Un alma(cén) de singularidades

Diciembre 1, 2012

Recuerdo con grato alborozo el primer semestre de historia del arte y nuestras disquisiciones intelectuales sobre el hecho cultural y artístico. Por aquel entonces andábamos por la cultura griega y su estatuaria y, puesto que en la Facultad de Artes y Letras existe una colección de esculturas de ese horizonte, copias de las originales, varias clases se impartieron entre aquellas reproducciones, impresiones fragmentarias de lo que pudo ser o fue el arte de modelar la piedra. En aquellos momentos, influidos por el contacto, surgió la polémica y la duda: ¿son estas piezas que hoy consideramos un objeto imprescindible para penetrar en el hacer artístico y en el pensamiento filosófico de la época los signos más irrevocablemente constituidos de la sensibilidad que estudiábamos?

Una incertidumbre de matices similares asalta a raíz de los intercambios culturales entre Cuba y Europa. ¿Qué hitos representativos debemos mostrar para seducir a nuestros visitantes y que entren, entonces, al juego interpretativo? Desde esa perspectiva hemos planteado un espacio singular dentro del proyecto de uso cultural: el Almacén. Si en otras salas se parte de la historia o de disciplinas del saber, en esta se busca el enlace con la vida cotidiana y su elemento material más palpable. Suele suceder con frecuencia que son aquellos objetos que tenemos por cercanos los que más desconocemos, sobre los que menos nos cuestionamos al restarle valor por evidente, pese a que es un decisivo documento cultural.

El Almacén se aboca hacia esa cultura material que yace tras lo visible. A continuación colocamos a su apreciación algunas de las posibilidades que valoramos incluir en la propuesta. En tres artículos indistintos les presentaremos dichas posibilidades, las cuales han sido subdivididas en niveles terciados. Un primero, apegado al uso del hogar o en el embellecimiento del cuerpo; un segundo, dirigido a las herramientas y útiles de trabajo; y un tercero, relacionado a la culinaria.

Universo de lo cotidiano y de vida

Anillos: Los primeros anillos arribaron a América con la llegada de los españoles. En La Isabela se han recuperado una cifra importante de ellos y Colón obsequió anillos de latón a los aborígenes taínos. En un naufragio (navío procedente de Nueva España) cercano al cayo Inés de Soto, al norte de Pinar del Río, se recuperó un conjunto de anillos de oro del siglo XVI.

Anillo

Anafe o infiernillo portátil: Utilizado para mantener las comidas calientes una vez servidas en la mesa o para la elaboración de bebidas o alimentos ligeros en espacios fuera de la cocina. Llegan a España a través de los árabes y de allí pasan a América.

Campanas: La fundición de campanas en América comenzó al poco tiempo de la llegada de los conquistadores. Este trabajo altamente especializado estuvo aparejado con la fundición de piezas de artillería y con la creación de villas y pueblos donde comenzaron la construcción de iglesias y conventos, las cuales requirieron de campanas de diferentes tamaños. En los siglos XVIII y XIX, con el auge de la industria azucarera, en las torres vigías de los ingenios fueron colocadas campanas para controlar las diferentes tareas del día. En Cuba tenemos numerosas referencias de campanas venidas de España, como la campana mayor de la Catedral de La Habana.

Campanas

Cascabeles: Los cascabeles figuran entre los primeros artefactos europeos introducidos en América por los conquistadores españoles. En su primer viaje de exploración Colón trajo consigo una gran cantidad de ellos para el intercambio con los aborígenes. Se utilizaron también como amuletos, para adornar la ropa, como instrumentos musicales y en los arneses y arreos de los animales de cargas.

Cascabeles

Cuentas: Llegaron a América desde el primer viaje de Cristóbal Colón y se emplearon como elemento de cambio entre los conquistadores y los aborígenes. Se usaban en rosarios, collares o cosidas en las ropas como adornos. Fabricadas en Europa, principalmente en Venecia, se destacan por su variedad de formas y colorido.

Cuentas

Hamaca: Lecho colgante en forma de red, de tela gruesa, lonilla o de saco de yute. Se utiliza para dormir y, en caso de necesidad, para trasladar enfermos a ciertas distancias en las zonas montañosas y de difícil acceso. Eran confeccionadas en algodón por los agroalfareros aruacos (taínos). Su uso se generalizó entre los conquistadores, empleándose ampliamente en la navegación.

