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El Palacio del Segundo Cabo durante la Colonia

Intendencia, Habana, 1841. Laureano Cuevas, dibujante y litógrafo. Paseo pintoresco por la Isla de Cuba. Litografía del Gobierno y Capitanía General. Archivo Histórico de la OHC

El Palacio del Segundo Cabo es un exponente emblemático de la arquitectura de aliento barroco en Cuba, ubicado en el lado Norte de la Plaza de Armas.

La construcción de una casa para la Administración de Correos, iniciada por Real Orden del 8 de agosto de 1770, respondió a las exigencias de José Antonio de Armona y Murga, administrador de Rentas y Correos, quien necesitaba un inmueble apropiado para acoger las funciones a su cargo. Los planos, realizados al parecer a partir de un proyecto del ingeniero militar Silvestre Abarca, fueron enviados a España con vistas a su aprobación.

Las labores se iniciaron en poco tiempo y al frente de ellas es designado el ingeniero cubano Antonio Fernández Trevejos y Zaldívar. Aunque la fecha de terminación de las obras no se ha podido precisar con exactitud, todo parece indicar que en 1791 concluyen. 

Entre 1771 y 1777, durante el gobierno de Felipe de Fonsdeviela, marqués de La Torre, se realizan nuevos proyectos para adecuar la Plaza de Armas como centro cívico de la isla de Cuba. En el plan se contemplaba rodear la plaza por sus cuatro frentes con majestuosos edificios, de ellos solo se realizaron la Casa de Correos (ya iniciada en esta fecha) y el que acogería la casa de gobierno, de cabildo y cárcel, hoy conocido como Palacio de los Capitanes Generales.

En 1828 quedó establecida en la planta baja del edificio la Intendencia, Contaduría y Tesorería General del Ejército, mientras en el entresuelo fueron ubicadas la Secretaría y el Archivo. La planta principal, por su parte, sirvió de habitaciones a los superintendentes.

En 1853 las oficinas de la Administración de Correos pasaron a la casa del marqués de Arcos, situado en la Plaza de la Catedral, y el inmueble acogió la residencia del Subinspector General Segundo Cabo, quien fungía como vicecapitán general. Desde entonces este edificio es conocido con el nombre de Palacio del Segundo Cabo.

Entre 1861 y 1870 se realizan importantes obras de ampliación y mantenimiento. En estas décadas también establecen sus oficinas la Subinspección General del Ejército, la Administración de Loterías, la Escribanía Mayor del Juzgado de Hacienda y el Monte de Piedad, y también funde de residencia del gobernador civil.

Tras la intervención norteamericana en la guerra que libraban los cubanos por su independencia contra España, su entorno fue escenario de la salida de La Habana Capitán General Adolfo Jiménez Castellanos y Tapia, el 1 de enero de 1899. Desde entonces y hasta 1902, con el inicio de la República, el edificio fue ocupado altos oficiales del ejército de los Estados Unidos.

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Luces y sombras despedidas por la arqueología

Olla, Siglo XVII. Cerámica de Tradición Aborigen. Cuba o Hispanoamérica

En cada ciudad antigua existen historias ocultas debajo de capas de sus piedras, argamasa, ladrillos, sedimentos no homogéneos y, más recientemente, de estructuras de hormigón. Fuera del escrutinio del transeúnte curioso, velado, en las profundidades del suelo, se hallan restos biológicos, componentes minerales y objetos de la vida cotidiana, a la espera de lanzar una interrogante fundamental a quienes vivimos en el presente: ¿cómo fueron quiénes habitaron estas tierras antes que nosotros?, ¿qué hubo antes de…?

Es a esa labor de amplios alcances históricos se aboca el Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador, institución que acomete excavaciones en las edificaciones inmersas en el proceso de rehabilitación. El Palacio del Segundo Cabo no fue la excepción. En enero de 2011 comenzaron las intervenciones en el área del jardín y luego se hicieron calas en el portal y en el lateral del edificio que da a Tacón.   

Durante el proceso de sondeo se halló la roca estructural alisada en forma de pavimento, único hasta el momento en La Habana Vieja, y catorce huellas de poste, de ellas tres cuadradas y el resto circulares, con diámetro y profundidad variadas. Además, un pequeño pozo que fue sellado al perder su funcionalidad, relleno con material de construcción. Este descubrimiento evidencia la utilización del espacio en algún momento anterior al inmueble actual. El pavimento fue cortado una vez más en el siglo XX para la construcción de una cisterna hecha de ladrillos.

También fue significativo el descubrimiento de los restos de la cantera. El material extraído probablemente se usó en la construcción de edificios aledaños puesto que, en su plazo funcional, La Habana se encontraba en pleno proceso de crecimiento urbano. Todo parece indicar que esta cantera fue nivelada con residuos de un basurero cercano ya que, según las evidencias, se trata de un contexto secundario datado en la primera mitad del siglo XVII. En las dos unidades estratigráficas que rellenaban la cantera se localizaron abundantes restos de dieta, cerámica, vidrio y metales.

