dest George Rouma

George Rouma y su contribución a las relaciones comerciales cubano belgas (1922-1957)

George Rouma

Servando Valdés Sánchez

Noviembre 13, 2020

 

George Rouma, notable pedagogo belga, es reconocido mundialmente por sus aportes a la Educación. Prestó servicios como Director General de Enseñanza de Bolivia y, desde 1918, fue asesor y consultor de la secretaría de Instrucción Pública en Cuba, realizando al año siguiente, el primer estudio de importancia del crecimiento de los niños en la Isla, publicado con el título El desarrollo físico del escolar cubano. Hasta hoy, sin embargo, se desconoce el rol que desempeñó en el fomento de las relaciones comerciales de su país con la Mayor de las Antillas. Divulgar esa perspectiva, caracterizar el escenario en que se desenvolvió y analizar los logros y limitaciones del proceso bilateral, son los objetivos fundamentales del presente trabajo.

La primera Misión Rouma

El 25 de abril de 1921 el Encargado de Negocios de Cuba en Bélgica, Rafael de la Torre, despachó un amplio informe al secretario de Estado, Pablo Desvernine, donde le relataba los pormenores de una reunión que había tenido lugar el día 19, en el local de la Sociedad de Industriales belgas de Bruselas, a la que acudieron Henri Jaspar, Ministro de Asuntos Extranjeros; Pierre Forthommke, Director General de Política y Gobierno; el Barón Gillaume; jefe del Gabinete del Ministerio de Asuntos Extranjeros, Jules Carlier, Presidente del Comité Central Industrial de Bélgica y George Rouma.

El propósito de la reunión era analizar la conveniencia de enviar una misión comercial a la América Latina. Tanto Jaspar como Carlier coincidieron en la necesidad de buscar nuevos mercados para la industria belga, cuyas exportaciones hasta entonces solo se concentraban principalmente en Francia, Inglaterra, Alemania y los Países Bajos y frecuentemente se veían afectadas por contracciones de esos mercados o por los altos impuestos aduanales.

A continuación, Rouma habló de sus experiencias y observaciones en América Latina y de sus riquezas, aconsejando, con gran interés, el envío de la misión comercial. La reunión concluyó con el acuerdo de nombrar de inmediato la referida misión. 

Posteriormente, el 25 de mayo, Rouma pronunció una última conferencia en la que realizó un estudio mucho más profundo de la situación de la industria de su país y de las perspectivas de su expansión hacia Latinoamérica. Al referirse a los desafíos que tendrían por delante expresó:

La cuestión de salidas para nuestra industria domina toda la vida futura de nuestro país. Es una cuestión seria, pues nuestros competidores están formidablemente organizados y, por otro lado, aunque nos encontramos de manera especial a la altura en lo tocante a producción, no lo estamos en lo concerniente a la colocación de nuestros productos, y en lo relacionado con la conquista de lejanos mercados, tenemos casi todo que aprender. [1]

También se refirió a las posibilidades que ofrecía el mercado y la industria belgas recuperadas de los destrozos de la guerra, de la exclusiva situación geográfica del territorio en Europa, su carbón sus redes ferroviarias, sus canales y su animado puerto de Amberes.

Luego convocaría a aprovechar las oportunidades que se abrían en la región:

El mundo latinoamericano (…) es un campo maravilloso para realizar en él este primer ensayo, el que es de esperarse, será seguido por otros numerosos consecutivamente. Echemos una mirada a ese mundo hacia el cual se dirigen las miras de todas las naciones exportadoras del universo. [2]

Finalmente habló de las particularidades socioeconómicas de cada país y al referirse a Cuba destacó la importancia del puerto de la Habana, a la entrada del Golfo de México, de la dinámica del comercio exterior cubano y las excelencias de la caña de azúcar. 

Rouma había sido testigo de las simpatías que despertó en Cuba la agredida Bélgica durante la Primera Guerra Mundial. Después del armisticio visitó una fábrica de tabaco en La Habana y fue sorprendido por la voz del lector de tabaquería y el aplauso de todos los trabajadores, que abandonaron momentáneamente sus labores para congratular a “un hijo del heroico país europeo”. En un recorrido por algunas escuelas observaría, también profundamente emocionado, las paredes engalanadas con banderas de Cuba y su país.

Como parte de la reducida colonia belga seria invitado a la ceremonia de la inauguración de la Avenida de Bélgica en la Habana. Tenía, por tanto, un conocimiento de la realidad cubana y de su idiosincrasia como ningún otro ciudadano de su país. 

La partida de la Misión fue fijada para el 1ro de septiembre, debiendo realizar un recorrido por Suramérica, para luego continuar por Centroamérica y El Caribe. Quedó constituida por Rouma, como Jefe; Henry Leduc, delegado por el grupo de construcciones metalúrgicas, Marcel Zottrand, representando al grupo de altos hornos y aceros y Félix Güilón, delegado por la parte de fabricaciones textiles y otras.

Tenían la tarea de ponerse en contacto con los grupos financieros y económicos de los países visitados y brindar y recibir información para facilitar las negociaciones entre comerciantes e industriales de ambos países. El envío de la Misión Rouma, respondía a una necesidad de expansión de la economía belga que ya no solo se apoyaba en la vía diplomática, sino buscaba imponer una dinámica más rápida y efectiva a sus relaciones con la región y, en particular con Cuba, frente a la competencia de las grandes potencias mundiales.

