Historia-de-la-Medicina-

Un médico de La Habana investigando en el París de finales del siglo XIX

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Gema Desireé Cristóbal Querol

Diciembre 3, 2021

 

Francisco Marill Solar, médico ubicado en La Habana del siglo XIX, obtiene la Autorización Real para una comisión de investigación en el extranjero con el objetivo de estudiar las afecciones nerviosas. Viaja a París y, durante seis meses, trabaja con médicos reconocidos en dos hospitales de esa ciudad. De regreso a Cuba redactará sus resultados, que serán enviados junto a un informe de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana al Ministerio de Ultramar. Los resultados de su investigación nunca vieron la luz. Con este trabajo se pretende estudiar el movimiento y la difusión científica entre América y Europa a través de la presencia en Cuba de este médico y de la participación de las instituciones científicas en estos procesos.

Barcelona-La Habana-París [1]

Francisco Marill Solar se doctoró en Medicina y Cirugía por la Universidad de Barcelona en 1874. En 1876 se constata su presencia en La Habana cuando solicita la autorización del Gobierno para ejercer su profesión en Cuba [2]. Tuvo que trasladarse por enfermedad a Europa a finales de la década del ochenta y solicita llevar a cabo una estancia de investigación en París. Por Real Orden de 15 de enero de 1889 fue nombrado por el Gobierno para realizar un estudio sobre afecciones nerviosas durante seis meses en París.

Viajó hasta Francia en junio de 1889 y estuvo allí hasta diciembre de ese mismo año. En el expediente que se conserva en el Archivo Histórico Nacional de España [3] se puede observar el recorrido que tuvo en su estancia de investigación, los resultados de la misma y su interés posterior en la publicación.

Como se puede observar en el documento manuscrito donde recogió sus resultados, el Doctor Marill se presenta como médico del hospital civil Nuestra Señora de las Mercedes de La Habana, miembro de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, socio fundador de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, socio corresponsal de la Academia y Laboratorio de las Ciencias Médicas de Cataluña y de la Academia Médico-Farmacéutica de Barcelona.

Estancia en Francia

El prestigio y la influencia de la práctica científica de la Francia del siglo XIX, así como el trabajo de sus médicos, era bien reconocida. Por ello, no es extraño que el Doctor Marill eligiese París para realizar el estudio de las afecciones nerviosas, lo que le permitiría compartir y aprender de grandes personalidades médicas. La estancia de seis meses se desarrolló en el Hospital de la Salpêtriere y en el Hospicio Bicêtre.

El Doctor Marill explica de forma detallada los tratamientos, el estudio y algunos de los casos más particulares de ambas instituciones. La clínica del Hospital la Salpêtriere estaba dirigida por el profesor Jean Martin Charcot y constituía el centro científico para el estudio de las afecciones nerviosas más grande de Francia. Algunos casos de los enfermos del sistema nervioso que estaban en el servicio clínico del profesor Charcot se utilizaban para planteárselos a los alumnos. El servicio se componía de cuatro salas con 100 camas y en él eran recibidas mujeres francesas y extranjeras. Además, contaba con 50 camas para hombres, 30 para niños y 200 para epilépticos. También cabe destacar la incidencia que hace el Doctor Marill en las diferentes estancias que se encontraban en el Hospital, consideradas necesarias para la investigación: el laboratorio de Anatomía Patológica que dirigía el profesor Paul Richer, el laboratorio de Fisiología, el museo, la sala de baños, el gabinete electroterápico dirigido por el Doctor Vigonroux, y por supuesto, el anfiteatro donde Charcot explicaba las lecciones para los estudiantes.

El Doctor Marill hace hincapié en los resultados de su investigación en la difusión de la práctica científica que se realizaba en el servicio del Salpêtriere. Existían dos publicaciones que completaban el método de enseñanza del profesor Charcot: por un lado, la Nueva Iconografía de la Salpêtriere, que se empezó a publicar en 1888 por los Doctores Guille de la Tourette, Paul Richer y Albert Loude, en esa publicación se presentaban con fotografías y figuras las historias de enfermos tratados en la clínica; y, por otro lado, la otra publicación eran notas tomadas en el curso por los alumnos de Charcot que se publicaban semanalmente.

En el Hospicio Bicêtre el Doctor Marill trabajó con el Doctor Dejerine, en las afecciones nerviosas. El centro estaba destinado a hombres inválidos, donde se llegaron a concentrar más de 3000 en el año 1889. Así, el Doctor Marill detallaba:

En el mes de mayo de 1889 era de 3308, de ellos 393 alienados y 219 epilépticos, hay además los párvulos de los que 186 son alienados, 23 epilépticos no alienados, 177 idiotas paralíticos e histéricos, sección importante que se encuentra a cargo del Doctor Bourneville discípulo del Doctor Charcot; el resto son valetudinarios e individuos atacados de afecciones nerviosas diversas.

El Doctor Dejerine fue discípulo del profesor Vulpian y contaba con grandes conocimientos de neuropatología. Era profesor agregado de la Facultad de Medicina de París. El Hospicio, a pesar de encontrarse lejos de París, era visitado por muchos doctores extranjeros. El Doctor Dejerine estaba a cargo de 200 camas, la mayor parte de ellas ocupadas por enfermos con afecciones raras. El número total de individuos con afecciones del sistema nervioso y que pertenecían a este servicio era de cerca de 600.

La clínica se complementaba con un laboratorio que contenía gran número de piezas patológicas de enfermedades del sistema nervioso, así como un servicio fotográfico para inmortalizar los casos más interesantes de estudio. El Doctor Marill destacaba que se hacían más de 300 autopsias al año.

La estancia en París permitió al médico conocer de cerca el trabajo que se estaba realizando en centros de referencia mundiales.

De vuelta a Cuba

El Doctor Marill consideraba que su estancia de investigación en París había sido provechosa, pues después del servicio del profesor Charcot en la Salpêtriere, era el del Doctor Dejerine el centro de enseñanza más importante de París, y quiso poner en práctica en la Isla lo que había visto en las instituciones francesas.

Comentaba el médico que en la isla de Cuba no existía un lugar específico para curar y estudiar las afecciones nerviosas. Además, aseguraba que, pese a que se habían creado varias cátedras en la Facultad de Medicina, y una era la de Neuropatología con inclusión de las alteraciones mentales, no se habían sacado a concurso las plazas.

Avalado por los datos sobre los afectados de afecciones nerviosas en Cuba durante el período 1882-1886, llegaron al Hospital Civil Nuestra Señora de las Mercedes 1328 pacientes; el Doctor Marill proponía que se destinase un espacio dentro de este hospital para tratar este tipo de enfermedades, además de estudiar los casos para una mejora de la práctica médica. Áreas específicas para el tratamiento y un laboratorio de anatomía patológica, tan necesario para el estudio de estas afecciones, eran parte importante de su proyecto.

Los resultados de la investigación se enviaron junto a un informe de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana al Ministerio de Ultramar. La Academia no consideró eficiente el estudio hecho por el médico, sin embargo, valoró positivamente y como un progreso científico el establecimiento de los servicios médicos que planteaba el Doctor Marill en el Hospital Civil de Nuestra Señora de las Mercedes, pero complicado de ejecutar.

La difusión de su investigación se vio truncada por decisión de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana que a través de un informe desaconsejaba su publicación.

A modo de conclusión

Francisco Marill Solar se formó en Barcelona, trabajó en La Habana e investigó en París. Con la intención de poner en práctica el estudio y el tratamiento que se llevaba a cabo en Francia, propuso para Cuba nuevas formas de abordar las afecciones nerviosas, pero encontró una respuesta negativa desde la institución científica que debía avalarle. Desde el Gobierno se apoyó la decisión de la Academia.

Este trabajo es solo el comienzo de una investigación que se está llevando a cabo y de la que se esperan resultados que aporten a la historia de la medicina en Cuba.

 

Notas

* Conferencia presentada en el II Coloquio Presencias Europeas en Cuba, 2018, del Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales Cuba-Europa: Palacio del Segundo Cabo.

[1] Este trabajo forma parte del proyecto de investigación HAR2014-57245-P Espacios públicos del saber en la encrucijada del siglo XIX al XX, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España.

[2] ANC, Instrucción pública, 334, Exp. 19421.

[3] AHN, Ultramar, 4858, Exp. 12.

Gema Desireé Cristóbal Querol: Máster en Gestión de la Documentación, Bibliotecas y Archivos y Licenciada en Historia por la Universidad Autónoma de Madrid. Actualmente es Personal Investigador en Formación por la Universidad Complutense de Madrid, donde realiza su tesis Doctoral en Ciencias de la Documentación sobre los fondos documentales de la Real Casa de Maternidad de La Habana en el siglo XIX.

06 Marca de tabaco La Flor de J.A. Bances, producida en la década de 1880 en la fábrica Partagás

De Asturias a La Habana: J. A. Bances, un industrial aventajado

06 Marca de tabaco La Flor de J.A. Bances, producida en la década de 1880 en la fábrica Partagás

Patricia Andino Díaz y Yamira Rodríguez Marcano

Noviembre 19, 2021

 

Los emigrados asturianos asentados en Cuba entre la segunda mitad del siglo xix y principios del siglo XX se dedicaron fundamentalmente a las actividades económicas relacionadas con el comercio, la banca, la agricultura y la industria azucarera. Un mismo empresario podía involucrarse en más de un giro, de aquí que fueran también llamados “industriales”, tal es el caso de Juan Antonio Bances, comerciante-banquero que contribuyó con su pericia y trabajo al crecimiento económico de la isla en el período mencionado.

Los comerciantes-banqueros desempeñaron importantes funciones en la economía colonial, y hasta tanto no se organizó la banca en Cuba, fueron los que llevaron el peso de la actividad bancaria en el país. Inicialmente ellos vendían todo tipo de mercancías que importaban a Cuba desde los mercados internacionales, tales como harina y otros alimentos, artículos de droguería, ferretería, equipos de diversa magnitud y bienes de amplio consumo. Su tránsito hacia las gestiones bancarias comenzó con la venta regular de estos productos a crédito, y llegó a alcanzar mayores inversiones, con las que también se ganaban grandes intereses. El préstamo se concedía, por lo general, a quien tenía mayor solvencia, como el dueño de ingenio o el cultivador de caña, café o tabaco. La suma adelantada habitualmente se extendía para adquirir la madera que utilizaban para transportar el azúcar, comprar el tasajo o el bacalao para alimentar a las dotaciones de esclavos, o sea, era refaccionada a los hacendados azucareros hasta que, tras la venta de la cosecha, dispusieran de efectivo suficiente con que pagar el capital y los intereses. El llamado contrato de refacción se convirtió en un mecanismo por medio del cual los hacendados obtenían crédito. Todo este engranaje permitía mantener altos los índices de desarrollo económico del país.

Así se consolidó la posición de algunos comerciantes españoles, los cuales formaron sus propias casas bancarias, como el catalán Narciso Gelats o Juan Antonio Bances, por solo citar dos firmas destacadas que continuaron funcionando en el siglo XX.

Juan Antonio Bances Álvarez nació en 1820 en la pequeña parroquia asturiana de San Román, en el valle del río Nalón, una de las localidades más pobladas de Candamo. Dentro de los 78 consejos de la Comunidad Autónoma del Principado de Asturias, Candamo destaca por la cueva de la Peña, descubierta en 1913 y considerada el más importante conjunto de arte rupestre del Paleolítico ubicado al occidente de España. Asimismo, es reconocido por su producción de sidra y por la calidad de sus cultivos, principalmente la fresa, lo que motiva la celebración del Festival de la Fresa, el primer fin de semana de junio.

Actualmente, la población de Candamo ronda los 2200 habitantes; de ellos, el 43.8 % lleva el apellido Bances en primer o segundo lugar. Las viviendas están agrupadas en caseríos que conservan sus nombres de raíz medieval y sus construcciones vernáculas.

El concejo de Candamo fue una de las zonas de mayor emigración asturiana hacia Cuba. Entre aquellos emigrantes estaba Juan Antonio Bances, quien pertenecía a una familia de banqueros y muy joven —no se ha logrado precisar el año— vino a La Habana con intención de incrementar el patrimonio familiar.

En 1853 fundó una sociedad mercantil colectiva, denominada Bances y Compañía. Estaba compuesta por dos socios: el propio Juan Antonio y su sobrino Juan Francisco de Asís Bances y Menéndez Conde. El capital de la sociedad ascendía a 100 000 pesos, aportado de la siguiente forma: 95 000 por Bances y 5000 por su sobrino. La firma tenía su oficina en el segundo piso de Obispo No. 21, hoy Nos. 117-119, entre Oficios y Mercaderes, casa que pasaría íntegramente a su propiedad en 1881, y se mantuvo en manos de sus herederos hasta 1951.

Este emprendedor candamino sabiamente se instaló en el centro comercial de la época ya que, en la segunda mitad del siglo XIX, la calle Mercaderes era comparada con el Wall Street de New York, así como en el siglo XX lo fue la calle Aguiar. En Mercaderes se hallaba el Banco del Comercio, el Registro de la Propiedad e Hipotecas, el Colegio de Corredores de Comercio, varias compañías importadoras y de seguros de todo tipo; numerosas casas de cambio, fábricas de tabaco, chocolate, papel; restaurantes y fondas. Era el sitio por excelencia del agiotaje, por lo que en las horas más intensas del día se tornaba un hervidero de cambistas, en el que se mezclaban el aventurero y la verdadera aristocracia comercial. El Directorio Criticón de La Habana comentaba en los años de 1880: “Ser comerciante de la calle Mercaderes parece una garantía de solidez, y como es antigua esta reputación, se conserva en la conciencia general”. A Juan Antonio Bances le bastaba con doblar la esquina para sumergirse en el mundo de lo que hoy llamaríamos el sector terciario.

Su firma se dedicaba fundamentalmente al giro de letras, tanto a las plazas de la Isla de Cuba como la Comunidad Autónoma del Principado de Asturias, Candamo destaca por la cueva de la Peña, descubierta en 1913 y considerada el más importante conjunto de arte rupestre del Paleolítico ubicado al occidente de España. Asimismo, es reconocido por su producción de sidra y por la calidad de sus cultivos, principalmente la fresa, lo que motiva la celebración del Festival de la Fresa, el primer fin de semana de junio.

Actualmente, la población de Candamo ronda los 2200 habitantes; de ellos, el 43.8 % lleva el apellido Bances en primer o segundo lugar. Las viviendas están agrupadas en caseríos que conservan sus nombres de raíz medieval y sus construcciones vernáculas.

El concejo de Candamo fue una de las zonas de mayor emigración asturiana hacia Cuba. Entre aquellos emigrantes estaba Juan Antonio Bances, quien pertenecía a una familia de banqueros y muy joven —no se ha logrado precisar el año— vino a La Habana con intención de incrementar el patrimonio familiar.

En 1853 fundó una sociedad mercantil colectiva, denominada Bances y Compañía. Estaba compuesta por dos socios: el propio Juan Antonio y su sobrino Juan Francisco de Asís Bances y Menéndez Conde. El capital de la sociedad ascendía a 100 000 pesos, aportado de la siguiente forma: 95 000 por Bances y 5000 por su sobrino. La firma tenía su oficina en el segundo piso de Obispo No. 21, hoy Nos. 117-119, entre Oficios y Mercaderes, casa que pasaría íntegramente a su propiedad en 1881, y se mantuvo en manos de sus herederos hasta 1951.

Este emprendedor candamino sabiamente se instaló en el centro comercial de la época ya que, en la segunda mitad del siglo XIX, la calle Mercaderes era comparada con el Wall Street de New York, así como en el siglo XX lo fue la calle Aguiar. En Mercaderes se hallaba el Banco del Comercio, el Registro de la Propiedad e Hipotecas, el Colegio de Corredores de Comercio, varias compañías importadoras y de seguros de todo tipo; numerosas casas de cambio, fábricas de tabaco, chocolate, papel; restaurantes y fondas. Era el sitio por excelencia del agiotaje, por lo que en las horas más intensas del día se tornaba un hervidero de cambistas, en el que se mezclaban el aventurero y la verdadera aristocracia comercial. El Directorio Criticón de La Habana comentaba en los años de 1880: “Ser comerciante de la calle Mercaderes parece una garantía de solidez, y como es antigua esta reputación, se conserva en la conciencia general”. A Juan Antonio Bances le bastaba con doblar la esquina para sumergirse en el mundo de lo que hoy llamaríamos el sector terciario.

Su firma se dedicaba fundamentalmente al giro de letras, tanto a las plazas de la Isla de Cuba como a los Estados Unidos, México, Puerto Rico, Santo Domingo, y otras islas del Caribe; también, a España peninsular, Islas Baleares, Islas Canarias, Francia e Inglaterra, principalmente. Asimismo, se ocupaba de las comisiones mercantiles, la negociación de hipotecas y la concesión de préstamos.

Bances y Compañía está considerada como la primera empresa en realizar masivamente remesas de dinero de los emigrantes asturianos en Cuba, actividad que siguió atendiendo en todo el siglo XIX, bien directamente o a través de corresponsales en Madrid y Barcelona.

La distribución de utilidades era del 95 % para Bances y el 5 % para su socio, percibiendo unos sueldos de 500 y 200 pesos respectivamente.

Desde su fundación, la casa bancaria obtuvo resultados altamente satisfactorios, inclinando su línea de inversión, primero, a la financiación de cosechas tabacaleras, y luego, al negocio de la fabricación de puros.

Su incursión en este ramo de la economía cubana data de 1850, cuando funda, junto a su amigo y paisano Julián Álvarez Granda, la fábrica de puros Henry Clay.

Las oficinas radicaban en Aguacate No. 98 antiguo, hoy No. 406, y la fábrica estaba en la Calzada de Luyanó, ocupando un edificio de filiación neoclásica que llegó a abarcar casi toda la manzana. Henry Clay se dedicaba al cultivo, compra, fabricación y venta de tabaco; tenía como objetivo exportar a países de distintos continentes y establecer nuevas fábricas, talleres y almacenes, según fuera necesario. La sociedad de Bances con Julián Álvarez duró hasta 1875 y la fábrica siguió produciendo con éxito hasta el siglo XX.

Al disolver esa sociedad, Bances constituyó otra, con el tabaquero Tomás Gutiérrez. Bajo la razón social de Bances y Gutiérrez, producían la marca La Perfección del Tabaco, con fábrica en Calzada del Monte No. 78.

