cayería meridional de la isla de Cuba (Núñez Jiménez, 1976: 263), no fue hasta el siglo XIX que la presencia de mujeres irlandesas comenzó a ser reconocida públicamente. En el Diario de La Habana del 13 d enero de 1823 se publicó un anuncio de la Sra. Delane, dentista estadounidense de origen irlandés. Delane curaba el escorbuto, ponía dientes artificiales y vendía polvos dentífricos. Fue ella la primera dentista que brindó este tipo de servicios de manera profesional en Cuba. Los ejemplos presentados a continuación muestran la diversidad de contextos socioeconómicos en los que se desenvolvieron las mujeres irlandesas en la isla. Si bien muchas estuvieron respaldadas por el poder conquistado por la élite mercantil y militar irlandesa desde el siglo XVI, otras se sumaron a una naciente clase media y a las profesiones liberales (educación, salud), principalmente durante el siglo XIX, y hubo quienes subsistieron a través de trabajos precarios o de servidumbre.

En 1816 Rosa Coppeland heredó de su esposo Rafael Wilson, quien era natural de Irlanda, el taller de tenería y la tienda anexa para la venta de su producción. Este matrimonio poseía dichos negocios desde finales del siglo XVIII en la ciudad de Puerto Príncipe [4], actual Camagüey. Por otro lado, entre los primeros propietarios de solares en Cárdenas, ciudad de la costa norte de Matanzas fundada en 1826, estuvo registrada María Campbell, natural de Baltimore. También se tiene constancia de que Campbell residía en La Habana en 1807 y que estuvo casada con Juan Cogley, quien fuera natural de Filadelfia. Sus apellidos nos sugirieron una conexión con Irlanda.

La irlandesa Honora Ryan fue esposa de su coterráneo Daniel Warren, quien destacó como servidor social en la década de 1830, abriendo un establecimiento en la intersección de las calles Obispo y Oficios de la capital, bajo el título de Depósito de Artesanos y Marineros Extranjeros. Honora Ryan tuvo un papel activo en este establecimiento, donde suministraba alimentación, hospedaje y atención sanitaria a artesanos, marineros extranjeros en tránsito y a los constructores del ferrocarril habanero en estado de desamparo. Esta iniciativa estuvo impulsada en respuesta a la multiplicidad de problemas que confrontaron muchos de los nuevos colonos irlandeses y los marineros angloparlantes en tránsito, para lo cual contó Warren con la aprobación de los cónsules Charles David Tolmé, de Inglaterra, y Nicholas Trist, de los Estados Unidos [5]. La pareja Warren Ryan es uno de los pocos ejemplos de matrimonios de irlandeses en La Habana a los que se les conoce familia. En 1866 residían en la calle Consulado número 103. Su hijo Manuel Warren, que llegó a ser abogado, hacia 1892 tenía domicilio en la calle Virtudes 111.

De la caribeña ciudad Puerto de España, capital de Trinidad-Tobago, vinieron a Cuba las hermanas Jane y Adelaida Shine, descendientes de irlandeses católicos. La primera estaba casada con Henry Murphy McNamara, que alrededor de 1860 había sido contratado para administrar el ingenio azucarero Magua, propiedad de la familia Iznaga y situado cerca de Trinidad, en la región central del país. La segunda, contrajo matrimonio en 1865 con el Dr. Carlos Juan Finlay Barrés, de ascendencia escocesa y francesa, quien se convirtió en Gloria de la Medicina en Cuba, particularmente por haber descubierto que el mosquito es el Aedes aegypti era el agente transmisor de la fiebre amarilla. Los lazos entre las dos familias se consolidaron cuando dos hermanos de Carlos Juan, nombrados Enrique Felipe y Roberto, contrajeron matrimonio con Josefina y Jane respectivamente, ambas hijas del matrimonio Murphy-Shine (López-Sánchez, 1987: 74).

Brígida Fitzgibbons y Fitzgerald, natural de Cahir, Irlanda, fue propietaria de las casas número 79 y 81 de la calle Consulado. María Lorenza Cowan lo fue desde 1870 de la casa sita en Corrales número 7 y también la colindante a esta por la calle Zulueta. Susana Victoria Burnham Blakeley, quien fuera la hija del acaudalado comerciante Santiago C. Burnham y de la hacendada cafetalera Pamela Blakeley, heredó junto a sus dos hermanos varones la casona de la calle Mercaderes entre las de Lamparilla y Obrapía. Esta edificación, que es actualmente la sede de la Casa Simón Bolívar, estuvo en posesión de la familia hasta finales del siglo XIX [6].

Dada la importancia del catolicismo en Cuba y en Irlanda, también hubo mujeres que pasaron a formar parte de las órdenes religiosas cubanas. Ejemplo de ello encontramos en Sor María Adelaida O’Sullivan, nacida en Nueva York, quien residió desde 1841 hasta 1843 en el Convento de las Carmelitas Descalzas en La Habana. María Adelaida O’Sullivan ingresó en esta institución por recomendación del padre Félix Varela Morales, quien la preparó para ser monja. Hubo también irlandesas que se desempeñaron como misioneras con las órdenes Dominicas y Ursulinas Americanas. En la primera mitad del siglo XX, estas se dedicaron especialmente a la enseñanza de niñas y jóvenes. Las Dominicas presentaron estatutos el 25 de febrero de 1927 como asociación. De ahí que se pueda saber quiénes integraban esta organización y los distintos roles desempeñados por estas mujeres. Por ejemplo, María Abigail Kane y Mc Ginn fungió como presidenta, Carolina McKenzie y Lansendel era su secretaria, Agnes Burke Walasefka fue tesorera. También fueron miembros Catherine Quingly Casey, Sarah Mealey Roch, Mary Dalton Connoly, Agnes Kelly O’Connor, Catherine Shanahan y O’Grady, entre otras [7].

En el campo de la salud destacó Mary Agnes O’Donnell, quien ejerció como directora de la primera escuela de enfermería de Cuba desde 1899. Esta institución estuvo ubicada en el Hospital Nuestra Señora de las Mercedes de la capital. En 1938 se le rindió homenaje con una tarja conmemorativa develada en el hospital La Esperanza, especializado en el tratamiento de la tuberculosis [8].

