Las niñas y los niños homenajean a La Habana

Las niñas y los niños homenajean a La Habana

Las niñas y los niños homenajean a La Habana

Noviembre 17, 2022

 

En la tarde de ayer tuvo lugar el cierre de la segunda parte del taller infantil El Capitán Plín y Elpidio Valdés en un globo por Europa. La actividad homenajeó a la Villa de San Cristóbal de La Habana en su 503 aniversario mediante la filmación de un reportaje para el Noticiero Cultural en el que, a medida que se avanzó, las pequeñas reporteras descubrieron a figuras cimeras para la historia habanera, como sus historiadores Emilio Roig y Eusebio Leal.

Durante la actividad estuvieron presentes Katia Cárdenas, directora de Gestión Cultural de la Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana; la directora de la Escuela Primaria Camilo Cienfuegos, María Luisa Rodríguez Bendinueta; así como profesoras, alumnos y demás familiares de los alumnos.

El recorrido inició en la Calle de Madera, donde esperaba Roig –interpretado por uno de los niños- en las puertas del Palacio de los Capitanes Generales. Allí comentó que pasaba muchas horas en su oficina trabajando incansablemente y que fundó el Museo de la Ciudad y la Oficina del Historiador. El andar continuó hasta El Templete y allí se encontraron con Leal -gracias a la dedicación del más pequeño de las niñas y los niños del taller-, quien afirmó acerca del lugar: “primero una ceiba, luego la columna de cajigal y, finalmente, en 1827, un templo, propuesta del Capitán General Francisco Dionisio Vives”.

Al cierre del recorrido el grupo se trasladó al Palacio del Segundo Cabo y, en su majestuosa entrada barroca, un conjunto de estudiantes -en representación de los trabajadores- recibió al resto. Como parte de la bienvenida al Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales Cuba-Europa, les explicaron las principales acciones que el Centro ha llevado a Cabo. Una vez dentro, se presentó un video de las memorias del taller: las clases, los conocimientos adquiridos, los países visitados, las culturas conocidas, y los testimonios…

A lo largo del taller infantil El capitán Plín y Elpidio Valdés en un globo por Europa, iniciado en marzo del presente año, se abordaron temáticas relacionadas con la cultura europea, su geografía, ciudades, banderas, idiomas y otros de interés para los infantes como la literatura, la música, los inventos y el medioambiente.  Desde una perspectiva educativa, de aprendizaje y creación, y el empleo de las nuevas tecnologías como medio de aprendizaje e interacción, las niñas y los niños tuvieron un primer acercamiento a la cultura y el patrimonio europeo y sus vínculos con Cuba.

leal amigo 1

Leal Amigo

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Onedys Calvo Noya y Marjorie Peregrín Avalo

Octubre 12, 2022

 

Una de las historiadoras que formó parte del grupo de egresados acogidos por el Historiador en la década del ochenta, es Zenaida Iglesias, historiadora e investigadora de la empresa Restaura. Desde entonces su carrera se ha desarrollado en la constancia de la investigación histórica, hurgando en los archivos.

 ¿Cuál es la impresión que recuerda de aquel primer encuentro con Leal?

Aquello fue algo milagroso. Desde entonces y hasta la fecha, yo pensé “aquí no hay retiro”. De aquel grupo de estudiantes, cada cual se fue ubicando en una de estas casas que se iban abriendo. Pero, yo siempre he sido una persona a la que le gusta mucho la tranquilidad y no quise nunca asumir la responsabilidad de una casa museo. Se iban abriendo las casas y Raida Mara nos llamaba, nos hacía la propuesta y yo nunca respondí. Entonces ella viene una mañana y me dice: “yo quiero saber qué voy a hacer contigo”, porque yo estaba todavía en la biblioteca del Palacio de los Capitanes Generales fichando libros, con Zayas, el bibliotecario que era un archivo viviente y a quien todavía extrañamos. Y yo le dije que a mí no me gustaba dirigir, “a mí me gusta investigar”. Y ella me responde: “pero, ¿qué te gusta a ti, meterte en el Archivo Nacional en los papeles viejos?”. Y yo le dije: “sí, yo soy feliz entre papeles viejos, que me caigan todos los bichos que quieran encima”. Ella me dijo: “pero es que eso a casi nadie le gusta”, y yo le respondí “a mí lo que me gusta es eso”.