Bances fue uno de los accionistas de la Sociedad Anónima del Crédito Industrial, banco fundado en 1856 con el propósito fundamental de apoyar a las empresas industriales, y en el cual también tenían participaciones Juan Conill, el conde de Jibacoa, Kessel y Compañía, Guillermo Zaldo, entre otros. Igualmente, Bances pertenecía al Círculo de Hacendados, el cual sirvió, en primer lugar, para coordinar la acción de los principales hacendados y capitales con intereses en el azúcar. Del mismo modo, estuvo implicado con Manuel Guilledo en la firma Bances, Guilledo y Compañía, que en 1873 pasó a liquidación.

En la prensa de la época aparece la asociación de Bances y González, igualmente en la industria del tabaco, y en la década de 1860 Juan Antonio Bances aparecía asociado a Tomás Díaz. Girando bajo la razón social de Díaz, Bances y Compañía, producían las marcas Almirante de Ruyter, Bellamar, Carolina, Flor de Díaz, Bances y Compañía, Flor de P. Bances, Flor de Tomás Díaz, y otras. El viajero norteamericano Samuel Hazard destacaba que la producción de sus empresas alcanzaba en esta época 13 millones de puros al año.

Las alianzas temporales entre empresarios posibilitaban el incremento de fortunas individuales, al mismo tiempo que contribuían a diversificar y desarrollar la economía de la Isla. Este maridaje entre manufactureros y mercaderes, hacendados y banqueros, posibilitaba que los segundos financiaran, parcialmente, las inversiones emprendidas por los primeros, de manera que los riesgos a correr fueran menores para ambas partes.

Por el prestigio ganado hasta ese momento, Bances fue el primer ejecutivo de las empresas del Gobierno español en Cuba, y una de las primeras responsabilidades que tuvo a su cargo fue la compra de hojas para la Real Fábrica de Tabacos en Sevilla. También fue suministrador de hojas de tabaco para la Arrendataria Española.

Hacia 1870, este industrial aventajado era el representante en La Habana de la firma británica Banco Rothschild, y trabajaba para la Casa del Conde Murrieta, en Londres, con la cual estaba asociado. Fue miembro fundador y presidente de la Unión de Fabricantes de Tabaco y de la Asociación de Fabricantes de Cigarros de la Isla de Cuba.

Por su riqueza y conexiones en las esferas del tabaco y la banca, Bances y Compañía se convirtió en la primera opción financiera para el negocio tabacalero. Plantadores, fabricantes y demás personas implicadas en este ramo, acudían a él cuando necesitaban préstamos, convirtiéndose así en acreedor de la empresa Partagás desde los tiempos en que su fundador, Jaime Partagás, la dirigía.

Cuando esta fábrica pasó a manos de sus herederos, el negocio comenzó a confrontar problemas económicos, y Bances se convirtió en el titular de una deuda que crecía cada vez más. Al no poder cumplir con los plazos de la misma, y luego de varios juicios y apelaciones, el comerciante banquero asumió formalmente el control de la compañía el 22 de julio de 1876.

Tomó posesión de la fábrica Partagás y creó un nuevo Consejo de Administración presidido por él, en el que se encontraba su amigo y coterráneo Ramón Cifuentes Llano, reconocido en el mundo del tabaco y futuro propietario de la fábrica en el siglo XX. Su capital como banquero le permitió a Bances incrementar las ganancias y el tamaño de esta empresa radicada en el edificio de la calle Industria No. 160, en cuya sede logró fundar, a finales del siglo xix, una nueva marca: La Flor de J. A. Bances.

En ocasiones, la compañía llegó a tener, entre tabaco elaborado, productos por embarcar, tabaco en rama almacenado y consignaciones pendientes de liquidación, un capital ascendente a 1 200 000 pesos. Cuando Bances asumió el control de Partagás, esta empresa era una más de sus tantas inversiones en el ámbito tabacalero.

En 1900 Juan Antonio Bances se retiró del negocio y transfirió la propiedad de los puros Partagás a la Sociedad Cifuentes, Fernández y Compañía, constituida por Ramón Cifuentes Llano y Antonio Fernández, pero se mantuvo como director. Los nuevos dueños de la fábrica se encargaron de garantizar la alta calidad del tabaco y su esmerada presentación.

Bances se encontraba entre los 50 primeros asturianos que respondieron al llamado de fundar el Centro Asturiano de La Habana, en mayo de 1886, con el propósito de fomentar y estrechar los lazos de unión y vínculos entre los asturianos y sus descendientes, contribuir al realce del nombre de Asturias en Cuba y proporcionar a los asociados asistencia a sus enfermedades, instrucción y recreo. Su influencia era tal, que fue considerado entre los candidatos de más peso a la Presidencia, obteniendo el segundo lugar en la votación. Fue, además, Coronel de Ingenieros del Cuerpo de Voluntarios de La Habana.

Gracias a la inteligencia de Bances para los negocios, su casa bancaria sobrevivió a la crisis provocada por la Guerra de 1895 y logró llegar con solvencia a los inicios de la República.

En 1904, la firma bancaria Bances y Compañía renovó su memorando de asociación; 3 años después —con la muerte de Juan Antonio— se disolvía para reconstituirse como sociedad comanditaria en 1908. Continuaba radicando en la casa de la calle Obispo y mantenía la misma razón social, aunque se extendía el plazo de la sociedad a 10 años, es decir hasta 1918. Su objeto social era dedicarse a los negocios de banca, especialmente el giro de letras, y el desempeño de comisiones mercantiles, además de otros negocios de lícito comercio. Los continuadores de Bances y Compañía mantuvieron la visión de la antigua firma, empeñada siempre en diversificar los activos, de ahí que en 1909 adquirieran las marcas de fideos y pastas para sopas Cuba-Cataluña y El Progreso, modificando su diseño con autorización de la Secretaría de Agricultura, Comercio y Trabajo.

No obstante haber ampliado su capital, la empresa no pudo sobreponerse a la crisis de 1920, y en 1921 el banco se declaró en estado de suspensión de pagos ante la Comisión Temporal de Liquidación de Bancos. Entonces se vendieron todos sus activos, pero los ingresos de la venta no fueron suficientes para satisfacer las deudas. Después de la liquidación de Bances y Compañía, sociedad en comandita, la Comisión acordó la disolución de la Junta de Liquidadores y el cierre del banco.

Juan Antonio Bances no vivió los últimos cambios operados en la compañía que había fundado, pues falleció el 23 de julio de 1907, a los 87 años de edad. Entre sus propiedades se hallaban efectivos en The Royal Bank of Canada, cuentas en plata y oro americanos, dos casas en la calle Industria, una en Reina, el Hotel Campoamor de Cojímar, una fábrica de fideos en Santiago de Cuba, la finca Río Hondo y la hacienda Hato de la Cruz, de 800 hectáreas, en el municipio de Consolación del Sur, en Pinar del Río. Esa hacienda, dedicada en lo fundamental al cultivo del tabaco, la adquirió de la familia Partagás cuando se hizo de la fábrica.

Además de hombre de negocios, Juan Antonio Bances fue uno de los grandes defensores del asociacionismo como una manera de mantener viva las raíces. Así, mantuvo el vínculo con Candamo, y en especial, con su parroquia natal, San Román, a la que hizo numerosos legados monetarios, beneficiando la escuela de la localidad y la capilla de Valdemora. En Cuba, fue fundador de la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Asturias, creada en 1877, de la cual fue su vicepresidente, y a su muerte, dejó 10 000 pesos a la Casa de Beneficencia y Maternidad de La Habana, y otro tanto al hospital de ancianos.

De su vida personal no se conoce mucho, solo que, a la edad de 60 años, y aún soltero, conoció a Luisa Matilde Ángela de Marigny Sentmanat, una norteamericana perteneciente a una de las familias más aristocráticas y opulentas de New Orleans. Nacida en 1841, era 20 años más joven que él, había quedado viuda del señor Nevil Alfred Soulé en 1878. Se casaron en 1880 en el Sagrario de la Catedral de La Habana, y vivieron juntos 11 años, hasta la muerte de ella, en 1891.

Poco tiempo después de su boda, Bances compró un edificio medieval en el Pirineo Francés, conocido como Castillo de Coumes, que años antes había sido propiedad de Pierre Soulé, padre del primer esposo de Ángela. Entre 1883 y 1887 lo reformó por completo, transformándolo en una cómoda mansión.

No obstante su condición de emigrantes, y poseer propiedades en otros países, ambos están enterrados en el Cementerio Cristóbal Colón de La Habana, y como testigo de la posición social y económica de su dueño, en un panteón ubicado en la zona más cara del cementerio, la de monumentos de primera categoría, donde un metro cuadrado de terreno costaba 30 pesos oro.

 

Notas

* Conferencia presentara en el II Coloquio Presencias Europeas en Cuba, 2018, del Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales Cuba-Europa: Palacio del Segundo Cabo.

Patricia Andino Díaz: Licenciada en Historia del Arte y Máster en Gestión y Preservación del Patrimonio Cultural por la Universidad de La Habana. Desde 2007 se desempeña como investigadora en la Empresa RESTAURA, adscrita a la Oficina del Historiador de La Habana. Ha publicado numerosos textos en medios nacionales y extranjeros.

Yamira Rodríguez Marcano: Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Habana. Trabaja como especialista en estudios históricos en RESTAURA, empresa adscrita a la Oficina del Historiador de La Habana. En la emisora Habana Radio conduce la revista semanal “Habáname” dedicada al patrimonio además de otros programas radiales dentro del perfil cultural. También forma parte del equipo de escritores del programa televisivo Andar La Habana. Muchos de sus trabajos han sido publicados en diferentes medios nacionales y extranjeros.

Tradiciones y fiestas catalanas en La Habana

Tradiciones y fiestas catalanas en La Habana

Tradiciones y fiestas catalanas en La Habana

Idania Esther Rodríguez Ortega

Noviembre 12, 2021

 

El Centre Català de La Habana fue una institución creada por los catalanes que, entre sus fundamentos, tenía mantenía las tradiciones de la colonia catalana en Cuba. Fundado en 1882 en la ciudad de La Habana, poco tiempo después desaparece para reaparecer en 1905 y ya para el año 1911 renace con mayor fuerza legal al aprobarse los nuevos estatutos y una declaración de principios impulsada por Josep Conangla Fontanilles, importante hombre de la colonia catalana, que fue en tres ocasiones su presidente.

Los catalanes siempre fueron solidarios con los cubanos, de ahí que también tuvieran en cuenta la celebración de las fiestas y fechas patrióticas e históricas de los cubanos. En los cubanos, la música catalana permeó en su preferencia por lo que poco a poco se va introduciendo en el repertorio de los artistas cubanos. 

Las tradiciones catalanas celebradas en Cuba más representativas son:

  • Carnestoltes
  • Sant Jordi y el Día del libro y la rosa
  • Sant Joan
  • Fiesta Nacional de Cataluña: 11 de septiembre
  • La Castanyada
  • El Tió de Nadal

Fechas patrióticas relevantes cubanas celebradas por los catalanes

  • Grito de Yara, 10 de octubre de 1868Jdjd
  • Grito de Baire, 24 de febrero de 1895

Tomemos como ejemplo de esta celebración en La Habana, el 24 de febrero de 1928 en el Centre Catalá de la Habana que realizó una magnífica velada patriótica-cultural donde se puso de manifiesto una vez más el talento artístico de los catalanes de La Habana. En poesía hubo derroche de buen gusto: El nostre crit de Baire [1] de J. Carner-Ribalta, En días de esclavitud de Juan Clemente Zenea. La música selecta, recital a piano por la joven profesora Roseta Armengol, Canciones catalanas por Cecilia Llobera de Fabré acompañada al piano por Antoni P. de Jaúregui mientras que la parte cubana estuvo a cargo de Eusebio Delfín Qué boca la tuya, La negra noche, Uranga y El pobre Adán. Una inserción entre la música catalana y la música cubana, incluyendo esta música en ambos repertorios, cubanos como catalanes.

Importante también es el exponente más representativo de la música popular catalana con las conocidas Cantatas de Havaneres surgidas en Cuba acompañadas por la nostalgia del emigrante, cuyo tema central es la añoranza, el amor dejado atrás, fundamentalmente. En el año 2001 se crea en la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Cataluña el grupo de havaneres Veus d’Ultramar [2] presencia indispensable en cualquier celebración tradicional catalana, patriótica o programas culturales de música cubana, cantadas en idioma catalán o en castellano.

Las Horas de Radio Catalanas en La Habana

El domingo 5 de abril de 1931 se inauguraron las Horas de Radio Catalanas transmisiones realizadas todos los domingos, de 10 a 11 de la mañana y los miércoles de 9 a 10 de la noche que divulgaron la cultura catalana en nuestro país con notables audiciones de música y poesía catalanas por medio de la radio. A partir del año 1943, como apéndice de las Horas de Radio Catalana, se comienza a radiar un nuevo programa que después sustituyó al primero con el nombre de “Catalunya Parla”, se divulgaba arte, cultura y patriotismo catalán. La música que daba comienzo a estas trasmisiones fue siempre, la sardana La Santa Espina.

Tradiciones catalanas relevantes celebradas en Cuba.

La celebración de las tradiciones catalanas en Cuba es un importante medidor de cómo los catalanes habían traído con ellos las manifestaciones artísticas, las celebraciones de fechas importantes que en Cataluña eran objeto de festividad. Siendo la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Cataluña la única institución representativa de los catalanes oficialmente, ha acogido estas celebraciones. Algunas de estas fiestas tradicionales se han convertido en fiestas que los cubanos celebramos como nuestras y en algunas provincias son verdadero exponente característico de las fiestas tradicionales de dicha región.

Carnestoltes: mes de febrero

Es el carnaval de Cataluña data desde la Edad Media, preside este carnaval el Rey Carnestoltes y consiste en una exhibición de disfraces ridículos y grotescos y durante 3 días, en grupos por las calles, bailan incansablemente. También realizan comparsas y desfiles de carrozas. En las primeras décadas del siglo XX, en La Habana, se celebraba y siempre en el mes de febrero precediendo al tiempo de Cuaresma, tiempo en el que recesan todas las actividades festivas. Se dedicaba un día para el Carnestoltes infantil y otro para el de adultos que era de mayor duración. Comparsas salían por las calles habaneras hasta regresar a la sede del Centre Català y otro día se dedicaba al baile de disfraces, eran premiados los mejores disfraces. Continúa siendo una de las fiestas tradicionales de más arraigo popular hasta la actualidad.

Sant Jordi. Mito, leyenda y tradición: 23 de abril

Se celebra desde finales del siglo XIV y proviene de la leyenda del Caballero Sant Jordi y el rescate de la princesa con la muerte del dragón más la rosa que le regala a la misma. Sant Jordi comienza a ser considerado el patrón de Cataluña definitivamente a partir del siglo XIX, durante el proceso de recuperación de la identidad catalana. Su día se celebra el 23 de abril, día de Fiesta Nacional en Cataluña. El día de Sant Jordi centra su celebración también, como el Día del Libro y de La Rosa, por la costumbre de regalar libros por el Día de Sant Jordi y los enamorados rosas.

Esta fiesta catalana en La Habana tiene además una tendencia religiosa porque se une la celebración de Sant Jordi con la celebración a la Virgen de Montserrat (La Moreneta) ambos patrones de Cataluña por la religiosidad católica. Es así que al celebrarse por los catalanes en Cuba se realizara en la Ermita de Montserrat y actualmente en la Sociedad Catalana.

Sant Joan: 24 de junio

La llegada del solsticio de verano tiene como punto de partida la festividad de Sant Joan o San Juan y encarna muchas fiestas en honor al sol, al fuego. Uno de los rasgos más distintivos son las hogueras donde se queman madera, muebles viejos, papeles o trastos y la preside un muñeco de trapo que también termina en la hoguera. El fuego se acompaña con música y baile de la verbena.

Los catalanes en el Centre Català de La Habana la celebraban cada año, sin embargo, esta tradición fue acogida por el pueblo camagüeyano, donde se establecieron también catalanes y se ha convertido en un festejo que celebra siempre el legendario Camagüey, es el día más animado del carnaval, que en esta ciudad se celebra en junio y ha sido así hasta nuestros días.

Fiesta Nacional De Cataluña: 11 de septiembre

La caída de Barcelona el 11 de septiembre del año 1714 y la instauración de un régimen de ocupación hace que las instituciones catalanas sean disueltas y abolidas la Generalitat y todo el aparato de gobierno y libertades catalanas. Aunque derrotado, el pueblo catalán fue capaz de preservar su lengua y conllevó al renacimiento de la cultura catalana por lo que se ha convertido en la Fiesta Nacional de Cataluña. En La Habana, en Cuba, se inicia su celebración en el año 1911 por el Centre Català, engalanando con flores la figura relevante de aquella gesta, Rafael de Casanovas, con una guardia de honor por hombres, mujeres, jóvenes y niños. Un destacado orador rememoraba los hechos de 1714, entre estos Emilio Roig de Leuschering, Fernando Ortiz, Juan Marinello, todos de ascendencia catalana.

La Castanyada: 1ro. de noviembre

Sus orígenes vienen dados por un homenaje a los muertos. Con un banquete más o menos familiar que venía a ser los restos de los antiguos banquetes funerarios. Además de las castañas tostadas se comen boniatos y “panellets” [3] y vino dulce o blanco; después pasó a ser una celebración carácter festivo reúne a las familias, grupos de amigos para realizar una algazara.

Tradicionalmente eran celebradas en La Habana; las castañas eran traídas desde Europa y se comían tostadas, aunque también se realizaba un gran banquete y había baile y alegría. En la Sociedad Catalana era celebrada por los cursos de idioma catalán impartidos en la propia sede en que el grupo de alumnos y su profesora con alegría compartían el vino dulce y los dulces, una versión de los “panellets” a lo cubano.