Las mujeres de origen irlandés también destacaron en las artes. En la primera mitad del siglo XX sobresalió como cantante Mary Conception MacCarthy, natural de Canadá y esposa del comerciante español Pedro Gómez Cueto. MacCarthy, quien formó parte de la alta sociedad habanera, auspició en 1944 la Sociedad Amigos de la Música. Esta organización se dedicó a la música de cámara y promovió el Cuarteto de La Habana. MacCarthy también ofreció becas a cubanos para realizar estudios en el extranjero; entre los beneficiados estuvo la arpista Nay Ramos O’Hare (Libro de Cuba, 1954: 672). Mary MacCarthy murió en el año 2008, a la edad de 108 años, y fue sepultada en el Cementerio Cristóbal Colón de La Habana.

Vidas precarias

También hubo mujeres de origen irlandés quienes, con una situación socioeconómica mucho menos favorable, subsistieron a través de la prostitución. Entre ellas puede mencionarse a Ann Murray, natural de Nueva York y registrada oficialmente como Ana Marvin [9]. A mediados de 1966, Murray residía en la calle Obrapía número 56, entre Aguacate y Compostela. En esta dirección se encontraba una casa de dos plantas, lujosamente amueblada. Las habitantes de esta edificación eran principalmente mujeres provenientes de Nueva York: Bella Marshall, Margarita Silva, Lily Green, Natty Morgan, Ada Taylor y Rosa May. El escritor norteamericano Samuel Hazard manifestó públicamente haber quedado impresionado con este establecimiento. Según sus testimonios, que quedaron recogidos en crónicas sobre su estancia en la Cuba de la época, muchas mujeres jóvenes viajaban desde los Estados Unidos a La Habana para dedicarse a la prostitución, con el incentivo de ganar grandes sumas de dinero (Hazard, 1928: 239). Esas opiniones no están respaldadas por evidencias y deben ser consideradas aproximaciones subjetivas al completo tema de la prostitución en la isla durante los siglos XIX y XX. Estudios afirman que algunas mujeres llegaron a encontrarse en peores condiciones de pobreza que en su país de origen (Ely, 2001: 285).

Vinieron 22 mujeres entre los primeros constructores del ferrocarril de La Habana a Güines contratados en 1835 en Nueva York (Brehony, 2012: 34). También figuraron mujeres entre los mineros formados en Cornualles y Gales que pocos años después vinieron como mano de obra para trabajar en las minas de cobre de Santiago de Cuba, operadas por la empresa inglesa La Consolidada, desde 1830 [10] y la de Santiago, constituida en Inglaterra en 1836 [11]. En 1841, 13 mujeres trabajaban en las minas del Cobre (Roldán de Montaud, 2008: 364), mientras que en el censo de 1861 se registraron solamente seis (Pezuela y Lobo, 1863: 8).

No faltaron trabajadoras domésticas como la irlandesa llamada Mary, que en 1851 sirvió a la escritora sueca Frederika Bremer durante su estancia en el hotel Havana House (Bremer 1995: 24). Aunque no de manera conclusiva, la evidencia indica que esta mujer pudo haber sido Mary Barritt Rooney, madre de los hermanos Julio y Manuel Sanguily, miembros del Ejército Libertador cubano. Mary Garritt Rooney falleció en La Habana en 1854, en la calle Neptuno esquina a Consulado (Carbonell y Rivero, 1925). Algunas mujeres se desempeñaron como niñeras y empleadas del hogar. Este es el caso de la irlandesa Margarita o Maggie, de quien desconocemos el apellido y quien es descrita como la recta nana católica de Dolores María de Ximeno y Cruz, miembro de una familia ilustre de la ciudad de Matanzas (Ximeno y Cruz, 1938: 161). La irlandesa Margarita Cooke Kelly, natural de Westmeath, fue la empleada doméstica en la casa de Julián Arango, ubicada en la calle de la Obrapía número 25 [12].

Los ejemplos anteriores muestran la diversidad de historias de vida de las mujeres irlandesas en Cuba. Desde aquellas que estuvieron respaldadas por un contexto socioeconómico favorable a quienes tuvieron que subsistir a través de trabajos precarios, pasando por las que sobresalieron en la educación, la salud o las artes, todas forman parte de la historia de formación de la sociedad cubana. Sus historias ilustran los diversos y cambiantes fenómenos socio-históricos que tuvieron lugar en la isla desde el siglo XVI y que continúan informando maneras de entender la historia y la cultura cubanas.

Mujeres cubanas célebres de origen irlandés

Muchas familias cubanas de origen irlandés dieron mujeres que lograron notoriedad. Por ejemplo, la familia O’Farrill (…) introdujo a la historia de Cuba varias féminas célebres. Entre ellas encontramos a María Luisa O’Farrill y Herrera, marquesa del Real Socorro, nieta de Don Ricardo O’Farrill y O’Daly (Santa Cruz y Mallen, 1942: 337). Mujer poseedora de una gran cultura y aficionada a la música, en el año 1792 logró gran popularidad en La Habana ejecutando el clavicordio (Lapique, 2007: 58). También procedente de esta familia y conocida incluso en ambientes franceses encontramos a María de las Mercedes Santa Cruz Montalvo, condesa de Merlín, hija de Joaquín de Santa Cruz Cárdenas, conde de San Juan de Jaruco y de María Teresa Montalvo O’Farrill (Santa Cruz y Mallen, 1942: 305). La Condesa de Merlín fue reconocida como cantante y también como escritora, entre sus obras más importantes se encuentran Mis doce primeros años; Memorias de una criolla; Historia de la Hermana Santa Inés; Lola y María; Madame Malibrán; Viaje a La Habana (Merlín, 2010; 1853; 1839; 1843; 1838; 2008).

Entre las cubanas de origen irlandés que ejercieron el magisterio destaca Juana Byrne de Clayton, primera directora del colegio de niñas pobres fundado en 1846 en Matanzas, que posteriormente fue la Casa de Beneficencia de dicha ciudad (La Lucha, 1924: 62). Juana Byrne procedía de la familia que creara en Cuba Martín Byrne, natural del condado irlandés de Kilkenny. Este se asentó en Matanzas, donde contrajo matrimonio en la Parroquia de Ceiba Mocha con Camila Sardiñas. El matrimonio tuvo numerosa descendencia. En el seno de esa comunidad de irlandeses, dirigidos por el patriarca Martín Byrne, residente en Pueblo Nuevo, el barrio de los extranjeros de la ciudad de Matanzas fue donde nació y se formó social y culturalmente el poeta Bonifacio Byrne Puñales, quien llegó a ser el bardo antimperialista más importante de finales del siglo XIX e inicios del XX en Cuba. En el poema patriótico Mi bandera mostró Byrne su posicionamiento contra la intervención militar de Estados Unidos en Cuba. El vínculo espiritual del poeta con Irlanda y sus tradiciones es evidente en la Leyenda de Kevin, poema sobre St. Kevin of Glendalough en el siglo VI (Byrne, 1942: 82). En Santiago de Cuba ejercieron también la enseñanza elemental las hermanas Rita Gertrudis y María Encarnación O’Fallon y Nápoles [13]. Esta última, era la ahijada del hacendado irlandés Simón O’Callaghan [14].

