4.0__

Entrevista de Emanuele Bompan a Eusebio Leal

4.0__

Septiembre 12, 2021

 

En 2019, el periodista italiano Emanuele Bompan entrevistó a nuestro Eusebio Leal Spengler, a razón de celebrarse el quingentésimo aniversario de la ciudad.

Compartimos algunas de sus palabras: 

 

E.P: Para un historiador como Ud. ¿qué significa proteger la historia y la memoria de un pueblo?

Es importantísimo porque es un tema de identidad que en el mundo moderno se hace aún más crítico; sobre todo para Cuba que es un estado insular, que supone una cultura particular, un transporte con el mundo a partir de que el mar no separa, sino comunica. Entonces defender la identidad, conservar el patrimonio cultural, convertirlo en algo no pretérito, algo del pasado sino algo de la vida cotidiana, es importantísimo.

 

E.P:  La Habana cumple sus 500 años en el 2019. ¿Qué queda de esta rica historia?

(…) La Habana es una ciudad misteriosa, atractiva. Nadie queda indiferente ante ella porque es una ciudad bella. Al mismo tiempo, una ciudad que siempre hay que descubrir. Cada ciudad es una creación humana. Usted lo sabe. Nada puede compararse a Verona. Nada puede compararse a Roma. ¡Figúrate! Nada puede compararse a Venecia. Es algo supremo. La Habana igual es absolutamente diferente.

 

E.P: ¿Hay una canción que cuenta sobre La Habana?

Polito Ibáñez con Omara Portuondo. Sí, es una canción preciosa. Pero hay muchas canciones maravillosas dedicadas a La Habana y algunas que se han inspirado en este acontecimiento que es la obra de restauración.

La restauración es importante porque es una esperanza. (…) La belleza le es muy importante al hombre…Por eso Silvio Rodríguez en su canción habla de la necesidad de un torbellino que se lleve lo feo, que deje lo bello, lo hermoso porque también tenemos el derecho a la belleza. El hombre vive de pan, pero no sólo de pan vive; vive de pan y de belleza. De lo contrario se convierte en otra criatura no humana.

 

E.P: Una última pregunta. ¿Qué se va a hacer por los 500 años de La Habana?

De todo (…). La Oficina del Historiador tiene un proyecto muy amplio. El gobierno de la ciudad de La Habana, el Ministerio de Cultura… Verdaderamente creo que será una oportunidad, pero yo no lo veo como un fin sino como un punto de partida o como un punto de arribo para mí, después de casi 50 años de trabajo…

Creo (…) que siempre todo tiempo futuro será mejor. No se puede decir que todo tiempo pasado es mejor. Hay que decir siempre que todo tiempo futuro necesariamente será mejor.

Eusebio Leal: La Habana requiere una originalidad creativa

Foto El País

Septiembre 12, 2021

 

Una mañana de mayo de 2019, las periodistas Onedys Calvo y Marjorie Peregrín entrevistaron al Dr. Eusebio Leal, pocos meses antes de celebrarse el medio siglo de la fundación de La Habana junto al puerto de Carenas. He aquí fragmentos de sus sabias palabras:

 

Leal, La Habana celebra sus 500 años (…). ¿Por qué se elige este año para el quinto centenario y no el 2014?

(…) opté por el criterio racional de que lo histórico era lo que estaba del lado de acá, manteniendo el año de 1519 a partir de las lápidas que vi antes de que fueran borradas definitivamente porque estaban hechas en una piedra deleznable en la columna de El Templete. Por suerte, Emilio Roig le había pedido a Florencio Gelabert hacer una impronta en yeso de la lápida de El Templete –que conservamos en la Sala de la Parroquial Mayor del Museo de la Ciudad–, en la cual se afirma categóricamente que, según la tradición, en 1519 La Habana se estableció aquí.

 

Hoy la Oficina del Historiador es considerada como un símbolo de la nación. ¿Dónde ubicaría el principal mérito que ha tenido la Oficina?

Todo el mérito pertenece a la memoria del fundador, que trabajó hasta el último día de su vida. (…) Entonces, el hombre que supo trabajar hasta el final, cuando ya no tenía la forma, inclusive la capacidad de poder expresar, todavía tenía la autoridad y con un pequeño grupo de personas movió todo. Ese fue el punto de partida, y ha sido un punto de gran vigencia. Yo no caminé sobre las espaldas de Emilio Roig; él siempre ha estado delante de mí. Sus pasos guían los míos (…).

 

La palabra siempre lo ha distinguido. (…) ¿Cuánto vale la palabra para usarla en favor de emprendimientos, batallas, proyectos patrimoniales y humanos como los de estos años en el Centro Histórico?

Nada podrá sustituir ni al libro ni a la palabra viva. La palabra viva es persuasiva, es importante. La palabra viva es determinante; hay que conquistar, hay que salir al desafío de la opinión pública, el que pueda (…). Cada uno tiene aquí un don y el que tenga un don tiene que explotarlo, y el que tenga una vocación, tiene que desarrollarla. Con nosotros, lo mejor es tener gente de vocación. Recuerden siempre esta oración: «Dame cruces, dame espinas, dame todo, pero no me des alguien a quien le falte la vocación».

 

La Habana vive hoy muchas transformaciones (…) ¿Cuánto de ética y amor necesita la ciudad para que el 500 aniversario sea, como usted ha dicho, un punto de partida y no de llegada?