El tió de Nadal: 25 de diciembre

La celebración infantil catalana en la Navidad, tradición que proviene desde hace siglos, cuando se pretendía, atendiendo a las antiguas prácticas rituales, propiciar la abundancia y la unidad familiar en mitad del invierno. El “tió” es el símbolo del árbol, de la fertilización cíclica, pero en invierno el árbol está dormido y hay que despertarlo a bastonazos para que nos dé sus frutos que serán en esta ocasión nueces, turrones u otras golosinas. Es por excelencia una celebración infantil, así los niños dan golpes con un bastón a un tronco hueco con un canto para que este les ofrezca turrones con nueces, avellana o piñón, también les tiene la sorpresa de un juguete, un material de estudio, en fin, un regalo. En Cuba, aunque por regla general es una festividad de los niños, se ha arraigado la costumbre de cerrar las clases de catalán hasta el nuevo año con la celebración del “Tió de Nadal”.

Conclusiones

Son muchas y variadas las fiestas y tradiciones catalanas que se celebraron por años y muchas que aún se celebran, solamente se refieren las más relevantes, quedaría otro espacio donde pudieran conocerse las cantatas de habaneras con el tradicional “cremat” [4] y la gastronomía que caracterizan estos festejos y tradiciones catalanas, algunas mencionadas en el escrito.

Con este estudio de las principales manifestaciones y celebraciones tradicionales, ha quedado demostrado fehacientemente el deseo, el empeño y el logro, de no dejar morir la cultura catalana, aquellos catalanes que residieron en Cuba y que ahora sus descendientes continúan a través de la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Cataluña.

 

Notas

* Conferencia presentada en el III Coloquio Presencias Europeas en Cuba, 2019, del Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales Cuba-Europa: Palacio del Segundo Cabo.

[1] Traducido: Nuestro Grito de Baire.

[2] Voces de Ultramar.

[3] Dulce originario de Cataluña.

[4] Tipo de bebida que tiene un proceso de realización característico.

Idania Esther Rodríguez Ortega: Licenciada en Educación en la especialidad de Historia y Ciencias Sociales en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona. A partir del año 2009 comienza a desempeñarse como historiadora y archivera de la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Cataluña. Tiene publicado los libros De Cataluña a Cuba… ¡Hacer las Américas! (2011) y Necrópolis Cristóbal Colón: El susurro de las piedras (2015). En el mes de noviembre del año 2018 fue una de las galardonadas con el XXX Premio Josep Maria Batista i Roca-Memorial Enric Garriga Trullols otorgado por el Instituto de Proyección Exterior de la Cultura Catalana (IPECC) en Barcelona, a los catalanes y catalanófilos del exterior por mantener la presencia catalana en el mundo y aumentar el conocimiento de los Países Catalanes y la Cultura catalana. Miembro de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba, la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), miembro de la Cátedra Honorífica Catalana, Vocal de la Junta Directiva de la Asociación de Catalanistas de América Latina (ACAL) y de la Red de Estudios sobre Cementerios y Espacios Funerarios de La Habana. Ha participado en múltiples Eventos Científicos tanto nacionales como extranjeros. Labora de conjunto con la ONG internacional Archiveros sin Fronteras de Cataluña en el rescate y digitalización de los fondos documentales de la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Cataluña desde el año 2014.

August Ferran y Andrés

La obra plástica del artista mallorquín August Ferran y Andrés (1814-1879) durante su estancia en La Habana

August Ferran y Andrés

Cristina Rodríguez Samaniego, Irene Gras Valero y Bárbara Beatriz Laffita Menocal

Noviembre 5, 2021

 

Apuntes biográficos

Antes de situarlo en La Habana, cabe seguir la trayectoria vital y artística de August Ferran por diversas ciudades. Primero en Palma de Mallorca, lugar de su nacimiento, acaecido el 11 de octubre de 1814 [1], en el seno de una familia de vocación artística. De hecho, su padre, Adrià Ferran y Vallés, regentó un taller consagrado a la escultura religiosa, así como a la producción de mobiliario y de otros elementos ornamentales. Por otra parte, uno de sus dos hermanos mayores, Adrià Ferran y Andrés, se dedicaría con éxito a la miniatura y a la creación de marcos y de molduras decorativas.

Barcelona constituiría a su vez un centro clave para la formación artística de la familia. Tanto Adrià Ferran padre como August, se matricularon en la Escuela de Dibujo de la ciudad condal. Del primero sabemos que lo hizo en algún momento, durante el período comprendido entre 1785 y 1794, mientras que el nombre de August figura en el libro de matrícula del año 1827 [2]. Su hermano Adrià se presentó a los premios extraordinarios y a las gratificaciones de la Escuela durante los cursos 1824-1825 y 1825-1826 [3].

Poco después, a inicios de la década de 1830, ambos hermanos decidieron trasladarse a Madrid y completar así su formación en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Sin duda estos fueron años de gran intensidad expositiva, especialmente para August, que llegó a concurrir en tres de los certámenes organizados por la Academia con diversas esculturas. A su vez se iniciaría como ilustrador, gracias a su participación en la revista El Observatorio Pintoresco Español. El siguiente destino de Ferran sería París.

Estancia en Cuba: 1849-1879

Al año siguiente, August viaja a Cuba, y este se convertiría en su viaje decisivo. Concretamente, llegó el 5 de abril de 1849, en una fragata que había partido de Francia [4]. Allí residiría hasta su muerte, acaecida 30 años más tarde, el 28 de junio de 1879; se consagró a la docencia y continuó con su praxis artística, especialmente en el campo de la pintura religiosa, el retrato y la ilustración.

Pocas semanas después de su llegada, August empezó a impartir clases en la escuela de la Real Academia de Bellas Artes de San Alejandro, desempeñando un papel notable durante su trayectoria docente y de gestión de la misma. Sin embargo, no es el propósito del presente estudio detenerse o profundizar en este aspecto, sino examinar la producción plástica del artista en La Habana.

Para proceder a dicho análisis, hemos dividido la obra del artista en diversos apartados, correspondientes a las diferentes temáticas y géneros que cultivó. El corpus artístico se encuentra constituido por óleos, esbozos a lápiz, grafito o crayón, y por litografías. El Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana (MNBA) atesora un número destacado de obras de Ferran, al igual que la Biblioteca Nacional José Martí de La Habana, donde se conservan buena parte de las litografías, especialmente en lo que concierne a las ilustraciones de revistas [5].

Tipos y costumbres

Recién llegado a Cuba, Ferran recibió el encargo de participar, junto con el pintor, miniaturista y escenógrafo cubano José Baturone, en la ilustración del llamado Álbum californiano, publicado por entregas de cuatro láminas entre 1849 y 1850, y conocido de manera popular con el nombre de Tipos californianos. Dicho álbum presentaba una especie de colección “de tipos observados y dibujados por [los autores]”, que mostraba la caracterización de los mineros buscadores de oro, a partir de la recreación de su aspecto y de sus costumbres. La imprenta de Francisco Luis Marquier [6], en La Habana, se encargó de su edición, la cual no abarcó más de 12 láminas en total, de las cuales Ferran firmó la segunda, cuarta, quinta, octava, decimoprimera y duodécima [7]. Sin duda este tipo de temática, dentro de la evolución del grabado en Cuba, resulta significativa por cuanto supone abandonar la primacía de los paisajes y de los motivos etnográficos, con el fin de aproximarse a la plasmación de lo popular y de lo cotidiano. En este caso se trataba de ilustrar los productos de la industria tabacalera, en auge en dicho momento, y el mundo de los mineros que buscaban enriquecerse con el hallazgo de oro.

Algunas teorías apuntan la posibilidad de que Ferran se hubiera desplazado hasta San Francisco en 1849, para conocer de primera mano la idiosincrasia de dicho mundo. Este planteamiento se sustenta en la atribución a Ferran de dos óleos con vistas de San Francisco, pertenecientes a la colección de la Universidad de Berkeley [8]. Sin embargo, el hecho de que la segunda de estas obras contenga al dorso la firma de E. Pingret, nos induce a descartar dicha atribución y, por ende, a poner en tela de juicio su viaje a California. En contraposición a la mencionada hipótesis, consideramos que el autor pudo haber observado a los mineros en la propia ciudad de La Habana, dado que esta constituía un destacado puerto de escala entre América y Europa, por el que también transitaban muchos trabajadores fascinados por la fiebre del oro.

Los años comprendidos entre el final de la década de 1830 y la primera parte de la década del cuarenta, fueron especialmente prolíficos en el cultivo del género costumbrista. En Iberoamérica encontramos por ejemplo: Las habaneras vistas por sí mismas (1847), Los cubanos pintados por sí mismos (1852), Los mexicanos pintados por sí mismos (1854) o Tipos y costumbres de la Isla de Cuba por los mejores autores de este género (1881). Sin duda, la influencia del romanticismo en el desarrollo de los sentimientos nacionalistas resultó clave para el éxito de dicho género.

En el contexto específico de la realidad cubana, el costumbrismo fue acogido como estilo por la intelectualidad criolla, con el fin de expresar sus inquietudes en la búsqueda de unas raíces nacionales y describir así las costumbres que le resultaban comunes de manera solapadamente crítica [9]. De hecho, para muchos de estos escritores, las burlas y las sátiras a dichas costumbres representaban un pretexto para el ataque al contexto político colonial, dada la imposibilidad de enfrentarse directamente al gobierno colonialista a causa de la censura [10]. Dichas caracterizaciones de “tipos”, como observamos en las ilustraciones de Ferran, mostraban un relato sobre un personaje determinado —en este caso, los buscadores de oro— que presentaba cierta peculiaridad, ya fuera por su manera de vestir o de hablar, o bien por su oficio [11]. A nivel estilístico, la estética desarrollada por Ferran en estos casos oscila entre el realismo y cierto aire romántico, ya que como acabamos de comentar, la mencionada búsqueda de las raíces nacionales se relaciona a nivel ideológico con el romanticismo.

La colaboración de Ferran en diversas publicaciones periódicas de la isla de tono claramente sarcástico, como por ejemplo El Almendares. Periódico semanal, literario y de modas; La Charanga. Periódico literario joco-serio y casi sentimental [12]; El Almanaque cómico, político y literario de Juan Palomo; y El Correo habanero. Periódico literario, científico, satírico-burlesco y de modas, permiten constatar que el artista continuó cultivando el mencionado género durante las décadas de 1850 y 1860. Observamos la caracterización de estereotipos yankees [13] y de nativos enriquecidos que visten como criollos [14], así como la recreación de escenas burlonas [15], las cuales en definitiva nos ofrecen una mirada mordaz de la actualidad social. Podemos hablar de representaciones ejecutadas con trazo ligero y definido, a la par que perspicaces y sutiles, donde el artista demuestra conocer en profundidad la fisonomía humana, tanto a nivel corporal como psicológico.

Los retratos

Sin duda, el retrato fue el género más cultivado en la isla durante el período colonial. Más allá de sus aspectos artísticos o estéticos, el retrato suscitaba gran interés como testimonio visual de las diferentes clases sociales de la colonia, especialmente de las más favorecidas [16]. Según José Rodríguez Morey, la mayoría de los retratos pintados por Ferran representaban a los diversos Capitanes Generales que gobernaron Cuba durante dicho período; sin embargo, muchos de ellos fueron trasladados a España al finalizar la era colonial [17]. Uno de los retratos más destacados de Ferran representa al teniente general Pedro de Alcántara Téllez-Girón, príncipe de Anglona y Marqués de Jabalquinto [18]. A nivel formal, el protagonista posa de manera autoritaria, ataviado con uniforme militar y sus numerosas condecoraciones, haciendo ostentación de su poder. Ningún otro elemento compositivo distrae la atención del espectador, ya que el fondo se encuentra configurado por paisaje marítimo apenas detallado que confiere cierta profundidad a la escena. A diferencia del estilo de los hermanos Madrazo, que Ferran había cultivado durante su estancia en Madrid, aquí el artista se deja influir por la intensidad y la calidez cromáticas propias del retrato colonial. Otro de sus retratos destacados, conservado en la Biblioteca Nacional, es el dedicado al escritor Eduardo G. Lebredo. Este aparece enfrentándose al espectador con una mirada intensa [19], sin la rigidez que posee otro retrato de la misma serie, dedicado a Félix Varela [20].

Pintura religiosa

Junto con la retratística, el género religioso fue uno de los más cultivados durante el período colonial. El MNBA conserva diversos óleos de Ferran, de dimensiones más bien reducidas, ejecutados sobre tela o cartón. Es el caso de Cristo y la Samaritana, La resurrección (1858), Salomé o La huida a Egipto (1858) [21]. Su estética resulta sin duda menos innovadora que algunas de sus ilustraciones, aunque resulta notable el cromatismo vivo que utiliza y que adquiere protagonismo ante el valor de la línea.

También cabe destacar las pinturas de La Santísima Trinidad y San Vicente de Paúl ejecutadas para ornamentar el transepto de la iglesia de Nuestra Señora de la Merced de La Habana. Dado que el templo fue finalizado a mediados de la década de 1860, es probable que dichas obras fueran ejecutadas durante ese período. El estilo de Ferran en estos dos casos denota la influencia del barroco colonial, en consonancia con la estética general de la construcción. De hecho, ambas pinturas se enmarcan en una estructura arquitectónica, flanqueada por columnas y rematada por un sobrio tímpano de inspiración clásica, que produce un efecto teatral de reminiscencias barrocas. San Vicente de Paúl, vestido con sus hábitos y acompañado por una corte de ángeles y querubines, se eleva majestuoso en el cielo. De modo similar, en La Santísima Trinidad, el Padre —que sostiene la bola del mundo— y el Hijo —que porta el instrumento de su tortura, la cruz— descansan sobre otra gran nube, iluminados por la luz del Espíritu Santo. Cabe añadir que en la base de las columnas que flanquean la pintura de San Vicente de San Paúl se encuentran dos medallones dorados que bien pudieran pertenecer al artista mallorquín. El primero de ellos está dedicado a la Virgen y adopta un estilo mucho más moderno que las mencionadas pinturas. Rodeando su delicada figura podemos leer la siguiente inscripción: “Oh María concebida sin pecado rogad por nosotros que recurrimos a vos”. El segundo medallón reproduce dos escudos y también un símbolo, conformado por la inicial “M” y una Cruz en la parte alta, que hace alusión a la unión de la Virgen y Jesucristo. Sospechamos de la autoría de dichas piezas, a causa de una información otorgada por Manuel Ossorio, según la cual Ferran habría ejecutado tres medallones “simbolizando un Ave María, el Escudo de la comunidad y una Gloria de Jesucristo” para el Convento de Santa Clara [22], construcción edificada a escasas calles de la mencionada iglesia de Nuestra Señora de la Merced.

Consideraciones finales: un artista mallorquín en la Cuba colonial

Podemos afirmar a modo de conclusión, que el artista mantuvo hasta cierto punto el eclecticismo que configuraba su estilo y pudo seguir tratando algunos de los géneros que ya había cultivado antes de su partida a Cuba, como son las ilustraciones satíricas, la pintura religiosa o el retrato, gracias, en buena parte, al hecho de que estos mismos géneros eran los que mayor repercusión tenían en La Habana colonial. Durante su estancia en la isla, su trazo ganó en viveza, expresividad y soltura, sobre todo en el ámbito de las ilustraciones, donde el artista pudo gozar de mayor libertad.

 

Notas

* Conferencia presentada en el II Coloquio Presencias Europeas en Cuba, 2018, del Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales Cuba-Europa: Palacio del Segundo Cabo.

Este artículo se enmarca dentro del proyecto de investigación Entre ciudades: paisajes culturales, escenas e identidades (1888-1929) financiado por el MCOC (Ref: HAR2016-78745-P), y ha recibido la ayuda de otro proyecto: Mapa de los oficios de la escultura, 1775-1936. Profesión, mercado e instituciones: de Barcelona a Iberoamérica, financiado por MINECO (Ref. HAR2013-43715-P), así como del Instituto Ramon Llull. Cabe añadir que en el presente estudio dejamos de lado las aportaciones de Ferran en el ámbito de la escultura, disciplina que también cultivó.

[1] Registro de Bautismos de la Parroquia de San Miguel de Palma, años 1812-1822, Archivo Diocesano de Mallorca (ADM). ADM I/48-B/24, folio 54.

[2] Libro que da razón de los discípulos matriculados en la Escuela Gratuita de Dibujo establecida en la Real Casa Lonja de la Ciudad de Barcelona a expensas de la Real Junta Particular de Comercio de Cataluña, lo cual dio principio el día 23 de enero de 1775. Archivo de la Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi de Barcelona (RACBASJ).

[3] Reial Junta Comerç. Escola Nobles Arts. Premis-alumnes 1787-1835.

[4] Fernando Alcolea: Un pintor testimonio de la ‘Fiebre del oro’ en California (1849-1850), versión en línea: http://wm1640482.web-maker.es/AugustoFerranyAndres.

[5] En total hemos podido documentar cerca de 70 obras localizadas en La Habana.

[6] El taller litográfico de Marquier fue uno de los más importantes de la Cuba de mediados de siglo XIX. Además de los Tipos californianos, el año 1856 publicó la serie Isla de Cuba pintoresca, compuesta por las vistas de las principales ciudades de la isla. Olga Lópe Núñez: “Imágenes de Cuba colonial”, en Grabados coloniales cubanos, La Habana, Museo Nacional de La Habana, 1998, p. 10.

[7] La colección más amplia de litografías del Álbum reside en la California History Room de Sacramento, California Hist. Room (CALIF); Picture Collection; PHOTO ALBUM-V: ** F865.F37 1850. Imágenes consultables en línea: http://catalog.library.ca.gov. El MNBA atesora diversos bocetos de este proyecto, además de láminas ya acabadas. Véase los Nos. inv. 11.506, 11.438, 11.423, 11.413, 07.114.

[8] Janice T. Driesbach: “Scenes from Mining Life”. en Art of the Gold Rush, Oakland Museum, Crocker Art Museum, National Museum of American Art, 1998, p. 17.

[9] Ramón Guerra Díaz: Historia de la cultura cubana (1838-1878) (Parte 3). De lo criollo a lo cubano, una literatura en busca de su identidad, versión en línea: http://www.monografias.com/trabajos94/historia-cultura-cubana-1838-1878-parte-3.

[10] Salvador Bueno: Costumbristas cubanos del siglo xix, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1958. Hemos consultado la siguiente edición: Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 1999 [versión en línea: http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark].

[11] María Esther, Pérez Salas: Costumbrismo y litografía en México: un nuevo modo de ver, México, UNAM, 2005, p. 53.