Días después me dijo que se iban a fundar el Taller de arquitectura de la Oficina del Historiador y el Gabinete de Arqueología, y que estaban solicitando un historiador. Y yo me quedé pensando, entre la arquitectura y la arqueología siempre me ha gustado más el urbanismo, la historia de las calles, de los barrios y las ciudades, por lo que decidí por la arquitectura. Y entonces comencé, junto a un grupo de once especialistas, la investigación sobre espacios públicos e inmuebles que se van a restaurar.

 

 ¿Cuál ha sido el mayor reto de tu desempeño profesional en la Oficina del Historiador?

El mayor reto fue, sin deslindarme de la carrera de Historia y mi especialidad que es la Historia de Cuba, adentrarme en la carrera de Arquitectura. Aprender a leer los planos, a hacer levantamientos. Cuando nosotros empezábamos a hacer los primeros expedientes yo llegué al Archivo muy feliz y sí, encontrábamos, los propietarios, los usos, las transformaciones. Pero cuando llegué a aquellos grandes expedientes que hay en el Archivo, en el Fondo de Urbanismo fundamentalmente, ahí estaban las plantas de los edificios y yo qué sabía leer de aquello, qué sabía lo que era un machón, lo que era la primera crujía.

Fue una escuela, porque yo me iba con aquel equipo de arquitectos, de especialistas que estaban frente a sus proyectos y que Leal se sumaba casi todos los días en las obras. Era la única forma de aprender: haciendo levantamientos con ellos, que ellos mismos me lo explicaran. Yo me acuerdo que él me decía: “mira Zenaidita [yo creo que a todos nos achicaba el nombre] tú lo que tienes que aprender es a oír hablar a las piedras. Escúchalas, si ya te están contando la historia”. Y era verdad. Ya después cuando pasas el tiempo tú vas mirando, pasas por una calle y tú mismo te dices “esto no es del siglo XVIII, esto está transformado al XIX, aquello es del XVII porque mira el grosor de los muros.

Agradezco esa confianza que depositó en mí, cuando todavía no había personal especializado, que le llevara esas investigaciones sobre dichos edificios. Yo se las llevaba y siempre quedó complacido. Era un maestro y a veces las personas, decían: “pero bueno, ¿qué se piensa él?, ¿que se las sabe todas, si él no es arquitecto, él es historiador?”. Pero sí sabía de todo. ¡Y tenía un ojo! Como dice el dicho: donde ponía el ojo ponía la bala, porque a veces entrábamos a un edificio y decía: “¿y dónde estaba la escalera?”. Era tanto el deterioro o las transformaciones que no sabíamos y él decía: “¿la escalera? Yo la voy a buscar. La escalera estaba por aquí y subía por allí y doblaba por allí”. Cuando entraba la brigada de arqueología, la escalera estaba por allí y doblaba por donde él dijo. Entonces, siempre había que escucharlo, no solo a las piedras, sino a él también.

 

¿Qué consideras que habría que hacer para honrarlo?

Lo primero es mantener esa obra que él dejó. Esas cosas que se hicieron en los años 80’, en los años 90’. Fueron años difíciles, pero se hicieron; él demostró que la utopía se realizó.  Desde mi forma crítica que tengo de ver las cosas, hoy camino por la ciudad y yo sé que también corren tiempos muy difíciles, que la pandemia vino a detener aquello que iba avanzando sin medida, pero estoy viendo que La Habana está enmudeciendo. Él siempre dijo que no quería que el Centro Histórico fuera una ciudad muerta, y claro, todavía los hoteles están cerrados, los centros comerciales. Pero me da tristeza caminar por la Plaza de Armas, por la Plaza Vieja, verlas oscuras: no hay música, no hay niños jugando ni personas bailando y yo creo que lo primero es no dejar que eso se pierda. Eso no se puede perder.

Primero hay que mantener eso que nos dejó, y después continuar hacia adelante siguiendo esa trayectoria que él nos enseñó. Ya sabemos por dónde es, continuar por ahí.