Algunas mujeres cubanas de ascendencia irlandesa se beneficiaron desde el siglo XIX en adelante de la favorable posición económica de la élite que comenzó a forjarse en el siglo XVI, como se explicó antes en este estudio. Entre los propietarios de cafetales destacó la escritora estadounidense de origen irlandés, Mary Gowen Brooks, que falleció en 1945 en su finca San Patricio ubicada en Limonar, provincia de Matanzas. Mary Gowen Brooks había heredado la finca de su hermano William C. Gowen, socio de la casa de comercio de Disdier y Murphy, poderoso consorcio anglo-hispano con sede en Londres y Cádiz (Moreno Fraginals, 1978: 138). Por otro lado, Pamela Blakeley, hermanastra del dentista mulato Carlos Blakeley, llegó a ser la propietaria del cafetal Pamela en dicha región matancera, que heredó de su padre Roberto Blakeley [15]. En la historia de la producción azucarera en la provincia de Matanzas se inscribió Juana Madden. Cerca de 1860, Madden era la propietaria del ingenio Luisa, ubicado en la región de Cárdenas. La escritora Eliza McHatton Ripley fue otra importante terrateniente. Desde 1866 hasta 1877, llevó en sociedad con su esposo las riendas del ingenio Desengaño, ubicado cerca de Cabezas, en los límites de La Habana y Matanzas. Eliza Moore Chinn McHatton Ripley contó sus vivencias en Cuba en el libro From flag to flag, publicado en 1889 en Nueva York (Ripley, 1889).

Varias mujeres estuvieron registradas como propietarias de fincas urbanas en la capital, entre ellas Elenna Owens Quinn, abuela del poeta Julián del Casal. Elena Owens fue dueña del solar número 73 de la calle Prado [16]. Gozó también de este privilegio María Josefa Madan quien fue la propietaria de casas en la Calzada de San Luis Gonzaga. Dichas propiedades las heredó de su marido Martín Madan y Brown, quien era poseedor de la tercera parte del Carenero número 4 de la familia Triscornia ubicado en Casa Blanca, en La Habana [17]. También bajo su nombre estuvo la casa ubicada en la calle de la Pólvora número 13 y la de Sol número 56. Finalmente, María de las Mercedes Hogan de Coppinger aparece en las fuentes como la dueña de las casas de Habana 68, Aguiar 81, y Obispo 29 y 30 [18].

Lazos de matrimonio

La mujer de origen irlandés también se insertó mediante el matrimonio en el seno de la rica y culta familia matancera de los Ximeno o Jimeno. Evidencia de esto fueron las nupcias contraídas entre Antonio Jimeno y Fuente y Elena Josef Canmack y MacFarland. Canmack era natural de Nueva Orleans. Recibió cierto grado de publicidad (en la prensa de la época) al participar en el gran baile de trajes de la llamada alta sociedad en el Liceo de Matanzas en 1862. En la alta sociedad habanera de las épocas colonial y republicana figuraron también distinguidas damas con apellidos de similar naturaleza, destacando entre ellas María Felicia de Hechavarría y Ponce de León, hija del licenciado Bernardo Hechavarría y O’Gavan. Esta mujer llegó a ser la segunda Marquesa de O’Gavan por Real Carta de Sucesión del año 1878. También gozó de un título nobiliario María de las Mercedes O’Reilly y Ruiz de Apodaca, quien descendía de los Condes de O’Reilly. El Marquesado de O’Reilly le fue concedido por el Rey Alfonso XII mediante Real Despacho de 11 de marzo de 1887. Esta familia es descendiente directa de Alejandro O’Reilly McDowell, natural de Dublín, quien ocupó altos cargos en el Ejército Español, restauró el dominio español sobre La Habana en 1763, tras la toma de La Habana por los ingleses en 1762, y fue Gobernador de Luisiana en 1769. Le sucedió en el título nobiliario como segundo cgonde de O’Reilly su hijo Pedro Pablo O’Reilly de las Casas, quien se radicó en Cuba y llegó a ser Mariscal de los Ejércitos de España y rico hacendado azucarero. Desde 1821 hasta 1828 fue el Gran Maestro de la Masonería Cubana para las 66 logias que existían en la isla (Torres Cuevas, 1999: 116).

Aunque se requieren más investigaciones para profundizar en el verdadero papel de la mujer de ascendencia irlandesa en la vida política de Cuba, el caso de Ana Kindelán Sánchez Griñán revela cómo algunas trascendieron los roles tradicionalmente asignados al género femenino y asumieron posiciones de acción anticolonial directa. Ana Kindelán Sánchez Griñán, esposa del general Francisco Vicente Aguilera, marchó al campo insurrecto al inicio de la Guerra de Independencia de 1868. Era hija del coronel de milicias Juan Kindelán y Mozo de la Torre y, por tanto, nieta del mariscal de campo Sebastián Kindelán O’Regan, quien se desempeñó como Gobernador de Santiago de Cuba desde 1798 hasta 1818 y como Capitán General de la Isla interino en el periodo de 1822  a 1823. El caso de Ana Kindelán ejemplifica cómo las nuevas generaciones de criollos y criollas descendientes de irlandeses asumieron posiciones de abierta oposición a la metrópoli, en contraste con la adhesión de sus antepasados al poder colonial.

La influencia de madres irlandesas

Algunas mujeres se inscribieron en la historia cubana como madre, esposa, hermana o hija de los combatientes contra la opresión colonial y la dominación imperialista. Dos de los tres hijos de Mary Garritt Rooney lucharon por la independencia de Cuba. Julio Sanguily Garrit, el mayor de ellos, formó parte de la primera expedición del vapor Galvanic que desembarcó en diciembre de 1868 en la costa norte de Camagüey, y fue General del Ejército Libertador en las campañas de 1868 y 1895. En la segunda expedición del Galvanic vino su hermano Manuel Sanguily Garrit, quien alcanzó el grado de Coronel, fue ilustre en las letras, brillante orador y hombre político con responsabilidades en la República desde 1902, como senador, presidente del senado y secretario de estado. Siempre fue un fiel defensor de la soberanía de Cuba y tenaz opositor injerencista del Gobierno de los Estados Unidos (Roig de Leuchsenring, 1948: 60).