[12] Subtítulo: “Muy pródigo de bromas, pero no pesadas, y de cuentos, pero no de chismes; muy abundante de sátiras, caricaturas y otras cosas capaces de arrancar lagrimas a una vidriera”.

[13] “Costumbres yankees”, El Almanaque Cómico, político y literario de Juan Palomo, Año II, 1871, p. 37. La ilustración viene acompañada de la siguiente leyenda: “Al revolver de una esquina…Godd…!”.

[14] “Modas: trajes de invierno”, La Charanga, No. 37, 23 de enero de 1859.

[15] Impresiones, expresiones y comprensiones: divergencias de opinión”, La Charanga, No. 39, 6 de febrero de 1859.

[16] Colección de Arte Cubano, La Habana, Museo Nacional de Bellas Artes, 2006, p. 44.

[17] José Rodríguez Morey: Diccionario de artistas plásticos de Cuba. Obra inédita, Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba, s/p.

[18] No. inv. 06.75

[19] “Galería de escritores cubanos. Eduardo G. Lebredo”, El Almendares, t. 1, No. 14, 18 de abril de 1852.

[20] “Galería de escritores cubanos. Félix Varela”, El Almendares, t. 1, No. 12, 04 de abril de 1852.

[21] Nos. inv. 07.1464, 07.1462, 07.1463 y 07.1531 respectivamente. Es posible que algunos de los óleos constituyeran modelos para otras obras.

[22] Manuel Ossorio Y Bernard: Galería biográfica de artistas españoles del siglo xix, Vol. 1, Madrid, Ramón Moreno, 1868, p. 238.

Cristina Rodríguez Samaniego: Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Barcelona y Licenciada en Humanidades por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Ha realizado varios proyectos financiados de investigación posdoctoral en el extranjero. Como Profesora Lectora imparte asignaturas vinculadas al arte europeo de los siglos XIX y XX en la Universidad de Barcelona. Miembro del grupo de investigación GRACMON. Entre 2014 y 2016 fue investigadora principal del proyecto “Mapa de los oficios de la escultura, 1775-1936. Profesión, mercado e instituciones de Barcelona en Iberoamérica”, y también comisaria de diversas exposiciones sobre escultura catalana. Es también autora de numerosas publicaciones en torno al Noucentisme, la escultura académica, la escultura catalana en el contexto internacional y la docencia artística en el siglo XIX. Sus líneas de investigación son escultura académica y formación artística, arte catalán de los siglos XIX-XX, relaciones artísticas entre Cataluña América Latina, los oficios de la escultura.

Irene Gras Valero: Doctora y Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Barcelona. Imparte asignaturas vinculadas al arte europeo de los siglos XIX y XX y teoría del arte en la Universidad de Barcelona. Su línea de investigación es la pintura y la literatura en el Modernismo, el Simbolismo y el Decadentismo, el entresiglos XIX-XX, la escultura y las relaciones entre Cataluña y América. Dentro de GRACMON, actualmente colabora como investigadora en el proyecto “Entre ciudades: paisajes culturales, escenas e identidades (1888-1929)”. Ha participado en congresos nacionales e internacionales y ha publicado varios artículos y capítulos de libros sobre sus ámbitos de especialidad.

Bárbara Beatriz Laffita Menocal: Máster en Historia del Arte y Coordinadora de las actividades científicas de la Cátedra de Cultura Catalana de la Universidad de La Habana. Desde 2009, es Profesora Asistente de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana. Ha intervenido en carios congresos científicos sobre la presencia catalana en Cuba.

Antonio_de_Sena_Faria_de_Vasconcelos

Un ilustre académico portugués

Antonio_de_Sena_Faria_de_Vasconcelos

Ángel Jesús Pérez Ruiz, Carlos Dativo y Antonio Cristiano Borges

Octubre 29, 2021

 

En la tarde del 12 de octubre de 1915 atraca en la bahía de La Habana un vapor a bordo del cual se encontraba el académico portugués Antonio Sena Faria de Vasconcelos, natural de Castelo Branco, nacido en 1880, de 35 años de edad. Invitado en calidad de Inspector Especial por la Secretaría de Sanidad y Beneficencia cubana. Formado en Derecho en la Universidad de Coimbra, era descendiente de jueces y letrados, lo que le facilitó desde muy joven tener acceso a los escritos de filósofos de pensamiento avanzado de entonces, entre ellos Carlos Marx y Federico Engels, cuyas obras leyó con interés especial, aún desde posiciones de conservadurismo.

Su posterior quehacer profesional no llegó a ser considerado propiamente el de un político, sino más bien el de un cronista de las necesidades sociales objetivas desde la pedagogía, aunque sin duda, su pensamiento evolucionó con los años, en interés de un mayor acercamiento crítico al entorno que lo rodeó.

En 1900 da a conocer su primera obra escrita titulada El materialismo histórico y la reforma religiosa del siglo XVI, de enfoques progresistas para aquella época.

Matriculó en la Escuela Nueva de Bruselas y desde allí frecuentó la Escuela Libre Internacional de Enseñanza Superior, donde se recibió como Doctor en Ciencias Sociales con “La más grande distinción”, premio que ningún alumno, incluidos los belgas, obtenía desde 10 años atrás.

Alumno y amigo del afamado pedagogo belga Adolphe Ferriére, estudia con especial interés el nacimiento y desarrollo de las Escuelas Nuevas en Alemania, Francia e Inglaterra y funda en 1911 una escuela experimental en Biérges, Bélgica, con 30 preceptos de escuela-taller, cuyo éxito al cumplir plenamente 28 de ellos, le valió la categoría de “abanderado”, que le atribuyó su tutor.

Observó los horrores de la Primera Guerra Mundial desde suelo belga, que conllevaron a que ningún padre dejase a sus hijos asistir a una escuela por peligro de un ataque. Esto lo hace encaminarse hacia Suiza, donde desde la Academia Juan Jacobo Russeau, continúa sus estudios y trabajos de campo en escuelas de aquel país, pero los tentáculos de la conflagración multinacional por toda Europa, hacen que su amigo y tutor Ferriére le recomiende viajar a América para continuar su importante obra con la paz necesaria para ello.

Fue entonces que, conocedores de esa intención, el secretario de Sanidad y Beneficencia de Cuba Doctor Enrique Núñez y el Doctor Juan Ramón Xiqués, presidente de la Fundación Luz Caballero, invitan a Vasconcelos a asesorar procesos pedagógicos para la enseñanza primaria y de nivel medio en Cuba.

En el archipiélago caribeño encontró un gobierno presidido por Mario García Menocal, veterano de la guerra de independencia, ahora corrupto alineado a los Estados Unidos, tristemente célebre por las elecciones fraudulentas que dieron margen a la “Chambelona”. Además, se topó con un sistema económico lleno de contrastes, donde las “vacas gordas” abrían la ilusión de algunos, colocando una venda a lo que realmente existía en el resto del país.

Sin embargo, reconoció con admiración que la idea de la Escuela Nueva había sido ya acariciada por iconos de las ciencias y el pensamiento social cubanos de la talla de Félix Varela, José de la Luz y Caballero, José Antonio Saco, José Martí y Carlos Juan Finlay, entre otros muchos de inobjetable estatura intelectual.

Apreció, igualmente, una Secretaría de Sanidad y Beneficencia resultado de la primera unificación de salud pública en el mundo, fundada desde el 26 de enero de 1909, aunque atenazada a los intereses privados de los grandes círculos de poder, tanto locales como norteamericanos. Puso manos a la obra y desplegó todos sus esfuerzos por asesorar y aplicar la Teoría de la Escuela Nueva, basada en 30 preceptos destinados a lograr una mayor autodeterminación del estudiantado, cimentada sobre sus propios experimentos e interactuaciones con el entorno.

Con ese fin aprovechó las capacidades del Colegio Inglés del Doctor Lastra en La Habana y la recién creada filial de la Fundación Luz y Caballero en Cienfuegos, que inauguró Xiqués el 7 de agosto de 1915, tan solo 2 meses antes a su llegada.

Se exponen a continuación algunos de los preceptos enarbolados por Faria:

  1. a) Una escuela alejada del entorno urbano, con las mejores opciones para entrar en contacto con la Naturaleza.
  2. b) Lograr la escuela mixta de varones y señoritas en una misma aula.
  3. c) Sistema de internado, en casas separadas de 10-15 alumnos.
  4. d) Vincular prácticas de estudio-trabajo socialmente útil, en horarios alternos, como modelo pedagógico predominante.
  5. e) El ejercicio de la crítica y la autocrítica colectivas en los análisis pedagógicos de evolución del desempeño, con plena participación de los alumnos, donde cada cual comparaba sus trabajos más recientes con los anteriores.
  6. f) Un sistema de autosuficiencia en alumnos, donde ellos mismos se encargarían de su higiene interna y de cocinar sus alimentos.

Ganó simpatías y adeptos entre muchos docentes en Cuba, entre quienes destacaban Carlos de la Torre y Alfredo Aguayo; con este último compartió ideas que fructificaron en su manual titulado Pedagogía científica, y cuya Didáctica de la Escuela Nueva ha resultado asignatura básica en las Ciencias Pedagógicas de la Universidad de Coimbra, especialmente en las asignaturas referentes al magisterio de la Enseñanza Primaria.

Los sectores más conservadores del gobierno de García Menocal no tenían demasiado interés en “hacer pensar y hacer menos dependientes a todos los hombres futuros del país”, léase que solo a los de familias pudientes, por lo que mostraron una recurrente indiferencia a la gestión de Faria en Cuba.

Ante esa desconcertante realidad muy ajena al sentir de los pedagogos dignos de Cuba, el Doctor Faria decide partir hacia Bolivia en 1917, donde fue nombrado director de la Escuela Normal de Sucre y de la Revista Pedagogía.

La Patria lusitana reclamó al hombre de las aulas tras el término de la Primera Guerra Mundial en Europa, y Faria regresa a Portugal en 1920, como profesor de las Universidad Libre y de la Escuela Normal Superior, ambas de Lisboa.

Asimismo, fundó el Instituto de Orientación Profesional de aquella capital y fue su primer director.

También escribió en la revista de Seara Nova, perteneciente al movimiento cultural y cívico de corte político homónimo, fundado en 1921.

Desde allí él y sus colegas llegaron a proponer una educación abierta, gratis para todos los estratos sociales, y la respuesta gubernamental fue centrar una atención diferenciada sobre ellos, por lo que entraron en una delicada situación cuando asume el poder la tiranía salazarista.

Fallece en agosto de 1939, no sin antes denunciar la amenaza del fascismo para la Humanidad y la eventualidad de que “un sistema con mayor justicia social” sería el llamado a enfrentársele con mejores probabilidades de éxito.

En el siglo XXI, pedagogos portugueses y brasileños han decidido reproducir sus Obras completas, con algunos trabajos inéditos hasta ahora. Sus teorías se han asumido como un referente válido en nuestras más recientes experiencias nacionales relacionadas con el sistema estudio-trabajo dentro de las instituciones educacionales. No olvidar, a partir del triunfo de la Revolución, la experiencia inicial de las escuelas al campo, que precedieron a las escuelas en el campo subvidididas en ESBEC, IPUEC, tecnológicos y vocacionales, cuya elección optativa lastimosamente se ha deprimido en los últimos años.

Invitamos entonces a no desperdiciar la oportunidad de hojear la obra escrita de Antonio Sena Faria de Vasconcelos, cuya impronta dejó una importante huella en Cuba y aporta puntos de coincidencia con el pensamiento pedagógico cubano.

 

Notas

* Conferencia presentada en el II Coloquio Presencias Europeas en Cuba, 2018, del Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales Cuba-Europa: Palacio del Segundo Cabo.

Ángel Jesús Pérez Ruiz: Máster en Pedagogía Profesional y Licenciado en Educación, especialidad traducción e Interpretación. Profesor Asistente de Lengua Portuguesa en la Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad de La Habana y responsable del Departamento de Portugués. Traductor e Intérprete Titular de la Academia de Ciencias de Cuba. Presidente de la Cátedra de Estudios Lingüísticos y Literarios “Eça de Queirós” de la Universidad de La Habana.

Carlos Alberto Dativo: Vicepresidente de la ONG académica Univesidesafio, Portugal.

António Cristiano Borges: Doctor. Profesor de la Facultad de Letras de Lisboa, Portugal.

01 Hermann D. Hupmann

Hermann Dietrich Upmann: el fundador de H. Upmann

01 Hermann D. Hupmann

Raúl Martell Álvarez

Octubre 22, 2021

 

De los alemanes que viajaron a Cuba a finales del siglo XIX, destaca Hermann Dietrich Upmann, uno de los seis varones de los nueve hijos que engendraron Hermann Friedrich Upmann, maestro relojero y comerciante, y su esposa Johanne Friederike Birkemeyer. El personaje que nos ocupa nació el 1ro. de mayo de 1816, en la ciudad de Bielefeld, perteneciente a la región de Renania del Norte, en Westfalia, Alemania.

Transcurrieron cerca de cuatro siglos del descubrimiento del tabaco en Cuba y a mediados del siglo XIX, con 23 años de edad Hermann Dietrich Upmann, arribara a finales del año 1839, por el puerto de La Habana, después de siete semanas de viaje, a la isla que tanto deseaba conocer, aunque ya la deleitaba a través de fumar las hojas de la Nicotina Tabacum que llegaban a Europa, a la ciudad portuaria de Bremen, en su forma cilíndrica de un color carmelita claro.

Cuentan que Hermann Dietrich Upmann, durante la travesía hacia América por el Océano Atlántico, conoció un pasajero inglés que le comentó la posibilidad de abrirse paso en Cuba en los negocios del tabaco y le trasmitió los primeros elementos concerniente a las bondades de esta planta, así como le enseñó los prolegómenos de convertirla en tabaco.

Mientras tanto, el auge de la elaboración de puros, en la segunda mitad del siglo XIX en la isla, permitía que aprendices entraran en los chinchales o pequeños talleres en número creciente para aprender a elaborar el ya preciado producto.

Hermann Dietrich se aventuró con entusiasmo a instruirse rápidamente en el arte de la producción tabacalera; ya durante esa primera etapa comenzó a enviar mazos de tabacos de diez o más unidades a sus familiares y amigos radicados en Bremen. En ocasiones, recibió quejas de algunos de sus receptores sobre diferencias en las calidades de esos envíos, por lo cual se percató que ya se estaban falsificando sus remisiones. Incluso sus hermanas, que atendían una pequeña tienda de vender tabacos ubicada al costado de la alcaldía de la ciudad Bielefeld, se quejaron de esta situación. Entonces decidió que en la cinta que envolvían sus atados de tabacos debía estampar su firma para garantizar que la calidad de los tabacos que dispensaba procedía de su producción.

En un pequeño local en la calle San Miguel No. 75, en la zona de extramuros, en la ciudad de La Habana, Hermann comenzó a producir tabacos y fue creando, lo que existe todavía, como la reconocida marca de habanos H. Upmann, que ocupa actualmente un lugar entre las siete primeras marcas de habanos de mayor consumo en todo el mundo.

Apoyado en una rigurosa disciplina y habilidad organizativa, no tarda muchos años en formar parte de un grupo de tabaqueros que se extendieron desde pequeños locales donde producían puros, hasta crear sus propias marcas y fundar sus fábricas. Así, el ambicioso y diligente germano amplía sus empeños y concibe una marca y funda una fábrica con el nombre de H. Upmann: H por su nombre y Upmann por su apellido.

En la década del cuarenta del siglo XIX se estaba produciendo un verdadero auge en la producción y comercialización de los tabacos de la isla, que pasó a ser la segunda fuente de ingresos del país por su presencia en los mercados europeos y norteamericano.

Sobre la fecha exacta en que en 1844 salió al mercado la producción de tabacos bajo la marca H. Upmann existen diferentes criterios en la historiografía consultada. Este autor no ha encontrado en los archivos cubanos esa fecha exacta. Generalmente, se toma como referencia el 15 de octubre, porque 100 años después, en 1944, para conmemorar el centenario de la marca, se inauguró en esa fecha una nueva sede en Amistad No. 407/409.

Con un gran sentido administrativo y larga visión productiva y comercial, lo que se denominaría en la actualidad como logística, él empieza a constituir un grupo de instalaciones que garantizarían alcanzar altos niveles de realización de su producción. Con el uso de la litografía en la mitad del siglo XIX se comenzaron a adornar las cajas con etiquetas de un color y posteriormente de otros colores, habilitaciones que embellecían los envases y sellaban las cajas.

Hermann Dietrich consignó su firma en las etiquetas que adornaban por fuera y por dentro los envases que acomodaban sus puros. Un paso importante fue también la identificación y personalización de cada uno de sus puros, en esto también fue de los que primeros que anudó una cinta o etiqueta que se llamó anilla, alrededor de sus aromáticos productos.

Algo digno de significar es que identificaba claramente cada una de las empresas que establecía al señalar la localidad donde se asentaba, es decir “Habana” a su fábrica y marca de tabacos en Cuba, y “Bremen” a su firma llamada H. Upmann and Company-Bremen, por estar ubicada en esa ciudad, dirigida por su joven sobrino Hermann Friedrich Heinrich Upmann. En Nueva York funda otra filial en 1871, dirigida también por otro pariente Carl Friedrich Wilhelm Gustav Upmann, quien antes lo acompañó algunos años en Cuba, para ayudarlo y a su vez entrenarse en el mundo del habano.

La firma H. Upmann and Company-Bremen todavía existe, ahora bajo la dirección del último sucesor de Hermann, llamado Heinrich Dietrich Carl Upmann, nacido el 15 de mayo de 1937, quien ya cumplió 80 años.

Una situación muy singular y también difícil para el fundador fue que una vez establecido en Cuba se trasladó a Bremen para contraer matrimonio con la joven Amalie Wilhelmine Gravenhorst, el 30 de noviembre de 1848 y la trajo a La Habana, donde enfermó y falleció unos meses después, como consecuencia de la fiebre amarilla, el 12 de septiembre de 1849. Sus restos yacen en una bóveda de tierra en la Necrópolis de Colon, junto a otros alemanes amigos, que incluso formaron parte de sus negocios como socios. Su matrimonio no tuvo descendientes.

Un par de años después de fundar su fábrica, recibió la visita de uno de sus hermanos, August Ludwig, dos años menor que él, para ayudarlo y también para aprender acerca de las técnicas de producción, organización y dirección tabacalera que empleaba su hermano.