Una visión de conjunto, en la que se tenga más que un fin que alcanzar de inmediato (…). Es necesario un compromiso, un pacto para la ciudad, y quien dice esta, dice para todas, pero en particular para esta, (…) ella tiene necesidades nuevas, de espacio, de vías, de señalética. (…) Pero todo esto habrá que hacerlo con un concepto cultural, con una visión de conjunto, donde la barbarie no puede predominar. La Habana no merece proyectos trasnochados. (…) La Habana requiere una originalidad creativa, un trabajo de calidad. Quiere decir que lo que se haga, sea grande o sea pequeño, que sea bueno, porque sería un crimen que una ciudad cuyo discurso urbano y cultural ha llegado con esa fortaleza se pueda perder por un mal manejo, o por una mala gestión. He ahí el desafío.

 

Esta entrevista se publicó en el libro Ciudad Viva. Diálogo, desafío y oportunidad. Ediciones Boloña, La Habana, 2019.

2.0_

Eusebio Leal: Si volviera a vivir sería cubano

2.0_

Septiembre 11, 2021

 

Ofrecemos algunos fragmentos de la entrevista concedida por Eusebio Leal a la periodista Madeleine Sautié, del periódico Granma, en 2018.

 

Todos los lectores tenemos libros que algún día queremos volver a leer. ¿Cuál es el suyo? ¿Qué libro se llevaría a la isla desierta?

–Ya lo he vuelto a leer dos veces, las Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, entre lo más reciente.  Y luego Bomarzo, de Manuel Mujica Láinez. A la isla me llevaría La Biblia

 

 ¿Qué le aportó, desde el punto de vista del amor a los libros, una amistad como la que tuvo con Dulce María Loynaz?

–Mucho, porque ella, como fue perdiendo la vista con el tiempo, hasta quedarse totalmente ciega, al respecto siempre me comentaba que la cuestión no era solamente leer, sino escuchar la lectura, con esa voz interior que siempre nos acompaña. «Cuando no se ve, si una vez se vio, hay una luz interior que nos permite recordar las cosas y pensar, pensar…», decía. El libro y la lectura hacen pensar a tal extremo que se dice que ella dijo, ya en agonía: «qué horror, me estoy muriendo y sigo pensando».

 

En varias oportunidades, cuando ha sido distinguido con algún premio o reconocimiento, lo he oído hablar de los maestros… ¿Por qué?

–Porque no hay oficio más bello en el mundo que el de enseñar a otros, lo que pasa es que no hay guía de ciegos. Para poder guiar hay que ver, y para poder dar hay que tener. Porque nadie da lo que no tiene.

 

(…) ¿Qué se experimenta cuando se sabe que se ha sido útil, que es tan querido?

–Es bueno. Decía Martí que los hombres van en dos bandos: los que aman y fundan y los que odian y deshacen. Yo siempre he querido estar entre los primeros.  

 

 ¿Qué molesta poderosamente a Eusebio Leal?

 –La chusmería.

 

 ¿Qué lo complace totalmente?

 –La contemplación de la belleza.

 

 ¿Qué es un día de fiesta para Eusebio?

 –El día que puedo quitarme el traje gris y vestirme de azul, como hoy.

 

 ¿Qué hace con las memorias malas, las que le hacen daño?

–Se convierten en experiencias encarnadas.

 

Además de cubano, si volviera a nacer, ¿qué más sería?

 –Eternamente joven.

Foto Cuba información

Eusebio Leal: Hay que amar nuestro tiempo

Foto Cuba información

Septiembre 11, 2021

 

Las periodistas Onedys Calvo y Marjorie Peregrín entrevistaron a Eusebio Leal, historiador de la Ciudad de La Habana, en la mañana de 9 de febrero de 2018, en Habana Radio. En esa fecha se celebraba la 27 edición de la Feria del Libro, que había sido dedicada a su obra intelectual.

Tras ser expuesta la primera pregunta, Leal comenzó su intervención diciendo:

“Bueno, lo primero: para las dos, para ustedes, yo soy siempre Eusebio. El título de doctor me molesta mucho a veces. Me pesa, sinceramente. Jamás lo utilizo en una firma, solamente en la correspondencia exterior porque es muy necesario a veces en el mundo académico usar esos términos. Pero me complace mucho el otro, más que Leal, Eusebio”.

 

En el contexto de esta Feria del Libro, (…) en varias ocasiones se ha hecho referencia a (…) su capacidad para la oratoria, su palabra certera, oportuna y poética. ¿Todo se lo deja a ese don de la palabra? ¿Cómo se prepara Leal para intervenir sobre cada uno de estos temas que han sido trascendentales para Cuba (..)?

Yo trato de meterme en el tema, estudio y leo y reúno bibliografía, e imagino y pienso. Va a escandalizar a algunos esto de que imagino, pero la historia es siempre un acto de imaginación. Pobre del que crea que en los papeles, solo en los papeles, está el secreto. (…)

En una ocasión, hablando de su padre, el general, Dulce María Loynaz me contó: «Cuándo éramos adolescentes vivían todavía muchos viejos generales del Ejército Libertador, venían a conversar con papá. Cuando llegaban todo eran saludos, comentarios sobre la cotidianeidad y las cosas de ahora. “Qué tal, ¿cómo está la cosa? ¿Qué tú crees de esto”. Pero cuando llegaba el café, estaban ya ensartados de nuevo en el pasado». Y entonces me dijo: «Porque cuando uno ha vivido una gran época, vive para siempre prisionero de ella». Y eso nos pasa a todos, emocionalmente, espiritualmente. La vida es breve, y aquellos momentos grandes que hemos vivido, de amor, de dolor, de lo que sea, de cualquier aspecto de la vida, quedan en nosotros como una experiencia viva. Eso determina mucho nuestros actos.

