La Interpretación del Patrimonio (IP) surgió a finales del siglo XIX en los Estados Unidos, como respuesta a la necesidad de gestionar de manera activa los recursos naturales de los recién fundados parques nacionales. Su vínculo con los entornos naturales condicionó que durante la primera mitad de la pasada centuria su desarrollo teórico se ciñera a estos límites y que inclusive, en los sesenta, década en la que se expandió por los países de habla hispana, se conociera como interpretación medioambiental. En 1972, en la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural de la UNESCO, celebrada en París, quedó determinado que a partir de entonces el concepto también comprendería los recursos culturales. A mediados de los 80′ se consolida la difusión internacional de su nueva arista, influida por la emergencia de una plataforma crítica que asienta sus principios, la apertura de instituciones museales a la participación del receptor y el auge del turismo cultural y ecológico. (García Méndez, 2014, pp. 32-33).
El padre teórico de la Interpretación del Patrimonio, la figura que sienta las pautas y procederes, es Freeman Tilden[1] quien, conocedor de la dinámica de trabajo del Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos, publica en 1957 un libro de referencia: Interpreting our Heritage, cuyos principios siguen vigentes más de medio siglo después. Tilden describió la interpretación como:
“(…) una actividad educativa que pretende revelar significados e interrelaciones a través del uso de objetos originales, por un contacto directo con el recurso o por medios ilustrativos, no limitándose a dar una mera información de los hechos.” (Tilden, 2006, p. 35).
Por años, la expresión “actividad educativa” se prestó a confusiones, pues en los países anglosajones lo educativo lleva a pensar en el ámbito escolar y curricular. Poco antes de morir el propio autor declaró que, si tuviese que revisar de nuevo su libro, comenzaría su definición por: “es una actividad recreativa…”, con el propósito de enfatizar la aprehensión de la información a través de un método didáctico y experiencial.
Asimismo, concibe seis principios que apuntan que:
- Cualquier interpretación que de alguna forma no relacione lo que se muestra o describe con algo que se halle en la personalidad o en la experiencia del visitante, será estéril.
- La información, tal cual, no es interpretación. La interpretación es revelación basada en información, aunque son cosas completamente diferentes. Sin embargo, toda interpretación incluye información.
- La interpretación es un arte que combina a muchas otras artes, sin importar que los materiales que se presentan sean científicos, históricos o arquitectónicos. Cualquier arte se puede enseñar en cierta forma.
- El objetivo principal de la interpretación no es la instrucción, sino la provocación.
- La interpretación debe intentar presentar un todo en lugar de una parte, y debe estar dirigida al ser humano en su conjunto, no a un aspecto concreto.
- La interpretación dirigida a niños y niñas (…) no debe ser una dilución de la presentación a las personas adultas, sino que debe seguir un enfoque básicamente diferente. Para obtener el máximo provecho, necesitará de un programa específico (Tilden, 2006, pp. 36-37).
Partiendo de dichas premisas, Larry Beck[2] y Ted Cable[3], en una posterior revisión, concretaron 15 bases fundamentales para deconstruir la interpretación del patrimonio y, por ende, la lógica de la que se nutren los centros de interpretación:
- Para despertar el interés, los y las intérpretes deben conseguir que los contenidos de sus mensajes se relacionen con la vida de quienes visitan esos espacios.
- El propósito de la interpretación va más allá de la entrega de información, consiste en revelar una verdad y un significado profundos.
- Toda presentación interpretativa –al igual que una obra de arte– se debería diseñar como una historia que informe, entretenga e ilustre.
- El propósito del mensaje interpretativo es inspirar y provocar a la gente para que amplíe sus horizontes.
- La interpretación debería presentar un tema o un planteamiento completo, y debería ir dirigida al individuo como un todo.
- La interpretación para niños y niñas, adolescentes y personas de la tercera edad debería aplicar enfoques diferentes.
- Todo lugar tiene su historia. Las y los intérpretes pueden revivir el pasado para hacer que el presente sea más placentero y que el futuro adquiera un mayor significado.
- Las nuevas tecnologías pueden revelar el mundo de maneras novedosas y apasionantes. Sin embargo, la incorporación de estas tecnologías a los programas interpretativos debe realizarse con cuidado y precaución.