Finalizado el trabajo de campo en marzo de 2011, se procedió al estudio y catalogación del material extraído. Como resultado se obtuvo: cerámica ordinaria o de tradición aborigen (XVI-XIX), mayólicas (entre 1550 y 1725) y loza fina inglesa (escasos fragmentos, sobre todo en los estratos más tardíos, como la capa vegetal, 1763-1850); piezas de metal (clavos, bisagras, hebillas, candado, cuchillo y proyectiles) y vidrio (botellas, frascos de medicina, vidrio plano, cuentas y vasos).

En el estudio de los restos de dieta sobresalen las especies: bos taurus (vaca), sus scrofa (cerdo), gallus gallus (gallina), cairina maschata (pato doméstico), tortuga de mar, jicotea, galápago y moluscos marinos (ostión, sigua y baya).

Este minucioso estudio dató los estratos que rellenaban la cantera, enmarcándola en el primer cuarto del siglo XVII. Igualmente, se concluyó que el pavimento es anterior al corte de la cantera y a su relleno, así como a las huellas de poste y al pozo. Se maneja la posibilidad de que su período de utilización comprenda únicamente el siglo XVI, puesto que el análisis de planos y mapas de ese horizonte no indica la existencia de una edificación o de cualquier otro inmueble en esta área. A la luz de este acontecimiento, nuevas incertidumbres se ciernen sobre el espacio que hoy ocupa el Palacio del Segundo Cabo, interrogantes que historiadores, arquitectos, urbanistas y arqueólogos deberán saldar las deudas con el presente y con la historia que legamos.

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El Palacio del Segundo Cabo en las tarjetas postales de principios del siglo XX

Plaza de Armas. Ayuntamiento y Senado, 1910 a 1920. Tarjeta postal. Archivo Histórico de la OHC

En la década del sesenta del siglo XIX surge en Europa una nueva manera de comunicación visual y escrita: la tarjeta postal. Su objetivo fue establecer un medio de correspondencia más económico que las cartas, pues permitía enviar mensajes cortos prescindiendo del sobre. En su inicio, fueron producidas por las administraciones de correos, teniendo el franqueo impreso por una de sus caras y la otra en blanco para poder escribir el mensaje, denominadas enteros postales.   

Hacia finales del siglo XIX, con la entrada de la industria privada en el sector y las mejoras en las técnicas de impresión, comienzan a circular las postales ilustradas con vistas de ciudades, paisajes, monumentos y otros motivos. Su uso se expandió rápidamente por todo el mundo, poniéndose de moda el intercambio a principios de la centuria siguiente, lo que dio inicio al coleccionismo de este tipo de impreso.

Cuba no queda al margen de este auge y firmas europeas y estadounidenses imprimen bellas postales de la bahía habanera, edificios emblemáticos, fortalezas, plazas y aspectos de la vida cotidiana en la ciudad, como puestos de frutas, vendedores ambulantes e importantes arterias comerciales. Ciudades como Santiago de Cuba, Cienfuegos, Trinidad y Matanzas, o actividades agrícolas, como el cultivo del café y de la caña, quedarían plasmados en esta modalidad comunicativa. Es importante resaltar la labor de la casa de artes gráficas Fototipia Hauser y Menet, pionera del ramo en España y la más prestigiosa. Esta firma imprimió —a inicios del siglo xx—  para el editor Edwin W. Wilson, que poseía una librería en Obispo, numerosas postales seriadas.  

El Palacio del Segundo Cabo aparece representado individualmente en las postales o formando parte del entorno de las dedicadas a la Plaza de Armas, el Palacio de los Capitanes Generales y el Castillo de La Real Fuerza. En ellas podemos ver la fisonomía del edificio a principios del siglo XX, apreciándose los colores con que se pintaba antes del retiro de sus repellos en la década del treinta. Además, podemos apreciar construcciones cercanas, hoy inexistentes, como la emplazada delante del jardín colindante, y las líneas del tranvía que pasaban por delante del inmueble y que bajaban por la calle Tacón.    

En el presente, estas postales son de un inestimable valor histórico y documental. Confirman la centralidad del edificio y su entorno en la vida política y social de la nación, al tiempo que nos permiten engrosar la memoria visual del Palacio del Segundo Cabo, una edificación que, pese a los significativos usos que albergó durante la República, carece de una amplia representación en archivos. 

5. Casa de Correos. Archivo General Militar de Madrid DESTAC

El Palacio del Segundo Cabo según Joaquín Weiss

Casa de Correos. Archivo General Militar de Madrid

Joaquín E. Weiss y Sánchez (1979), en el libro Arquitectura colonial cubana, expresó:

“El edificio es de un barroco muy mesurado –como prevaleció en España durante la primera mitad del siglo XVIII–, preludio del neoclasicismo. El soportal es una hermosa arcada romana de clásica pureza; el piso alto agrupa las tres ventanas centrales y las dos de cada lado por medio de cuatro pilastras, que alternan con salientes en la cornisa apoyados en placas recortadas, elemento de origen mudéjar que reestilizara el gran pintor, escultor y arquitecto granadino Alonso Cano. Las ventanas tienen estrechas guarniciones con discretas escotaduras barrocas, y sus proporciones achaparradas están de acuerdo con las normas del barroco civil gaditano; pero si por este motivo lucen algo bajas en relación con los vanos del soportal, las proporciones generales de la fachada quedan restablecidas por los acentos de los altos pilares que se intercalan en el pretil”.