 

(…) Usted es un hombre muy querido y respetado por los habaneros y los cubanos; para muchos, en los barrios más populares de La Habana, un personaje casi legendario.

Quizá por el hecho de que me ha gustado siempre mucho caminar. Soy un caminante, cuando no camino me siento triste y hasta neurasténico (…). A veces, sobreponiéndome a todo, camino. Y en ese andar –del cual salió el nombre de un programa de radio y un largo programa de televisión que prevalece hasta hoy– está la posibilidad de dialogar. (…) Es ese un diálogo misterioso con quien se me acerca, y me detengo por tres razones: primero, porque aprendí, y ahí sí no voy a negar el origen, que cuando te pidan la capa debes dar también la bolsa, que te debes detener, que cuando se te acerca un menesteroso y te quiere dar la mano mejor le das un abrazo.

(…) Ese ha sido el signo de mi vida, y ahí radica lo que ustedes han llamado «popularidad».

 

(…) ¿Cuáles son, en su opinión, los retos de quienes vivimos en Cuba y a Cuba en este tiempo?

El reto es que no tuvimos otro tiempo para vivir que el nuestro. Es una tontería estar diciendo «yo habría querido ser una gran dama en el siglo XIX», quizá habrías caído esclava en un barracón, o «yo quisiera haber vivido en tal época», y quizás habría sido un cobarde incapaz de levantarme para hacer lo que ellos hicieron. Nuestro tiempo es el tiempo, este es el tiempo, y no otro; y hay que amar nuestro tiempo con sus dificultades, con sus acechanzas, con sus esperanzas. Y luchar. Mi experiencia es nunca darme por vencido, es trabajar.

 

Esta entrevista se publicó en el libro Ciudad Viva. Diálogo, desafío y oportunidad. Ediciones Boloña, La Habana, 2019.

Orden de Honor de Grecia

Una azul Orden de Honor para Eusebio Leal

Orden de Honor de Grecia

Septiembre 1ro, 2021

 

Alrededor de 110 tonalidades de azul pueden ser percibidos por el ojo humano. Algunos de ellos están presentes en La Habana, una ciudad marcada por su frente marítimo, y en su Centro Histórico. Por coincidencia o azar, este color primario también era el favorito del historiador Eusebio Leal. Lo llevaba poco porque durante los días de trabajo, que eran prácticamente todos, vestía el gris de su uniforme. Si un país se identifica por hacer gala esplendorosa del azul es Grecia. Junto al blanco, domina sus paisajes y se encuentran en su bandera; símbolo nacional del estado griego moderno y la única bandera oficial de esa nación desde 1978.

El azul es, a su vez, el color que caracteriza a la Orden de Honor de Grecia, la segunda en jerarquía en su sistema honorífico, después de la Orden del Redentor. El 16 de julio de 2020 el estado griego le concedió a Leal esta orden en el grado de Gran Comendador. Desafortunadamente, no pudo acariciarla en vida. El 7 de diciembre de ese mismo año, en una ceremonia celebrada en la última casa donde estableció su oficina, la Excma. Sra. Stella Bezirtzoglou, Embajadora Extraordinaria y Plenipotenciaria de esa nación en Cuba, hizo entrega post mortem de la misma a su hijo, Javier Leal.

El Dr. Eusebio Leal fue un creador de puentes entre Cuba y el mundo en el campo de la cultura y el patrimonio. Desde niño “(…) se fascinó por el universo griego, por el arte, la filosofía, la arquitectura y el humanismo helénico (…)”, reveló Javier Leal. En acciones denotó esta profunda conexión. Gracias a sus esfuerzos se construyó la Sacra Catedral Ortodoxa Griega dedicada a San Nicolás de Myra, que se halla en el área del jardín del Convento de San Francisco de Asís. En la década de los noventa del pasado siglo respaldó la solicitud del pueblo griego de organizar los juegos olímpicos a razón de conmemorarse su centenario en la era moderna. También apoyó el restablecimiento del Museo Arqueológico Juan Miguel Dihigo de la Universidad de La Habana.

En honra a los lazos culturales y académicos del historiador de La Habana con la península balcánica, en 2001 el Sr. Dimitri Agramotoulos, alcalde de la ciudad de Atenas, le concedió la medalla de esa ciudad. En enero de 2002, por su parte, el Sacro Arzobispado Ortodoxo Griego le otorgó la Medalla de Santa Fotina. El 11 de noviembre de 2003 la Universidad Nacional Kapodistríaca de Atenas le confirió el título de Doctor Honoris Causa en Ciencias Históricas. En la resolución, firmada por su rector Georgios D. Babiniotis, se expresa que este reconocimiento premia “a quien con su destacada labor ha investido la Historia con palabras de admiración y cariño”.

La Orden de Honor se instituyó el 18 de agosto de 1975, en sustitución de la Real Orden de Jorge I. Es conferida por el gobierno griego a “ciudadanos griegos que sobresalen en las luchas por la patria, altos funcionarios de la administración pública, personalidades eminentes de las artes y las letras, y científicos eminentes o personalidades eminentes en el campo del comercio, la navegación e industria, así como a los extranjeros que, por su destacada posición, han contribuido a la promoción de Grecia”. Tiene cinco grados: Gran Cruz, Gran Comendador, Comendador, Caballero de la Cruz de Oro y Caballero de la Cruz de Plata. El presidente de la República Helénica es su titular y se concede mediante una propuesta del Ministerio de Asuntos Exteriores.