María Lorenza Cowan fue la madre de Nicolás Domínguez Cowan, patriota al servicio de la causa cubana en México que brindó amistad, apoyo y hospitalidad a José Martí durante su exilio allí en la década de los 70’. También destacó Marina O’Bourke, mujer de ideas y acción abolicionistas que fue la hermana del patriota trinitario Dr. Juan O’Bourke Palacios. De Francisca Juliana Lynn y Georovich se sabe que era hermana de Charles Lynn y Georovich, quien llegó a ser Comandante de la Guerra de 1868. Ella fue hermanastra de Juan Bautista Spotorno Georovich, quien participó en los alzamientos armados de 1851 y 1869 en Trinidad, y en 1875 ocupó interinamente la presidencia de la República de Cuba en Armas (Ruiz de Zárate, 1974: 7). Victoria MacMahon y Ponce de León se llamó la madre del matancero Tomás Armstrong y MacMahon, quien vino en la expedición del general Carlos Roloff y llegó a alcanzar el grado de Teniente Coronel del Ejército Libertador de Cuba durante la campaña bélica que se desarrolló en la isla de 1895 a 1898.

De origen irlandés era también Cecilia McPartland, madre de Julio Antonio Mella McPartland, y María Teresa Holmes Walsh, madre de Antonio Guiteras Holmes, dos de los más importantes líderes antimperialistas cubanos de la primera mitad del siglo XX. Julio Antonio Mella McPartland aprendió a hablar español con su nana Longina O’Farrill, de quien también obtuvo el gusto por las comidas y por la música cubanas (Cupull y González, 2003: 16). Desde 1915 hasta 1917, siendo un adolescente, residió con su madre y su hermano Cecilio en Nueva Orleans, donde pudo ser testigo de la conmoción que causó en el seno de la comunidad irlandesa de esa ciudad, el Alzamiento de Pascuas en Irlanda en abril de 1916, en el cual participaron estadounidenses de origen irlandés como Tom Clarke, que fue fusilado el 3 de mayo siguiente. Las ejecuciones de revolucionarios por parte del Gobierno británico contribuyeron a reforzar la conciencia republicana. La movilización ciudadana incentivada por estos eventos alrededor del Alzamiento de Pascua tendría un papel fundamental en los procesos que llevarían a la constitución del Estado Libre Irlandés en 1922. En octubre de 1923, fecha del tercer aniversario de la muerte de Terence McSwiney, alcalde de Cork, tras su huelga de hambre en prisión, el Primer Congreso Nacional de Estudiantes en La Habana, organizado y presidido por Mella, patentizó su solidaridad con la lucha del pueblo de Irlanda contra el imperialismo británico y por su autodeterminación (McGarry, 2010). En las páginas de la revista Alma Mater (1922-actualidad), de la cual fue fundador, Mella firmó sus artículos con el seudónimo lord McPartland, y fue un tenaz opositor del dictador cubano Gerardo Machado. El 27 de noviembre de 1925 fue detenido por la policía y posteriormente enviado a prisión bajo acusación de haber realizado actos terroristas. Como McSwiney, Mella sostuvo una huelga de hambre en protesta por su injusto encarcelamiento, que se extendió desde el 5 hasta el 23 de diciembre, día este último en que le concedieron la libertad bajo fianza, gracias a la movilización popular en Cuba y a la solidaridad internacional. Inmediatamente, Mella salió de manera clandestina hacia el extranjero y se estableció en México, en cuya ciudad capital fue asesinado el 10 de enero de 1929.

Antonio Guiteras Holmes nació en el seno de una familia de irlandeses revolucionarios que contribuyó a la formación de su perfil político antimperialista. Guiteras jugó un papel determinante en el derrocamiento de la dictadura del general Gerardo Machado en 1933, como organizador y jefe de operaciones de guerrillas urbanas y rurales en toda la isla. El 14 de enero de 1934 intervino la estadounidense Compañía Cubana de la Electricidad, reafirmando su posición antimperialista como Secretario de Gobernación, Marina y Guerra del efímero Gobierno Auténtico. Ese mismo año fundó la organización revolucionaria Joven Cuba, que tuvo entre sus objetivos el impulso de la insurrección armada (Tabares del Real, 1973: 434). Militantes de la Joven Cuba residentes en el Valle de Cubitas, Camagüey, realizaron acciones de propaganda y sabotaje contra los latifundios estadounidenses en esa provincia, con la participación de Willy Stokes, descendiente de irlandeses, y del joven ingles Edwin Schofiel (Cirules, 1988: 195). El 8 de mayo de 1935 los sicarios de Fulgencio Batista asesinaron a Guiteras en El Morrillo de la ciudad de Matanzas, cuando intentaba viajar clandestinamente en barco hacia el extranjero. El plan de Guiteras era regresar posteriormente para desarrollar la lucha armada y la revolución antimperialista en Cuba. Entre los militantes que acompañaban a Guiteras se encontraba Xiomara O’Halloran, miembro de la sección femenina de la Joven Cuba. Un estudio profundo de la labor política de esta mujer de origen irlandés permanece como tarea pendiente y contribuiría a arrojar luz sobre el papel de las mujeres vinculadas a Irlanda en la vida política de Cuba.

Según señala el biógrafo Tabares del Real, existen varias versiones sobre el origen del nombre de la organización fundada por Guiteras, entre las que destaca su relación de continuidad con la Joven Cuba fundada en 1852 en los Estados Unidos por cubanos opuestos al colonialismo español (Tabares del Real, 1973: 434). No obstante, tomando en consideración la historia política de la familia irlandesa de Guiteras, también se podría suponer que se inspira en la organización Joven Irlanda, fundada en la década de 18400 por un grupo de jóvenes nacionalistas irlandeses a la cabeza del diario Nation (1842-1900), con la misión de promover el derecho de Irlanda a la autodeterminación (Quinn, 2015). Tanto la organización como el periódico influyeron notablemente en Europa y en la comunidad irlandesa de los Estados Unidos a lo largo del siglo XIX.