Hermann Dietrich Upmann y sus socios alemanes se adentraron en los vericuetos del negocio tabacalero, apoyados en la puntualidad y seriedad que caracterizan a los germanos, hasta llegar a producir un habano de excelencia, empleando las mejores hojas de la zona de Vueltabajo, donde poseían tierras que garantizaban la obtención de hojas de primera calidad. El nivel alcanzado en la producción de habanos H. Upmann fue insuperable, apoyado en un estricto control de calidad.

En general, el boom de la producción de habanos logró cifras muy altas. La fábrica fundada por él alcanzó niveles de producción de hasta 25 millones de puros, lo que le permitió ostentar denominaciones de: “Proveedor de su Majestad Don Alfonso XII Rey de España” y “Con privilegio de uso las reales armas”. Fue una de las mayores fábricas exportadoras de tabacos a Inglaterra, Estados Unidos, España, Sudáfrica y muchos países de Suramérica.

En 1852, Hermann se asoció con Friedrich Wilhelm Gudewill y fundó la compañía naviera Gudewill and Upmann, con sede en la ciudad portuaria de Bremen y con la ruta La Habana-New York-Bremen. Su objetivo logístico era asegurar la transportación de sus tabacos en tiempo y en buenas condiciones de Cuba a Alemania y al resto de los países consumidores a pesar de la larga travesía transoceánica.

La forma de exportar los puros se realizaba en grandes cajas de pino seco que agrupaban de 5000 a 10 000 tabacos en mazos de 50 o de 100 unidades. Para identificar esas producciones se imprimían con fuego en las cajas los datos fundamentales de sus productores, a esa etiqueta se le llamaba “hierro”. Esta identificación era realmente bastante fácil de imitar por los falsificadores de marcas, por lo que algunos de los más importantes productores, entre ellos, Herman Dietrich, idearon colocar sus tabacos en envases más pequeños y manuables, que además guardaran celosamente el aroma y la calidad de sus tabacos, así surgieron las cajas de cedro que contenían 25 unidades en hileras de 8-9-8.

En 1860, convencido de la calidad de sus habanos y para evitar falsificaciones, introdujo etiquetas en cada caja de oloroso cedro, identificándolas y diferenciándolas de las demás con su propia rúbrica en cada una de las habilitaciones de sus cajas. Un paso importante fue también la identificación y personalización de cada uno de sus puros, para lograr una mayor seguridad. En Cuba, fue de los que primeros que anudó una cinta o etiqueta, que se llamó anilla, a cada uno de sus aromáticos productos.

Otro dato importante a destacar en el tema de los cambios administrativos en H. Upmann, es que estuvo entre las primeras fábricas que contaron con un lector de tabaquearía, cuando en mayo de 1866 permitió la presencia de este singular personaje en sus talleres. Igual de interesante es que el lector de tabaquería en las fábricas era seleccionado en asamblea por votación y aclamación de los tabaqueros.

Los Upmann fundadores fueron respetuosos de las demandas de torcedores y despalilladores acerca de la permanencia del lector de tabaquería; tradición que se mantiene hasta nuestros días. Heinrich Dietrich Upmann había erigido una institución comercial y financiera de amplio rango, bajo la denominación de Casa Upmann y Compañía, con la intención de poder operar actividades de producción y comercialización de tabaco y también como comerciantes comisionistas en negocios varios, lo cual indica su larga visión de apoyarse en una organización vertical de su firma.

Así, en 1868 funda una agencia bancaria bajo la dirección de su sobrino Heinrich (Henrique) Upmann. El capital inicial fue de 220 000 pesos, de los que Hermann Dietrich aportó el 90 %, el 10 % restante lo aportaron su sobrino Henrique y su socio Wilhelm (Guillermo) Rocholl; por cierto, los restos de la esposa de este socio yacen en la misma bóveda de tierra donde se encuentran los de la esposa del fundador.

El banco de Upmann era considerado como una de las firmas financieras más influyente de la isla. Esta aparece como una de las que mayor cantidad de cuotas (4000 pesos) aportaba como contribución a la Corona. La institución no se circunscribía a las clásicas funciones bancarias; o sea, a los préstamos, depósitos, etc., sino que, paralelamente, realizaba inversiones en diferentes áreas de la economía del país, en sectores como el industrial, donde funcionaba como accionista, en la extracción petrolera, la agricultura, el comercio, las fianzas y los seguros, entre otros negocios financieros.

El Banco Upmann llegó a ser el banco extranjero, aparte de las entidades españolas, de mayor prestigio y reputación por su solvencia y vasta experiencia en esta actividad durante más de medio siglo. Sus oficinas principales se encontraban en el regio edificio sito en Amargura y Mercaderes, y llegaron a tener sucursales en otras zonas de la ciudad; fue considerado uno de los bancos más importante en la región del Caribe.

Otro aspecto de este multifacético empresario fue que siempre mantuvo una estrecha relación con su ciudad natal Bielefeld, la que visitaba con frecuencia durante sus estancias en Bremen. A solicitud de sus hermanas Dorothea (Dora) y Caroline (Lina) inaugura, el 6 de octubre de 1876 (día de cumpleaños de Dora) un asilo de damas solteras, sin amparo familiar, en una edificación de estilo clásico de tres pisos para albergarlas, solo debían reunir tres condiciones: tener por los menos 50 años cumplidos, gozar de una buena reputación y profesar la religión evangélica. Para la construcción de esa instalación aportó la cantidad de 120 000 marcos. La capacidad del asilo era para 50 damas.

En 1894, residiendo en Bremen, fallece Hermann Dietrich Upmann, dejando un testamento donde detalla minuciosamente cómo se debía distribuir su fortuna entre sus parientes y allegados. Hermann Dietrich Upmann, multimillonario, fue una de los personajes más destacados, tanto de la ciudad de Bremen como de su natal Bielefeld, donde es considerado como un importante benefactor y personaje con una activa vida económica y social.

Sus descendientes alemanes fueron continuadores de su legado de disciplina y organización; igualmente, las tres generaciones de Upmann cubanos se han destacado en esferas como el deporte, la ciencia, la música, la docencia y otras ramas de la sociedad cubana con idénticas características.

En el libro Fumando en La Habana. Los Upmann. Una familia alemano-cubana, publicado en La Habana, por Ediciones Cubanas en el año 2016, se recoge en detalle esta rica y larga historia de dedicación al trabajo.

 

Notas

* Conferencia presentada en el II Coloquio Presencias Europeas en Cuba, 2018, del Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales Cuba-Europa: Palacio del Segundo Cabo.

Raúl Martell Álvarez: Licenciado en Economía en la Escuela Superior de Economía de Berlín, Alemania. Se ha dedicado a la investigación de la historia del tabaco en Cuba y, en particular, de la presencia de los alemanes en la industria tabacalera cubana. Es coautor de los libros Huellas alemanas en Cuba, Los alemanes y el tabaco cubano y Fumando en La Habana. Los Upmann. Una familia alemano-cubana. Es miembro del Casino Alemán de La Habana.

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Andrei Kolychkine, el mundo en una vida y una vida para el judo cubano

Andrei Kolychkine

Fernando Martínez Martí

Octubre 15, 2021

 

Introducción

El introductor del judo en Cuba no fue un asiático, como pudiera sugerir la paternidad y supremacía vigente de este deporte. El arte marcial creado por el japonés Jigoro Kano llegó a nuestro país con el empeño de un europeo. Y no precisamos su nacionalidad, porque se desplazó por varias naciones del Viejo Continente, hasta viajar a Cuba y permanecer en ella durante 46 años hasta su muerte, acaecida en 1997.

Es Andrei Kolychkine Thompson, quien además de deportista y educador es considerado como un filósofo. Trasciende por su calidad humana y la obra que contribuyó a edificar. A pesar de su inmensa labor en el surgimiento del judo en Cuba, para muchos es un desconocido, cuya biografía constituye una misión pendiente para los historiadores en general y para quienes abordamos los temas deportivos en particular.

Nació en Rusia, pero vivió buena parte de su vida en Finlandia. Residió algún tiempo en España antes de trasladarse a Bélgica. Allí se incorporó al equipo de judo de aquel país y luego a la Escuela de Cinturones Negros de Bélgica, donde recibió la misión que, al decir del periodista Joel García, cumplió con “disciplina, inmediatez e impacto increíble”. Su tarea era difundir el judo en Cuba, crear la Federación Panamericana de Judo y desarrollar el primer torneo continental de la disciplina. Y en apenas año y medio de trabajo consiguió avances significativos en los tres propósitos que le trajeron a estas tierras. Pero no se conformó y buscó más, mucho más: de ello versan estas páginas.

Conozcamos mejor la vida de esta importante presencia europea en Cuba, que contribuyó a que el judo de la Mayor de las Antillas sea hoy una potencia de talla mundial.

Una historia breve con miles de kilómetros

A Andrei Kolychkine Thompson, introductor del judo en Cuba, se le debe una investigación acuciosa. Sin embargo, nos concentraremos en su llegada desde el Viejo Continente para ofrecer sus conocimientos a los cubanos, de un arte marcial creado a finales del siglo XIX por el japonés Jigoro Kano.

Kolychkine nació el 11 de marzo de 1913 en Petrogrado, Rusia. Está por precisarse el momento en que viajó desde su país natal hasta Finlandia, pero en tierras finesas vivió buena parte de su niñez y la juventud. Otros autores plantean que se inscribió en Rusia, pero era finés, lo cual no ha podido precisarse. Antes de llegar a Bélgica, donde se consagra como artista marcial, tuvo un breve paso por España.

En enero de 1951 llegó a Cuba con un mandato de Mikinosuke Kawaishi, cinturón negro séptimo dan, profesor de la Escuela de Cinturones Negros de Bélgica. La misión era difundir el judo en Cuba, crear la Federación Panamericana de Judo y desarrollar el primer congreso de dicha agrupación. La esposa de Andrei Kolychkine era cubana; esto influyó en la decisión de Kawaishi, pero fundamentalmente tuvo en cuenta la disciplina de su alumno, dentro y fuera de los tatamis, para emprender una misión tan compleja.

En febrero de 1951, apenas un mes después del arribo de Kolychkine a La Habana, ya se conforma el primer club de judo. Se denominaba Jiu Jitsu Club Habana, un nombre que tiene objetivo unitario, por dos razones. La primera, que el judo se deriva del jiu jitsu, pero durante muchos años los practicantes del judo se negaron a convertir su arte marcial en un deporte. La segunda, que el jiu jitsu sí era conocido en La Habana, de modo que resultaba conveniente aunar los esfuerzos de ambas fuentes para el crecimiento y difusión del judo en Cuba. Desde este club se organizaron exhibiciones dentro y fuera de sus instalaciones, para ir ganando público y practicantes.

Luego del establecimiento de la primera academia, el maestro Kolychkine viaja por la isla a divulgar el judo y a conocer practicantes del jiu jitsu. Como resultado de su gestión, en 1952 se organiza el primer Campeonato Nacional de Judo en nuestro país. Y en alianza con otras naciones del continente, el 8 de octubre de 1952 se organiza en La Habana el Primer Campeonato Panamericano de Judo, con sede en La Habana.

A dicha cita concurrieron representantes de Argentina, Estados Unidos, Canadá y el equipo anfitrión. Los cubanos compitieron con Francisco Moc, Juan Portuondo y Heriberto García. Este último sería el representante cubano en el primer Campeonato del Mundo de Judo, cuya celebración comenzaría en 1956, en buena medida por la presencia del judo en varios continentes y debido a la labor de promotores como Andrei Kolychkine.

Pero volvamos al torneo panamericano de 1952. En esta oportunidad, las competiciones se realizaron en dos grupos, sin importar el peso corporal de los contendientes. Un primer grupo, con los judocas que poseían grados kyu, o niveles elementales. El segundo agrupamiento fue el de los grados de primer y segundo dan, rango de los más avanzados. El profesor Masato Tamura, cinturón negro quinto dan, fue el jefe de árbitros y el profesor Andrei Kolychkine dirigió la parte técnica.

La celebración del torneo de La Habana se aprovechó para ratificar la Federación Panamericana de Judo, que se había convocado el 12 de julio de 1951, y que agruparía en su seno a la Asociación Argentina de Judo, la Federación Brasileña de Judo, la Federación Canadiense de Judo, la National A.A.U. Judo Committee of USA y la Federación Cubana de Judo.

Con la ratificación y fundación de la Federación Panamericana de Judo, quedó integrado su primer Comité Ejecutivo. El doctor Carlos de Lejarza, de Cuba, asumió como su presidente; Mr. Donn Draegger, de los Estados Unidos, vicepresidente; al igual que el canadiense Bernard Gauthier y el argentino Carlos Chávez, en tanto como tesorero asumió el cubano Miguel Porcel.

La llegada de Kolychkine al continente americano posibilitó la rápida difusión del judo y su establecimiento en varias naciones. Eso hizo posible que doce años después del primer contacto con el Nuevo Mundo, durante los Juegos Panamericanos de São Paulo 1963, se convocara dentro de dicho evento el torneo de judo en cuatro divisiones del sector masculino. Y un año más tarde, en los Juegos Olímpicos de Tokio, se convocó por vez primera la cita del judo. Ningún sitio mejor, que la capital de la nación cuna del judo. Aunque se ha comentado poco al respecto, estas son otras dos victorias de Andrei Kolychkine Thompson.

La semilla de Andrei Kolychkine

Como resultado de su labor, se desarrollaron seis torneos nacionales de judo en nuestro país, entre 1952 y 1958. Esto posibilitó la participación cubana en los mundiales de dicho arte marcial, cuya primera edición fue en 1956, con la incursión de Heriberto García Gómez. Nuestros primeros representantes fueron solo del sector masculino, pues a García Gómez le siguió Reinaldo Mompellier, en 1958, lo cual ratifica la concepción inicial de la práctica del judo en Cuba, solo para hombres, como expresión de lo que sucedía a nivel mundial.

Debe destacarse que entre los alumnos de Kolychkine hubo un joven que se destacó sobremanera como atleta, para luego destacar como patriota y revolucionario. Hablamos de José Ramón Rodríguez, quien llegó a alcanzar el cinturón negro, segundo dan, elevada calificación para el poco tiempo en que pudo practicar el deporte. Era conocido entre sus compañeros como “el temerario”. José Ramón compartió las enseñanzas de Kolychkine entre sus compañeros de lucha contra la dictadura de Batista en la Universidad de La Habana. En 1957, fue asesinado con apenas 20 años, por oponerse al régimen de atropello al que estaba sometida Cuba por entonces. Un Torneo Internacional de Judo para hombres, con sede en Cuba luego del triunfo de la Revolución, llevó el nombre de este joven mártir.

Al producirse el triunfo revolucionario en Cuba, en 1959, se unifican las tres Federaciones de judo que existían en la Federación Cubana de judo y jiu jitsu. Al frente de dicha Federación estuvo Kolychkine, quien se mantuvo como presidente de la misma hasta 1969, cuando pasó a desempeñarse como profesor en el Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana. Con todo lo conseguido desde la llegada del maestro europeo, y luego del arribo a Cuba de Han Shang Ji, entrenador sudcoreano con cinturón negro sexto dan en 1966, se combinan todos los elementos para que, junto a una política deportiva acertada, comience el despegue y la masificación del deporte. Como resultado de todo esto, se obtiene la primera medalla para nuestro país en Campeonatos Mundiales de Judo, con la presea de bronce de Héctor Rodríguez, en la división de 63 kg.

En los Juegos Olímpicos de Montreal, 1976, Cuba obtiene su primera medalla de oro en las competencias de judo, siendo precisamente Héctor Rodríguez el protagonista, al conquistar el título en la división de 63 kg. Resulta muy simbólico que Héctor nació en el mismo año de introducción del judo en Cuba, 1951; en tanto se convertía en el primer latinoamericano y primero de la raza negra que accedía a lo más alto del podio en citas bajo los 5 aros. Con posterioridad, varios atletas han logrado preseas en las citas cuatrienales, pero ningún otro representante cubano ha llegado al primer puesto de su división.

Si bien no resultó fácil quebrar la hegemonía asiática, fundamentalmente japonesa entre los hombres, los resultados de las mujeres cubanas a nivel mundial y olímpico son muy superiores a los de los hombres y constituyen una proeza, sobre todo por desarrollarse en menos tiempo. A nivel panamericano, el judo femenino debuta en los Juegos de Caracas, 1983. Allí se convocaron siete divisiones y las cubanas alcanzaron una medalla de plata, por intermedio de Regla Povea en los +72 kg, y cuatro de bronce, repitiendo Regla Povea en la división libre, así como Nilda Espinosa, en los 72 kg, Inés Dantín en los 56 kg y Cecilia Alacán, en los 52 kg. Precisamente, Cecilia Alacán resultó nuestra primera campeona panamericana, al dominar la división de los 56 kg en los Juegos Panamericanos de Indianápolis, 1987. Junto a ella consiguió dos medallas en esa lid Estela Rodríguez, posteriormente nuestra primera campeona mundial, al conseguir el título en el Mundial de Belgrado 1989.

Durante los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, Odalys Revé se convirtió en la primera campeona olímpica del judo cubano, tras coronarse en la división de los 66 kg. A partir de ahí, otras cuatro mujeres han llegado a lo más alto del podio bajo los cinco aros, en los últimos 25 años, buena parte del tiempo bajo la tutela de un heredero del maestro europeo. Nos referimos a Ronaldo Veitía Valdivié, que de todos los entrenadores cubanos durante los últimos 50 años, ha sido el que más incorporó a su magisterio la filosofía y la huella educativa de Andrei Kolychkine.

Durante un cuarto de siglo, el introductor del judo en Cuba trabajó en el Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana, donde se le considera en elevada medida por sus aportes. Muchos de sus alumnos le recuerdan no solo como el profesor de judo, sino como alguien que le transmitía enseñanzas y ejemplo en cada clase. Con más de 60 años, nadaba diariamente dos kilómetros, corría, continuaba enriqueciendo sus conocimientos. Con casi 80 años, demostró su perseverancia y disciplina, al alcanzar el grado de Doctor en Ciencias.