A raíz de la abolición de la monarquía griega en junio de 1973 a manos de la junta militar que gobernó el país entre 1967 y 1974, confirmada con posterioridad mediante un referéndum celebrado en diciembre de ese último año, se suprimieron las órdenes de Jorge I y de la Beneficencia, intrínsecamente asociadas a ella (decreto ley No. 179 de 25 de septiembre de 1973). Con la restauración de la democracia civil, se restructuró el sistema premial de la República Helénica, a través de la ley 106 de 7 de agosto de 1975. Si bien la Orden de la Beneficencia fue restablecida, la de Jorge I quedó definitivamente derogada. En este contexto nació la Orden de Honor.

El aspecto de la insignia que hoy conocemos es resultado de un proceso de cambios en su diseño que se sucedieron en cortos períodos tiempos. En noviembre de 1975 se aprobó por decreto presidencial el primer diseño, obra de Konstantinos Kontopanos. Este no estuvo a la altura de las expectativas, por lo que a finales de 1976 se le encargó a la reconocida firma Arthus-Bertrand, legendaria por fabricar condecoraciones francesas y extranjeras, una nueva propuesta. En mayo de 1977, por el decreto presidencial No. 428, se adoptó oficialmente el realizado por la compañía parisina. En mayo de 1980 una empresa griega produjo un lote de condecoraciones a partir de un diseño simplificado del anterior, el cual se consideró insatisfactorio. En octubre de 1984, tras una conciliación de los tres diseños, se estableció su forma definitiva mediante el decreto No. 485.   

La insignia de la orden es una cruz aplanada isósceles (cuyos extremos son más anchos) de esmalte azul oscuro, rodeada de un borde dorado. Lleva en su centro, sobre esmalte azul, la cabeza en relieve de la diosa Atenea, circunscrita por una franja de esmalte blanco en la que está grabada, en letras doradas, la inscripción: «Ο AΓAΘOΣ ΜΟΝΟΣ TIMTEOΣ» (Sólo los justos deben ser honrados). En su reverso figura una cruz griega sobre esmalte blanco y, en letras doradas, se lee: «HELLENIC REPUBLIC 1975» (REPÚBLICA HELÉNICA 1975), año de establecimiento de la orden.

La placa es una diadema de plata con radios concéntricos cuyos bordes forman ocho radios, octogonales, sobre la que se encuentra el diseño del anverso de la cruz. La cinta es de color azul profundo con estrechas franjas doradas en los bordes.

La Excma Sra. Stella Bezirtzoglou, en la celebración del día de la independencia de Grecia en 2018, expresó: “Para todos los griegos, Cuba es un sueño y para todos los cubanos, Grecia es un sueño. Esta correlación tan mística y profunda continúa y nos acompañará por siempre”.

Orden al Mérito de Italia

Orden al Mérito de la República Italiana a Eusebio Leal: honor a quien lo merece

Orden al Mérito de Italia

Agosto 30, 2021

 

Eusebio Leal Spengler fue una voz de renombre mundial en materia de patrimonio cultural. Historiador de la ciudad de La Habana (OHCH) y guardián por más de cinco décadas de esa joya arquitectónica y cultural que es su centro histórico, fue galardonado con las más altas condecoraciones de diversos países del mundo. Entre ellas sobresale la primera y más importante de las órdenes de caballería de la República Italiana: la Orden al Mérito.

El profundo vínculo que unía a Eusebio con Italia empezó siendo él muy joven, con un viaje de estudios que hizo a esa nación mediante una beca del Ministerio de Asuntos Exteriores, gestionada por el Instituto Ítalo-Latinoamericano (IILA). Mientras cursó el postgrado en restauración de centros históricos conoció “de cerca algo más importante que el patrimonio, el pueblo italiano”, según sus propias palabras. Volvería en múltiples ocasiones. Visitó cada palmo de su geografía. Entabló amistad con grandes figuras de la cultura y la política italiana, cuyos intercambios contribuyeron a su formación intelectual y moral. Recibió además la toga doctoral en la Universidad de Ferrara, una de las más antiguas e importantes de Europa.

Leal fue un adalid de los lazos culturales y académicos entre ambas naciones. Promovió las semanas de la cultura italiana y presidió desde 1994 la sección cubana de la Sociedad Dante Alighieri. Asimismo, a la OHCH le fue posible acometer numerosas obras de restauración y de formación profesional gracias a la constante colaboración de la Agencia Italiana de Cooperación para el Desarrollo, ONGs, organismos locales e instituciones de este país.

El respeto y la admiración de Leal hacia su cultura y su gente fueron recíprocos. En 1979 el Alcalde de la ciudad de Roma, profesor Giulio Carlo Argan, le concedió la Medalla de Plata de las excavaciones arqueológicas de Lacio. La ciudad de Matera lo declaró Huésped distinguido en 2002. Las universidades de Ferrara y de la Basilicata le entregaron los títulos de doctor Honoris Causa en Arquitectura (2003) e Investigación (2019), respectivamente. Y estos solo son meros ejemplos que avalan el reconocimiento a su obra.  

Con el ánimo de fortalecer las relaciones diplomáticas y de premiar los logros alcanzados por una persona con una trayectoria siempre en ascenso, Eusebio fue condecorado Caballero de la Orden al Mérito de la República Italiana el 15 de julio de 1983. El 27 de diciembre de 1994 el presidente, Dr. Oscar Luigi Scalfaro, le confirió el grado de Oficial y ocho años más tarde, en igual fecha pero de 2002, fue reconocido como Gran Oficial.