 

[Tomado de Habana Radio]

La humildad como sacerdocio...

La humildad como sacerdocio para el gran hacer

La humildad como sacerdocio...

Onedys Calvo Noya y Marjorie Peregrín Avalo

Septiembre 29, 2022

 

Carlos Velázquez, quien es graduado de la Escuela de Museología, especialidad que ya no existe por nuestros predios de estudio, y también es director del espacio Barcelona – Habana, se incorporó a la Oficina desde 1986 ¿cómo fue tu llegada a la Oficina del Historiador?

Yo tenía la ubicación formal para empezar a trabajar en el Museo de la Ciudad de La Habana, que pertenecía a la unidad presupuestada de la Dirección de Cultura del Poder Popular. Tenía la plaza, pero no existía el dinero. Entonces, yo me comprometí a trabajar gratuitamente hasta que existiera el fondo para pagar. Ellos lo permitieron porque, aquí se entraba en una época, pero te lo tenías que ganar. Y para mí esa etapa fue una prueba de fuego. Y así estuve aproximadamente casi un año hasta 1987.

Entré a trabajar en la Casa de África. Pero eso también fue una prueba de fuego. Quienes me ubicaban sabían que mi fundamento, que mi sustancia espiritual, era España. Y yo creo que ellos me pusieron a prueba, vamos a decir verdad, y aguanté. Aguanté hasta un día cuando escuché decir a Leal en la antigua Unión Latina de La Habana: “la sangre llama, pero la cultura es la que determina”. Evidentemente yo soy una persona muy mezclada, pero lógicamente mi vida se desenvolvió siempre en la colectividad hispana.

 

Después estuviste mucho tiempo en la Casa de los Árabes, que estaba más vinculado porque en ese mestizaje cultural pues también pasa todo lo relacionado con España.

Un día hablo con Leal y la primera directora de la Casa de África, Claudia Mola, y explico la situación tormentosa en la que ya yo estaba. Recuerdo que estábamos en la Semana Santa de ese año y él me dijo: “ese tema se resuelve ya. El lunes nos vemos y usted comienza en la Casa de los Árabes. Es la otra España”.

 

¿Qué cualidad apuntarías como la más significativa del Historiador? ¿Cuál fue el mayor reto que has asumido al trabajar en la Oficina? 

Fue y es: mantener un valor esencial en Leal, que lo encontré en parte de mi familia, lo encontré en mi pensamiento religioso, en mis buenas profesoras y, finalmente, en el modelo que es mantener la humildad con distinción. Mantenerla, enriquecerla y poder transmitirla. Ese es el reto.

 

¿Hay alguna anécdota que haya marcado tu trabajo con el Historiador?

Recuerdo en la Casa de los Árabes el recibimiento a una delegación yemenita. Y en uno de los encuentros que él tuvo con nosotros, nos explicó sus experiencias allá y todo el tema de la mujer y los ritos o el protocolo en el mundo árabe-musulmán. Nosotros, en el Museo de la Ciudad y posteriormente en la Oficina no tenemos una escuela de formación en protocolo ni occidental, ni asiático, ni en nada. Había que aprender, había que estudiar, había que buscarlo y a partir de las relaciones y las experiencias era, y es, como se aprendía aquí. Por eso siempre tienes que estar.

Entonces recuerdo que entró la delegación. Una persona que al parecer no estaba bien informada, iba a hacer un regalo al representante del Yemen [que eran muy ortodoxos en su pensamiento]. Yo me atreví a irrumpir en el proceso de entrega de un arma que un artesano cubano había realizado. Era una réplica del original que nosotros tenemos acá. Yo tenía, o tengo algunas dotes histriónicas, y entré como si hubiera estado ya planificado. Le hice una señal como de reverencia a la persona, a la dama, que traía el arma que se iba a entregar, le presioné las manos, se la quité y entonces yo entregué, saludé y dije unas palabras.

Después Leal me dice “has evitado una conflagración mundial”, porque él sabía precisamente lo que significaba que una mujer le entregara un arma a un hombre.

 

Carlitos ¿cómo honrar al Historiador? ¿Cómo hacer para continuar su obra?