Entre los aportes más importantes para la enseñanza del judo realizados por Kolychkine se encuentra el libro Judo: nueva didáctica. Con él se pone de manifiesto una de las características fundamentales de las artes marciales: el principio de imitación e innovación. Luego de que el maestro recibiera encumbrados conocimientos, de imitar los movimientos fundamentales hasta la perfección, fue capaz de innovar en la teoría y la práctica, lo que le coloca en planos superiores del conocimiento en la materia que desde joven lo atrapó.

Una de sus frases preferidas era la siguiente: “Para ver paisajes bonitos, hay que subir lomas altas”. Con ella iniciaba algunas de sus clases. Era una convocatoria al sacrificio, a la disciplina, a la exigencia. Y nunca le exigió a sus pupilos nada que él mismo no fuera capaz de cumplir. Por todo esto, en cada triunfo del judo cubano está presente la semilla, sembrada y cultivada, de Kolychkine. Recibió la ciudadanía cubana por su amor demostrado hacia nuestro país.

El 12 de marzo de 1997, una jornada después de haber cumplido 84 años, dejó de existir en La Habana Andrei Kolychkine Thompson. Aquí quedó su huella, como legado para las generaciones presentes y futuras de cubanos. Ningún triunfo en la arena internacional hubiera resultado posible sin su misión; los eventos internacionales que iniciaron en la década del cincuenta y el sesenta del pasado siglo tampoco hubieran podido convocarse, sin el apoyo invaluable de maestros como él. En el Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana, una Cátedra Honorífica lleva su nombre y se estudia su presencia en ese centro y el legado que trasciende su arte marcial.

Conclusiones

Las victorias del judo cubano tienen la paternidad de Andrei Kolychkine, un europeo que contribuyó al auge de nuestro deporte a nivel planetario. Sirva esta ponencia como homenaje a un cubano por adopción, cumpliendo una misión de la vida, la que le hizo inmortal ante la historia del deporte universal.

Los estudios más amplios sobre el apoyo al deporte cubano desde Europa se centran en los años fundacionales de la Revolución Cubana. Sin embargo, un deporte nacido en Asia y llevado a la máxima expresión por los de aquellas tierras, llegó a nuestra nación mediante un hijo de la Rusia zarista, y lo hizo 8 años antes de producirse la alborada de 1959.

Queda pendiente mucha más investigación, pero no pasará nunca inadvertida la huella en Cuba de este europeo, que fue atleta, entrenador, maestro, filósofo y ejemplo, dentro y fuera de los tatamis. Un europeo que fue fundador, perseverante, disciplinado, que sembró la semilla para obtener los frutos que hoy puede mostrar orgulloso el judo cubano. Y además aportó para que el judo tuviera Campeonatos Panamericanos, Mundiales, que fuera un deporte olímpico: el impacto de su labor hace válida la frase martiana “Patria es Humanidad”, pues laborando desde la mayor de las Antillas fue un hombre universal.

Notas

* Conferencia presentada en el II Coloquio Presencias Europeas en Cuba, 2018, del Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales Cuba-Europa: Palacio del Segundo Cabo.

Fernando Martínez Martí: Licenciado en Economía por la Universidad de La Habana. Fue profesor en la Facultad de Economía y en la Dirección de Extensión Universitaria de esa casa de altos estudios. En la actualidad se desempeña como comentarista deportivo en la emisora Radio Habana Cuba. Ha sido ponente en varios eventos científicos nacionales.

Juana María Rodríguez Cruz. Labor social de las Hijas de Canarias en Cuba

Juana María Rodríguez Cruz. Labor social de las Hijas de Canarias en Cuba

Juana María Rodríguez Cruz. Labor social de las Hijas de Canarias en Cuba

Dolores Guerra López

Octubre 8, 2021

 

Durante las primeras décadas de la centuria decimonónica, en Cuba existieron algunas manifestaciones de asistencia social organizadas por la iniciativa privada, de carácter preferiblemente religiosa o mutualista, sin la participación gubernamental, salvo escasos servicios como el hospitalario —concentrados en la capital—, además de algunas instituciones con propósitos caritativos. Es un complejo sistema de prestaciones de corto y largo plazo sujetas a constantes modificaciones y ampliaciones, que marcha conjuntamente con la elevación del nivel material y cultural de la vida.

La asistencia social ha registrado una profunda evolución en el tiempo, e históricamente ha tomado diversas tipologías asociativas, tales como el socorro mutuo, la protección profesional, gremial, religiosa, la caridad y la beneficencia pública, entre otras.

La siguiente investigación, centra la atención en la profesora Juana María Rodríguez Cruz, una convencida asistente social, que nace el 23 de junio de 1897, en la parroquia de San Vicente Ferres del pueblo de Valleseco, en Las Palmas de Gran Canaria y que muy joven emigra a Cuba junto a sus padres, Juan José Pantaleón Rodríguez Pérez de 53 años, de ocupación labrador y María de la Luz Cruz Cerpa de 47 años, empleada doméstica [1].

En 1924, con 27 años, contrae matrimonio con el doctor Andrés Blanco, profesor de Artes y Oficios y de las escuelas del Centro de Dependientes, con quien comparte intereses para la protección de las mujeres canarias.

Formación profesional

El 17 de septiembre de 1920, se gradúa de la Escuela Normal para Maestras de La Habana y comienza a ejercer, hasta 1936, como educadora en escuelas públicas en la capital; por su destacada labor como profesora, entre 1936 y 1945 la ascienden a Inspectora Escolar.

Se matricula en la Universidad de La Habana el 30 de septiembre de 1920 y en 1934 se titula de Doctora en Pedagogía en este centro de altos estudios. En 1937 se inscribe en otras especialidades, como Licenciatura en Derecho Diplomático Consular y Especialidades en Estudios Pedagógicos [2].

En 1945 solicita registrarse en la Escuela de Servicio Social como aspirante al título de asistente social, y manifesta su interés en brindar apoyo a familias pobres y gestionar becas para niños desamparados.

Entre las observaciones recogidas en su expediente académico, al titularse en Doctora en Pedagogía, se consigna que posee una personalidad dinámica, cualidades de líder y una inteligencia natural que le posibilitó trabajar por varios años como Inspectora Escolar. Se agrega que colaboró con el Club de Mujeres Profesionales en proyectos para la protección de los niños y se interesa por ayudar a las escuelas públicas desplegando un buen trabajo social.

Labor social. Fundación de la Asociación Hijas de Canarias

Una diferencia principal que marca la pauta para estudiar el núcleo que integran las féminas canarias es su participación en diferentes esferas de la vida social de la isla. Sus actividades económicas se limitaron, en la mayoría de los casos, a los trabajos de servicios.

Casi todas las mujeres iban a trabajar a casa de un familiar para ayudar en el negocio, o de empleada doméstica en el hogar de un pariente, donde recibían alimentación, vestuario y alojamiento. Su situación inicial era difícil, pues se encontraban desprovistas de atención médica, sobre todo para la maternidad y el parto.

Ante estas necesidades, el 13 de julio de 1930 se aprueba el reglamento [3] de la primera organización de inmigrantes canarias y el día 20 del propio mes, se reúne el grupo organizador en Basarrate No. 12, domicilio de Juana Rodríguez Cruz, presidenta de la naciente institución femenina, para fundar la sociedad Hijas de Canarias [4].

La Junta Directiva fue elegida por unanimidad el 20 de julio de 1930 en su nueva dirección: Avenida de la Republica No. 98, para el desempeño de sus funciones.

Junta Directiva de la entidad Hijas de Canarias

Presidenta: Doctora Juana María Rodríguez Cruz; secretario general: Juan B. Hernández Concepción; tesorera: Celestina Hernández Sosa; vocales: Teresa Hernández Concepción, Dolores Hernández Sosa, Elia Sosa Concepción, María Cruz Serpa, Guillermina Torres de Silva, Hortensia Silva y Torres, María Martínez Costa, Luisa González Ferrán, Armonía Acosta Perea.

Fue una institución creada por su directiva para ejercer la acción tutelar sobre las inmigrantes de esta procedencia y el propósito queda recogido en cuanto a la expresión de sus fines en el primer Reglamento General cuando precisa:

Proporcionar a sus asociadas asistencia sanitaria, instrucción, recreo y auxilio en la medida de sus fuerzas; contribuir con la Asociación Canaria de La Habana al realce y progreso de las Islas Canarias. [5]

Este concepto surge por la iniciativa de un grupo de féminas con instrucción y ciertos recursos económicos, como un medio de proteger a las mujeres de los sectores de la población carentes totalmente de recursos para cubrir sus necesidades más perentorias; es una actividad destinada a prevenir, atender y remediar a las desvalidas, cuya miseria lleva a la prostitución, delincuencia y peligro cierto de desintegración social.

Llegadas al país de destino, condicionada en su elección por la presencia en este de otros paisanos, e incluso determinado en algunos períodos por la existencia de un familiar que la reclamara, o apegada a la emigración familiar, la emigrante se enfrenta, por primera vez a un universo ajeno al suyo. En este nuevo mundo que están descubriendo adquieren especial importancia los centros asociativos de la propia comunidad étnica, organizadores de actos sociales por excelencia, donde puede encontrar viejos y nuevos amigos con comunidad de intereses. También la mayoría de estas instituciones proporcionaban asistencia social que, para el caso de la instrucción, ofrecían la posibilidad de completar tardíamente la escasa o a veces nula formación cultural de la emigrante, así en las pocas horas libres de las que disponía podía asistir a cursos para adultos que les permitan promocionarse laboral y socialmente.

Esta asociación en un inicio fue concebida con fines de recreo a los efectos de facilitar su inscripción como institución femenina en el registro de Asociaciones; sin embargo, sus objetivos sobrepasaban esta intención y fue aprobada para su funcionamiento con el interés esencial de lograr asistencia sanitaria, auxilio, protección e instrucción y recreo para las mujeres inmigrantes canarias en la medida que los fondos sociales de la institución lo permitieron, incluyendo la creación de la escuela de enseñanza elemental Leonor Pérez Cabrera fundada en 1931 [6], también dirigida por esta profesora canaria.

Un conjunto de capítulos regulaba las cuotas normativas de organización, en los cuales se excluían a los socios varones fundadores y de número, pero sí admitían empleados hasta en la Junta Directiva, siempre que fuesen miembros de la Asociación Canaria.

Entre sus artículos se establecían los trámites de ingreso, derechos a la asistencia sanitaria y demás beneficios como escuelas, recreo y festividades; pero la característica fundamental era la composición social de su directiva, donde encontramos esencialmente doctoras en pedagogía, medicina y derecho, con gran interés en socorrer a la mujer desvalida.

No permitió la nominación de socios fundadores ni de números del sexo masculino, pero sí emplearon algunos como miembros de las directivas. Además, en diferentes poblaciones de la isla se constituían delegaciones bajo la orientación de una junta Directiva y otra Consultiva integrada por doce asociadas.

En su primer año de trabajo, la atención a la salud se realiza a través de convenios con hospitales privados, pero a partir del 19 de junio de 1931 se instala un sanatorio, con idéntico nombre al de la Asociación, situado en la calle Aguilera, en Lawton, residencia de Rafael de Cárdenas, general del Ejército Libertador y su familia. Con posterioridad, este inmueble, denominado Finca La Generala, fue abandonado por su viuda Antolina Culmell, y quedó deshabitada durante un tiempo hasta que fue rentada por el sanatorio para enfermas mentales del Doctor José Baralt Barnet y, más tarde, alquilado por la Asociación Hijas de Canarias.

No obstante estas nuevas mejoras, el 20 de junio de 1931 se vieron en la necesidad de realizar reformas a su reglamento para cubrir otros intereses de sus afiliadas. El nuevo proyecto hace extensiva la acción protectora a la mujer no asociada e insiste en contribuir en los beneficios moral y material, estrechar las relaciones con la Asociación Canaria y entre las dos islas.

En poco tiempo, la Asociación Hijas de Canarias, con el apoyo de la Asociación Canaria de Cuba de 1906, obtuvo importantes logros de indiscutibles méritos en la historia de los isleños en Cuba. Sin embargo, la atención médica continúa en el centro de sus preocupaciones, por lo que nombran un director como jefe superior del sanatorio, donde las asociadas se atendían de aquellas enfermedades contraídas después de su inscripción, con excepción de los accidentes fortuitos y las dolencias de carácter agudo que reclamaban atención urgente.

Además, recibían tratamientos por facultativos de la institución, así como visitas a domicilio, facilitándoles las medicinas en la farmacia de la clínica. Otro de los derechos que asistía a las afiliadas era la atención en el parto, tanto en el hospital como en su domicilio, en cuyo caso la atendía una comadrona social.

Para disfrutar de los beneficios que se consignan en el nuevo reglamento era indispensable ser de condición obrera, empleada, oficinista, artesana, periodista, estudiante, entre otras, y solo contar con recursos para el sostenimiento de su hogar.

Existieron también otras posibilidades para las asociadas que llevaran, ininterrumpidamente, más de tres años afiliadas. Cuando el Cuerpo Médico de la Sociedad, reunido en junta médica, declaraba de absoluta necesidad para la curación de una enferma un viaje de rehabilitación fuera de la isla, y la paciente carecía de recursos, según criterio de la Directiva, la Asociación costeaba, por una sola vez, el viaje en barco preferiblemente en la categoría de tercera que resultaba más económico. Además, cuando los recursos de la institución lo permitieron, le entregaban a bordo 50 pesos para costear sus necesidades a la llegada. Ese derecho solo podía ser ejercitado por una vez en un término de 10 años.

Por otra parte, en caso de fallecimiento de una afiliada en la Casa de Salud, la Asociación se responsabilizaba con otorgarle un entierro modesto, pero decoroso a todas por igual. Los accidentes por intentos de suicidios le impedían el derecho de atención y de ocurrir el fallecimiento, no se cubrían los gastos del funeral. Además, según disposiciones dictadas por la Secretaría de Sanidad, no se atendían a las que padecían de enfermedades infecciosas, males por embriaguez o por consumo de sustancias heroicas. En caso de accidente de trabajo, tenían que consultarse con la compañía aseguradora del lugar donde eran empleadas.

Este centro hospitalario, según sus fundadoras, se constituye con el propósito de facilitar a la mujer de escasos recursos la posibilidad de afrontar los gastos que ocasiona una enfermedad, de acuerdo con lo que estipula la Federación Médica de Cuba, la cual no admitía a personas con solvencia económica como componentes de esta clase de instituciones.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos que realizó para sostenerse, lo exiguo de sus capitales impidió continuar con sus labores médico-asistenciales. De modo que se cancela la inscripción por resolución del Gobernador Provincial el 3 de diciembre de 1952, procediendo a la disolución del centro.

Hay que tener en cuenta, que la década del treinta no fue una etapa fácil para las mujeres que recién estaban alcanzando su representación social. Además, esta institución femenina sale a la luz entre los años 1929 y 1933, en medio de la gran crisis económica mundial que afectó profundamente la economía cubana y, de una manera u otra, a todas las capas sociales, lo que contribuyó, entre otros factores, a la desaparición temprana de este Centro.

 

Notas

* Conferencia presentada en el II Coloquio Presencias Europeas en Cuba, 2018, del Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales Cuba-Europa: Palacio del Segundo Cabo.

[1] La edad y empleo de sus padres consta en la fe de bautismo.

[2] Archivo Histórico de la Universidad de La Habana. Expediente académico de Juana María Rodríguez Cruz, Facultad de Letras y Ciencias, No. 19.564.

[3] El primer reglamento presentado al Gobernador Provincial se aprobó el 13 de julio de 1930 por el Comité Gestor de la misma y fue inscrito en el Registro de Asociaciones el día 17 de ese mes con el No. 9248 y cancelada por resolución del Gobernador Provincial el 3 de diciembre de 1952. Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Registro de Asociaciones. Expediente de Fundación “Asociación Hijas de Canarias”.

[4] Expediente de Fundación de la Asociación Hijas de Canarias. Archivo Nacional de Cuba. Registro de Asociaciones, No. 54, Expediente 10269, Legajo 346, p. 7.

[5] Reglamento de la “Asociación Hijas de Canarias” de La Habana, Archivo Nacional de Cuba, Fondo: Registro de Asociaciones. Expediente de Fundación “Hijas de Canarias”, Fondo: 54, Expediente 10269, Legajo 346.

[6] Tierra Canaria, febrero de 1931, La Habana, p. 8, C. 1.

Dolores Guerra López: Doctora en Ciencias Históricas. Licenciada en Educación en la especialidad de Historia y Ciencias Sociales por el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona. Se desempeña como Investigadora y Profesora Titular del Instituto de Historia de Cuba y de la Universidad de La Habana. Es autora de varios libros y artículos relacionados con la asociatividad de los inmigrantes españoles en Cuba en los siglos XIX y XX. Entre sus principales obras se encuentran: La Quinta Canaria. Legado de la inmigración canaria a Cuba; Labor social de los españoles en Cuba; Canarios en Cuba. Sus asociaciones insignes y Sociedad de Instrucción Naturales del Ayuntamiento de Puentes de García Rodríguez.

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El artista andaluz Guillermo de Mancha y su quehacer teatral en Cuba entre 1922 y 1946

guillermo de mancha

MSc. Joney Manuel Zamora Álvarez

Septiembre 24, 2021

 

La historia en la riqueza incalculable de sus fórmulas, reserva siempre una sorpresa y una variante a todos los esquemas del desarrollo individual y colectivo. No es ocioso aseverar que es muy eficaz e interesante el conocimiento de todas las vidas que se agitaron en un pasado pugnaz y polémico, cualesquiera que fueran sus sombras y sus pequeñeces.

La posibilidad de reconstruir con generosidad y placer la vida en común de los artistas teatrales antillanos y españoles, es una de las más ingenuas y nobles alegrías que puede disfrutar quien produce obras de historia. El trabajo del actor, el cómico o cualquier intérprete de los escenarios y aquellos cambios de personalidad de los mismos, siempre despertaron la curiosidad del pensador, el espectador y el aficionado.

Debe tenerse en cuenta que siempre resultará imprudente destinar al olvido, o no encontrarle un lugar en la memoria del país, a determinados componentes del universo social cubano y foráneo del siglo XX.

