La Ruta de la Seda

La Ruta de la Seda

La Ruta de la Seda

La Ruta de la Seda fue una red de rutas comerciales, organizadas desde los siglos I y III a.C. hasta el siglo XV d.C, considerada una vía de intercambio de productos, pero también de culturas, ideas y religiones entre Asia y Europa. Fue un corredor de caminos entre múltiples enclaves de alrededor de 9.000 km., que se extendió por todo el continente asiático y que conectaba a China con Mongolia, el subcontinente indio, Persia, Arabia, Siria, Turquía, Europa y África. El comercio también se desarrolló por mar hasta alrededor de 1453, con la toma de los otomanos de Constantinopla.

Fue el geógrafo y geólogo alemán Ferdinand Freiherr Von Ritchofen, en la segunda mitad del siglo XIX, quien la bautizó con este nombre, en honor a la mercancía más lujosa que circulaba en ella: la seda, cuya fabricación mantuvieron los chinos en estricta reserva. Numerosos productos transitaban estas rutas en un paulatino, pero constante ir y venir: oro, plata, bronce, hierro, perlas, ámbar, marfil, laca, jade, piedras preciosas, coral, tejidos de lana y lino, té, perfumes, tintes, especias, pieles, vidrio cerámica y porcelana. Durante centurias, el comercio interregional suscitó la interacción multicultural entre varios mundos (el chino, el indio, el persa y el mediterráneo), separados por barreras naturales y culturales a primera vista infranqueables.

No era común que los mercaderes la recorrieran en su totalidad. Por lo general, éstos buscaban el mejor precio en enclaves próximos o de su propio territorio, y luego se aventuraban a las fronteras de regiones vecinas donde vendían las mercancías y obtenían sus beneficios, extendiendo así los productos más y más lejos cada vez.

El principio del fin de la ruta comenzó con el monopolio que tuvieron durante la Edad Media los califatos islámicos y luego los selyúcidas y otomanos. Conscientes sus mercaderes de su renta, no permitieron la entrada de segundos o terceros en la ruta, convirtiéndose en el único eslabón posible del comercio. Ello supuso la fuente de su prosperidad, mientras que para Europa se convirtió en una sangría económica. Con el establecimiento del imperio mongol, con sus centros políticos enlazados a lo largo de la Ruta de la Seda, les fue posible lograr una mayor fluidez en el comercio interregional. Gracias a esta estabilidad, Marco Polo y otros viajeros europeos pudieron llegar hasta sus límites. Pero tras su fragmentación, la ruta cayó en una nueva crisis.

A ello súmese la creciente inseguridad en los caminos, y quizá también la propagación de la peste negra o bubónica. Algunas caravanas no llegaban nunca a su destino debido a los saqueos, confiscaciones y asaltos que les costaba la vida a los mercaderes y, en el mejor de los escenarios, la ruina. En paralelo, también existía el riesgo de perecer en el trayecto a causa de accidentes o enfermedades.

No obstante, para Europa era urgente hallar nuevas rutas marítimas que posibilitaran el comercio directo con Asia, lo que ocasionó el inicio de la era de las exploraciones. Cristóbal Colón propuso a los reyes de Castilla y Aragón navegar hacia el oeste para encontrar Las Indias. Se supo que Colón no había arribado a las Indias, sino a un nuevo continente situado entre Europa y Asia en 1513, tras la expedición de Vasco Núñez de Balboa que, al cruzar el istmo de Panamá, descubrió el océano Pacífico. Los portugueses tomaron la delantera y en 1498 el navegante Vasco da Gama halló la vía marítima entre Europa e India y estableció la Ruta del Cabo. Más tarde, en 1513, Jorge Álvares llegaría a las costas de China. Tras la colonización de Filipinas por la Corona española y el descubrimiento del tornaviaje o ruta de regreso a México a través del océano Pacífico, se estableció la ruta del Galón de Manila o Nao de China. Esta llevaba las mercancías de Oriente hasta el Virreinato de Nueva España, de donde reembarcaban en la Flota de Indias de vuelta a la metrópoli. Fue una ruta regular que se prolongó durante más de doscientos años y que puso en contacto a Asia con Iberoamérica y Europa.

dest

Marco Polo y el Libro de las maravillas del mundo

Marco Polo y el Libro de las maravillas del mundo

Marco Polo (1254 –1324) fue un mercader y explorador veneciano, uno de los primeros y más famosos europeos en viajar a Asia Central y del Este durante la Edad Media. Junto a su padre Niccolò y su tío Mateo, emprendió en 1271 una expedición por la llamada Ruta de la Seda hasta el Imperio Mongol y China. Después de 24 largos años, en 1295, regresó a Venecia; diecisiete de esos años estuvo al servicio del emperador mongol Kublai Kan, de quien fue consejero, diplomático y gobernador de la ciudad de Yangzhou.