De algunas mujeres irlandesas solo conocemos sus relaciones de parentesco como importantes figuras de la Cuba colonial. Vale la pena mencionarlas en este estudio para propiciar futuras investigaciones sobre su rol en la sociedad de la época. En la Catedral de La Habana está registrada el 2 de agosto de 1771 la defunción de María Concepción Kindelán, quien estuvo casada con Philippe O’Sullivan, conde de Bienhaven (Santa Cruz y Mallen, 1942: 193). En la parroquia de Guadalupe, extramuros de La Habana, en abril de 1798 contrajo matrimonio María Luisa O’Kelly con Francisco de Ayala y Betancourt, quien fue hacendado y Capitán de las Milicias de esta plaza. El primero de junio de 1800 fueron las nupcias de María del Pilar O’Keefe con Sebastián de Ayala y García, quien llegó a ser Intendente Honorario del Ejército Libertador y Administrador General de Rentas Reales. En 1806 murió Catalina O’Halloran, hija de José María O’Halloran, capitán del Partido de San Marcos en Artemisa [19].

Conclusiones

Los roles de las mujeres irlandesas y de origen irlandés en la sociedad cubana evolucionaron en paralelo con los procesos coloniales y postcoloniales que tuvieron lugar en el territorio desde la década del 60 del siglo XVI hasta la primera mitad del siglo XX. Estos procesos favorecieron la integración de europeas y europeos blancos, principalmente durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX. No obstante, la inmigración irlandesa en general y las mujeres de este contingente migratorio en particular, no representaron un grupo homogéneo, como bien ilustran los ejemplos anteriores. Mientras algunas se beneficiaron directamente de las alianzas de la élite irlandesa y de origen irlandés con el poder colonial o fueron parte de las campañas de colonización del siglo XIX, otras integraron la creciente clase media que afloró en Cuba en los años inmediatos y posteriores al cambio del siglo XIX al XX. Cabe reconocer también la presencia de mujeres inmigrantes que subsistieron a través de trabajos precarios, pues el conocimiento de sus recorridos vitales puede contribuir a enriquecer la historia de las migraciones transatlánticas y a relativizar narrativas de éxito migratorio.

Las mujeres estudiadas en este trabajo muestran la diversidad de historias de vida mediadas por los diversos fenómenos socio-históricos que tuvieron lugar en Cuba desde el siglo XVI. Aún más importante es tener en cuenta que ellas también contribuyeron a guiar y transformar esos procesos asumiendo o conquistando roles dentro de la sociedad cubana. Es un objetivo del estudio aquí presentado ofrecer una base para el desarrollo de investigaciones más profundas que ayuden a continuar develando el impacto de la vida y la obra de las mujeres migrantes irlandesas en las dos sociedades protagonistas de este intercambio, Irlanda y Cuba.

Notas

Fernández Moya, Rafael: “Diáspora irlandesa en Cuba: presencia de la mujer en el desarrollo económico y social”, en Irlanda y Cuba. Historias entretejidas, Ediciones Boloña, La Habana, 2019, pp. 155-175.

[1] Archivo Nacional de Cuba (ANC) / Fondo Gobierno General (FGG)  404 / 19161-A.

[2] ANC  / Fondo Junta de Fomento (FJF) / 184 / 8335, 8337.

[3] ANC / FJF / 186 / 8395.

[4] ANC / Fondo Audiencia de Santiago de Cuba (FASC) / 1030 / 34920.

[5] ANC / Fondo Escribanía de Guerra, legajo 535, expediente 7073.

[6] ANC / Registro de la Propiedad de La Habana, finca 1724, libro 41 de Ayuntamiento, folios 217-220.

[7] ANC Registro de Asociaciones, legajo 1071, expedientes 22530, 22531 y 22532.

[8] ANC / Fondo Secretaría de la Presidencia (FSP) / 67 / 82.

[9] ANC/ Fondo Escribanía de Salinas (FES) / 132 / 1821.

[10] Ver ANC / Fondo de Audiencia de Santiago de Cuba, legajo 399, expediente 9431.

[11] Ver ANC / Fondo de Audiencia de Santiago de Cuba, legajo 1014, expediente 34517.

[12] ANC / Fondo de Escribanía de Varios (FEV) / 786 / 13678.

[13]  ANC / Fondo de Instrucción Pública (FIP)  521 / 31142.

[14] ANC / FIP / 552 / 33234.

[15] ANC / Fondo Escribanía de Bienes de Difuntos (FEBD) / 121 / 2107.

[16] ANC / Fondo Escribanía de José A. Rodríguez (FEJAR) / 20 / 7.

[17] ANC / Fondo Escribanía de Daumy (FED) / 155 / 9.

[18] ANC / Fondo Escribanía de Luis Blanco (FELB) / 538 / 1.

[19] ANC /  Escribanía de Cabello Ozequera, legajo 414, expediente 10.

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La Habana: imaginario y sentimiento

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Onedys Calvo Noya

Noviembre 16, 2020

 

De una ciudad no disfrutas sus 7 ó 77 maravillas, sino las respuestas que da a una pregunta tuya

Ítalo Calvino

 

La Habana arribó a su 501 aniversario y los ojos del mundo la miran expectantes porque esta es, y ha sido una gran ciudad, tanto en su entramado urbano, como en su despliegue arquitectónico, en su rol de conexión intercontinental y en su perpetua vocación cultural. Cosmopolita, abierta, refinada en su criollez, alegre y evocadora de todo tipo de nostalgia; ensalzada en su herencia patrimonial y urgida de futuro, para muchos La Habana es su aura: ese espíritu peculiar y ecléctico, en el que todo confluye y armoniza en singular ritmo de contrastes, con una particularidad -si no definida, auténtica e inconfundible- que ha sido constante y versátilmente releída por artistas y escritores.

En el siglo XVIII, cuando el retrato era el tema preponderante en nuestra denominada “pintura preacadémica”, ya La Habana se insinuaba en los fondos, como reclamo creciente de la necesidad de contextualización del retratado. Y de sugerirse a través de edificaciones específicas que la representaban desde las ventanas, ya en el siglo XIX sus paseos, plazas y vistas urbanas ganaron protagonismo pleno en una amplia producción de grabados, que además de sus valores artísticos y técnicos -por lo complejo del tema urbano para la gráfica-, son portadores de un invaluable testimonio visual.