No es incorrecto aseverar que, a pesar de los diversos matices de los nacionalismos criollos, laboró junto a los histriones de la mayor de las Antillas, una figura foránea que, en esas convulsas décadas de 1920, 1930 y 1940, ganó el respeto y la consideración en los escenarios de nuestro país. Se trata de Guillermo de Mancha, quien nació y realizó sus primeros estudios en Sevilla, pero se trasladó a Madrid para estudiar el Bachillerato y cinco años de la carrera de Medicina. Pero pronto se convenció que el verso se prestaba mejor a su temperamento y a sus facultades.

Según el periodista Germinal Barral y López, el actor y director sevillano de radio y teatro Guillermo de Mancha tenía el aspecto reposado, sereno, sonriente y pulcro de un individuo que se encontró a sí mismo.

Gracias a los textos publicados por el mencionado cronista y el libro La radio en Cuba de Oscar Luis López se pudo saber que esta figura artística inició su carrera teatral a la edad de 17 años. Pero existen imprecisiones si esta iniciación acaeció en Málaga o en la capital española. Lo que sí pudo ser comprobado fue su temprana insistencia en el arte del teatro por confiar en la necesidad del público de volver a emocionarse. Poseyó desde su pubertad verdaderas esperanzas en el teatro lírico y tuvo la ambición de tener un cuadro de excelencia para interpretar las grandes obras del teatro universal.

Guillermo de Mancha en su juventud actuó en el Teatro de la Comedia de Madrid con la Compañía Guerrero-Mendoza y también realizó interpretaciones como barítono en la obra El Húsar de la Guardia. A la edad de 20 años debutó como galán cómico en un escenario matritense. En España intervino en la película Los muertos viven junto a la afamada actriz María Guerrero. En su natal Andalucía compartió trabajos en el teatro con el célebre actor cómico Juan Espantaleón y realizó giras con los famosos artistas Paco Fuentes y Lola Membrives.

Vino a Cuba por vez primera en 1922 con la artista italiana Mimí Aguglia, con quien recorrió toda la República, pero en Santiago de Cuba, el actor se quedó en la mencionada ciudad del oriente cubano cuando aquella actriz embarcó para España. Pero más tarde, el intérprete español formó una compañía y fue a México.

Este artista encontró en Cuba un lugar, confortable y plácido como un hogar. Llegó a decir que La Habana tenía sobre él influencias curativas para su corazón. Sus emociones se destinaron a Cuba. Acató las leyes cubanas e hizo vida común con los criollos antillanos. Sobrevino en él un amoldamiento a la nueva fórmula de vida. Compartió alegrías y lágrimas con los cubanos después de conocerlos. Se acopló a la dinámica nacional y no se consideró un turista que descendió con visado de tránsito para esperar otro barco. Dejó de ser extraño para ser compañero de vida y de trabajo de los caricatos cubanos. Con él, estos últimos sostuvieron la lucha diaria y lo apreciaron como el compañero de trinchera en la guerra por la existencia.

En la década del veinte la sociedad Pro Arte Musical le encargó la organización de un cuadro dramático con espectáculos inolvidables. Con esta entidad de élite colaboró durante cuatro años. Aseveró que su trabajo allí acabó por falta de calor necesario. Con posterioridad, organizó un cuadro de comedias para la radio. Este actor fue el primero que hizo diariamente una obra completa por las ondas hertzianas desde la capital cubana. Trabajó en las emisoras CMK del Hotel Plaza, en CMX Radio Lavín y posteriormente en CMQ. Puede afirmarse que fue una de las personalidades que forjó la radiodifusión cubana. Ofreció su saber a los colegas antillanos del arte radiofónico y escénico. De Mancha consideró el panorama de la radio en Cuba —en la década del treinta— como un terreno prometedor y un fenómeno en escala ascendente.

Su experiencia fue respetada por los empresarios de las emisoras cubanas por ser producto de la antigua escuela de la farándula.

En el otoño de 1933 fue uno de los miembros de la comisión redactora de los estatutos de la Asociación Cubana de Artistas Teatrales (ACAT). Fue el primer vicepresidente que tuvo ese naciente gremio, que luchó durante 27 años por la dignificación del actor y la actriz de la mayor de las Antillas. Pero tuvo que renunciar a ese puesto por su condición de extranjero. También los artistas Ervigio Pena y Mariana Fort, que eran compañeros asociados no nacidos en Cuba, tuvieron que dejar sus cargos directivos en la ACAT, en noviembre de 1933, al ponerse en vigor la Ley de Nacionalización del Trabajo por el gobierno de Ramón Grau San Martín. Desde entonces la mayor cantidad de responsabilidades laborales debían ser llevadas a cabos por ciudadanos cubanos.

A pesar de tener que abandonar una importante tarea como dirigente gremial, el 5 de octubre de 1936 fue electo presidente de aquella organización de la cual él era un notable fundador. Precisamente, en la Asamblea General Extraordinaria del día señalado, sus compañeros agremiados le dieron un voto de confianza para que presentara su carta de ciudadanía cubana. En esa especial reunión de asociados, De Mancha obtuvo 179 votos a su favor. Su presidencia, según lo reglamentado en los Estatutos de la Asociación, duraría hasta octubre del año siguiente. Sus colegas esperaron de él que nivelara el erario social y que las cajas de la organización tuvieran la misma cantidad de efectivos que a principios de su mandato.

En 1937, con el objetivo de captar dinero, alquiló una pequeña finca que la Asociación poseía en la capital cubana. En ese año, sus propios compañeros comenzaron a hacer apuestas sobre la duración del período presidencial de este artista español; ya pronosticaban que el artista cienfueguero Eddy López sería el posible sustituto en las elecciones de octubre. Según Oscar Luis López, Guillermo de Mancha no tuvo una actuación digna como líder de los actores y actrices de Cuba, pues se caracterizó por la indisciplina, el desorden administrativo y por no haber alcanzado ventaja alguna para el sector artístico. A pesar de este aspecto negativo en su trayectoria política a nivel gremial, no fueron vilipendiados sus méritos profesionales de actor y director artístico brillante. Estas potencialidades de peso afortunadamente quedaron por encima de sus errores como dirigente de la ACAT. Gracias a sus potentes virtudes gozó de generales simpatías y del más amplio crédito en la radioaudiencia.

Fue director de la Escuela de Declamación de Películas Cubanas. Afirmaba que el cine era una industria que reclamaba capitales para afianzarse definitivamente. Aseguraba que ninguna producción extranjera había logrado en sus primeros intentos los éxitos económicos de la película cubana.

Murió el 30 de diciembre de 1946 en plena actividad profesional. Este fallecimiento produjo hondo pesar en los centros artísticos de La Habana. Al menos, fue recordado por dar un paso adelante en la conformación de una trinchera honesta en defensa de la dignidad profesional teatral y un cuerpo de lucha de los artistas de los espectáculos. Intentó redimir a sus colegas de la escena de sus largas pruebas de martirio; brindó un buen pan espiritual a un pueblo lejano al suyo, y puso a prueba su capacidad de sacudirse sus egoísmos para juzgar serena y honestamente lo que les sucedía a sus compañeros. Puede finalizarse que entregó en las noches los secretos de su existencia milagrosa.

Notas

* Conferencia presentada en el II Coloquio Presencias Europeas en Cuba, 2018, del Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales Cuba-Europa: Palacio del Segundo Cabo.

Joney Manuel Zamora Álvarez: Máster en Historia Contemporánea y Relaciones Internacionales por la Universidad de La Habana y Licenciado en Historia. Investigador del Instituto de Historia de Cuba desde 2007. Ha desarrollado trabajos sobre las políticas culturales del Estado cubano en el período comprendido entre 1933 y 1961 y sobre la influencia de las artes melódicas populares en la segunda mitad del siglo XX.

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Prácticas culturales religiosas e identidad en Camagüey

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Bárbara de las Nieves Oliva García

Septiembre 17, 2021

 

La cultura cubana se ha conformado en una larga y compleja carrera de préstamos y transferencia que implican procesos de desconstrucción de los modos de vida ya establecidos y la reconstrucción de prácticas culturales asociadas a los referentes sociales más cercanos y a herencias patrimoniales que se van trasmitiendo de generación en generación, en especial las relacionadas con el patrimonio cultural vivo.

Los procesos migratorios desde España hacia Cuba tuvieron una significativa repercusión, desde los inicios de la conquista y colonización en el siglo XV hasta la primera mitad del siglo XX, no solo en el orden cuantitativo por el peso alcanzado por este trasvase humano desde el período colonial, sino desde el punto de vista étnico y cultural. El investigador Manuel Martínez Casanova, en el ensayo titulado Cultura popular e identidad: una reflexión, apuntaba sobre el tema:

Nos estaríamos refiriendo a un resultado, o más bien un proceso, en el que diversos factores, movilizados en el devenir dialéctico de lo casual y lo necesario, confluyen incidiendo específicamente en la conformación de componentes y matices, así como en las posibilidades de proyección ulteriores del sistema dado. [1]

Las leyes españolas de restitución de nacionalidad y el actual contexto económico, social y político cubano ha favorecido el crecimiento en cuanto a la ciudadanía española de descendientes o naturales, la mayoría se afiliaron a la nueva propuesta por mejoras económicas y las posibilidades de viajar fuera del país. No obstante a estos motivos iniciales, alejados de un proceso de identidad enraizado con la cultura española, es indiscutible que su ascendencia favoreció la presencia en el seno familiar de tradiciones, costumbres y expresiones culturales que en algunos casos se trasmiten hasta las nuevas generaciones de descendientes y no han sido estudiadas con sistematicidad.

Lo expuesto anteriormente permite identificar como objetivo general: Caracterizar la práctica cultural religiosa de los cántabros en Camagüey asociada a la celebración de la Bien Aparecida entre 1996-2018.El concepto rector de prácticas culturales ha cobrado importancia desde varias ciencias como la Antropología, la Psicología y la Sociología; especialmente en esta última desarrollado por Pierre Bourdieu, en 1970. Algunos autores coinciden con sus postulados o establecen similitudes con los conceptos de prácticas cotidianas, entre ellos, Michel De Certeau, y Martín Barbero, o prácticas sociales como lo denomina A. Giddens, al comprender dentro de las prácticas sociales las acciones recurrentes ordenadas en tiempo y espacio.

La teoría Bourdiana distingue las prácticas culturales como:

Las actividades específicas que realizan las personas dentro de un campo cultural determinado (artístico, académico, religioso, deportivas, escolares, científicas, etcétera), que están orientadas a la formación  y/o a la recreación, lo que presupone que son espacios sociales que se van abriendo y consolidando históricamente, que al interno de cada campo hay lógicas específicas, así como en cada uno de ellos hay procesos de formación “disciplinaria” (…) nivel de práctica para el dominio técnico, conocimientos de ciertos códigos de esas prácticas y las formas de participación y organización de cada campo. [2]

En el orden epistemológico su concepto de “habitus” y “campo” se interrelacionan con las prácticas culturales como el producto de la relación dialéctica entre ambos, referidas con el accionar del individuo, las colectividades y las instituciones en la vida cotidiana, el molde cultural que adquieren significados en los marcos de la sociedad. Concibe el habitus al plantear que lo individual, e incluso lo personal, lo subjetivo, es social, es un saber, colectivo, generador de prácticas objetivamente enclasables proyectadas por las condiciones de vida de los grupos sociales, así como la forma en la que éstas prácticas entrevén una relación concreta con la estructura social, el espacio y los estilos de vida. Postulado que resulta imprescindible al trabajar las prácticas culturales religiosas [3].

La representación que se proyectan individual o en comunidades, denominados por Bourdieu, distinción simbólica, no sostiene un análisis objetivo sin desentrañar el posicionamiento identitario de representaciones que individuos y grupos se transmiten a través de sus prácticas culturales como rasgos de la realidad social común que puede ser transformada. Presupone también que mientras mayor es el grado de estas prácticas a nivel social, las personas amplían su visión cultural.

Las prácticas culturales incluyen otras formas de expresión y participación no solo las institucionalizadas por la cultura oficial, sino también las que responden a la “cultura popular”. En este contexto, Raymond Williams, apunta el carácter dinámico y constructivo de lo tradicional, acentuando la necesidad de visualizar que lo residual se toma del pasado, pero se halla en actividad dentro de los procesos culturales presentes, donde se le asignan nuevos significados y valores, lo que genera nuevas prácticas y relaciones sociales, este enfoque antropológico posee puntos de contactos con los postulados de Bourdiu anteriormente explicados.

Entre los principales desafíos de las investigaciones antropológicas contemporáneas en Cuba, se encuentra las prácticas religiosas entendidas como una parte de la identidad del grupo que las produce y en otra dirección, pero no en dicotomía las que aluden a las evidencias del patrimonio cultural vivo que se manifiestan en disímiles prácticas culturales a lo largo del país.

Estudiosos del tema religioso cubano [4] describen el fenómeno como un proceso ininteligible por la heterogeneidad de expresiones religiosas que existen desde la conquista y colonización. Un país conformado por una mixtura cultura tan amplia que se incrementa con el discursar del tiempo no podría tener una praxis religiosa menos compleja.

De modo que los diferentes grupos religiosos fueron delineando sus prácticas culturales en un paralelismo que conlleva a una expresión muy popular en la actualidad, cuando muchos cubanos refieren que creen “a su manera” [5], una forma de explicar que mayoritariamente concurren a iglesias católicas o protestantes, a la vez que participan en ceremonias religiosas de Palo Monte, Regla de Ocha o Santería, espiritismo, entre otras, demostrando el abanico de espiritualidad que los caracteriza.

En sentido general, el contexto cubano actual ofrece una realidad en el plano religioso, similar con el pasado colonial o republicano. Los inicios áridos de Revolución triunfante en 1959 en los debates políticos de un marxismo a ultranza y la religión, conllevaron a determinadas políticas intolerantes frente a la religiosidad, en especial a la católica, que, si bien no se manifestaban explícitamente en las nuevas leyes adoptadas por el gobierno, se ejecutaban a través de una praxis discriminatoria. El silencio y las “prohibiciones” [6] que imponía la política estatal oficial chocaba contra una expresión religiosa de resistencia con nuevas prácticas culturales, lo que posibilitó casi tres décadas después, un mejoramiento de las relaciones en este sentido, fundamentalmente con la Iglesia católica [7] que había quedado rezagada con relación a otras religiones. 

Los años posteriores a 1990, con el recrudecimiento de las condiciones económicas, el incremento de la religiosidad católica expresó la necesidad de sobrellevar una crisis de valores de la sociedad en su conjunto. Así mismo se revitalizan y visualizan prácticas religiosas por grupos e individuos que contribuyen a subrayar la significación de las tradiciones, costumbres y experiencias colectivas, en la definición de los rasgos de una comunidad, y la construcción grupal de referentes identitarios, puntos de partidas insoslayables para la apreciación de un fenómeno tan complejo como las prácticas culturales asociadas a la religión católica camagüeyana.

La otrora villa de Santa María del Puerto del Príncipe, es conocida por diversos epítetos, entre ellos uno de los más divulgados por los urbanistas es el de la Ciudad de las Iglesias [8], por la alta presencia del repertorio religioso católico compuesto por iglesias, conventos y colegios, aunque debe tenerse en consideración la labor de las figuras religiosas de Fray Ollao Valdés, José Cruz Espí, Monseñor Arteaga y recientemente Monseñor Adolfo, entre otros. Todos fueron admirados y queridos por los camagüeyanos; algunos se encuentran ligados a hechos históricos y a leyendas de trascendencia en la ciudad [9], constituyen así parte indispensable del patrimonio y la memoria cultural del pueblo.

Las festividades religiosas católicas también ocupan un lugar prominente en la idiosincrasia del camagüeyano. La celebración de La Candelaria, como patrona de la región, es un referente obligatorio que traspasa los límites de un patronato que coincide con las festividades de Cataluña, para perdurar junto a los festejos de la fundación de la vetusta villa.

El investigador Marcos Antonio Tamames Henderson [10], en su artículo Religiosidad en las Ordenanzas Municipales de Puerto Príncipe aprobadas en 1856, plantea ideas muy sugerentes sobre la conmemoración de la Semana Santa [11], en la colonia, normas que según el autor convocaba a la comunidad desde la práctica a ser partícipes directos del simbolismo que porta el Santísimo Sacramento. Tamames, recoge los patrones que se establecen para la celebración de la Eucaristía, la representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo durante la Semana Santa hasta los patrones de comportamientos que deben tener los vecinos.

La Convención para la salvaguardia de los bienes culturales inmateriales en el 2003, revalida que las manifestaciones por tradición, hábitos y costumbres, enriquecen la memoria histórica de los habitantes o comunidades de una región, un país o nación y estas llegan a convertirse en signos y símbolos que ratifican su identidad. Dentro de estos bienes uno de los más significativos es la expresión religiosa, que conduce a su reconocimiento social.

Celebración de la Virgen la Bien Aparecida. Una práctica cultural de los inmigrantes españoles cántabros: signos a redescubrir en Camagüey

El flujo migratorio desde España no se mantuvo como un proceso constante, los datos obtenidos en los censos demuestran que Cuba fue el lugar preferido por la emigración hispana hasta 1898 y posteriormente entre 1920-1930. Los motivos fueron disímiles, pero en sentido general, el movimiento migratorio español se caracterizó por la alta presencia de adultos, con elevados índices de masculinidad, un predominio de agricultores y comerciantes [12]. Llegar a Cuba con sus familias completas era casi imposible, el costo del pasaje o la estancia en el país obligaba a la mayoría, especialmente los más jóvenes a emigrar solos, aquí formaban sus familias, pero tanto ellos como sus descendientes directos, no abandonaron las prácticas culturales religiosas de su lejana patria a las que incorporaban nuevas expresiones como parte del proceso de adaptación. Una de las más significativas eran la de asociarse con sus coterráneos, con sentir comunitario, comprendido a la manera de los teóricos Emile Durkheim, Carlos Marx, Porzecanski, Fernández de la Rota, Ander-Egg, Quintana, Nogueiras, que resaltan aspectos distinguibles en cuanto a estructuras físicas-geográficas, administrativas y sociales, vínculos, fines comunes que caracterizan los diferentes grupos sociales.

De esta forma el contexto cultural cubano se nutrió de un constante y creciente proceso  de cambios que condicionó una influencia significativa en la sociedad cubana en todos los  órdenes de la vida [13] y gradualmente los inmigrantes conformaron una especie de mosaico que se distinguió por los sentimientos y percepciones acerca de una cultura común que va ajustándose a nuevos patrones, donde emergen reproducciones de costumbres y tradiciones españolas  sedimentadas en el modo de pensar y sentir colectiva o individualmente.

