Hombre, paisaje e instrumento

Diciembre 7, 2012

Cuando en la escuela primaria nos contaban la historia de la conquista y colonización de Cuba -y digo así porque la manera de impartir la materia tenía esos aires de epopeya fantástica y de tonos grandilocuentes- se establecía un hilo narrativo que iba desde el arribo del Almirante Cristóbal Colón hasta la fundación de las siete primeras villas. Dentro de este panorama, y para los que nos sentíamos atrapados en esa atmósfera fabulada, faltaba ahondar, entre otros aspectos, en la dinámica de vida de los que llegaron (¿dónde vivían?, ¿cuáles eran los útiles que empleaban para tomar de la naturaleza lo que necesitaban o hacer producir la tierra?, ¿cómo y cuándo construyeron su vivienda?) para una más exacta representación mental. Los vacíos de información fueron llenos con el imaginario y hasta con alguna escena cinematográfica.

Lo cierto es que después de pasadas varias enseñanzas y de tener acercamiento con arqueólogos estudiosos de los contextos fundacionales, persiste la duda y el vuelo de la suposición. No sería caprichoso, sino pertinente conocer sobre período temprano, anterior a la fundación de las villas, e incluso profundizar en una de tanta importancia, como es la ciudad primada, Baracoa. Acaso así podamos tener una noción precisa de cómo fue ese proceso de adaptación y readecuación del medio geográfico que constituye parte indisoluble de la colonización de territorio. Por el momento y a la espera de tan afortunadas investigaciones, el Almacén da pistas de un sistema de relaciones lejano entre los hombres, sus instrumentos y el paisaje.

Atanor: Cañería por donde se conducía el agua potable. También se evacuaban las aguas pluviales de las azoteas hacia los aljibes o las aguas negras hacia las letrinas o sumideros. Se insertaban unos con otros alcanzándose distancias considerables y se empotraban por las paredes, columnas o suelos.

Atanor

Azulejo: Placa de cerámica vidriada, de varios colores, que sirve comúnmente para la decoración de zócalos, suelos o frisos en las iglesias, portales, cocinas, baños y otros sitios y también para inscripciones como nombres de calles y números de casas. Los primeros azulejos hispanoárabes fueron los alicatados: posteriormente se utilizó la cuerda seca, que permití­a vidriar colores distintos sobre la misma placa, y la técnica llamada cuenca más sencilla y práctica que la anterior. En La Habana se encuentran arqueológicamente o in situ azulejos confeccionados en España, Holanda, Inglaterra y Francia en menor escala.

Azulejo. Museo de Arqueología. OHCH

Ladrillo: El ladrillo es un componente cerámico artificial, compuesto básicamente por arcilla cocida. Se obtiene por el moldeo, secado y cocción de una pasta arcillosa, y generalmente tiene forma prismática. El ladrillo se emplea para la construcción de muros, tabiques, hornos, etc. Se encuentra entre los primeros productos traídos por los españoles desde el momento mismo del descubrimiento. Existen referencias documentales de los siglos XVIII y XIX de la arribada al puerto de La Habana de lotes de ladrillos procedentes de Málaga, Barcelona, Cádiz, Sevilla, Hamburgo, Bremen, Copenhague y Nantes, así como su venta en diferentes establecimientos de la ciudad. Sobre la producción de los mismos en Cuba aparecen numerosas constancias de alfareros dedicados a producirlos a lo largo de toda la Isla desde el siglo XVI hasta la actualidad.

Ladrillos

Tejas: Las techumbres de los inmuebles coloniales habaneros estaban cubiertas por tejas de barro cocido. Las del tipo árabe o criollas se fabricaron desde el siglo XVI al XIX, y las aplanadas venían de Francia o España en el XIX. A fines de esta misma centuria se hicieron en Cuba.

Tejas

Crisoles para fundición: Producidos en Alemania desde el siglo XV, su arribo a América parece corresponder con el segundo viaje de Cristóbal Colón. Elaborados en gres para resistir grandes temperaturas y levantados mediante torno, eran utilizados para fundir metales preciosos (oro y plata) y realizar preparados químicos. En los registros de entrada y salida de buques al puerto de La Habana encontramos las referencias de la arribada de crisoles procedentes de Cádiz y Barcelona en los años de 1786 y 1794.

Gubia: Pieza elaborada por los aborígenes a partir de la base de un caracol, con parte de la última vuelta. Su característica fundamental es su borde de corte en forma de bisel, similar a una gubia o escoplo de carpintero. La arqueología experimental en Cuba ha demostrado que podían ser colocadas en mangos de madera para su uso, luego de una comparación de las fracturas que se produjeron en ejemplares fabricados por los investigadores y los hallazgos arqueológicos con presencia del mismo daño en la zona de agarre.  Esta solución facilitaba las funciones de la herramienta en los trabajos con la madera, además  de la protección de las manos. También se usaron manualmente y se han encontrados gubias de diferentes tamaños y ángulos de corte, lo que explica la gran especialización alcanzada en la labra de la madera.