Esta mirada provenía básicamente desde la perspectiva del otro, del europeo, que a veces se apegaba a la realidad, pero otras, deliraba con fantasías como la de la cúpula bizantina del Morro en uno de los grabados primigenios. La bahía de la ciudad fue protagonista en este momento, pues no sólo configura un accidente geográfico distinguido, sino porque era un punto estratégico en el diálogo entre ambos lados del Atlántico, espacio de confluencia de todo lo que iba y venía: la bahía hizo de La Habana, además de la capital de Cuba, una ciudad marinera, de paso, de libertades, pero también de asentamientos que configuraron diferencias entre el fuerte influjo de Europa, y de lo que se devolvía de América; y que por supuesto, cada vez incrementaba la influencia de África debido al establecimiento de un sistema esclavista que acudió al africano. Así la identidad cubana, tal y como la fue reconociendo el foráneo, cayó en estereotipos y clichés de los cuales también el grabado y fundamentalmente toda la producción asociada a ala vitolfilia tuviera un marcado acento folclórico, donde elementos como la mulata, la picaresca, el tabaco, los vicios, la fiesta, el escudo de la ciudad, el morro y otros elementos identificativos se hicieran recurrente.

Desde ese ángulo es la mirada de Víctor Patricio Landaluze, la del europeo que llega y se impacta con lo que es diferente, llamativo, con lo que puede parecer exótico, pero que definitivamente se hace medular en la formación de la identidad criolla en una tierra donde todo llega a destiempo y todo funciona de manera diferente que en la Metrópolis. Landaluze nos muestra La Habana de la sensualidad y la seducción mestiza; la de las calles populares, modestas, esa ciudad otra más allá de la excelsa y monumental.

 

La Habana es su cielo, y éste no parece parte del cielo común a toda la tierra, sino proyección del alma de la ciudad, afirmación soberana de ser lo que ella es.

Luis Cernuda

 

Aunque entornos y edificaciones habaneras siempre sedujeron a pintores cubanos y foráneos, no es hasta la primera mitad del siglo XX cuando este tema conquista a la pintura con una atención sistemática y un diálogo que se desmarca de la representación más o menos mimética.

El color, el calor y el abigarramiento de la ciudad, expresados a través de elementos de la arquitectura, la presentaron no solo como pretexto de inspiración, sino como una de las principales fuentes de la identidad, como uno de los temas paradigmas para la articulación de los presupuestos estéticos de las Vanguardias. La Habana se sintetizó en vitrales de austero enmarcado negro y resplandecientes colores planos donde debía traslucirse la luz, en mamparas, columnas y detalles amarillos y azules de ventanales y paredes mustias de barrios periféricos: en interiores criollos, tanto en las obras de Amelia, como de Portocarrero, quien tradujo el espíritu intenso y abigarrado del entramado arquitectónico de la Habana y de la vida que contiene.

En tanto urbe, La Habana es contenedora de complejas interacciones socioculturales: escenario de una relación dialéctica entre ciudad y ciudadano en el que cada uno es causa y efecto del otro. Han sido múltiples los discursos desarrollados por el arte cubano de las últimas décadas, desde una gran variedad de procedimientos creativos y posturas indagatorias diversas: políticas, filosóficas, antropológicas y culturales en sentido general.

Cuando arribó la llevada y traída década del noventa, La Habana fue muy elocuente ya no solo de lo cubano, sino, sobre todo, a lo que se enfrentaba lo cubano. Más que un pretexto temático prolífero, devino un asunto elocuente de urgencias sociales y conceptuales que abordar con agudeza desde el arte.

Artistas como Carlos Garaicoa se interesaron en la memoria, y en el estado físico de la ciudad enfrentada a un deterioro expandido y a opacadas esperanzas de resurgimiento, especialmente en la parte más antigua de la ciudad, en aquel momento a la espera de una restauración capital. Afortunadamente hoy el panorama cambió mucho; es otro el espíritu y la constitución del Centro Histórico que volvió a convertirse en el núcleo de la vida cultural, patrimonial y turística de la ciudad gracias a la gestión de la Oficina del Historiador de la ciudad. Sin embargo, los inicios de los noventa fueron muy críticos para la sociedad por el desacierto, la frustración, la pérdida de referentes y la crisis económica. Hacer una lectura desde el espacio físico, permitió visualizar esencias, como las que propone Acerca de esos incansables atlantes que sostienen día a día nuestro presente. Una obra que, desde la evocación a la restauración física de lo material, reflexiona sobre lo subjetivo, la responsabilidad, a la necesidad de la solidez, y también sobre el rol trascendente de lo anónimo. Esta época produjo un arte crítico, sugerente, conceptual, con planteamientos concretos sobre la cultura y la sociedad toda. Polisémico, pero que subraya cómo existía una conciencia sobre la relevancia de la ciudad, y cómo ésta representa lo que somos, lo que sentimos y de lo que adolecemos. Sus estrategias formales y discursivas fueron variadísimas. Y fragmentos de su arquitectura, monumentos icónicos, escenas urbanas y propuestas utópicas releyeron la ciudad.

Desde La Habana contenida en los espacios de silencio, seducción, recogimiento y espera que sintetizaba un nuevo tipo de naturaleza muerta o bodegón, propuesto por Arturo Montoto, con un lenguaje neohistoricista en la pintura; pasando por las escenas urbanas en las que Luis Enrique Camejo capta la fugacidad de cada momento, la luz, el reflejo, en un ejercicio fotográfico desde el lenguaje pictórico; hasta llegar al cinismo de propuestas como las de Kadir López, en la que los iconos de la ciudad, como el Capitolio y la Catedral, dialogan con la publicidad y el turismo: se prostituyen, mientras los cines caen en la nostalgia.

 

La Habana es un estado de ánimo, un sentimiento, una emoción.

Eusebio Leal

 

La Habana no es solo el espacio arquitectónico, urbanístico, físico. Es efectivamente un sentimiento, una espiritualidad y una dinámica bulliciosa e intensa que se expresa en las calles.