La Orden al Mérito de la República Italiana se instauró por el parlamento de ese país a través del decreto ley n.º 178 de 3 de marzo de 1951 por el segundo presidente de la República, Luigi Einaudi. Es, esencialmente, una institución para el reconocimiento público. Recompensa las acciones destacadas hacia la nación italiana, en el campo de la literatura, las bellas artes, las ciencias, la economía, el servicio público, las actividades de carácter social, filantrópico o humanitario y servicios prestados durante una carrera civil o militar de extensa trayectoria.

Puede ser conferida tanto a ciudadanos italianos como extranjeros que tengan, al menos, 35 años de edad y su otorgamiento depende del Presidente de la República y de un consejo compuesto por un Canciller y dieciséis miembros. La distinción tiene cinco grados: Caballero o Dama de la Gran Cruz, Gran Oficial, Comendador, Oficial y Caballero o Dama. Excepcionalmente, a los Caballeros o Damas de la Gran Cruz se les confiere el Gran Cordón, un honor que, por lo general, solo se confiere a los jefes de Estado.

Durante la transición del sistema monárquico al republicano existió un periodo de incertidumbre normativa. Con el advenimiento de la República el 2 de junio de 1946 y la derogación de la Orden Civil de Saboya (1831), la Orden de la Corona de Italia (1868), la Orden de los Santos Mauricio y Lázaro (1572) y la Orden Suprema de la Santísima Anunciación (1362), se creó un vacío en el sistema honorífico. Así surgió la Orden al Mérito de la República Italiana. El último monarca de Italia, Humberto II, como Gran Maestre de las mencionadas, no las suprimió ni renunció a ellas. Los herederos de la antigua Casa Real de Saboya las siguen otorgando en virtud de su potestad fons honorum.

Las insignias de la orden se modificaron a partir del decreto presidencial nº 173 de 30 de marzo de 2001. El nuevo diseño se asemeja en forma a la abolida Orden de la Corona de Italia. Las nuevas condecoraciones llevan, en el anverso, la inscripción en letras mayúsculas romanas «Al Merito della Repubblica». En el reverso tienen la efigie de Italia en relieve y dentro del borde, en la media línea superior, dice «Patriæ Unitati» (Por la unión del país), mientras que, en la media línea inferior, se lee «Civium Libertati» (Por la libertad de los ciudadanos).

El escritor, poeta y etnólogo cubano Miguel Barnet ostenta la Orden al Mérito de la República Italiana en el grado de Caballero, al igual que el artista Alfredo Sosabravo. También merecieron tan alto honor el cardenal Jaime Ortega y el novelista y cuentista Miguel Mejides.

1.	Cruz de Comendador de la Orden al Mérito de la República de Polonia

Eusebio Leal y la Orden al Mérito de la República de Polonia

1.	Cruz de Comendador de la Orden al Mérito de la República de Polonia

Agosto 23, 2021

 

Lazos de respeto hacia la valentía del pueblo polaco y de devoción hacia la obra de restauración de Varsovia unieron a Eusebio Leal con Polonia. En 1972, cuando se iniciaba el proceso de restauración del Centro Histórico, el historiador visitó Varsovia, la capital de Polonia, y pudo apreciar de primera mano su restauración. Supuso un alto honor conocer al profesor Stanisław Lorentz. Este hombre, cuya sabiduría y tenaz dedicación lo hicieron tan admirado por los museólogos y conservadores de todo el mundo, fue el restaurador de Varsovia y director de su Museo Nacional durante cinco décadas, aproximadamente.

En aprecio a su ejemplo y en reconocimiento de las fecundas relaciones de intercambio y colaboración científicas-técnicas que unieron en el esfuerzo de la restauración inmueble al Dr. Leal y al Dr. Lorentz, en la calle Mercaderes esquina a Obrapía se colocó una tarja en su homenaje y memoria. A su vez, en uno de muros de la planta baja del antiguo Palacio de los Capitanes Generales, hoy Museo de la Ciudad, se encuentra un ladrillo de arcilla calcinado del Castillo Real de Varsovia, traído a La Habana como estímulo y premio a la voluntad de rescate del patrimonio nacional. La enérgica voluntad de salvaguardar la memoria de la cultura e historia de Polonia sirvió de fuente de inspiración para las labores de restauración y rescate de dicho museo y del Centro Histórico de La Habana Vieja.

En virtud de esos fraternos lazos, el Dr. Leal fue galardonado con varios grados de la Orden al Mérito, una de las más importantes condecoraciones de Polonia. Recibió la Estrella de Plata el 20 de mayo de 1980 y 4 años después, en 1984, le fue conferida un 10 de octubre la Estrella de Oro. Más tarde, el 19 de diciembre de 1997, el presidente de la República de Polonia le concedió la Cruz de Comendador de la Orden al Mérito a través del decreto 256/97.

La Orden al Mérito se fundó el 10 de abril de 1974. Tras el establecimiento de la República Popular de Polonia surgió la necesidad de una nueva orden cuando la del Águila Blanca dejó de concederse. Por ello, las dos órdenes utilizaron colores y diseños similares. Se entregaba a ciudadanos extranjeros, polacos emigrados, instituciones o entidades territoriales que, destacándose en el ámbito político, social, económico, científico, educativo, cultural, artístico o de la salud, hubiesen contribuido a la paz internacional, especialmente entre Polonia y otros países. Entre 1974 y 1991 la orden se dividió en 5 grados: Gran Cordón, Encomienda con Estrella, Encomienda, Estrella de Oro y Estrella de Plata.