Mayólica: Pieza de baja temperatura esmaltada con estaño opaco y pintada con óxidos. Conocida en Italia y España como mayólica (de Mallorca), en Francia como Faience (de Faenza) y en Inglaterra y Holanda como Delftware (de Delft), su verdadero origen es probablemente el norte de África o Persia. En el Gabinete y Museo de Arqueología se puede apreciar una extensa muestra de platos, tazas, jarras y otras piezas manufacturadas en importantes centros alfareros europeos y hallados en sitios arqueológicos de La Habana. Entre ellos sobresalen las producidas en Sevilla y Alcora, en España, y las de Montelupo, en Italia.

Objetos franceses en La Habana: En los contextos arqueológicos de La Habana –aún en los más antiguos, que datan del siglo XVI–, se encuentran esporádicamente delicados frascos de farmacia y de tocador, y también tiestos de platos, fuentes y jarras, que demuestran el gusto de los pobladores por las manufacturas francesas.

Pipas holandesas para fumar tabaco: La ciudad de Gouda, importante centro manufacturero holandés, se destacó desde finales siglo XVII en la fabricación y exportación de pipas de caolín. Sus producciones arribaron masivamente a las colonias americanas y en La Habana es muy frecuente encontrar restos de pipas en numerosos sitios arqueológicos. Estos descubrimientos son ejemplo de un amplio comercio regional de contrabando, que burlaba las férreas disposiciones de la Metrópoli.

Pipa holandesa para fumar tabaco

Vela: Noticias de la llegada de velas de cebo de Copenhague, Liorna y Flandes se encuentran en los registros de entrada de buques al puerto de La Habana. En los museos de Arte Colonial, Casa de la Obra Pía, Napoleónico y de la Ciudad se pueden apreciar lámparas, candelabros, palmatorias candeleros y brazos para luces del siglo XIX,  donde eran colocadas las velas.

Cerámica Acordelada de Tradición Aborigen: Esta cerámica ha sido llamada por algunos investigadores como Cerámica de Transculturación o de Tradición Aborigen, por tener un método de confección similar al utilizado por nuestros aborígenes agroceramistas, y algunas de las piezas encontradas poseen asas de forma europea y fondos planos que testifican materialmente este proceso. Sin embargo, existen numerosas piezas, preferentemente cazuelas y ollas en las cuales no se aprecia la influencia hispana, manteniendo la originalidad de la alfarería de nuestros aborígenes. Además, tenemos certeza de que fueron manufacturadas en época muy posterior al período de contacto indohispano, apareciendo en contextos primarios de los siglos XVII al XVIII.

Cerámica Acordelada de Tradición Aborigen

Tinajón: Los tinajones, grandes vasijas de barro para contener agua, llegaron principalmente desde Andalucía al arribar los primeros colonizadores a la costa norte de Camagüey. Trajeron consigo el método de su oficio, tradición desarrollada en el sur de la península hacia finales de la Edad Media. El inicio de la manufactura artesanal de estos objetos de barro en Puerto Príncipe pudiera datar del momento inicial de la fundación de la villa, pero la pieza más antigua encontrada hasta la fecha es de la segunda mitad del siglo XVIII. En el Gabinete y Museo de Arqueología se puede apreciar uno de estos tinajones fechado en 1840 que probablemente perteneció a un antiguo convento camagüeyano.

almacénarqueologíacontenidos culturales

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COMENTARIOS (3)

  • Diciembre 3, 2012 - Victor Marin

    Resulta muy interesante mostrar objetos/hitos, representativos capaces de atraer a visitantes a su análisis e interpretación. Lo veo muy atractivo especialmente para los niños y jóvenes, también para adultos poco conocedores de algún que otro aspecto, Quizás pensando en los jóvenes, las comparaciones de objetos mostrados en su pasado y su contraste con una versión actualizada a través de otras imágenes (digitales quizás para no hacer larga o compleja la muestra) pueden ayudar a entender su evolución e incluso la razón de los mismos en cada momento y comprender su rol en el intercambio cultural Cuba-Europa a lo largo del tiempo.

  • Diciembre 3, 2012 - yainet

    sí, señor. las instituciones culturales no son escuelas pero sí que tienen responsabilidad en democratizar conocimientos, en socializar saberes, en conformar una sensibilidad, en crear inclinaciones, en desarrollar el capital simbólico cultural. no sé cómo se comporte el futuro, pero expectativas hay... :)

  • Diciembre 3, 2012 - mónica

    wow!!! cómo aprendo!!! y si aprendo es q ya el Palacio está siendo didáctico desde ahora :DDD

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