La fotografía, manifestación que ha tenido una fuerza visceral en las artes visuales contemporáneas, ha sido una expresión fundamental en captar e interpelar La Habana en todos sus estratos. Hay un gran número de fotógrafos que se han regodeado en la solemnidad del monumento, o en el concierto de refinada criollez de esta urbe; otros han abordado hasta el abuso la estética de lo roído, de la ruina, el desamparo y la persistencia desde lo precario; y otro grupo documenta las dinámicas urbanas: su gente de pueblo, sus expresiones dilógicas, la paradojas visuales que confluyen en cada ambiente, arbitrario y ecléctico; el trasiego constante de una ciudad que habita en el exterior del hogar; la convivencia armónica de creencias antagónicas…

Y en las dinámicas urbanas el transporte público es esencial. Ya apenas recordamos los “camellos” porque la memoria es selectiva, pero en el Período Especial resolvieron la urgencia del transporte, marcando incisivamente la vida de los que hasta hace poco más de una década debíamos transportarnos en él. La sabia popular lo describió como “la película del sábado” –  por su contenido de sexo, violencia y lenguaje de adultos -, lo cual verifica la sátira y la ironía que caracterizan la sicología del cubano como estrategia de resistencia. Durante la Novena Bienal de La Habana, Guillermo Ramírez Malberti, intervino pictóricamente, con iconografía egipcia, la ruta que se dirigía hacia El Calvario, redondeando esa capacidad del cubano para parodiar, ironizar y subvertir.

Y gracias a ese cierto estado de estatismo temporal al que asistimos, hoy también exhibimos otros de nuestros devenidos iconos de representatividad: los almendrones. Quizá no seamos lo suficientemente consientes de cuánto nos identifican estos carros antiguos ante la mirada del extranjero. No existe una publicidad que nos promueva al que el carro antiguo no asista, ni tampoco, testimonio turístico a nuestra ciudad que lo eluda, sin contar las dinámicas particulares de su uso. Sobre ese impacto Guillermo Martínez Malberti tambén reflexionó al configurar en una gran instalación de almendrones estacionados en el parque del Capitolio, hasta hace muy poco nodo por excelencia de su circulación, la imagen de la Isla. 

Y antológico en el imaginario de escritores y artistas plásticos es el malecón: arteria que nos narra la evolución arquitectónica de la ciudad, su eclecticismo, su modernidad; espacio de socialización por excelencia y vía rápida de comunicación; límite entre la tierra y el mar, entre el empuje del hombre y el poder de la naturaleza, el malecón posee para el arte y la poesía una potencialidad excepcional. Más allá de su fisonomía, está su proyección espiritual y su vocación al desafío.

El proyecto Detrás del muro ha incluido en sus dos primeras ediciones dos instalaciones de Arlés del Río, que dialogan coherentemente con las connotaciones del lugar de emplazamiento. En la Oncena Bienal su instalación fue una provocación a la trascendencia, a la violación del límite, una propuesta semiótica sobre la frontera que para los cubanos constituye el mar, y una representación de la obsesión que por décadas constituyó la posibilidad del viaje, la necesidad de volar; en la segunda edición de Detrás del muro, del Río transformó la fisonomía del malecón al instalar una orilla con arena de playa que en lugar de mirar al mar miraba a la ciudad. Además de estas connotaciones, y otras que motivaron la pieza, la obra también ha resultado una proposición de posibilidades de transformación urbana, en espacios que parecen inamovibles, a menos que se le antoje al mar.

 

La Habana se fundó para esperar (…) ¿Qué? Todo. Nada. Cualquier cosa. La verdadera ocupación es esperar.

Abilio Estévez

 

Hay una perspectiva sociológica en el trabajo de artistas pertenecientes a generaciones activas en el último decenio. Su sensibilidad es crítica, por supuesto, y los distingue un carácter procesual que por lo general prescinde de lo icónico. Su pretensión indagatoria los remite fundamentalmente a lo que la gente hace, piensa o desea.

Así ha ocurrido con la documentación que durante 5 años Grethell Rasua hizo para su proyecto Cubiertas de deseo para señalar la persistencia de algunos, aún desde la limitación, por embellecer su pedacito. Desde el aspecto de parches de los edificios multifamiliares se enfrenta el interés individual a la visualidad urbana y a la acción colectiva, pero también se persiste en una voluntad y un accionar de mejoramiento. Desde esta acción aparentemente poco problemática, se subrayan la contradicción y la tensión, en lo referido a qué se debe y/o se puede hacer: “Si no puedo resolverlo todo al menos resuelvo lo mío”. Cuando la respuesta no está definida, o no es contundente, el problema suele ser más aguzado, rico y seductor.

Otra indagación puntual fue la que realizara Nestor Siré con la pieza Se vende esta casa. Después que en 2011 se permitió la compraventa de viviendas, aparecieron numerosos carteles a todo lo largo de la Isla con tal proposición. La pieza, que se configura con una recolección de carteles de los anuncios emergentes, la acompaña un video que indaga en las causas por las cuales se vende cada casa y cuál es la finalidad. Al margen que anteriormente esa práctica estaba prohibida, aparece una incógnita más perspicaz: ¿Si vendes tu casa, para dónde vas, para qué será utilizado el dinero?

Hipnosis de Marianela Orozco es una obra desoladora. El video está dividido en 2 pantallas, una parte que documenta, o expía, a una señora de la tercera edad, que desde su ventana pasa horas contemplando su entorno; la otra enfoca el punto de mira de la protagonista. El video redunda en un estado de desmotivación, resignación, inmutabilidad…, una suerte que corren no pocas personas de la tercera edad, y no pocos barrios de la ciudad.

En Colonias epífitas, Celia y Yunior investigaron una serie de casas señoriales de barrios residenciales de las décadas del 40 y el 50. Sus propietarios las mandaron a construir para un uso doméstico, hoy todas son utilizadas para funciones estatales. Las colonias epífitas son una especie de plantas que se hospedan en una infraestructura ya creada, aunque como se alimentan del ambiente no son propiamente parásitas.

La Habana, en tanto capital, es el sitio de recepción de la migración interna, y por tanto de la asunción de prácticas que no le son afines, para las cuales no se ha diseñado una acertada estrategia de regulación. Tampoco para las respuestas emergentes a múltiples necesidades, como las de los micro-agros, o las trasformaciones en las fachadas y portales para establecer pequeños negocios minoristas. A la ruralidad que lamentablemente ha invadido la capital, al estado de descuido y desidia provocado también y, además, por la falta de identificación con el contexto y de educación cívica, se remite la video- instalación con mapping de Luis Gárciga, en una pieza de 2013. En su título ya se resume la esencia de la ironía: Si aprovecháramos la creciente ruralidad de esta ciudad, y utilizáramos el modelo de finca en abandono como un paso intermedio, pudiéramos aspirar a vivir en 2019, en la séptima reserva de la biósfera del país

Lo interesante de todos estos acercamientos radica en cuán conscientes están los artistas sobre el estado de la ciudad en la que viven, y cómo articulan una posición desde su quehacer artístico.

