dest

Más allá del Atlántico. Una ruta de esperanza en el retorno

Pintura de 1893 que muestra a Cristobal Colón a su llegada al Nuevo Mundo

La expedición de Cristóbal Colón salió de Palos de la Frontera (Huela, Andalucía) el 3 de agosto de 1492 con las carabelas Niña, Pinta y Santamaría. La tripulación a bordo estaba compuesta por un aproximado de 90 hombres, migrantes de origen castellano, lusitanos y un grupo de origen genovés que incluía normandos y flamencos.

Cuando la tripulación ya estaba inquieta por la larga travesía sin llegar a ninguna parte, el grito de “¡tierra a la vista!” del grumete Rodrigo de Triana el 12 de octubre, advertía un nuevo destino. Se trataba de isla llamada Gunahani, perteneciente al archipiélago de las Bahamas, a la que el almirante rebautizó como San Salvador.

El 27 de octubre de 1492, Cristóbal Colón arribó a las costas de Cuba. Durante 40 días las naves recorrieron la costa norte de la inexplorada tierra a la que llamó Juana. En esa trayectoria, por la que aun no la reconocía como isla, y asombrado por la exuberante naturaleza, advirtió la presencia de pacíficos pobladores, tímidos ante su llegada. Estos grupos nativos Guanahatabeyes, Siboneyes y Tainos, se encontraban diseminados por todo el territorio.

La nueva ruta recién iniciada se alimentó de un flujo migratorio constante desde Europa hacia América y viceversa, que no ha cesado en la actualidad.

Retablo realizado con piezas de cerámica policromada pintadas a

Las embarcaciones tipos y las primeras confluencias europeas en Cuba

Retablo realizado con piezas de cerámica policromada pintadas a mano, que muestra diversas embarcaciones portuguesas de los siglos XV y XVI con su correspondiente nombre en la parte superior. Conservado en el museo Marítimo de Lisboa

Durante los siglos XIII y XV, el crecimiento de la actividad comercial y del intercambio entre los territorios del Mediterráneo y del Atlántico ocasionó grandes cambios en la navegación y se ampliaron las técnicas constructivas navales.

Los barcos de la etapa final de la Edad Media se clasificaban en tres grandes grupos: galeras, embarcaciones alargadas, propulsadas a remo y/o a vela latina, que se utilizaban fundamentalmente en la guerra, la defensa de las costas, la piratería y el transporte de mercancías valiosas; naos: embarcaciones de gran capacidad de carga propulsadas solo por las velas y cuya función principal era el comercio; embarcaciones auxiliares, de volumen medio o pequeño que incorporaban características de los anteriores tipos y se destinaban a la navegación de cabotaje, la pesca, la defensa y las actividades portuarias de carga y descarga.

Los progresos técnicos en la navegación propiciaron la ocupación europea de la nueva región descubierta por Cristóbal Colón en 1492. Varios de los asentamientos españoles se ubicaron en el territorio cubano, que por aquellos años era llamado por los aborígenes como Koba o Kuba (tierra preparada para la labranza o tierra fértil), y que fue rebautizada por el almirante como Juana. El despliegue de colonias en el continente trajo consigo la imposición de la lengua foránea (español) por encima del tronco lingüístico común arahuaco.

De esta manera, las convergencias culturales flanquearon el roce cotidiano y estuvieron presente en el desarrollo de las primeras villas construidas por los europeos, donde comenzaron a manifestarse muestras incipientes de la transculturación indo-hispánica. A través de las denominaciones asociativas los españoles terminaron por imponerse y constituir la base de las mezclas lingüísticas entre el español y los dialectos aborígenes.