A su vuelta, tomó parte en la batalla naval de Curzola entre Venecia y su gran rival, la República de Génova, en 1298. Fue capturado y hecho prisionero. Durante su encarcelamiento, coincidió con el escritor Rustichello de Pisa, a quien dictó un detallado relato de sus memorias de viaje. Este texto se conoce con varios nombres: Il Milione (El millón), Los viajes de Marco Polo, Le divisament du monde (La descripción del mundo) o Libro de las maravillas del mundo.

El libro alcanzó un éxito nada frecuente en la época anterior a la invención de la imprenta. Se tradujo a diversas lenguas europeas, pero los manuscritos originales se perdieron. Se conservan, en cambio, varias versiones, con frecuencia contradictorias, de las traducciones. En él se señalan distancias, precauciones, consejos sobre productos y mercaderías, así como las previsiones que el comerciante debe tomar antes de adentrarse en determinada ciudad.

También refiere costumbres, tradiciones y singularidades de los múltiples territorios y pueblos bajo dominio mongol, entre ellas el papel moneda, el Gran Canal, la estructura del ejército mongol, los tigres y el sistema postal imperial. Marco Polo, cuya perspectiva no puede escapar del horizonte cristiano medieval de su época, explica culturas y sistemas de pensamiento diferentes al suyo a través de conceptos cristianos y grecolatinos, matizados por los prejuicios de su horizonte y de la mirada al otro. Este es el caso de los “pueblos salvajes”, así como el comportamiento del mismo Gran Kan, o la “perversidad” de los musulmanes.

Una parte de los historiadores creen verídico el relato de Marco Polo, mientras una gran mayoría considera que no llegó tan lejos, o que simplemente contó la información que escuchó de otros, o que consultó en escritos y mapas persas. Existe además otra versión de los acontecimientos, apoyada por una fracción minoritaria de investigadores. En esta se plantea que Rustichello tradujo, probablemente al provenzal, un texto escrito originariamente por Marco Polo en idioma veneciano o véneto, para el rey Eduardo I de Inglaterra, a quien prestó servicios y que tenía interés por sus cruzadas a Tierra Santa.

Se dice que, en su lecho de muerte, su familia pidió a Marco que confesase si había mentido. Este expresó: «¡Sólo he contado la mitad de lo que vi!». Incluso en su época, muchas de sus aseveraciones fueron cuestionadas. Sin embargo, es irrefutable que inspiró a varios viajeros y exploradores que aspiraban a hacer fortunas por medio del comercio. Cristóbal Colón estuvo entre ellos, de quien se dice tenía un ejemplar del libro con anotaciones a los márgenes, y cuyo proyecto era abrir una ruta marítima a las Indias.

canoa dest

La canoa taína

La canoa taína

La canoa es una embarcación ligera movida por medio de palas, utilizada como medio de transporte por los aborígenes. A diferencia de los remeros, los paleadores se encuentran de cara a la dirección que desean. Este tipo de barco se distingue por su forma puntiaguda en los extremos y por tener abierta su parte superior. Sus dimensiones son variables teniendo en cuenta la función para la que se crea.

El origen de la canoa es tan antiguo como el de los primeros pobladores que habitaron las islas caribeñas. Comúnmente se construían perforando el tronco del árbol derribado con hachas líticas petaloides y gubias de concha. Luego de perforar el árbol, las fibras de madera se machacaban y quemaban para, más tarde, alisar toda la superficie. Utilizando el fuego las canoas se dilataban y se les colocaban vigas transversales, empleadas finalmente como bancos por los remeros. Durante la Segunda Guerra Mundial se hicieron populares las canoas de aluminio por ser unidades ligeras y resistentes. En la actualidad, se fabrican canoas en todo el mundo utilizando distintos materiales en dependencia de su finalidad; por ejemplo: las canoas de lona son empleadas para observar la fauna silvestre por ser muy silenciosas.