A pesar de su paciente espera, de sus espacios de ruinas, de todo lo que le queda por recibir y merecer, La Habana es una ciudad que más que propiciar el infinito disfrute advertido por Ítalo Calvino, seduce, enrola, conmueve; tiene la capacidad de hacernos sentir y reflexionar.

En el imaginario de los artistas de la plástica, su espacio físico, aún desde la época colonial, trasciende la noción de lo bello para indagar sobre todo en la estrecha relación del individuo en su contexto, y dejar ver varias instancias de vulnerabilidad en la Cuba de cada momento.  Más que deleitarse en lo excepcional, lo patrimonial, lo que la configura como espacio urbano, lo interesante del tratamiento sobre la ciudad está en cómo se ha interpelado su capacidad de elocuencia.  Siempre la asumimos básicamente como un espacio físico que se define por una arquitectura y un urbanismo particular, con iconos que la singularizan, que la representan, pero, sin embargo, es también ese espacio del recuerdo y del afecto, de las ansias personales y colectivas. 

Como colofón de esta reflexión sobre qué nos dice la ciudad desde las propuestas de los artistas plásticos, pienso en otra obra de Detrás del Muro, que se instaló en el andamiaje de una fachada en restauración: Fe, de Adonis Flores; porque la fe es el sentimiento y la actitud que debemos tener para con nuestra ciudad, para con nuestro país, para con nuestra vida. Fe que no significa espera, sino enfoque en la certeza, en la certeza de lo que se espera, y en que La Habana seguirá siendo un prolífero ideal estético y un intenso centro de atención para el cuestionamiento, en la afirmación soberana de lo que ella es y debe ser.

 

Notas

Este texto fue publicado en la revista Arte Cubano No. 1, 2019, La Habana.

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El Palacio del Segundo Cabo: un museo de nuevo tipo en Cuba. Sostenibilidad y comunicación del patrimonio que alberga

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Septiembre 26, 2020

 

Aún en tiempos de aislamiento social, nuestro centro ha estado activo también en el gremio científico internacional.

Representando a Cuba y a nuestra institución, la MSc. Yenny Hernández Valdés, Especialista en Promoción de la Actividad Cultural, participó en el III Congreso Iberoamericano de Investigaciones sobre la Conservación del Patrimonio (ICP), con la ponencia “El Palacio del Segundo Cabo: un museo de nuevo tipo en Cuba. Sostenibilidad y comunicación del patrimonio que alberga”.

Este congreso, desarrollado en la plataforma digital entre el 24 y 26 de septiembre de 2020, fue convocado por la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Lisboa, Portugal, en colaboración con el Museo de la Farmacia y el Grupo Español del Instituto Internacional para la Conservación de las Obras Históricas y Artísticas (IIP).

Participaron, además, países como Portugal, España, Brasil, Perú y Argentina, en este espacio que tuvo por objetivo la reflexión amplia, actual, multidisciplinaria y transversal sobre la investigación de la conservación del patrimonio.

Link del sitio: https://www.ge-iic.com/…/iii-congreso-ibero…/…

Programa general del evento: https://www.ge-iic.com/…/ICP2020_ProgramaPreliminar_ES…

Pan artesanal, también como cultura entre las manos

Pan artesanal, también como cultura entre las manos

Pan artesanal, también como cultura entre las manos

Rachell Cowan Canino

Marzo 3, 2020

 

Los últimos sábados de cada mes es habitual, desde hace un buen tiempo, que el Proyecto Cultura entre las Manos, de la Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana, reúna a sus asiduos para conocer de un tema interesante para la comunidad Sorda de Cuba.

En esta ocasión del 29 de febrero el encuentro sirvió de preludio a la celebración del V Congreso de la Asociación Nacional de Sordos de Cuba (ANSOC), a celebrarse desde el 2 y hasta el 6 de marzo de 2020 en el Palacio de las Convenciones de La Habana.

La sala Polivalente del Centro para la Interpretación de las Relaciones Cuba- Europa: Palacio del Segundo Cabo, fue el escenario escogido para la conferencia magistral del fotorreportero y panadero Adalberto Roque quien compartió experiencias sobre su incursión en la elaboración del pan artesanal durante los últimos años.

Roque expresó algunas de las bondades de la panadería artesanal, la cual se basa en el respeto por las características y la integridad de las masas; mediante este proceso se consiguen panes con ingredientes más naturales y de intenso sabor y olor. A diferencia del pan industrial, este se caracteriza por tener cuatro ingredientes básicos: harina, agua, sal y levadura. Durante su elaboración, en algunas ocasiones, se añaden otros ingredientes naturales como aceite de oliva, semillas o hierbas que definen el tipo de pan.

La cita fue propicia, además, para la entrega de un reconocimiento al joven integrante de la comunidad sorda Dariel Espinosa Álvarez, quien cursó satisfactoriamente el Taller de Iniciación a la Panadería Artesanal en La Esquina del Pan, un proyecto que lidera Adalberto Roque junto a su esposa.

Por su parte, Yalena Gispert de la Osa, coordinadora de Cultura entre las Manos, invitó a los presentes a las actividades previstas para el mes de marzo, en las que se encuentra el día 5 el inicio del Taller La Habana Colonial en Lengua de Señas Cubana, que se realizará con los niños de tercer grado de la escuela para sordos e hipoacúsicos René Vilches Rojas, ubicada en el municipio Cerro, y con cuatro niñas sordas insertadas en la Secundaria Básica Rubén Bravo de La Habana Vieja.

También para todos los martes, a las 2:00 pm, en el Centro de Información al visitante se ofrece un Curso de Lengua de Señas Cubana (LSC) con fines culturales para las personas que están frente al público en el Centro Histórico habanero al que se han sumado estudiantes de la Facultad de Lenguas Extranjeras. En este mismo horario, el Centro A+ Epacios Adolescentes imparte el taller de LSC para los jóvenes interesados.

El encuentro correspondiente a marzo estará dedicado al cine silente o mudo y tendrá lugar el próximo 28 de marzo a las 10: 00 am, como es habitual la salida será de la Plaza de Armas.

* Tomado de Habana Radio: http://www.habanaradio.cu/culturales/pan-artesanal-tambien-como-cultura-entre-las-manos/.