Grada: Apero de labranza llegado a América desde Europa, posiblemente desde el segundo viaje de Colón. Construido mediante un bastidor o marco de madera, con dientes de hierro o madera. Las de confección fabril son generalmente de metal, tanto sus marcos como sus dientes. Las hay cuadradas, rectangulares, triangulares, piramidales y redondas. Se emplean para recoger las ramas y yerbas arrancadas en las labores con el arado, para desmenuzar los terrones y mullir el terreno, complementando el trabajo realizado con el arado. En Cuba todavía pueden verse en uso este tipo de grada, aunque a mediados del siglo XIX se implementó la grada de discos, que con algunas modificaciones es la que más se emplea en la actualidad.

Hacha: El hacha o segur es un instrumento cortante usado por los carpinteros y sobre todo por los leñadores, cuyo filo es algo corvo-convexo, pero a veces también recto. La hoja está situada en escuadra sobre el mango. Noticias de finales del siglo XVIII informan de la llegada al puerto de La Habana de hachas de Málaga y Santander, al igual que se anuncian en el siglo XIX la venta de hachas superiores confeccionadas en fábricas de Vizcaya.

Hacha. Museo de Arqueología. OHCH

Hacha petaloide: Herramienta utilizada por los aborígenes en el desbroce de los montes y su preparación para el cultivo. Eficaz arma en los combates, de uso ceremonial y jerárquico. Relativo a estas dos últimas funciones se han encontrado ejemplares sin huellas de trabajo, poseedores de una simetría y acabado perfectos, que los califica  como verdaderas obras de arte. Se elaboraban mediante el desbaste por picado y con la técnica de la abrasión de una piedra contra otra, que unido quizás al empleo de alguna madera como bruñidor final le proporcionaban el extraordinario pulido que las caracteriza. Eran sujetas a un mango de madera.

Hacha petaloide. Museo de Arqueología. OHCH

Útiles de labranza: Desde el segundo viaje de Colón se tienen referencias de la llegada de herramientas agrícolas a las islas del Caribe, aunque en el tercer viaje es donde se informa que deben llevar azadones, azadas, picos, almádanas (martillo usado para romper piedras) y palancas para labrar la tierra. En los registros de entrada de buques al puerto de La Habana en los siglos XVIII y XIX encontramos la arribada de cuantiosos cargamentos de guatacas, machetes, azadones, espiochas (variante de pico que en un extremo tiene forma de azada estrecha y alargada), rejas de hierro para arados (pieza de hierro del arado que sirve para surcar, remover y levantar la tierra).

En Cuba, la presencia temprana de instrumentos de labranza se reporta entre los aborígenes agroalfareros practicantes de una modalidad de la agricultura manual, de coa, ya que desconocían los animales de tiro como el buey, el caballo y el mulo. Con la presencia hispánica, este tipo de agricultura disminuye gradualmente, sin ser sustituida en su totalidad, ante la agricultura de azada y la de arado; unida a esta última, aparece toda la gama de instrumentos accesorios que conforman su sistema de cultivo, que, además, implica la introducción de nuevas técnicas, conocimientos, hábitos y creencias en el campo de la agrometeorología, pertenecientes al ámbito de la agricultura popular tradicional de la Península Ibérica e Islas Canarias.

Arado: En el período colonial, el arado más común era el de madera, conocido en Cuba como el arado criollo. Era una versión del arado español. Todavía se utiliza hoy en día y consiste en una cama o palo curvo en cuya punta afilada o dental se coloca una reja de hierro, y el otro extremo, denominado esteva o mancera se emplea para su control por el obrero. En la cama se inserta un largo palo denominado timón o pértigo, que se acopla al yugo por medio de una soga y un pasador de hierro o madera. La regulación de la profundidad se hace por medio de una telera, que es un tornillo de hierro que se coloca entre el pértigo y la cama del arado. Desde los primeros años de introducido el empleo de la energía animal en Cuba, la roturación se hizo con gradas de madera con pinchos de metal, construidas en forma de V, y tiradas por una yunta de bueyes. Estas gradas tenían por lo general dientes metálicos. En años más recientes, se introdujeron gradas totalmente construidas de metal[1]. Desde el siglo XVI se reportan la entrada de arados relacionados con la fundación de colonias en América.