Los cántabros gozaron de gran aceptación en la sociedad cubana y entre los propios españoles radicados en el territorio. El diario Correo Español [14] lanzó un concurso que preguntaba ¿Cuál es la provincia de España que cuenta con más simpatías en Cuba?, donde ganó con una cifra de 67.179 votos la provincia Santander. La inmigración cántabra en la isla mantuvo un fuerte y profundo sentido de pertenencia hacia su cultura, sus relaciones se manifestaron en celebraciones de festividades, intenso arraigo hacia los hábitos alimentarios, unido a una sólida posición económica que posibilitó imprimir su huella en la sociedad cubana. Las artes, el comercio, la industria, etc., ofrecen figuras cántabras de verdadero relieve. La Habana, Cienfuegos, Matanzas, Camagüey y Holguín, fueron las zonas donde mayor asentamiento de cántabros existió, y actualmente continúan siendo los territorios con mayor número de descendientes que existen en el país.

El asociacionismo de los inmigrantes españoles montañeses estuvo marcado por la creación de La Sociedad Montañesa de Beneficencia y el Centro Montañés de La Habana, las sedes más antiguas de las Casas de Cantabria en América Latina, creadas a mediados del siglo XIX que funcionaron junto a otras asociaciones como: Club Tierruca, Juventud Montañesa, Unión Liébana y Peñarrubia y la Unión hijos del Pechón [15].

En Cuba, la primera referencia para celebrar la festividad de La Virgen la Bien Aparecida [16] aparece en las Memorias de la Sociedad Montañesa, que recoge los intentos fallidos desde 1884 para realizar fiestas en su honor. No es hasta 1907, dos años después de ser reconocida como la patrona de la diócesis y región, con la repercusión del artículo Nuestra Patrona y la Beneficencia donde se convoca a los cántabros y sus descendientes a participar en una romería para tales fines. Finalmente, el 25 de agosto se da a conocer que celebrarían por primera vez estas fiestas. Se solicita por parte del Sr. Rufino Cano que le envíen la imagen de la virgen que se colocaría en el altar construido para estos menesteres en el parque Palatino. Para la ocasión los padres montañeses Francisco Revuelta y Camarero oficiaron la primera misa. Posteriormente se hizo costumbre que los montañeses en sus trajes de pasiegos, tamboneros y con otros aditamentos típicos, engalanaran las calles habaneras dirigiéndose a los Jardines de la Tropical, al parque Palatino, a los terrenos de Luyanó, entre otros lugares escogidos para su conmemoración.

Lamentablemente en Cuba, solo existe imágenes de la Virgen en la Capilla del Cementerio de Colón, construida por los montañeses radicados en la capital y en la iglesia Santo Ángel Custodio, de La Habana, lugar donde se comenzaron hacer las celebraciones a partir de 1918 dada la prohibición emitida por las autoridades católicas para realizar fiestas religiosas fuera de los templos. No obstantes, las romerías continuaron efectuándose hasta el triunfo de la revolución que disminuyeron en presencia e intensidad. Existen algunas referencias que en La Habana se han oficiado algunas misas los 15 de septiembre a la que asisten los cántabros y sus descendientes, así como algunas autoridades de la embajada española en Cuba.

Un análisis de esta práctica cultural religiosa en La Habana arroja interesantes hipótesis sobre la significación de la celebración, llama la atención el hecho que solo a dos años de ser reconocida como patrona de la región de Cantabria, se publique en Cuba un artículo que su título denota sentimientos de pertenencia y respeto a la tradición por la comunidad de montañeses. Los paseos por espacios citadinos importantes de la capital demuestran la aceptación que debe haber tenido como práctica religiosa de los españoles dentro de la sociedad habanera que tal vez con su presencia compartía tales festividades. No se ha encontrado otras referencias sobre celebraciones de forma similar por españoles radicados en la capital del país.

En otra dirección existen incógnitas sobre la creación de una asociación de ese tipo en Camagüey cuando existían varias familias de origen cántabro con descendencia en la zona.  Sobre la festividad, la mayoría (73%) de las fuentes orales expresaron recordar que sus padres y familiares asistían en ocasiones algunas fiestas por esa época del año en La Habana, aunque no pueden asegurar que estén relacionadas con la Bien Aparecida.

En la actualidad el número de ciudadanos españoles ha crecido por el reconocimiento oficial que otorgan las leyes de naturalización desde finales de la década de 1990. Los datos aportados por el Registro del Consulado Jurídico Español en Camagüey, hasta el 2018, reconocen la existencia de más de 83 naturales, 9 796 personas que son descendientes en primera y segunda generación de españoles y de ellos más del 84% ostentan la nacionalidad de este país y un 37% han viajado a España. Cifras que son las más elevadas en cuanto otorgamiento de otras nacionalidades en la provincia.

En diciembre de 1994, nació la Casa de Cantabria de Camagüey, bajo el aliento de un grupo de descendientes, en especial de Orlando González Beares, presidente de la misma desde su fundación hasta la actualidad, a la vez miembro del Consejo Mundial de las Casas de Cantabria. Constituye junto a la sede de La Habana las dos únicas Casas de Cantabria en el territorio nacional. Hoy cuenta con más de 300 asociados –mayor asentamiento de cántabro en Cuba-  la mayoría descendientes de las regiones de: Treviso, La Vega, Cabezón de Liébana, Labarces, Torrelavega, Laredo, Bárcena de Cicero y Santander, entre otras zonas [17].  Desde su creación desarrolla un amplio proyecto cultural para mantener vivas las tradiciones de la región de Cantabria y aquellas que se han incorporado a las costumbres camagüeyanas, niños, adultos y adultos de la tercera edad son colaboradores y beneficiarios del proyecto. Poseen una biblioteca que se encarga de divulgar todo lo relacionado con Cantabria, en correspondencia al artículo No 6 del estatuto de Autonomía para Cantabria, de 1981, que enuncia: “Las Comunidades montañesas asentadas fuera del ámbito del territorio de la región, así como sus asociaciones y centros sociales tendrán el reconocimiento de su origen cántabro y el derecho de colaborar y compartir la vida social y cultural de Cantabria” [18].

Una de las primeras tareas que asume la directiva de la Casa de Cantabria en 1995 es organizar la celebración de la Virgen de la Bien Aparecida, patrona de Cantabria, en ese año se hace de forma muy sencilla y a partir de 1996 hasta el presente, se reúnen en la iglesia de San José donde inicialmente el padre Mariano Tomey- de origen montañés- ya fallecido, oficiaba misas con estos fines. A esta celebración se añaden acciones en instituciones culturales como: concursos, muestras expositivas, conferencias, proyecciones de peregrinaciones al Santuario dedicado a la Virgen en la Iglesia del convento de San Felipe el Real.

A partir del 2008 con la presencia de la Coral Ijujú se ofrecen recitales en varias iglesias de la ciudad. La Casa de Cantabria lleva su imagen de la Bien Aparecida y personas de la tercera edad fundamentalmente le enciende velas, rezan y hacen pedidos. Para los más jóvenes y adultos se lanzan concursos sobre la religión, siempre vinculados a las prácticas culturales de Cantabria y su presencia en Cuba, especialmente en Camagüey, se reparten folletos confeccionados en la Casa y se finaliza con una cena e intercambios donde participan las familias que asisten a la ceremonia.

Un estudio de esta práctica durante los últimos 5 años realizado por la Casa de Cantabria, arrojó que se había incrementado la asistencia progresivamente hasta alcanzar en el 2018 un 72% de los asociados. Cifra que tiene en cuenta desde sus inicios para el análisis del público los siguientes aspectos:

  • Asociados que se hallan en la ciudad.
  • Personas que pueden asistir por estado de salud
  • Personas que asisten por primera vez
  • Tipo generación a la que pertenecen
  • Conocimientos que tienen de la ceremonia
  • Evaluación de la liturgia
  • Grado de satisfacción
  • Otros datos generales (edad, sexo, nacionalidad)

Un análisis estadístico de los resultados de las encuestas permite confirmar el crecimiento de los participantes, así como la colaboración y asistencias en las actividades colaterales que se realizan.

Un dato de interés que se asume para el estudio es la búsqueda dentro del imaginario colectivo de la significación de la celebración, de allí que resultó interesante el intercambio con algunas de las personas que viajaron a España y se pudo comprobar que de ellos el 47 % había visitado lugares donde se halla su imagen, algunos suvenires adquiridos que se refieren a la tradición cántabra y hasta fotografías que guardan como recuerdo de su estancia en el lugar.

En las encuestas se constata que en el período estudiado el 96% de los invitados expresan un grado de satisfacción elevado con las actividades en las que participan, siendo la celebración de 2014 la de mayor nivel de satisfacción. Otro aspecto que fue positivo en los 5 años recientes ha sido la incorporación de jóvenes que pertenecen a la tercera y 4 generación de descendientes, a su vez, hubo un incremento en un 13% de personas que asisten en calidad de invitado.

En el caso de los invitados las preguntas de la encuesta están encaminadas a indagar sobre los conocimientos que poseen de la Casa de Cantabria, de la Virgen de la Bien Aparecida, entre otros datos de interés. En cuanto a la Casa de Cantabria solo el 54 % responde con elementos substanciales que indican conocimientos de su quehacer, el 39 % poseen nociones generales y el 7 % era totalmente desconocedor. Con respecto a la ceremonia el 78% desconocía de la misma, el 19 refería un nivel bajo de conocimiento y un 3 % demostró tener suficientes dominios. Sobre la Virgen de la Bien Aparecida solo un 12 % conocía que era la patrona de Cantabria, sin poder añadir otros datos, aunque establecían nexos de conocimientos con la Virgen de la Caridad, el resto alegaban no conocer nada de ella.

Otro aspecto de interés que requiere un estudio más profundo está referido al vínculo que se constató en las actividades festivas de la patrona de Cantabria con la Virgen del Cobre, patrona de Cuba. La revisión de programas culturales concebido para la Celebración, demostró las referencias musicales dedicadas a la Virgen del Cobre, así como en las muestras expositivas y conferencias la relación que se estableció en cuanto a algunas coincidencias entre las imágenes en cuanto a los mantos, coronas y el hecho de tener en sus regazos al niño Jesús. Para mayores coincidencias solo una semana distancia ambas celebraciones.

Por los resultados obtenidos en las encuestas y la observación directa a la práctica cultural se puede inferir que ha marcado pauta en los descendientes de Cantabria en la ciudad agramontina y ha fortalecido los lazos inter generacionales, comprensible si se toma en cuenta la significación de la praxis, el etnólogo, antropólogo e historiador Fernando Ortiz tempranamente expresó: “Toda cultura es esencialmente un hecho social. No sólo en los planos de la vida actual, sino en los de su advenimiento histórico y en los de su devenir previsible” [19]. Este vínculo entre el pasado y el futuro a través del presente, solo es comprensible desde la percepción cultural los criterios de la Dra. Martha Arjona cuando señaló:

Entiendo por cultura no sólo la suma y sedimentación de experiencias propias y heredadas, sino el grado de conciencia de sí que tenga determinado grupo humano. Este reconocimiento, tamizado a través de las condiciones históricas y sociales se convierte en identidad cultural. (….) La identidad cultural es una riqueza que dinamiza la posibilidad de realización de la especie humana, al movilizar a cada pueblo y a cada grupo a nutrirse de su pasado y acoger los aportes externos compatibles con su idiosincrasia y continuar así el proceso de creación. [20]

Consideraciones finales

La práctica cultural religiosa de celebración de la Virgen La Bien Aparecida cada 15 de septiembre en Camagüey a partir de 1996 abarca no solo la liturgia de la misa que se realiza en la Iglesia San José, sino que a su alrededor se materializan otras actividades que enriquecen esta práctica cultural. El estudio de público muestra datos que corroboran el incremento gradual de los participantes, sentido de pertenencia y la partición de generaciones más jóvenes como expresión de continuidad.

Como signo cultural representativo de la festividad de la Virgen La Bien Aparecida, sobresale los nexos que se existente entre la patrona de Cantabria y la Virgen del Cobre, patrona de Cuba, aspectos que subrayan un proceso histórico que visualiza en la praxis el mestizaje cultural que investigadores han señalado e invita a repensar en las prácticas culturales religiosas modernas asociadas a los descendientes españoles.

 

Notas

* Conferencia presentada en el III Coloquio Presencias Europeas en Cuba, 2019, del Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales Cuba-Europa: Palacio del Segundo Cabo.

[1] Manuel Martínez Casanova. Cultura popular e identidad: una reflexión, p.1.

[2] Bordiu, P. (1990). Sociología y cultura. p: 23-47.

[3] Bordiu, P. (1990). Sociología y cultura. Bourdieu asume el concepto de práctica, para ofrecer argumentos que permiten superar la tensión dinámica de las relaciones entre la estructura y el individuo. Sus conceptualizaciones de habitus y campo son compartidas por la autora en cuanto para el sociólogo el habitus es una subjetividad socializada y el campus un sistema relacional objetivo, instituido socialmente, una red o configuración de relaciones objetivas entre posiciones, ambos presentes en el fenómeno religioso.

[4] Entre los estudiosos se encuentran Fernando Ortiz, Olga Portuondo, Alain Basail y M Yoimy Castañeda Seijas, Miguel Barnet, Jesús Guanche, Ana Díaz, entre otros.

[5] Alain Basail y M Yoimy Castañeda Seijas en el ensayo: Conflictos y cambios de la identidad religiosa en Cuba citan las declaraciones de Monseñor Jaime Ortega, en 1982, en el Encuentro Diocesano de Pastoral que reconoce la religiosidad del pueblo con fundamento católico, pero sin práctica ortodoxa.

[6] La posición de algunas autoridades eclesiásticas en cuanto a la Revolución y la postura inflexible de algunos dirigentes de la Revolución se manifestó en actitudes gubernamentales de discriminación, y críticas a posturas religiosas interpretadas como rezagos de la burguesía. Aún no se ha develado en toda la dimensión a través de los estudios antropológicos las consecuencias de estas actitudes para el panorama sociológico y cultural del país.

[7] La posición de algunas autoridades eclesiásticas en cuanto a la Revolución y la postura inflexible de algunos dirigentes de la Revolución se manifestó en actitudes gubernamentales de discriminación, y críticas a posturas religiosas interpretadas como rezagos de la burguesía. Aun no se ha develado en toda la dimensión a través de los estudios antropológicos las consecuencias de estas actitudes para el panorama sociológico y cultural del país.

[8] En el Centro histórico declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad existen las iglesias: Nuestra Señora de la Merced, Nuestra Señora de La Soledad, La Catedral, la del Sagrado Corazón de Jesús, San Juan de Dios, Santa Ana, y El Carmen. Otras como: Santo Cristo del Buen Viaje, la Capilla de San José y La Caridad son representativas de un crecimiento urbano y demográfico significativo en los siglos XVII y XIX.

[9] Datos históricos demuestran la presencia del Padre Olallo en los momentos que llega el cadáver de Ignacio Agramonte al Hospital de San Juan de Dios, la memoria cultural refiere que fue él quien limpió su rostro. Fue beatificado en el 2008. Por su parte el padre Valencia se halla vinculado a la leyenda del Aura Blanca, una de la más conocida en la ciudad.

[10] Marcos Antonio Tamames Henderson: Monografía Religiosidad en las Ordenanzas Municipales de Puerto Príncipe aprobadas en 1856. p: 6-8.

[11] El investigador Marcos Tamames enfatiza en el texto como se pueden apreciar temas tan diversos en los artículos que recogen las Ordenanzas desde la limpieza e iluminación de las calles por donde transitaba la procesión del Santo Sepulcro hasta la llamada de atención para garantizar la solemnidad religiosa.

[12] Jesús Guanche: Componentes Etnos de la nación cubana, p.27.

[13] Ídem, p. 33.

[14] Fundado en La Habana en 1908 y terminó a finales de la década de 1920.

[15] Datos ofrecidos por el Registro de Asociados de la Casa de Cantabria de Camagüey.

[16] El Diario curioso, erudito, económico y comercial, de 1786 y el Diario de Madrid, 1807 hacen referencia a La Bien Aparecida, asumida por los cántabros como su protectora desde el siglo XVIII, de forma popular, mucho antes de que fuera declarada oficialmente casi un siglo después en 1905, como la patrona de la diócesis y región, coronada canónicamente por el obispo Eguino Trecu, en 1955. La leyenda refiere su presencia desde el año 1605, cuando unos niños ven su imagen con el Niño Jesús irradiando luz a su alrededor en una ermita situada en el alto de Marrón, en el municipio de Ampuero. La historia no fue aceptada por el pueblo, el alcalde y todos los moradores parten a la ermita en procesión el 15 de septiembre, comprobando lo descrito por los infantes, y de esta forma quedó establecida la festividad y trascendió la veneración a María Santísima con el título de la Bien Aparecida. Desde entonces su celebración congrega a montañeses dentro y fuera de España, en especial en el Santuario dedicado a la Virgen en la iglesia del convento de San Felipe el Real, donde se halla su imagen, una talla de madera de reducidas dimensiones: 21,6 centímetros (incluido el pedestal). Se desconoce quién modeló y su origen.

[17] Registro de Asociados. Casa de Cantabria de Camagüey.

[18] Casas de Cantabria. Embajadas del mundo. P-58-59.

[19] Norma Flores: Fernando Ortiz y la cubanidad, p: 11.

[20] Martha Arjona, Patrimonio e Identidad. 2003.

Bárbara de las Nieves Oliva García: Licenciada en Historia en 199 y Máster en Cultura Latinoamericana en 1999. Especialista en investigaciones históricas aplicadas en la dirección de investigaciones de la Oficina del Historiador de la ciudad de Camagüey. Vicepresidenta de la Filial de Camagüey de la Unión de Historiadores de Cuba. Miembro del CODEMA. Investigadora de temas relacionados con la historia, cultura y el patrimonio cultural. Trabaja en el proyecto cultural Encuentro de la Casa de Cantabria de Camagüey desde 1998. Ha realizado diversos cursos relacionados con la cultura popular, antropología, museología, género, patrimonio cultural, trabajo comunitario, entre otros. Docente de la Universidad de Camagüey y del Centro Provincial de Superación para la Cultura y el Arte.