A causa del cambio de sistema de gobierno, la orden se reorganizó por decreto presidencial en 1991. De esa suerte, se modificó el acrónimo “PRL” (siglas en polaco de República Popular de Polonia) en “RP” (República de Polonia) y se colocó la corona sobre el águila blanca, lo que constituyó la restauración del antiguo símbolo monárquico y que debe apreciarse como expresión de su arraigada herencia cultural. Asimismo, se suprimió la fecha “1974” del reverso de la condecoración y el color de la cinta se cambió de azul cobalto claro a cobalto oscuro. Al año siguiente, el 16 de octubre de 1992, se renombró oficialmente como Orden al Mérito de la República de Polonia. Desde entonces premia a través de las siguientes clases: Gran Cruz, Cruz de Comendador con Estrella, Cruz de Comendador, Cruz de Oficial y Cruz de Caballero.

En virtud de la ley de 1992, la orden se concede a los extranjeros y a los ciudadanos polacos que residen permanentemente en el extranjero y que, con sus actividades, han contribuido de forma destacada a la cooperación internacional y a la cooperación que une a la República de Polonia con otros estados y naciones. Según la investigadora Carla Tonini, lo sucedido con esta orden es un interesante ejemplo de una “transición negociada”, en tanto fue posible gracias a la renuncia de considerar al pasado reciente como un terreno en disputa.

Nuestro historiador también fue merecedor de otros reconocimientos polacos. De hecho, la primera de muchas condecoraciones que recibiría a lo largo de su vida fue la Orden al Mérito Cultural o Premio al Servicio Cultural Distinguido, conferida por el Ministerio de Cultura y Arte de la República Popular de Polonia el 19 de noviembre de 1974. El 7 de febrero de 2009 el Excmo. Sr. Bogdan Zdrojewski, Ministro de Cultura y Patrimonio Cultural de ese país europeo, le impuso la Medalla de Oro al Mérito Cultural «Gloria Artis», la más alta distinción que otorga Polonia en el ámbito de las artes y las letras.

dest Orden Carlos III

Eusebio Leal y la Real y Distinguida Orden de Carlos III

Orden Carlos III

Agosto 16, 2021

 

El 19 de septiembre de 1771 el rey Carlos III rubricó con su firma la creación de la Real y Distinguida Orden que lleva su nombre, con la finalidad de reconocer a personas de la nobleza que destacaran en beneficio de la corona hispana y su persona. Tras su creación, obtuvo una pronta popularidad, lo que supuso un decaimiento en el interés por los hábitos de las cuatro órdenes militares hispanas -Alcántara, Santiago, Calatrava y Montesa-. Se encuentra entre las más antiguas de las que actualmente se conservan en el mundo y es la más alta distinción honorífica entre las órdenes civiles españolas. Ha sido, junto a la Real Orden de Isabel la Católica, las más concedidas a lo largo de la historia por los monarcas españoles.

Durante la invasión napoleónica a España, la orden estuvo asociada a la resistencia patriótica, una seña de identidad frente al invasor. El cambio más significativo con respecto a sus estatutos fundacionales sucedió en 1847, durante el reinado de Isabel II, momento en el que, con el triunfo del liberalismo, quedaron suprimidas las pruebas genealógico-nobiliarias necesarias para ser caballero. Con ello, se estableció su carácter civil.

Los investigadores otorgan gran importancia a este hecho. Se debe tener en cuenta que las órdenes civiles no eran órdenes abiertas al mérito de todos los ciudadanos, en tanto solo eran premiados los súbditos que podían demostrar que descendían de los integrantes del estado noble. Por tanto, los llamados «buenos hombres» no podían ser agraciados por el monarca ni ser premiado mérito alguno que hubieran realizado.

Por Real Decreto, en 2002, se estableció que la distinción recompensara a los ciudadanos que hayan prestado servicios eminentes y extraordinarios a la nación española. Tiene cinco clases: Collar, Gran Cruz, Encomienda de Número, Encomienda y Cruz.

Amparado en este propósito, el rey Felipe VI entregó el 13 de noviembre de 2019 la Orden de Carlos III en el grado de Gran Cruz a Eusebio Leal Spengler. La ceremonia de entrega, efectuada en el Salón de los Espejos del Museo de la Ciudad, antiguo Palacio de los Capitanes Generales, se inscribió dentro de la visita de los monarcas españoles a la capital cubana, con motivo del V centenario de fundación.

El grado de Gran Cruz se reserva a altos cargos políticos, entre los que se encuentran presidentes de órganos legislativos, órganos judiciales, ministros u otras altas autoridades estatales, además de todos aquellos que posean otra «Gran Cruz» civil o militar española durante, al menos, tres años. Sus insignias son una banda, la venera y la placa.

El diseño de la orden se inspiró en la Orden de San Jenaro, creada también por Carlos III en 1738 cuando era rey de Nápoles y Sicilia. A su vez, esta tomó de referencia la cruz de la prestigiosa Orden del Espíritu Santo, instituida en 1578 por el rey Enrique III de Francia. Le caracteriza banda de seda azul celeste con una franja central de color blanco. Ambos colores representan los distintivos del manto de la virgen bajo la advocación de la Inmaculada Concepción. La banda se une en sus extremos mediante un rosetón picado, del cual pende la venera de la orden.