Hay algo fundamental: trabajar en el alma de la población de esta ciudad y de toda Cuba, que es el fin, en resumen, de todos los caminos trazados. Un edificio se puede restaurar mil cuatrocientas veces, las luces se pueden volver a colocar con el bombillo que ve no sé quién. La planta y el árbol se pueden sembrar, pero lo que se lleva en el corazón, eso hay que regarlo continuamente. Creo que Leal lo hizo en todos nosotros. Somos sus frutos y lo que nosotros seamos capaces, también, de ir formando. Me preocupan mucho los jóvenes, hay que seguir enamorándolos. Los medios tienen que seguir enamorándonos para que continúen la obra. Y esa es mi convocatoria, enriquecer el alma.

 

[Tomado de Habana Radio]

dest Inicia el verano con Pequeños intérpretes del Palacio

¿Qué es un centro de interpretación?

Inicia el verano con Pequeños intérpretes del Palacio

Pese a que las colecciones de objetos materiales hayan constituido durante mucho tiempo un elemento de definición de los museos, muchos de ellos, sobre todo los creados recientemente, se preguntan en la actualidad si los museos del futuro deberán seguir caracterizándose por ese principio fundamental. Sin embargo, en nuestros días, han tomado auge equipamientos, como los centros de interpretación, en los cuales los contenidos y materias que se muestran prescinden de las piezas únicas y auráticas, u otros “cuya colección no es el centro del proyecto científico” (Desvallées y Mairesse, 2010, p. 26).

En ciertos modelos de organizaciones museales el hecho histórico, técnico, científico, incluso artístico, se representa sin la utilización de objetos originales. Los centros de interpretación, llamados de manera alternativa centros temáticos[1] o centros de información[2], son ejemplos de esta proyección que, al no considerar objetos únicos, se enfocan en el público. Promueven una comunicación persuasiva con el visitante, descifrando en presencia del recurso patrimonial significaciones y correlaciones poco evidentes a los ojos de la audiencia, quienes luego de acceder a ese conocimiento se sienten conectados emocional e intelectualmente con su preservación. La temperatura de éxito de estos centros se evalúa midiendo su capacidad para estimular cuestionamientos y búsquedas personales que razonen el recurso abordado más allá de sus muros y estimulen su conservación (Morales Miranda, 1994).

El recurso patrimonial en cuestión tiene una naturaleza diversa. Puede ser un fenómeno histórico, político, económico, cultural, etnológico o etnográfico; un paisaje natural; un hallazgo arqueológico; una figura relevante; una manifestación, un estilo, un movimiento o una tendencia artística; una práctica deportiva; una tradición y/o costumbre popular; un régimen alimentario; un procedimiento gastronómico; un sistema de producción industrial; entre otros. Asimismo, es capaz de interpretar conceptos que no se anclan a un territorio determinado, sino que tienen un carácter universal, a decir: el agua, la poesía, la guerra, la energía, el viento, la música, la historia, etcétera. No hace falta que el bien patrimonial se encuentre in situ, pero sí es necesario contextualizarlo y ofrecer información suficiente sobre él, de manera que facilite acercamiento con el público.

En esencia, los centros de interpretación se conciben como espacios activos, participativos, de amplios alcances pedagógicos, cuyo objetivo último es calar en la conciencia colectiva significaciones culturales. Su novedad hemos de encontrarla en la estrategia de comunicación: traduce del lenguaje técnico del experto, a la lengua cotidiana del visitante; selecciona conceptos relevantes; comprende la diferencia entre informar y comunicar; aborda fenómenos u objetos sin la necesidad de su presencia física; intenta que el visitante sienta la visita al centro como una experiencia única, un desencadenante de ideas y de provocaciones en la que, no obstante, han confluido educación, diversión y emoción.

 

Notas

[1] Este nombre designa a un equipamiento que concibe salas de exposición permanentes basados en una temática que, por lo general, indica un recurso característico del territorio de posible interés turístico.

[2] Se reconocen con esta denominación a las oficinas de turismo que abrieron salas de exposición cercanas a un recurso cultural o natural del territorio en que se emplazan