- Quienes se dedican a la interpretación deben cuidar la cantidad y calidad de la información a presentar (en cuanto a su selección y precisión). Bien sintetizada y fundamentada en una buena investigación, la interpretación tendrá más poder que un gran discurso.
- Antes de aplicar diseños en interpretación, el/la intérprete debe conocer las técnicas básicas de comunicación. Una interpretación de calidad se fundamenta en las habilidades y los conocimientos de quien la realiza, atributos que se deben poder desarrollar de forma continua.
- Los textos interpretativos deberían transmitir aquello que a las y los lectores les gustaría conocer, con la autoridad del conocimiento, y la humildad y responsabilidad que ello conlleva.
- Un programa interpretativo debe ser capaz de conseguir apoyo –político, financiero, administrativo, voluntariado–, sea cual sea la ayuda necesaria para que el programa prospere.
- La interpretación debería estimular las capacidades de la gente e infundir un deseo de sentir la belleza de su alrededor, para elevar el espíritu y propiciar la conservación de aquello que es interpretado.
- Los y las intérpretes deben ser capaces de promover actividades interpretativas óptimas, a través de programas y servicios bien concebidos y diseñados de forma intencionada.
- La pasión es el ingrediente indispensable para una interpretación poderosa y efectiva; pasión por el rasgo que es interpretado y por aquellos que vienen a inspirarse con él (Beck y Cable, 1989).
El aparato crítico-investigativo que acompaña el desarrollo de la disciplina ha traído consigo que sus estudiosos, descontentos en alguna medida con la definición de Tilden, hayan plasmado una propia, sin entrar en contradicciones con su propuesta. Citamos algunas voces que valoramos de indispensables para juzgar las visiones que se generan a partir de la nueva implicación (Morales Miranda, 1998, pp. 31-32):
Don Aldridge[4] (1973): “La interpretación es el arte de explicar el lugar del hombre en su medio, con el fin de incrementar la conciencia del visitante acerca de la importancia de esa interacción, y despertar en él un deseo de contribuir a la conservación del ambiente.”
Yorke Edwards (1976): “La interpretación posee cuatro características que hacen de ella una disciplina especial: es comunicación atractiva, ofrece una información concisa, es entregada en presencia del objeto en cuestión y su objetivo es la revelación de un significado.”
Bob Pearl (1977): “La interpretación es un proceso de comunicación diseñado para revelar al público significados e interrelaciones de nuestro patrimonio natural y cultural, a través de su participación en experiencias de primera mano con un objeto, artefacto, paisaje o sitio.”
Paul Risk (1982): “La interpretación, sea a través de charlas o por otros medios, es exactamente lo que la palabra quiere decir: la traducción del lenguaje técnico y a menudo complejo del ambiente, a una forma no técnica -sin por ello perder su significado y precisión-, con el fin de crear en el visitante una sensibilidad, conciencia, entendimiento, entusiasmo y compromiso.”
Rideout-Civitarese, Legg y Zuefle (1997): “La interpretación es una actividad de comunicación diseñada para mejorar la calidad de la experiencia recreativa del visitante, y para inspirar, de una forma agradable, un mayor aprecio por el recurso.”
Asociación de Interpretación del Patrimonio (2001): “La interpretación del patrimonio es el arte de revelar in situ el significado del legado natural y cultural al público que visita esos lugares en su tiempo libre.”
En los centros de interpretación se aplican los principios de esta disciplina, a fin de revelar al público el significado del legado cultural o histórico del recurso patrimonial y comprometerlo con su conservación o cuidado. A diferencia de los museos, no necesita contar con piezas o bienes originales porque su misión no es adquirirlos, estudiarlos ni conservarlos, sino influir en la conducta del visitante para que tome conciencia sobre el cuidado de su herencia.
Notas
[1] Tilden (1883 – 1980) era dramaturgo y filósofo. Trabajó como crítico literario para el periódico de su padre y posteriormente fue reportero en Boston, Nueva York y Charleston.
[2] Es profesor y asesor de la Universidad de Minnesota en Administración de Recursos al Aire Libre. Sus tareas docentes incluyen la interpretación ambiental y cultural.
[3] Es profesor en Gestión y Conservación de Parques de la Universidad Estatal de Kansas.
[4] Considerado el pionero de la interpretación en el Reino Unido y en el resto de Europa.



