Por su parte, el gobierno de Alfredo Zayas que, como sus predecesores, defendía el principio de la vida internacional de la República y la diversificación de sus relaciones, recibiría con beneplácito la anunciada visita, pues sufría adicionalmente los efectos de la caída de los precios de azúcar en el mercado mundial y del crack bancario de la década de los años 20.

El 26 de enero de 1922 llegó al puerto habanero el vapor Pastores trasladando a la Misión Comercial belga. Ese día el diario habanero El Imparcial publicaba la siguiente nota:

Esta comisión de carácter comercial ha sido enviada (…) con el objeto de buscar un acercamiento fructífero para ambos pueblos (…) figura al frente de esta comisión un excelente amigo de Cuba.

Se propone el Dr. Rouma (…) estudiar el más amplio desarrollo de nuestras relaciones comerciales y en el recorrido que hagan por nuestros campos podrán apreciar lo que vale nuestro suelo y lo que más puede valer. [3]

Cuatro días después el propio rotativo anunciaba que la Misión se había instalado en el edificio de la Sociedad Cubana de Ingenieros e invitaba a las corporaciones de la industria y el comercio a que enviaran cuantos datos tuvieran para facilitarle el trabajo.

El 7 de febrero, antes de partir, Rouma dictó una conferencia en la Academia de Ciencias sobre las industrias de su país y reconoció el éxito de la visita. La prensa belga y, en especial, L` Independence Belga y Le Soir, le dedicaron amplios espacios y desde el consulado en La Habana se hizo llegar la siguiente comunicación al subsecretario de Estado cubano Guillermo Patterson:

El ministro de Asuntos Extranjeros de Bélgica, enterado del éxito obtenido por la Misión Económica Belga a su paso por La Habana, ruega a Mr. Lemaire de Warzeed´Hermalle-Encargado de Negocios de Bélgica en Cuba- de expresar la gratitud del Gobierno del Rey Alberto por el celo inteligente de que han dado prueba los organizadores de la recepción a la Misión. [4]

Nuevos esfuerzos

Los efectos más inmediatos de la Primera Misión Rouma se visualizaron en la Segunda Feria Internacional de Muestras de La Habana y en el inicio de las negociaciones para la firma de un proyecto de tratado comercial.

La Feria, celebrada entre el 25 de marzo y el 18 de abril de 1926, contó con la participación de Rouma como delegado de su gobierno. La Cámara de Comercio Belgo-Latinoamericana fue la entidad que más intensamente colaboró para lograr la concurrencia de 29 firmas de industriales belgas de construcciones metalúrgicas, productos químicos, muebles y tejidos.

Por otro lado, a una iniciativa de las autoridades de ese país se debió el comienzo de las conversaciones en torno al acuerdo comercial, prolongadas sin éxito durante largos años. Las prohibiciones impuestas por el Tratado de Reciprocidad Comercial firmado con Estados Unidos (1903), los compromisos contractuales con Inglaterra y otros países europeos, a los que el gobierno insular les concedía gran importancia y la imposibilidad de obtener una tarifa beneficiosa para el tabaco en el mercado belga, fueron algunos de los factores que impidieron un arreglo mutuamente beneficioso. Para Cuba significó la pérdida de una nueva oportunidad de avanzar hacia la diversificación de sus relaciones comerciales.

Sobre aquel asunto, las impresiones del Encargado de Negocios cubano en Bruselas, Mariano Brull y Caballero, fueron concluyentes:

(…) en Bélgica se hubiera preferido firmar un convenio comercial tomando como base el otorgamiento de la cláusula de nación más favorecida sin limitaciones, pero (…) ya se han dado cuenta que nuestro país no puede ir más lejos en materia de concesiones. [5]

 

Notas

* Conferencia presentada en el II Coloquio Presencias europeas en Cuba, 2018, del Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales Cuba-Europa: Palacio del Segundo Cabo.

[1] George Rouma. Una Misión Económica belga en América Latina. Conferencia del 25 de mayo de 1921. Apéndice al Boletín Oficial de la Secretaría de Estado, Imprenta “El Siglo XX”, La Habana, 1922, p-6.

[2] Ob. cit., p-6.

[3] El Imparcial,26 de enero de 1922, p-16.

[4] Ob. cit., 30 de enero de 1922, p-2.

[5] (ANC), Fondo Secretaría de Estado, Expediente 7382, Legajo 389.

Servando Valdés Sánchez: Doctor en Ciencias Históricas. Profesor e Investigador Titular. Desde 2010 es coordinador del Grupo de Estudios Neocoloniales del Instituto de Historia de Cuba. Aborda las temáticas histórico-militares, así como las relaciones internacionales, especialmente las relaciones Cuba-Estados Unidos y Cuba-Europa occidental. Es autor y coautor de varios libros relacionados con su línea de investigación. Ha participado en numerosos eventos científicos nacionales e internacionales. Ha ofrecido conferencias en la Universidad Nacional Autónoma de México, en las universidades de Marquette y Appalachian, Estados Unidos, y en el Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (CIALC).

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