Machete: Los machetes cañeros tuvieron distintos nombres según sus diversas formas y también de acuerdo con cada época. Hacia 1820 se difunde bastante el llamado machete calabozo, sin punta, de hoja ligeramente convexa por la parte del filo y recta por la parte anterior. Fue el instrumento de corte preferido en la época de máxima barbarie esclavista, por su extraordinaria solidez. Sin embargo, resultaba demasiado pesado para los negros cortadores. En esa misma época el machete de abanico comparte la preferencia de los dueños de ingenios. A mediados de siglo, la casa norteamericana Collins introduce un tipo de machete sumamente sólido y ligero, patentado en Estados Unidos[2]. Noticias de 1820 anuncian la venta en comercios habaneros de machetes superiores confeccionados en fábricas de Vizcaya.

Bohío: El tipo de vivienda rural cubana más tradicional y primaria, heredado de los aborígenes. Actualmente presenta diversidad en el número de habitaciones, puertas y ventanas. Con el tiempo se han diversificado sus materiales constructivos. Para los pisos se usa indistintamente tierra, cemento, tablas y mosaicos; para las paredes,  yaguas, pencas (hojas de palma), tablas, embarrado y ladrillos; en los techos se emplean pencas (hojas de palma) y  tejas de madera o de  barro. Sin embargo, todavía se usan mayoritariamente los materiales que ofrece el medio natural, sobre todo los obtenidos de la palma real (Roystonea regia) [3].

Bohío

(1) Ríos,  Arcadio y Jesús Cárdenas. La tracción animal en Cuba: una perspectiva histórica, Instituto de Investigaciones de Mecanización Agropecuaria (IIMA). La Habana, Cuba. p. 4. Disponible en www.recta.org/pdf/IIMAHistoria-Es-22avril03.pdf

(2)  Fraginals, Moreno Manuel (1978): El Ingenio complejo económico social cubano del azúcar, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, Cuba, p. 142, Tomo 2.

(3) Bohío en Ecured.  http://www.ecured.cu/index.php/Boh%C3%ADo

almacénarqueologíacontenidos culturales

Compartir

Artículos relacionados

Ajiaco

El ajiaco y la identidad nacional

Marzo 7, 2014

El desarrollo histórico de la cocina cubana —como afirmaba Nitza Villapol— corre parejo, en sentido general, al de nuestra cultura. más>>

Sala del libro

Una Sala para el Libro

Febrero 11, 2014

El Palacio del Segundo Cabo brinda por primera vez una importante oportunidad de visibilización al patrimonio bibliográfico cubano. La iniciativa lleva por nombre Sala del Libro. más>>

DSC01214

Visitan el Segundo Cabo la máxima representación de la Delegación de la Unión Europea en Cuba y la UNESCO

Enero 15, 2014

Visitaron esta mañana el Palacio del Segundo Cabo, la máxima representación de la Delegación de la Unión Europea en Cuba: el Exelentísimo Embajador  Sr. Herman Portocarero y el Director de la UNESCO en Cuba, el Sr. Herman Van Hooff , ambos acompañados de ... más>>

3

La Habana y Barcelona, dos puertas entre dos continentes

Diciembre 13, 2013

Dos ciudades portuarias, La Habana y Barcelona, fueron puertas del intercambio comercial, y por consiguiente, cultural, entre Europa y América. Valorar la repercusión que para el desarrollo de ambas latitudes y para la historia particular y universal, se ... más>>

Ejercicio de Rand

Vientos de huracán

Noviembre 30, 2013

Gracias a Tecnalia y a tenor del proyecto Innovación para la sostenibilidad del patrimonio urbano, tuvimos un taller relámpago sobre el uso de tecnologías punteras en la museografía y en espacios urbanos, para la puesta en valor del patrimonio cultural. El ... más>>

Ver todos los artículos relacionados (39)

COMENTARIOS (2)

  • Diciembre 21, 2012 - monica

    me parece súper bonito el trabajo q están haciendo! se agradece la investigación seria y el tiempo para compartir estos contenidos con una redacción inconfundible e imágenes cuidadosamente seleccionadas ... se siente q es un sitio hecho con mimo, se nota q el proyecto tiene detrás gente entusiamá y apasioná :D

  • Diciembre 10, 2012 - Victor Marin

    La nota Hombre, paisaje e instrumento, es positiva y concurrente al objetivo del proyecto, así como útil para la enseñanza de jóvenes, favoreciendo el diálogo intercultural. Ese tipo de contenidos amplía datos al visitante en LA LLEGADA (sala introductoria), y también propicia el estudio de NIÑOS y JÓVENES en esa y otras salas. Favorecer enlaces de información desde varias salas partiendo de esos y otros temas ayuda a brindar referencias culturales sobre el sitio donde está enclavado el proyecto. Posibles hipervínculos / hipertextos entre esos contenidos y palabras claves favorecerán enlaces dando mejor información al visitante en su recorrido por las salas.

DÉJANOS UN COMENTARIO


*