La placa, de plata abrillantada, es una cruz maltesa de ocho puntas, rematadas por semiesferas lisas. Entre sus cuatro brazos figura una flor de lis de plata abrillantada, símbolo heráldico de los Borbones. El motivo central es la imagen de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción en altorrelieve, inscrita en un óvalo. A los pies de la virgen, se aprecia las tres barras («III»), orlado de laurel, en alusión al número romano de rey fundador y del cual toma su denominación. Sobre una cartela esmaltada en blanco, orlada de una franja de esmalte azul, se lee el lema de la orden: «VIRTUTI ET MERITO» (Virtud y Mérito).

Además de esta orden, el gobierno español había reconocido a Leal con la Orden Civil de Alfonso X el Sabio y con la Real Orden de Isabel la Católica, ambas en el mismo grado de Gran Cruz. Los tres reconocimientos representan un elocuente testimonio del respeto y admiración profesado por el Estado español a nuestro historiador.

El Historiador de la ciudad con la banda, la venera y la placa crediticia de la Real Orden de Isabel la Católica en el Grado de Gran Cruz

Real Orden de Isabel la Católica y Orden Civil de Alfonso X el Sabio para Leal

El Historiador de la ciudad con la banda, la venera y la placa crediticia de la Real Orden de Isabel la Católica en el Grado de Gran Cruz

Agosto 9, 2021

 

El 6 de septiembre de 2017, de manos del Excmo. Sr. Alfonso María Dastis Quecedo, Ministro español de Asuntos Exteriores y de Cooperación, le fue entregada al Dr. Eusebio Leal Spengler la Gran Cruz de la Real Orden de Isabel la Católica.

Este importante reconocimiento, concedido por el rey de España Felipe VI para “premiar la lealtad y los servicios excepcionales brindados por el Doctor Eusebio Leal y su contribución en la preservación de nuestra historia y patrimonio comunes”, ocupa el tercer lugar en el sistema premial español.

Con la imposición de esta, Leal sumaba dos de los más importantes galardones conferidos por esta nación europea, pues seis años antes, el 8 de julio de 2011, le había sido concedida la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, “por sus importantes méritos culturales e hispanófilos como profesor en Cuba, país donde desempeña su labor de historiador de la ciudad de La Habana y decano de la Facultad del Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana”.

La Orden de Isabel la Católica fue instituida el 14 de marzo de 1815 por el rey Fernando VII, con el nombre de Real y Americana Orden de Isabel la Católica. Tras la vuelta de su exilio, El Deseado se opuso a los anhelos de independencia de los criollos de las tierras de ultramar, por lo que tomó una serie de medidas para conseguir la permanencia de estos territorios bajo su soberanía. De esa suerte, creó la orden con el ánimo de premiar la “acrisolada lealtad, el celo y patriotismo, desprendimiento, valor y otras virtudes que tanto los individuos de la milicia como de todas las clases y jerarquías del Estado han mostrado y mostraren en adelante en favor de la defensa y conservación de aquellos remotos países”. Eligió para ello el nombre de la reina Isabel de Castilla, por cuya iniciativa se financió la empresa de Cristóbal Colón. Siguiendo la tradición española, se estableció bajo la protección de un santo patrono, en este caso Santa Isabel de Portugal. La entrada en ella estaba abierta a civiles y militares, nobles y hombres pertenecientes al estado general. Al ser una orden de mérito sólo se recompensaba la capacidad del agraciado.

En 1847 el ministro de Estado y presidente del consejo de ministros, Joaquín Francisco Pacheco, acometió una importante reforma de las órdenes reales españolas. En 1889 dejó de denominarse «americana» y fue considerada la orden general y propia del mérito civil. Otro hito importante en la historia de la orden se produjo en 1927, cuando quedó abierta a las mujeres.

La orden se ha reorganizado en respuesta a los acontecimientos de la política que ha vivido este país europeo y a su la realidad social. En la actualidad premia “aquellos comportamientos extraordinarios de carácter civil, realizados por personas españolas y extranjeras, que redunden en beneficio de la nación, o que contribuyan, de modo relevante, a favorecer las relaciones de amistad y cooperación de la nación española con el resto de la comunidad internacional”. Cuenta con 9 grados: Collar, Gran Cruz, Encomienda de Número, Encomienda, Cruz de Oficial, Cruz, Cruz de Plata, Medalla de Plata y Medalla de Bronce. Para personas jurídicas también se otorga la Corbata o la Placa de Honor. Antes de ostentar el grado de Gran Cruz, el Dr. Eusebio Leal Spengler había sido merecedor del grado de Encomienda en 1993.

El grado de Gran Cruz consta de una banda de moaré de seda de color blanco, con dos franjas de color amarillo oro. Une los extremos de la cinta un lazo, del que pende la venera.

La placa de metal dorado, que se coloca sobre el costado izquierdo del galardonado, está formada por cuatro brazos iguales y simétricos, cuya parte central o llama va esmaltada de rojo. Con estos brazos alterna cuatro ráfagas bruñidas, de cinco facetas. En los extremos de su parte central tiene una corona de laurel en la que se ata una cinta blanca. En esta, en letras doradoras se lee «A LA LEALTAD ACRISOLADA» (sección superior) y «POR ISABEL LA CATÓLICA» (inferior). El motivo de laurel se remata con un círculo azul en el cual se aprecian las iniciales de los Reyes Católicos, en tipografía gótica, y su coronel. En el centro figuran dos columnas truncadas, enlazadas por una banda con la inscripción «Plus Ultra», y los atributos de dos mundos coronados, unidos también por una cinta roja, y que irradian rayos de luz.

SM el Rey es el Gran Maestre de la orden. Su sede y oficinas se encuentran en el Ministerio de Asuntos Exteriores, ya que su Gran Canciller es el Ministro de Asuntos Exteriores, y la canónica está en la Catedral de Nuestra Señora de la Almudena.

Otros cubanos que también ostentan la orden, en diferentes grados, son el destacado meteorólogo cubano José Rubiera, el historiador René González Barrios, la coreógrafa Irene Rodríguez, la directora de la compañía danzaria A Compás Flamenco, Karelia Cadavid, y María Antonia Rabanillo, presidenta del Consejo de Residentes Españoles en Cuba. 

Por su parte, la Orden Civil de Alfonso X el Sabio recompensa a personas u organizaciones que se hayan distinguido por méritos contraídos en los campos de la educación, la ciencia, la cultura, la docencia, la investigación y el pensamiento, o que hayan prestado servicios destacados en cualquiera de ellos en España o en el ámbito internacional. Es concedida por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Fundada en abril de 1939, diez días después de que Franco firmara el final de la Guerra Civil Española, tiene como antecedente la Orden de Alfonso XII, creada en mayo de 1902 bajo el reinado de Alfonso XIII, a fin de reconocer los méritos culturales y docentes. Fue derogada durante la Segunda República, en julio de 1931. Por Real Decreto de 1988 ambas órdenes se unificaron. Pueden concedérseles a las personas físicas los grados de Collar, Gran Cruz, Encomienda con Placa, Encomienda y Cruz. En el caso de las personas jurídicas, se otorga la Corbata y la Placa de Honor. El número de galardonados es restringido en algunas de las clases mencionadas.  

Consiste en una joya en forma de cruz abierta y florenzada, de esmalte carmesí. En el centro lleva una medalla circular de oro que ostenta la efigie del monarca Alfonso X. Se le representa de medio cuerpo, la corona sobre su cabeza y ataviado con un manto cuadriculado donde figuran, en sus colores, los emblemas heráldicos de León y Castilla. Empuña en la mano derecha un cetro que termina con águila explayada, mientras que en la izquierda sostiene un globo rematado con una cruz. En torno a este motivo, sobre una banda blanca, aparece en letra gótica la inscripción «ALFONSO X EL SABIO, REY DE CASTILLA Y DE LEÓN». En el reverso figura un águila explayada, cuyas garras se apoyan en un globo terráqueo del color azul. En torno a ella se encuentra su lema: «ALTIORA PETO» (Aspiro a lo más alto). Esta joya pende de una banda de seda de color carmesí.

Leal comparte con su amiga, la excelsa poetisa cubana Dulce María Loynaz, el privilegio de haber sido reconocidos con tan alta distinción. A la Loynaz le fue conferida en 1947. Ambos también tuvieron el honor de ser condecorados con la Real Orden de Isabel la Católica; la poetisa con el grado Lazo de Dama en 1993, que en la actualidad se equipara con el grado Cruz.

El agraciado con cualesquiera de las dos órdenes que incurra en un hecho delictivo probado o en actos contrarios a las razones determinantes de la concesión de la distinción, podrá ser desposeído de los títulos y honores inherentes a ellas.

Eusebio Leal, embajador del diálogo cultural

Eusebio Leal, embajador del diálogo cultural

Eusebio Leal, embajador del diálogo cultural

Julio 31, 2021

 

Nuestro querido Eusebio Leal asumió el cargo de director del Museo de la Ciudad en 1967. Apenas tenía 25 años. Entre los retos de su nuevo nombramiento estuvo la atención a múltiples delegaciones extranjeras de visita en Cuba, jefes de estado y gobierno y personalidades influyentes de muy diversos ámbitos. Estas actividades tuvieron resonancia en la política exterior de Cuba en tanto, haciendo uso de su deslumbrante oratoria, dio a conocer la singularidad del patrimonio y la cultura cubanas más allá de nuestras fronteras. También promovió todo cuanto se hacía en pos de la obra de restauración del Centro Histórico de la ciudad, los proyectos de beneficio social y de formación profesional y los servicios culturales. Leal, de esa suerte, no solo fue historiador, sino además una voz de la diplomacia cultural.

Desde La Habana Vieja, y más allá de ella, fue un embajador del diálogo cultural y de la conciliación de voluntades. Un intelectual con una palabra cargada de fervor y de argumentos sutiles capaz de corporeizar lo intangible, y ejercer seducción hacia aquello que hasta minutos antes era desconocido y extraño.

En el Palacio del Segundo Cabo, tras su apertura como espacio cultural que aborda las relaciones culturales entre Cuba y Europa, tuvo Leal una de sus sedes para la diplomacia cultural. Aquí recibió visitas de presidentes, cancilleres, parlamentarios y embajadores del viejo continente; sostuvo conversaciones con diversas figuras de relevancia en esfera política y pública sobre la importancia de las herencias compartidas entre la isla y las culturas europeas; firmó convenios internacionales; y le otorgaron altas distinciones de prestigio, como la Orden de Leopoldo del Reino de Bélgica en el grado de Caballero, la Cruz Federal al Mérito de la República de Alemania, Orden Americana Isabel la Católica en el grado de Comendador y la medalla conmemorativa por el 70 Aniversario de la Unesco.

Su quehacer a favor del patrimonio y la cultura cubana, y su voluntad de abrir puertas al respeto y la cooperación, dejan un legado fecundo de pensamiento, respeto y humanismo.